La Operación Berni no resiste un expediente

por Revista Cítrica
17 de octubre de 2021

El operador mediático Germán Sasso publicó “Operación Facundo”, un libro fogoneado por el ministro bonaerense para encubrir la responsabilidad policial en el caso. La lectura exhaustiva del expediente judicial y la consulta con otras fuentes derrumba cada argumento de ese libelo escrito para prolongar la impunidad.

Primero fue la foto con Santilli y Tolosa Paz, él serio y ella sonriente, ambos posando cual rockstar que concede la imagen a un fan. Luego el video de Sergio Berni recomendando el libro, y ahora se sumó Axel Kicillof. En una radio de Bahía Blanca, el gobernador bonarense elogió y felicitó por el libro Operación Facundo al operador mediático Germán Sasso, que defiende abiertamente a la Policía Bonaerense y ataca a Cristina, la mamá de Facundo Castro, y a sus abogados.

“Sacaste un libro muy importante sobre los expedientes, sobre lo que realmente se vio en las pruebas y en los testimonios lo –le dijo Kicillof–. A veces hay un interés de perjudicar a alguien, de acusar a alguien, o de distorsionar realidades para sacar algún provecho”. Durante el diálogo, el gobernador no perdió ocasión de felicitar al pretenso escritor por la publicación –de baja calidad, errores ortográficos incluidos– del grupo editorial Areté.

De larga trayectoria en defensa de determinados sectores de uniformados y poderosos varios en esa ciudad, Sasso – conductor en radio La Brújula y empleado del diario La Nueva (Provincia)– cobró protagonismo durante la parte más sensible de la investigación, cuando aún Facundo estaba desaparecido. A saber: reveló identidades de testigos reservados poniéndolos en riesgo y a merced de los aprietes de la Bonaerense; publicó la foto de Facundo de espaldas frente al patrullero de Mario Sosa antes de que la familia tuviera conocimiento de esa imagen; la noche del hallazgo del cuerpo habló de la aparición de la mochila de Facundo, al igual que Berni, y la mochila finalmente no estaba, sino que aparecería muchos días más tarde. Durante la etapa previa a la aparición de su cuerpo esqueletizado en el estuario de Villarino Viejo, Sasso fue el principal vocero mediático que ubicaba al joven en Bahía Blanca, escondido o víctima de alguna trama narco.

“Es evidente que quieren imponer la mentira con un libro pagado por el mismo Gobierno que está siendo investigado”, había dicho Cristina Castro en la conferencia de prensa organizada por Amnistía Internacional Argentina al cumplirse un año de la aparición del cuerpo de su hijo, en agosto pasado. “No tenemos dinero para sacar uno, como éste que bancó (Sergio) Berni, porque somos laburantes, y a nosotros nos sobra mucho mes cuando se nos termina el sueldo, pero mis manos de laburante están limpias y no manchadas de sangre”.

 

Dime quién te prologa…

En la investigación del caso Facundo, que Sasso se jacta de conocer, se fueron cayendo una a una las coartadas armadas para exculpar a la decena de policías implicados en la desaparición y muerte del joven de 22 años que salió el 29 de abril de 2020 de su casa en Pedro Luro, a dedo por la Ruta Nacional 3, para reencontrarse con su novia en Bahía Blanca, y fue detenido dos veces porque estaba violando la restricción de circular durante la fase 1 de la pandemia, sin que los uniformados informaran al juzgado de turno ni lo acompañaran de regreso a su domicilio. 

Ahora el argumento para defender el accionar de los policías es reflotar la absurda “pista narco” y tratar a la víctima de suicida, transformar el “accidente” con el que tanto insistieron en una muerte por mano propia. “Me voy, no quiero ser más una molestia para nadie”, habría dicho Facundo según escribió en el prólogo el abogado Miguel Ángel Pierri, un personaje que va mucho más allá de haber sido el abogado del femicida de Ángeles Rawson y del cura pedófilo Julio César Grassi. 

A poco de haber asumido en su cargo, el secretario de Seguridad bonaerense Sergio Berni lo nombró asesor, con un sueldo estimado en 90 mil pesos, y lo puso a cargo de la Universidad Policial provincial, según informó el periodista Andrés Klipphan en Infobae. Pierri afirma en el prólogo: “A lo largo de toda mi vida profesional, y en especial en la investigación de causas de muertes donde puedan verse involucradas fuerzas de seguridad, aprendí que es necesario mantener la objetividad. Investigar hombres y no instituciones, incorporar cada evidencia prolijamente sin valoraciones políticas”. Es la introducción a las 270 páginas siguientes que buscan, según su autor, revelar “la oscura trama detrás de la muerte de Astudillo Castro”. 

