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El infierno terrestre está encantador

por Revista Cítrica
Fotos: Agustina Salinas
24 de septiembre de 2021

La Huelga Mundial por el Clima puso de relieve las urgencias socioambientales planetarias que tienen su correlato directo con los problemas locales. Una mirada global y nacional con datos y pronósticos poco alentadores.

En distintas partes del planeta este 24 de septiembre (24S) fue elegido como fecha para llevar adelante acciones en el marco de la Huelga Mundial por el Clima. Los motivos sobran...

En agosto de este año se presentó el Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) perteneciente a la ONU. Una aproximación general a sus resultados arroja un dato alarmante: “El cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando”.

También dice el grupo experto: “Muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, sino en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se están produciendo, como el aumento continuo del nivel del mar, no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios”.

Algunos indicadores ayudan a reconstruir el mapa del calentamiento global y remarcar la urgencia de la situación:

*La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera es la más alta en 2 millones de años.

*El aumento de los niveles del mar es el más acelerado en al menos 3.000 años. A su vez, en los océanos se ha venido registrando un calentamiento, una mayor acidificación, una pérdida de oxígeno y una reducción de la biodiversidad.

*El área de hielo marino en el Ártico tiene el nivel más bajo de los últimos 1.000 años.

*El retroceso de los glaciares tuvo un avance sin precedentes en al menos 2.000 años.

*Tanto el calor extremo como las lluvias torrenciales se han vuelto más frecuentes y con mayor intensidad. En el caso de la temperatura, es habitual el registro de nuevos récords tanto de bajas como de altas temperaturas en distintos países, entre ellos la Argentina.

*Las sequías se han incrementado en algunas regiones del planeta.

*Cada vez es más frecuente el clima de incendios, que combina condiciones cálidas, secas y ventosas que repercuten en incendios forestales arrasadores.

 

Lo que le espera a la Argentina

En este punto, vale echar una mirada al libro de reciente publicación El colapso ecológico ya llegó. Una brújula para salir del (mal)desarrollo (Siglo Veintiuno Editores, 2020), escrito en co-autoría entre la socióloga Maristella Svampa y el abogado ambientalista Enrique Viale.

En el segundo capítulo, titulado “De lo global a lo regional y lo local. La Argentina como laboratorio a cielo abierto”, se refieren a las transformaciones climáticas que pueden esperarse para los próximos años:

Los estudios existentes indican inundaciones y olas de calor para la ciudad autónoma y el Gran Buenos Aires. Las precipitaciones y el nivel del Río de la Plata seguirán aumentando a lo largo del siglo, lo cual incrementaría la frecuencia de las inundaciones. El riesgo de inundaciones en la cuenca baja de los ríos Matanza, Riachuelo y Reconquista será mayor, hecho que impactará sobre los centenares de miles de habitantes de las villas y asentamientos que viven en condiciones de absoluta precariedad. La combinación de precipitaciones cada vez más frecuentes y extremas y altas temperaturas también genera la propagación de enfermedades que antes solo se veían en otras latitudes, como el dengue, el zika o la fiebre chinkungunya.

Según el informe de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN, 2019), en el Litoral y la pampa húmeda las sequías y olas de calor serán más frecuentes. Asimismo, tengamos en cuenta que los cambios en el uso del suelo en esta región, a raíz de la expansión de la soja, incrementarán los caudales de los ríos de la cuenca del Plata y potenciarán los riesgos de inundaciones en un escenario de precipitaciones más abundantes. No olvidemos que la sequía de 2018 –que afectó a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y La Pampa– generó pérdidas millonarias en cosechas de soja y maíz del orden de los 6000 millones de dólares y fue considerada uno de los diez fenómenos climáticos más destructivos del año en todo el mundo (Christian Aid, 2018).

En las provincias patagónicas, el aumento de la temperatura acelera la reducción de las zonas cubiertas de hielo y afecta de manera directa a los glaciares. Se espera que también disminuyan las lluvias, lo que reduciría el caudal de muchos ríos, por ejemplo, el Santa Cruz, y en consecuencia se produciría un retroceso de los bosques patagónicos. Esto a su vez aumentaría la vulnerabilidad de muchas especies endémicas. El caudal insuficiente de los ríos podría perjudicar la producción de energía hidroeléctrica. La falta de recursos hídricos generaría nuevos desafíos para el sector productivo de frutas y hortalizas. Las condiciones más secas aumentarían el riesgo de incendios forestales y su propagación.

