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"El racismo y el fascismo han perdido en Bolivia"

por Revista Cítrica
Fotos: Hernán Vitenberg
19 de octubre de 2020

Adriana Guzmán, referente del feminismo comunitario antipatriarcal de Bolivia reflexiona sobre las elecciones que devolvieron el gobierno al Movimiento al Socialismo. El retorno a la democracia tras el golpe racista y los desafíos que deberá enfrentar el partido del recientemente electo Luis Arce.

Por Adriana Guzmán

En la jornada electoral hubo mucha incertidumbre primero porque no sabíamos si realmente se iban a hacer las elecciones o no hasta el momento en que cada cual estaba votando y también, había cierta calma que creo que se debió sobre todo a la militarización. No hemos votado nunca con los militares en los recintos. En general siempre ha estado la institucionalidad electoral y no los policías y militares como estaban ayer. Supuestamente controlaban las medidas de bioseguridad. Había una calma que se parecía mucho al miedo. Había incertidumbre por saber si iban a respetarse los resultados de las elecciones, porque el triunfo del Movimiento al Socialismo (MAS) era una cosa de sentido común.

El año pasado en una elección a la cual han acusado de fraude que nunca han comprobado, ya había un 10% de diferencia, y a eso se suma la gente que ha vuelto a depositar la confianza en el MAS que en 2019 no lo había votado por algunas críticas y cuestionamientos. Y además, se suma el porcentaje del voto castigo al golpe: el gobierno de facto abandonó la salud, aumentó la corrupción, generó masacres. Fueron 11 meses de violencia terrible que vivimos desde el Estado, entonces era claro que iba a ganar el MAS.

Ayer fue un día difícil. Hubo mucha humillación en los centros de votación donde los militares te maltrataban, había delegados del partido de Comunidad Ciudadana que te insultaban más allá de ser masista o no, sino por ser indígena, por tener la cara que tenemos. Hubo manifestaciones de racismo. Se ha resuelto el tema electoral pero no se ha resuelto el racismo ni el interés de los terratenientes de querer tener el control del país, la administración del Estado, la impunidad sobre el extractivismo y los transgénicos sobre la tierra.

En medio de un gobierno de facto que continúa hoy las alegrías son difíciles, son con mucha cautela. Nos impresiona la contundencia del voto de apoyo al MAS. Yo pensaba que habría casi un 50% pero no un 52% que seguramente con el escrutinio final todavía va a subir más. De todas formas, hay que estar atentas porque el gobierno de facto sigue siendo el gobierno y hay que ver cuál va hacer la posición de las fuerzas armadas que son las mismas que están constituidas por los masacradores. Aunque haya ganado el MAS quedarán muchas luchas que deberá asumir el gobierno. Una de ellas sería la lucha por la estabilidad porque estos grupos van a seguir desestabilizando el país.

"Nosotras queremos vivir bien no solo teóricamente. Queremos dignidad, alimentación y salud. 

El voto de Luis Fernando Camacho en Santa Cruz y otros lugares nos muestra que aún hay una fragmentación en Bolivia. Es histórica. Como ha mencionado Felipe Quispe hay dos Bolivias: una colonial, terrateniente y oligarca, más una clase media aspirante a ser burgueses; y otra indígena, originaria, desde las comunidades. Todavía está eso para resolver, reinventar una forma de existir en nuestro país.

Además hay que ver en qué condiciones van a dejar el Estado, hay mucha corrupción, contratos desconocidos, la privatización de la empresa de hidrocarburos, la ley de los transgénicos. También está la justicia: ¿Yanine Añez y Arturo Murillo irán a la cárcel? ¿Se los juzgará por las masacres, el genocidio, las represiones, los 36 hermanos masacrados, las heridas, los heridos, los huérfanos y la violencia sexual hacia las mujeres? Para nosotras es difícil seguir caminando en un gobierno plurinacional y construyendo un proceso de cambio sino va haber justicia sobre eso. Sabemos que son condiciones complejas porque las fuerzas armadas están y la principal incertidumbre es que, hasta este momento, el Tribunal Supremo Electoral no ha presentado datos oficiales y el control que está haciendo es tan lento que no sé si esta semana va a tener datos oficiales, eso genera incertidumbre y es un mecanismo del gobierno de facto.

La decisión del pueblo en las urnas es un acto de reparación frente a esas voces que han negado el golpe racista y fascista.

Para el feminismo comunitario esto es una victoria del pueblo, de las whipalas, de las polleras, es saber que el racismo y el fascismo han perdido, es un mensaje al mundo como pueblos de que en nuestros territorios no hay espacios para el fascismo y no va a volver el racismo, es un acto de dignidad más allá del mismo Movimiento Al Socialismo y de la contienda entre los partidos. Es una decisión del pueblo. Es dignidad. Ahora nos toca construir todo lo necesario materialmente para que eso se concrete. 

Como feministas es un acto de reparación porque el porcentaje que obtiene el MAS es la claridad de que primero no hubo fraude y segundo que, sí hubo golpe. Un golpe negado, así como se niega la voz de las mujeres cuando denuncian violencia y violación, así como se descree de ellas. Así nos ha pasado como pueblo también, cuando muchos se han puesto a discutir si era o no un golpe, la decisión del pueblo en las urnas es un acto de reparación frente a esas voces que han negado el golpe racista y fascista.

Nos queda la responsabilidad como feministas comunitarias y antipatriarcales de defender y profundizar el proceso de cambio porque también está la posibilidad de que el MAS asuma al gobierno y no profundice el proceso y nosotras queremos vivir bien no solo teóricamente. Queremos dignidad, alimentación y salud. 

Para nosotras como feministas, la responsabilidad durante el golpe ha sido la denuncia, el pelear por la justicia. Y ahora con estos resultados en las elecciones, esa responsabilidad sigue, no importa que el secretario general de la OEA, Luis Almagro, salude las elecciones, él es cómplice del golpe, la Organización de los Estados Americanos tiene responsabilidad sobre las masacres y nuestro rol va a ser exigir justicia y que estén implicados todos los responsables involucrados: el candidato Mesa, Luis Fernando Camacho, los terratenientes, los paramilitares y tantos más- Nuestra resistencia va a ser desarticular los grupos paramilitares desde los territorios y exigirle al nuevo gobierno que haga justicia.

Agradecemos a las organizaciones feministas y de izquierda que traspasando las fronteras nos han sostenido estos 11 meses, y han conseguido romprer el cerco mediático. Durante el golpe nos han hecho llegar medicamentos para resistir a la pandemia. Hemos vivenciado una resistencia sin fronteras, principalmente con hermanas feministas de Argentina.

*Activista lesbiana aymara y referente del feminismo comunitario antipatriarcal.