Experimentos químicos en el norte cordobés

por Revista Cítrica
19 de julio de 2022

El INTA, con el financiamiento de la empresa Corteva Agroscience, realiza ensayos en Deán Funes para desmontar parte del bosque nativo con agrotóxicos. Con la excusa de la prevención de incendios, avanza lentamente un laboratorio a cielo abierto que viola leyes y pone en riesgo la vida.

Esta nota fue publicada originalmente en la web de Sala de Prensa Ambiental.


De tanto buscar, finalmente parece que encontraron una nueva excusa para instalar la legalización del desmonte químico en territorio cordobés: “los arbustos que crecen entre los alambrados de los establecimientos ganaderos causan pérdidas a los productores y además podrían propagar incendios”.

El argumento es esgrimido desde el campo experimental del INTA Deán Funes, impulsado por la Secretaría de Ganadería provincial y la Sociedad Rural de esa región: hay que eliminar la vegetación que invade los alambrados de los campos y para ello no puede haber mejor idea que arrojar diferentes compuestos químicos (herbicidas y/o arbusticidas) para producir la muerte o el debilitamiento de las especies leñosas.

Una metodología, dicen, capaz de llevar adelante la limpieza de alambrados en forma económica y eficiente con el fin de impedir que los grandes productores ganaderos se vean perjudicados. ¿Quién financia estos ensayos? Atrás del decorado experimental asoma Corteva Agrosciencie, la compañía transnacional que provee los agroquímicos.

La experiencia de desmontes ilegales en el norte cordobés muestra –desde hace años– que en cuestión de días un centenario bosque nativo pasa a ser un campo ganadero. La velocidad de ese cambio es proporcional a la rapidez con que los grandes productores de vacas pulverizan con productos químicos la vegetación y todo lo que la rodea, aunque la ley lo prohíba.

Cualquier intento de legitimar el uso de agrotóxicos en los bosques nativos determina, lisa y llanamente, una actividad absolutamente ilícita debido a que el Decreto 170 –reglamentario de la Ley 9814 que ordena territorialmente nuestro bosque nativo– prohíbe expresamente el uso de químicos para llevar a cabo actividades de desmonte”, indica Darío Ávila, abogado especialista en temas ambientales.

Los ensayos con agrotóxicos en el campo sirven para perfilar datos que avalen la utilización del desmonte químico y, con éstos, finalmente apoyar cambios en la legislación que actualmente lo condena.

 

¿Desmonte químico para prevenir incendios?

Desde hace seis meses en el campo experimental del INTA Deán Funes realizan ensayos en un laboratorio a cielo abierto: “Control químico de arbustos para prevenir la destrucción de alambrados por incendios”, denominan al proyecto en los pasillos gubernamentales.

Sala de Prensa Ambiental pudo establecer que dichas pruebas consisten en la aplicación de agrotóxicos sobre arbustos –como espinillos o piquillines por ejemplo– o lo que es lo mismo, sobre el estrato medio del bosque nativo porque, curiosamente, para los grandes empresarios ganaderos estas especies no forman parte del monte cordobés.

Los rocían, se secan y quedan de pie… pero muertos. Sucede con los arbustos pero también con árboles de gran porte cuando la dosis o el cálculo de aplicación fallan, según admiten los propios responsables del ensayo.

El experimento es ensayado en el norte de Córdoba donde los mapeos más actualizados señalan que apenas sobreviven los últimos manchones de bosques bien conservados. Pero también, las imágenes muestran con claridad que las mayores superficies desmontadas en los últimos años corresponden justamente a esa región.

Darío Ávila indica que “si bien aquí no podemos hablar claramente de que existe un desmonte, sabemos de la enorme incapacidad que tiene el Estado para controlar este tipo de actividad como es el uso de agrotóxicos, es decir, no existe ninguna garantía de que esta práctica, si se termina aprobando, pueda ser fiscalizada” y agrega que “no solamente hablamos de una actividad contraria a la ley provincial 9814 sino también de una manifiesta violación a normas superiores como la ley 26331, que al momento de definir qué debemos entender como bosque define cuales son aquellos ecosistemas naturales forestales que están compuestos por distintas especies arbóreas, arbustivas y herbáceas, conjuntamente con las especies de flora y fauna asociadas”.

Hay que eliminar la vegetación que invade los alambrados de los campos y para ello no puede haber mejor idea que arrojar diferentes compuestos químicos.

 

Topadoras y venenos

La sociedad cordobesa tiene la piel sensible a partir del último intento –por parte del gobierno provincial y de los grandes empresarios ganaderos– de modificar la Ley de Bosques, en el 2017. Una de las novedades que impulsaba esa modificación radicaba en habilitar el desmonte químico, legalizándolo. Un intento fallido, hasta ahora.

Acuerdan los especialistas en que este método de deforestación es una variante mucho más dañina que el tradicional desmonte con topadoras y rolos para eliminar el sotobosque con el fin de implantar pasto exótico que alimente a la hacienda de los ganaderos, lo que genera un importante desequilibrio ambiental.