Para la zona de la estepa patagónica se estima una disminución de las lluvias y un aumento de la temperatura, lo que provocaría un escenario de mayor aridez. Ese cuadro puede acelerar el proceso de desertificación de miles de hectáreas como consecuencia de la degradación del suelo. Lo dramático es que cada año en todo el país, y sobre todo en la Patagonia, dos millones de hectáreas se suman a los cien millones de hectáreas secas del país en proceso de degradación y desertificación. A su vez, el incremento del nivel del mar podría acelerar los procesos erosivos sobre las costas, aumentando el retroceso de las playas y acantilados, y afectar la permanencia de especies como pingüinos, lobos y elefantes marinos en las áreas protegidas, lo que pondría en peligro la importantísima actividad turística de esta zona.

Las provincias del noroeste y las de Cuyo son las más afectadas por la crisis hídrica. En el noroeste las altas temperaturas podrían continuar acelerando la evaporación del agua y de esa manera disminuir la disponibilidad del recurso en la región. A su vez, se estima que habrá una fragmentación y reducción de los humedales altoandinos que afectará notablemente a la fauna local. Las temperaturas extremas alterarán las horas de trabajo y esparcimiento al aire libre en las épocas más calurosas. Por otro lado, las principales consecuencias del cambio climático en Mendoza y San Juan están vinculadas al agua. Se espera que disminuyan aún más las áreas cordilleranas cubiertas por glaciares, que son los grandes reguladores hídricos de la región. Ese deshielo y la disminución de las precipitaciones ya han comenzado a acelerar el agotamiento de aguas superficiales como los ríos San Juan, Atuel y Mendoza, por lo que se prevé mayor vulnerabilidad de varias economías regionales. La reducción del suministro de agua por actividades que consumen cantidades enormes, como la minería, podría tener consecuencias ecológicas y socioeconómicas de gran alcance. El sistema actual de producción agrícola podría tornarse inviable en las próximas décadas.

 

Las falsas soluciones repetidas

"Llegamos a esta Huelga Mundial luego de mucho andar", dice el comunicado elaborado por la Coordinadora Basta de Falsas Soluciones. Sigue: "Hoy y cada día, la lucha la estamos dando incansablemente a diario en cada territorio, en contra del acuerdo porcino, de la megaminería, del fracking, del agronegocio, de las represas, de las empresas contaminantes, de la especulación inmobiliaria y tantos otros proyectos extractivistas".

Sobre las responsabilidades políticas: "En materia ambiental, este gobierno no es negacionista, es cínico, mentiroso y oportunista. Abonado a los dobles discursos. Porque mientras dice reconocer al Cambio Climático, e invita a organizaciones juveniles a encuentros para la foto, avanza con furia con la Ley de Promoción de Hidrocarburos por 20 años que promueve el fracking aumentando la producción de combustibles fósiles. Esto va en contra de los compromisos de reducción de emisión de gases de efecto invernadero asumidos por Argentina, que inclusive fueron catalogados como altamente insuficientes".

¿Cómo se sale de este círculo tóxico y destructivo? "Exigimos ya una transición a energías renovables, seguras y limpias, que responda a las necesidades reales de la población y no a los intereses insostenibles de los modos de producción capitalista. Para todo ello, es indispensable, urgente e impostergable que pasen a ser las
comunidades y el pueblo trabajador quienes tomen las riendas de las decisiones". 

Ni sagas literarias de ciencia ficción ni películas de Hollywood postapocalípticas. La crisis socioambiental ya golpea fuerte en el país, por eso la juventud, sobre todo, y otros sectores sociales conscientes de la urgencia han decidido salir a las calles para construir política con el cuerpo, para marcar la agenda de la política institucional.

Esta historia continuará con nuevos episodios de calle y de visibilización. Hasta que la vida digna y en armonía con el entorno se haga costumbre.