Foto: Federico Imas,

Foto: Federico Imas,

Ambos mencionan “intereses” en contra de los policías, pero no avanzan en precisión alguna. Sobre el abogado Luciano Peretto marcan su filiación radical, y de su colega Leandro Aparicio resaltan una “ambición personal de figuración”. Pierri no se privará de elogiar a la jueza de la causa María Gabriela Marrón, hija del almirante que fue jefe de prensa de la Armada durante la dictadura, recusada por las querellas y los fiscales Andrés Heim, Horacio Azzolín e Iara Silvestre, con el aval del fiscal general ante Casación Javier de Luca, para que sea apartada de la causa por su parcialidad a favor de la Policía. 

Aparicio fue informado recientemente de que Sasso lo querella por daños y perjuicios “por la afectación a la dignidad”. El letrado nunca ahorró sus críticas hacia el operador de Berni y la Bonaerense.

 

Ahogarse en un charco

La promoción del libelo promete que el lector lo devorará en busca de una gran revelación. Decepciona en tal sentido, porque para su autor el gran vuelco en la causa, la prueba irrefutable que nadie puede rebatir, es un informe sobre las m areas del cangrejal de Villarino Viejo que menciona una profundidad de cuatro metros. Así, Facundo se habría suicidado ahogándose en esas orillas. 

Sin participación ni control de las partes –querellas y fiscalía–, la jueza Marrón dispuso de oficio la realización de un informe sobre las mareas al Instituto Argentino de Oceanografía (IADO). Sin que sea su función, el organismo envió un informe complementario en el que aventura un posible recorrido de Facundo para concluir que se trató de una muerte accidental mientras caminaba por la zona. La fiscalía había solicitado un informe de mareas, pero luego de cuatro meses ese organismo entregó un documento con aspectos que no habían sido pedidos y el resto fue calificado como tan “trucho”, que directamente fue devuelto. 

La magistrada quería ese documento sí o sí en el expediente, por lo cual ordenó de oficio hacer otro, que mencionaba la misma hipótesis, pero que resultó “incompleto y desprolijo” por haberse realizado en “tiempo récord”. Aunque los fiscales Silvestre, Azzolín y Heim pidieron la nulidad del mismo, Marrón lo incorporó igual a la causa.
Creer o reventar, la aparición del informe del IADO –que menciona una profundidad de unos cuatro metros del mar sobre el cangrejal, cuando todas las evidencias recogidas en la causa marcan que lo máximo que llega el agua es a la altura de las rodillas– coincide con la publicación del libro de Sasso. “Los baqueanos de la zona dan por tierra esta idea de que el agua habría subido cuatro metros, como decía el primer informe trucho que fue devuelto al IADO; afirman que no sube más de 20 centímetros y que el terreno es firme”, dice una fuente del caso para enfatizar lo absurdo de continuar planteando que Facundo se ahogó allí solo.

 

Las supuestas evidencias contra la desaparición forzada

La mochila. En su afán de demostrar que los testigos de identidad reservada que vieron sobre la ruta a Facundo subiendo a un patrullero faltaron a la verdad, el autor destaca que su mochila no era de marca Wilson, como dijo uno de ellos, sino Match sport. Tres fuentes independientes entre sí fueron consultadas y respondieron que pudo haberse dado una influencia mediática, porque había trascendido que era Wilson. Si bien Cristina en algún momento dijo Wilson, en una declaración a posteriori del hallazgo de la mochila manifestó no estar segura. Surge de la causa –de testimonios de la propia Cristina, Virginia Góngora (amiga de Cristina) y otros testigos– que Facundo siempre andaba con mochilas, que tenía varias. Además, cobra mucha mayor relevancia que esa diferencia una declaración reciente de Góngora, en la que ella reconoce la mochila que se le exhibió en una foto y relata que era la que tenía la noche anterior en su casa. Recordó que ella misma se la había elogiado.

La zapatilla. El libelo de Sasso aduce que la zapatilla encontrada junto a los restos de Facundo no estaba “en estado impecable”, como dijeron Cristina y sus abogados, sino “muy gastada”. Y publica una foto en blanco y negro, cuya baja calidad no permite corroborar lo que afirma. “La zapatilla cuando fue hallada en el estuario no tenía correlación alguna con el estado del cuerpo, no tenía señales de haber estado en ese ámbito tres meses, estaba con el desgaste que se ve en la foto del patrullero” (que conducía el policía Sosa, donde Facundo aparece de espaldas pero puede verse el calzado que llevaba puesto), explicaron las fuentes consultadas.