Tras las manifestaciones de los investigadores del INTA–Manfredi que trabajan en el campo experimental Deán Funes, los pobladores del norte cordobés comienzan a denunciar ensayos con agrotóxicos en el campo para perfilar datos que avalen la utilización del desmonte químico y, con éstos, finalmente apoyar cambios en la legislación que actualmente lo condena.

Por eso, no es novedad que a pesar de estar prohibido se realicen desmontes químicos. Lo novedoso puede radicar en que estén intentando pasarlos de la ilegalidad a la legalidad con la excusa de prevenir incendios.

Los rocían, se secan y quedan de pie… pero muertos. Sucede con los arbustos pero también con árboles de gran porte cuando la dosis o el cálculo de aplicación fallan.

 

Fuego venenoso

Antonio Boher trabaja como encargado de un campo ganadero de 1400 hectáreas, a unos 30 kilómetros del campo experimental del INTA, en el norte cordobés.

El poblador se refiere al ensayo que desde diciembre pasado vienen realizando en el campo experimental Deán Funes y en el que toman como excusa el potencial peligro que representan los arbustos enredados en los alambrados para desatar incendios: “Esta región no se caracteriza por ser zona de fuegos y de un día para el otro no tendría por qué quemarse así como así. Últimamente, el problema es que por falta de control hay grandes campos que han volteado el monte y solo quedó pasto y por eso el fuego va como tiro –explica el poblador–. En cambio, un campo con una buena cortina boscosa no se quema a la misma velocidad que uno con pasturas. El monte muchas veces impide que el  fuego avance tan rápido”, explica Boher.

Atrás del decorado experimental asoma Corteva Agrosciencie, la compañía transnacional que provee los agroquímicos.

Aníbal Cuchietti, doctor en Ciencias Biológicas y especialista en inventario de bosque nativo, consultado por Sala de Prensa Ambiental indica que “el único motivo por el que hay incendios en el norte de Córdoba es porque hay productores que prenden fuego y se les escapa. Entonces, evitando que lo utilicen como herramienta se acaba el problema de los incendios y no tendrían que acudir a la aplicación de ningún químico”.

Andrés Britos es poblador de la localidad de Quilino, ingeniero agrónomo e integrante del Movimiento Campesino Cordobés (MCC). En diálogo con Sala de Prensa Ambiental indica que “evidentemente, estos ensayos responden a una presión enorme de un sector que se dedica a la venta de insumos para el agronegocio, con la idea de expandir su clientela e instalando la idea que hace falta avanzar sobre los bosques nativos eliminando la capa arbustiva de los campos. La excusa que están planteando (prevenir incendios) forma parte de un esquema de las mismas presiones que reciben del gobierno provincial, ahora sumado el componente de las empresas que venden estos insumos”.

 

4 de mayo: el día que blanquearon el desmonte químico

El miércoles 4 de mayo, en el campo experimental del INTA Deán Funes, Catalina Boetto –secretaria de Ganadería de Córdoba– abrió la Jornada “Recuperación de pasturas y prevención de incendios” frente a varias decenas de productores ganaderos: “Ustedes vieron que en los dos últimos años los incendios fueron tremendos, entonces tenemos que actuar preventivamente desde el lugar de la ciencia. Producir datos que nos apoyen para hacer un cambio. Quiero agradecer especialmente a la empresa Corteva, que nos está financiando porque eso es muy importante reconocerlo (SIC)”.

La funcionaria provincial agradecía sin disimulos a Corteva Agriscience el apoyo para la concreción de estos ensayos con un método vedado por la ley 9814 que prohíbe expresamente en todo el territorio provincial el desmonte químico. Pero fue por más: “Este ensayo permite producir fundamentos para cuando tengamos que generar datos científicos para mostrárselos a aquellos que toman decisiones, para los que regulan las leyes: esto es dato y no relato. Por eso esta es una reunión clave (SIC)”, insistía con inusual entusiasmo la secretaria de Ganadería poniendo el foco en los legisladores provinciales y la eventual modificación de la ley.

El Dr. Aníbal Cuchietti es categórico: “Plantean un desmonte súper extendido en el tiempo matando constantemente los renovales, es decir el futuro del bosque; y a largo plazo, porque si permanentemente evitan que la estructura poblacional tenga una renovación con individuos más jóvenes, en algún momento los ejemplares más viejos se van a morir y lo único que va a quedar es un pastizal”.

Por su parte, el ingeniero agrónomo Andrés Britos advierte que “en realidad hay interés económico por impulsar el negocio de controlar leñosas mediante desmonte químico. Ya hubieron pulverizaciones de manera ilegal –con avión y con maquinaria de arrastre– que no han sido de modo experimental, sino en lotes grandes y con abierta violación de la ley; hay causas judiciales sobre este tema. En la presentación de este ensayo, autorizado por el Ministerio de Agricultura de la provincia, han estado algunos técnicos de la Secretaría de Ambiente”.

Para el Dr. Cuchietti “básicamente, están abriendo la puerta a productos químicos que afectarían a la mayoría de las especies del bosque nativo, lo cual lo hace bastante peligroso” y agrega que “el químico sigue sin ser lo suficientemente selectivo como para no afectar a las especies que componen el bosque y también a toda la gente que vive de la producción de algarroba, de los frutos de mistol, del chañar, una variedad que sirve también para alimentar al ganado de los pequeños productores del norte”.

