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La estafa de la nube etérea

por Revista Cítrica
01 de abril de 2025

Tras conocerse que la generación de imágenes estilo Studio Ghibli con IA ya consumió 200 millones de litros de agua, compartimos un informe del ETC Group que aborda el impacto ambiental de la digitalización.

Así como el agua (líquido) y la energía (calor latente) son claves para la formación de las nubes que flotan sobre nuestras cabezas, el agua y la energía también son fundamentales para las “nubes” digitales utilizadas para almacenar y procesar datos las 24 horas del día, los 7 días de la semana. El mito de que estas entidades sean “etéreas” ya fue derribado: no son nubes, en realidad son pesadas construcciones que alojan a los centros de datos masivos (data centers).

Toda nuestra actividad digital se expresa en datos que se almacenan en las nubes o data centers, que requieren un suministro ininterrumpido de agua fría para evitar que los servidores se sobrecalienten. Los centros de datos son básicamente miles de filas de servidores y dispositivos electrónicos dispuestos en grandes terrenos techados. Muchas ciudades de Estados Unidos, donde actualmente se encuentran una cuarta parte de los data centers del mundo, están preocupadas por su suministro de agua, especialmente en el oeste del país que se enfrenta a una crisis hídrica. Por ejemplo, en Los Dalles, Oregón, las comunidades locales se enfrentaron con Google, que quería mantener el uso del agua de su centro de datos local como secreto comercial. Finalmente se reveló que el uso de agua de Google en el área casi se ha triplicado en los últimos cinco años, y los centros de datos de la compañía ahora consumen más de una cuarta parte de toda el agua utilizada en la ciudad”.

De manera similar, estallaron protestas locales en Uruguay cuando Google anunció un plan para construir un centro de datos que consumiría millones de litros de agua mientras el país atraviesa su peor sequía en 74 años. Google compró cerca de 29 hectáreas en Uruguay para construir sus centros de datos que requieren 7.6 millones de litros de agua cada día para enfriar sus servidores.

El consumo de agua en la fabricación de semiconductores, en particular microchips, también compite directamente con la producción agrícola, como se demostró con la prioridad que disfrutaron los principales fabricantes de chips del mundo sobre las áreas agrícolas de Taiwán durante la sequía de 2021.Las acciones del gobierno taiwanés son una señal de alerta: el gobierno desvió agua de poco más de 74 mil hectáreas de tierras agrícolas productivas, cerca de un 20 por ciento de las tierras irrigadas de Taiwán, a su industria de semiconductores y, en particular, al gigante fabricante de chips TSMC.

Por supuesto que el agua no solo se consume para la “minería” de datos (proceso estadístico para encontrar patrones de interés comercial en conjuntos de datos masivos), sino que también es necesaria en la “minería” convencional (la explotación de canteras, el procesamiento y la molienda de materiales extraídos y la fractura hidráulica).Con frecuencia la minería compite por el agua con otras actividades productivas, lo que impone graves presiones sobre las fuentes hídricas locales, especialmente en áreas donde el líquido vital es escaso. Si se considera a su vez el uso de agua en la extracción y el procesamiento de minerales críticos y tierras raras, el uso global de agua de las industrias que hacen posible la digitalización es impactante.

Operar los centros de datos y transmitir datos a través de las redes también implica un consumo masivo de combustibles fósiles.Por ejemplo, una ciudad en los Países Bajos protestó contra la instalación de un centro de datos propuesto por Meta, que según se informó podría consumir al menos 1.38 teravatioshora al año y necesitar un terreno equivalente a 310 campos de fútbol. En Irlanda, la electricidad usada por los centros de datos se ha triplicado desde 2015, lo que representa el 14 por ciento del consumo total de electricidad del país en 2021; y en Dinamarca se espera que el uso de energía en el sector de centros de datos se triplique para 2025 hasta representar alrededor del 7 por ciento del uso de electricidad del país.  La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que los centros de datos y las redes de transmisión de datos a nivel mundial representaron entre el 2 y el 3 por ciento del uso global de electricidad en 2022. Todo el continente africano consumió aproximadamente la misma cantidad de electricidad en el mismo año.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida por TRT Español (@trtespanol)