El cabello. En referencia al cabello hallado en el patrullero de Alberto González (el segundo policía que para a Facundo en la Ruta 3), Sasso clama que “es canoso”, por ende no puede ser del joven. “La evidencia no permitió recabar ADN nuclear (porque el pelo no tenía bulbo) pero sí le permitió al Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema establecer que presentaba identidad con el haplotipo mitocondrial de Cristina Castro”, dice un informe del Ministerio Público Fiscal publicado en el sitio www.fiscales.gob. Otra fuente asegura que el color del cabello de Facundo no era negro uniforme, sino que tenía mechones más claros.

El cartel “Médanos”. En la segunda declaración de una testigo del círculo cercano a Facundo, cuando se le pregunta si reconoce la ropa y demás objetos de la mochila, al exhibirle un cartel donde está escrito “Médanos” y preguntarle si era la letra de Facundo, se sorprendió mucho y espontáneamente dijo que era su letra. Narró que se trataba de un cartel que ella había hecho para un viaje a dedo que hicieron juntos un tiempo antes, para usarlo a la salida de Bahía Blanca indicando el primer punto de su destino en ruta. Éste es uno de los poquísimos datos correctos que posee el libro pero no resuelve ningún misterio, como plantea Sasso, porque la mochila y todo su contenido (la ropa de vestía Facundo el día que desapareció, que está rota y con quemaduras) habrían sido plantados, al igual que su cuerpo, según sospechan las querellas e incluso la fiscalía.

Foto: Federico Imas.

Foto: Federico Imas.

La piedra. Cualquier mínima contradicción sirve a los efectos de desacreditar las pruebas más contundentes. Afirma el autor Sasso (paradoja, en italiano significa piedra) que la piedra turmalina que llevaba Facundo en su cuello, como recuerdo de la cervecería donde había trabajado, era violeta según habría afirmado su novia, y no negra como la que se encontró en los allanamientos a la comisaría de Teniente Origone y en uno de los vehículos policiales. “Ha quedado claro por la pericia efectuada a ambos trozos que se trata de piedra turmalina de un mismo ‘tipo’, es decir que ambos pedazos forman el dije que usaba el joven”, dice el expediente.

La banda de Tito. El operador mediático dedica varias líneas a intentar vincular a los testigos clave de la causa con la llamada banda de Tito Quintana, y afirma que el vehículo que usaban esos testigos cuando lo vieron a Facundo estaría a nombre de uno de los hermanos del tal Tito. Explica una fuente: “No existe esa vinculación. Quintana está detenido en Azul por un asunto de narcotráfico. La familia de esos testigos compró el auto a uno de sus familiares y no llegó a transferirlo”. En una retorcida interpretación, Sasso plantea que policías corruptos vinculados a esa banda habrían propiciado las sospechas sobre Sosa, González y las otras dos mujeres policías como parte de una venganza por el encarcelamiento de su líder. Todo queda en familia.

La pista narco (otra vez). El libro aventura que a Facundo lo mataron porque era adicto y debía dinero de drogas. “En la causa surge que Facundo habría tenido algún ocasional consumo de sustancias, pero respecto de una deuda de dinero varios testigos refieren que era con un almacén de cuando vivía con su novia en Bahía Blanca, y que el dinero que ganaba en la cervecería lo usaba para saldarla y que en este viaje específicamente llevaba dinero para ello”. Al comienzo de la causa hay una declaración en que se sugiere el tema, a través de unos jóvenes que habría conocido haciendo trabajos de albañilería con un pariente, y que a través de ellos fue su ingreso a las “drogas”, pero no se desarrolla. Quien viene sosteniendo esa idea en su cuenta de Twitter es precisamente Sasso, porque la Bonaerense instaló “la pista narco” desde el principio, y la Federal la retomó. Esa línea argumental no lograron nutrirla en la causa judicial, apenas la usaron mediáticamente.

Cartas “suicidas”, amenazas policiales y peleas de pareja. En las últimas páginas transcribe cartas de Facundo a su novia, en las que menciona que se quiere suicidar. “Intenté saltar del puente cuando venía el tren pero no me animé”, habría escrito. Sasso menciona varias veces a la ex pareja del joven pero omite detalles esenciales, tales como el allanamiento ilegal de su casa y las amenazas de la policía de Mayor Buratovich. “Habían ido a mi casa, me dijeron que una anónima llamó y dijo que Facundo estuvo en mi casa –contó ella–. Yo decía que eso era mentira y querían pasar para adentro. Los dejé pasar. Se fijaron todo y no estaba. Después empezaron a decirme a mí y a mi hermano que nosotros ocultábamos algo. Me decía uno ‘se piensan que no tengo los años de carrera, te voy a rastrillar todo el patio y vamos a ver’. Mi hermano se metió y se enojó. Empezaron a discutir entre ellos y a mi hermano se lo querían llevar detenido”. 

