Otra violación grupal de los hijos del poder

por Estefanía Santoro
Fotos: La Nota Tucumán @augustogr
09 de abril de 2022

Comenzó el juicio contra tres hombres por abuso sexual de una joven en una fiesta en Tucumán. Como en el caso de la mal llamada “manada de Chubut”, son juzgados apellidos poderosos. La sobreviviente y su familia exigen justicia acompañadas de organizaciones feministas de la provincia.

Mientras cocina, Érica Rojas cuenta el horror que vivió su hija Andrea la madrugada del 7 de marzo del año pasado en Burruyacú, localidad del noreste tucumano. Érica estaba en el hospital cuidando a su marido internado por un accidente cuando Andrea (23) fue a una fiesta con amigas que se hacía en la casa de un vecino, Benjamín Padilla. Ahí tomó algo y empezó a sentirse mal y cansada. Como no podía mantenerse en pie, le pidió a Padilla recostarse en una cama.

Andrea fue llevada a una habitación, donde ingresó Padilla junto con otros dos hombres presentes en la fiesta: David Aranda y Hugo Décima. Los tres abusaron de ella reiteradas veces, la quemaron con cigarrillo, le dieron trompadas y la golpearon tanto que Andrea se desmayó. La joven no pudo relatar nada al día siguiente, no quería preocupar a su mamá que estaba en el hospital con su papá.

Érica recuerda: “Cuando llegué a casa con mi marido dado de alta la noté mal, tenía los ojos hinchados, llorosos, los antebrazos, las piernas y los muslos morados. Le pregunté qué le había pasado y por qué tenía esas marcas, pero ella no hablaba, se iba su habitación, me decía que se había golpeado”. Sin saber cómo ayudar a su hija para que hable, sospechaba que algo malo le había sucedido.

El lunes siguiente, en compañía de su prima, Andrea habló: contó que la habían violado. “No fue uno solo, fueron tres”, relató. Érica reconstruye para Cítrica: “Tomé aire, traté de controlar las lágrimas y la explosión de bronca e impotencia. Le pregunté si quería denunciar, le dije que la iba a acompañar en lo que decida y en ese momento me confesó que quería denunciar”.

Benjamín Padilla es hijo de un ex intendente de Burruyacú que actualmente es el director de Comunas Rurales del Gobierno tucumano. David Aranda también viene de una familia con vínculos poderosos.

 
El arduo camino de la denuncia al juicio

Hacer la denuncia en la comisaría de Burruyacú no fue sencillo para madre e hija: “Acá somos todas familias conocidas, uno de los que violó a Andrea es hijo de un primo hermano de mi mamá. Teníamos mucho miedo de cruzar la plaza principal, que queda en frente de las casas de los tipos; teníamos miedo de que nos vean y nos agarren o nos impidan llegar y que quede en la nada. A pesar de eso, juntamos fuerza, llegamos a la comisaría e hicimos la denuncia”.

Desde el 15 de marzo de 2021, cuando Andrea radicó la denuncia, tanto ella como su familia comenzaron a sufrir todo tipo de amenazas. La joven fue perseguida y hostigada por la calle, le gritaban cosas, y su hermano fue brutalmente golpeado por el primo de uno de los acusados. Actualmente hay tres restricciones perimetrales contra los familiares de los agresores, que se encuentran detenidos desde el 18 de marzo del año pasado.

El 4 de abril de 2022 inició el juicio contra Benjamín Padilla, David Aranda y Hugo Décima, acusados por abuso sexual con acceso carnal contra Andrea. La causa está a cargo de la jueza Isolina Apas Pérez De Nucci. La fiscal Andrea Carlino exigió una pena de 13 años para los implicados. 

En compañía de su prima, Andrea le contó a su mamá que la habían violado. “No fue uno solo, fueron tres”, relató.

Érica: “No estoy conforme, me parece poco 13 años porque lo que le hicieron a mi hija es muy grave, la golpearon hasta desmayarla para poder violarla. Mi hija tampoco está conforme, ella no los quiere ver nunca más y ahora sigue sufriendo durante el juicio porque tiene que verlos y revivir todo el horror. Tiene que escuchar las estupideces y las mentiras que dicen ellos y los testigos”.

Cuando la jueza ordenó las detenciones, ninguno de los tres estaba en su domicilio. Se entregaron juntos horas después en una comisaría que se encuentra a siete kilómetros de Burruyacú. La finalización del juicio estaba prevista para el próximo miércoles 13 de abril, sin embargo, podría extenderse dada la cantidad de testigos que faltan declarar. 