Las criptomonedas como el bitcoin, habilitadas por la tecnología blockchain (cadena de bloques), y que son clave para cumplir las promesas de la “tecnoutopía” en el sector financiero, han estado tan envueltas en polémicas y escándalos, que sus costos ambientales, también escandalosos, han sido en gran medida pasados por alto.El consumo anual de energía por el uso de criptomonedas en todo el mundo se duplicó en 2023, llegando a ser equivalente al consumo anual de electricidad de Ucrania, mientras que sus emisiones anuales de carbono son iguales a las del estado petrolero de Omán. El 1 de febrero de 2024, la Administración de Información Energética de Estados Unidos informó que “el uso anual de electricidad procedente de la minería de criptomonedas probablemente representa entre el 0.6 y el 2.3 por ciento del consumo de electricidad de Estados Unidos.” 

Si bien los proponentes se apresuran a señalar la supuesta eficiencia de los centros de datos en el uso de recursos, en particular los que son propiedad de los Gigantes Tecnológicos con su marketing “verde”, aún está por verse la factibilidad de estos planes frente a la nueva normalidad de severa crisis hídrica.

Podemos anticipar además, que el actual consumo mundial de energía y agua de los centros de datos pronto será eclipsado por la inminente demanda de energía y recursos de los sistemas de Inteligencia Artificial, que según sus defensores realizarán tareas a la par o mejor que los seres humanos.Según el Financial Times, Microsoft abre un nuevo centro de datos en algún lugar del mundo cada tres días, y la Agencia Internacional de Energía estima que la demanda de energía de los centros de datos del mundo podría aumentar hasta igualar la demanda total de energía de Alemania en 2026. 

Sam Altman, cofundador de OpenAI, bromeó en el Foro Económico Mundial 2024 en Davos diciendo que la IA futura consumirá grandes cantidades de energía, lo que requerirá un avance energético basado en la fusión nuclear o energía solar y almacenamiento mucho más baratos. La industria del gas natural, que falsamente se promociona a sí misma como renovable, también se ha sumado a la iniciativa, proclamando que la expansión de la IA “marcará el comienzo de una era dorada para el gas natural.” 

Esta explosión del consumo de energía vinculado a la inteligencia artificial ha provocado un aumento descontrolado de las emisiones de carbono de las empresas de datos. En 2023, Microsoft anunció que sus emisiones aumentaron un 29% respecto a 2020.Google se vio obligado a hacer público en 2024 que sus emisiones de carbono aumentaron un 48% respecto a 2019.Su competidora, Amazon, tiene el mismo problema. Por ello todas las grandes empresas de datos están invirtiendo fuertemente en la descarbonización (alcanzar el “cero neto”) de sus operaciones, con una serie de programas especulativos ampliamente denunciados por los movimientos como “falsas soluciones” sin disminuir realmente las emisiones, y promover la apropiación de territorios a costa de las comunidades locales.

Luego queda la cuestión de quién accede a los recursos energéticos, del tipo que sea. Por ejemplo, los centros de datos y de minería de bitcoin han estado acudiendo en masa a Islandia, donde la energía procedente de fuentes geotérmicas e hidroeléctricas es relativamente barata y abundante, lo que les permite etiquetar sus operaciones como “libres de carbono”. Sin embargo, se estima que los centros de datos consumen un 30 por ciento más de electricidad que el total de los hogares en Islandia (los mineros de criptomonedas representan allí cerca del 90 por ciento del consumo de los datacenters).

De manera similar, según una investigación de Forbes de 2023, Bután, que depende principalmente de la energía hidroeléctrica de sus innumerables ríos que desaguan desde el gran Himalaya, ha construido silenciosamente, durante los últimos cuatro o cinco años, una vasta infraestructura para la minería de criptomonedas que ha resultado en un aumento del 63 por ciento en el uso de energía en 2022, y requiere importaciones de chips de China por el valor de más de 220 millones de dólares para la minería de bitcoins.

Fragmento del Informe Detras de las Nubes: el impacto ambiental de la digitalización.