En noviembre de 2020 los fiscales de la causa le preguntaron si creía que Facundo se podría haber quitado la vida. “No, no haría eso, era un pibe que le gustaba vivir la vida, disfrutar cada instante. Más allá de las peleas que tenía con la mamá la amaba. Facundo no se mataría”. En esa oportunidad también dijo que jamás se habría desorientado porque conocía toda la zona debido al “millón” de viajes que hacía, y que ante una situación injusta no se habría quedado callado.

Uno de los amigos de Facundo declaró ante la Justicia federal, bajo identidad reservada, que cuando le tomaron su primer testimonio el comisario de Pedro Luro, Fernando Grilloni, lo inducía a la teoría del suicidio. La novia de Facundo declaró como testigo de identidad reservada, por eso su nombre es omitido aquí. Sasso no tuvo ningún resguardo al respecto.

Ella relató ante la Justicia que ya a mediados de marzo no estaban más juntos: “Tuvimos un contacto por mensaje, él me decía que volvamos, que si no se iba a matar. Entonces le respondía para que no hiciera eso. Después como eran muchos mensajes que me comían la cabeza diciéndome eso, directamente lo bloqueé de todos lados y no tuve más contacto con él”. La joven también describió que tenían un vínculo tóxico, con muchas peleas. 

Foto: Federico Imas.

Foto: Federico Imas.

La deuda. De la lectura de estas y otras declaraciones surgen datos que fueron utilizados para ubicar a Facundo en Bahía Blanca “vendiendo bolsas”, algo que su novia aclara que jamás habría hecho. “Él estaba tan obsesionado conmigo que sé que si pisaba Bahía Blanca hubiese venido para mi casa”, expresó la mujer. También aclaró que Facundo tenía una deuda de 15 mil pesos con el almacén ubicado frente a su casa, que ella aún está saldando, y recordó que debía dinero de drogas, que averiguó y eran 1.500 pesos. La primera versión de la “pista narco” mencionaba un inverosímil secuestro por tal deuda. D.G., tales sus iniciales, afirmó que la Policía fue “un millón de veces” a su casa, sin orden judicial alguna, incluso la filmaron. “No era para obtener información, había otra intención, cuando todos empezaron a decir que fue la Policía pensé que querían meter algo en mi casa, me decían que yo lo había matado a Facundo, y después se la agarraron con mi hermano”, manifestó. “Me daba cuenta que me perseguían, me seguía un auto muy lento”, agregó. Ninguna de estas declaraciones aparecen en el libro de Sasso.

El cuento. Escribió el autor: “Entre los investigadores de la Federal se pensó que 'la línea de la Policía Local' se había tratado de una picardía del Ministerio de Seguridad bonaerense para demostrar que los querellantes tomaban cualquier dato aislado, inconexo e inconducente y lo forzaban para meterlo en el cuento". Para la querella, esa frase es “un modo de intentar contrarrestar ‘burdamente’ lo que está sustentado en prueba científica”: el AVL (Automatic Vehicle Location) y la certificación de la empresa Megatrans coinciden respecto del acceso del patrullero de la UPPL (Unidad Policía de Prevención Local) de Bahía Blanca al cangrejal el 8 de mayo de 2020 y, además, de los legajos surgen los vínculos entre personal de esa UPPL y la Policía de Villarino.

Los perros. El autor no se iba a privar de utilizar los cuestionamientos hacia el perito adiestrador canino Marcos Herrero, cuyos hallazgos de evidencias fueron fundamentales, tal como reconocen los tres fiscales del caso. Desde el Ministerio de Seguridad de la Nación dicen que los perros tienen que ir en “binomios certificados” y que hay denuncias contra Herrero por “entorpecer” procedimientos en algunas provincias. “Desconocemos si hay denuncias, si las hubiera no implica necesariamente que sean verdad –le dice a Cítrica una fuente que participa de la investigación–. Si los ‘binomios certificados’ son una norma, en todo caso él es perito de parte y no le sería aplicable. Declaró en la causa otro experto, Lucas Maciel, del Grupo K-9 que intervino en rastrillajes por Facundo, explicó cómo se realiza la tarea y no se refirió en ningún momento a impedimento alguno para actuar”. La Gendarmería dejó entrever una actitud de sospecha y desconfianza sobre el perito cuando intervino en los hallazgos del amuleto de Facundo (la vaquita de San Antonio adentro de una sandía) y luego el trocito de turmalina. Los informantes de Sasso acusan a Herrero de ser él quién plantó los objetos encontrados por sus perros Yatel y Kassie. En su defensa, la querella de la familia Castro reitera el rol esencial que tuvo el adiestrador y sus canes en los casos de Micaela Ortega, Araceli Fulles, Marito Salto y Santiago Maldonado, entre otros.