La querella de Andrea está representada por los abogados Luis Alfredo Romero Abadie y Gustavo Morales. En diálogo con La Nota Tucumán, Romero Abadie expresó sobre el desarrollo del juicio: “Durante todo el proceso, la defensa de los imputados trató a la víctima como si hubiera sido culpable de lo que le pasó. En una actitud patriarcal, la juzgan con prejuicios machistas”. Según el letrado, hay pruebas “contundentes”, como la Cámara Gesell, las pericias psicológicas y físicas y los testimonios que confirman que “el hecho existió”. 

“Estos sujetos usan la impunidad como algo cotidiano. Entonces al momento de cometer actos tan atroces como los que cometieron contra Andrea creen que no les pasará. Esta es una oportunidad para que la Justicia brinde una enseñanza a la sociedad”, concluyó Romero Abadie.

Las audiencias son acompañadas por varias organizaciones feministas de Tucumán. "Se me agrandó la familia", dice orgullosa la mamá de Andrea.

 

Otra vez los hijos del poder

Benjamín Padilla es hijo de David Padilla, un ex intendente de Burruyacú que también fue legislador y actualmente es el director de Comunas Rurales del Gobierno tucumano. David Aranda también viene de una familia con vínculos poderosos: “El padre fue intendente de esta localidad, legislador en San Miguel de Tucumán y ahora es secretario del Ministerio del Interior, por eso todas las denuncias que hago quedan en la nada”, dice Érica. Mientras el proceso judicial avanza, reaparece el caso impune de la violación grupal en Puerto Madry, Chubut, donde también estaban implicados los hijos del poder.

La mamá de Andrea se presentó ante la Justicia por las amenazas que recibió su hija y los golpes que sufrieron su hijo (“en diciembre pasado casi perdió un ojo”) y sus sobrinos. Todas las denuncias fueron archivadas. Cuenta también que a uno de sus abogados (Gustavo Morales) le ofrecieron 40 millones de pesos para “comprarlo”.

Sobre el hostigamiento que padeció su familia: “Primero empezaron amedrentando a Andrea, insultándola en la escuela, en la plaza, le gritaban 'mentirosa', 'puta de mierda'. En cada audiencia mi hija manifestó el acoso que sufría. Nunca nos pusieron custodia, cuando Andrea obtuvo las perimetrales empezaron a molestar a mi hijo. Una vez fue a bailar con los amigos y de regreso a su casa se cruzó con un primo de Padilla y Aranda, que lo amenazó: ‘Ya van a salir mis primos y te van a violar como a tu hermana’, le dijo. Mi hijo fue directamente a la comisaría, esa denuncia la archivaron”. 

Luego de ese episodio, la misma persona que lo había amenazado lo golpeó en una fiesta de fin de año y casi pierde un ojo. En marzo, uno de sus sobrinos estaba en un descanso de un partido de fútbol y el mismo primo de Padilla y Aranda lo golpeó “con un palo en las piernas, sin mediar palabra”. Érica: “La Justicia no hace nada, me mandaron un PDF con las notificaciones que dicen que la causa fue archivada porque mi hijo no quiere llegar a un acuerdo económico. Nosotros no buscamos plata, queremos que nos dejen en paz”.

"Durante todo el proceso, la defensa de los imputados trató a la víctima como si hubiera sido culpable de lo que le pasó."

Hoy Andrea se encuentra sin atención psicológica, porque se quedó sin trabajo y no puede pagar un profesional. Pero no está sola, ya que cuenta con la ayuda de su familia y de organizaciones feministas de todo Tucumán que la acompañan en cada audiencia. La mamá dice: “Tenemos el apoyo de muchas organizaciones y están muy pendientes de nosotras, ahora también en el juicio. Las chicas me hacen el aguante con mis angustias, inseguridades y miedos, me tranquilizan, por momentos me desbordo y ellas están ahí para levantarme. Ahora digo que se me agrandó la familia, tengo una familia gigante”.

Durante las jornadas del juicio, Andrea tiene que revivir el horror que sufrió. Érica cuenta que está agotada, que siente mucha culpa por la violencia que sufrieron su hermano y su primo. Algo de la fuerza necesaria para seguir adelante se la da su hija de cinco años que la espera cada día, al final de las audiencias, para abrazarla y regalarle una sonrisa. 

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