 

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Tal como están presentados algunos datos en el libro, parece que la “investigación” hubiera incluido entrevistas a los protagonistas. Sin embargo, quienes conocen en detalle el expediente encuentran allí la única fuente de información. “Daniel Gayte no habló con Sasso. Usó sus declaraciones ante la Justicia, descontextualizando algo que Daniel refirió que le había afectado sobre la noche que compartieron como una ‘despedida’, y conmigo tampoco habló, ni siquiera lo intentó”. La afirmación es de Virginia, la mamá de Daniel, con quienes Facundo pasó la última noche antes de salir a la ruta.

Se recordará el fuerte cruce del secretario de Seguridad bonaerense Sergio Berni en el programa Fuego amigo, cuando dijo que iba a llevar “un regalo” para convencer a los conductores de la inocencia de los uniformados a su mando. La prometida ofrenda no sería otra cosa que el libro de Sasso. El funcionario bonaerense estuvo en el programa de Diego Schurman y Catalina De Elía un mes antes de la salida del libelo, por lo que cabe preguntarse cómo es que sabía tanto sobre el contenido del libro.

Foto: Federico Imas.

Foto: Federico Imas.

Sasso viene insistiendo con que la querella miente y que es él, prácticamente, el único que tiene interés en la verdad. Por su parte, la querella de la familia y de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) lo señala como parte de la campaña mediática que opera para instalar todo el tiempo la versión policial. El ahora editor responsable del portal web La Brújula 24, comenzó en una pequeña radio en Bahía Blanca, se fue a Buenos Aires y allí trabajó con el abogado Pierri, hasta que regresó a esa ciudad y entró en el multimedios La Nueva, de los empresarios Elías y Damiani, en particular en radio La Brújula. 

No fue éste el primer caso en que Sasso dispuso de material clave y candente, como escribireron Nazareno Roviello y Federico Ramundo: “En 2014 difundió una serie de escuchas de un caso narco que sirvieron para que el entonces juez Santiago Ulpiano Martínez direccione la investigación por violación de secretos judiciales contra el juez Álvaro Coleffi, quien avanzaba en la investigación por la actuación del dueño de medios bahiense Vicente Massot durante la dictadura. Según los fiscales Miguel Palazzani y José Nebbia esta fue “una burda maniobra”, encabezada en las sombras por Ulpiano para correr de la investigación al Coleffi y evitar la condena a Massot”. 

Sasso entrevistó al intendente de Villarino, Carlos Bevilacqua, en su programa radial, también de La Brújula 24. Roviello y Raimundo decían en su artículo: “El tono de la entrevista, más que periodística pareció la conformación de un frente público contra la querella, ya que el intendente señalaba todo el tiempo cómo Leandro Aparicio, abogado de Cristina Castro, habla mal de Sasso o lo quería ensuciar; insistiendo en que ‘hablar es gratis y ensucian a cualquiera’. Bevilacqua, como un funcionario público, no puede referirse a la querella o a familiares de personas desaparecidas de esa manera. Si la Justicia llegara a probar que efectivamente un funcionario suyo tuvo algo que ver en el encubrimiento, el costo político podría ser alto”.

Foto: Agustina Salinas.

Foto: Agustina Salinas.

 
La pata del cuarto poder

Las desapariciones forzadas en democracia cuentan con sus propios “periodistas” al servicio del encubrimiento. En el caso de Jorge Julio López fueron Christian Sanz (que aparece entre los agradecimientos de Sasso) y Jorge Asís; en el de Santiago Maldonado fueron Claudio Andrade y Loreley Gaffoglio; y ahora Sasso se acomodó en ese rol. 

Tampoco es original, casi todos los primeros libros de este tipo de delito de lesa humanidad se basan en la lectura sesgada y apurada de los expedientes, a la par que complementan con el hostigamiento mediático a las víctimas utilizando las redes sociales y todo espacio televisivo amigable con el poder de turno que encuentren a su disposición.

Que esta nota sirva como un aporte en la línea opuesta: a favor del esclarecimiento de los hechos, para que la impunidad no se instale como norma en el periodismo y la sociedad.
 

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