Señala el científico que “desde el punto de vista ecológico y técnico una de las grandes amenazas radica en implementar un procedimiento químico para atacar con todas las fuerzas a lo que es el futuro del bosque, es decir, al reservorio de semillas, plantines y a los arbustos que están brotando. A la larga están condenando a esos bosques, porque cuando se mueran los adultos no va a haber renovales”.

"Cualquier intento de legitimar el uso de agrotóxicos en los bosques nativos determina, lisa y llanamente, una actividad absolutamente ilícita".

 

El factor alambre

Antonio Boher indica que “el uso de químicos para mantener las picadas, rolados y alambres no es necesario, además de ser perjudicial para el campo y su ambiente. A eso se suma que al final va a salir más caro que limpiar un alambre como se hizo siempre”, explica el encargado de campo y agrega que “el desmonte químico no solo perjudicaría al ambiente sino a muchos productores que viven de la cosecha de sus frutos, como los del chañar, el mistol, la tusca, la algarroba o la tuna, y de los productos que se realizan con estos: arropes, cafés, bolanchaos, patay y tantos otros”.

Los alambrados en los campos comenzaron a utilizarse en Inglaterra en 1830, y en Argentina los registros indican que se usó por primera vez en 1878. Desde entonces, representó la modificación más trascendente en la historia de la industria rural y con el alambrado apareció un nuevo tipo de trabajador rural: el alambrador.

El INTA tiene integrantes que "trabajan a favor del mantenimiento, justificación y la profundización del modelo agroindustrial".

Boher da cuenta que “mucha gente local que trabaja con los alambres se quedaría sin su fuente laboral o pondría en riesgo su salud trabajando sobre una zona que fue fumigada. Un alambre bien hecho, bien trabajado, dura muchísimo tiempo sin mantenerlo” y agrega que “hay necesidades más importantes para los productores, como por ejemplo el agua, ya que muchos no la tienen en sus campos. A eso se suma que el gobierno nacional no envía fondos a los propietarios de campos con bosque nativo y el provincial tampoco ayuda. Con ese dinero los pequeños productores podían arreglar un alambre o hacer alguna obra en el campo”.

El trabajador rural señala que “el monte es de todos y provee de alimento a los animales; desde la tusca, el mistol, el chañar, la algarroba, el espinillo y muchos arbustos que las vacas, las cabras, los chanchos y animales nativos consumen. Con referencia al ganado, cuando el campo tiene buen monte buscan su sombra para ir hasta el agua mientras van comiendo del suelo los frutos caídos y ramoneando árboles que tienen muchos nutrientes, diseminando las semillas de árboles y arbustos nativos luego de su digestión”.

 

Miel contaminada

Antonio Boher, quien también es productor apícola, explica que “en el caso de la apicultura el daño sería importante en varios aspectos: matando árboles y arbustos nativos que son el alimento de las abejas y, en el caso que pudiese sobrevivir algún arbusto, alterando el crecimiento y contaminándolo; afectando directamente a las abejas ya que los químicos enferman o matan colmenas enteras, alterando un producto tan puro como es la miel del noroeste cordobés. Esto hace que el daño sea múltiple ya que afecta a las abejas, al ambiente y a productores-consumidores”.

Boher, además, advierte que “también se verían afectados los polinizadores por el uso de químicos: abejas nativas, abejorros, avispas, mariposas, polillas y murciélagos, que son de gran importancia para el monte nativo, mucho más de lo que se cree”, indica el poblador y agrega que “con la utilización de químicos para la fumigación en el noroeste de Córdoba estamos ante un riesgo real de que una de la mieles más puras de la Argentina pierda esa categoría: sería una lástima para el ecosistema y un deterioro económico para muchos productores”.

A su turno, Britos indica que “en esta zona hay muchos productores de abejas, mucha gente campesina que también tiene sus colmenas porque en los pueblos de la zona hay cada vez más salas de extracción de miel y de procesado. Entonces, me parece grave que se habilite este método con agroquímicos".

"Estos ensayos responden a una presión enorme de un sector que se dedica a la venta de insumos para el agronegocio, con la idea de expandir su clientela." 

La Dra. Adriana Salvo forma parte del Centro de Investigaciones Entomológicas del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal-CONICET y señala que “mantener la diversidad de insectos en un bosque es fundamental para la subsistencia del mismo. Sin insectos, definitivamente no habría bosques, ni hablar de la polinización para que la vegetación pueda seguir dándonos semillas y prosperar en los ambientes naturales”.

Finalmente, Antonio Boher da cuenta que “los árboles y arbustos sobre los que actúa el químico con el que están experimentando en el INTA Deán Funes son melíferos muy importantes para las abejas; tal es el caso del chañar, la tusca y tantos otros árboles y arbustos del noroeste cordobés», y agrega que «espero que se ponga sobre la mesa el cuidado de un bien común de la sociedad como es el bosque nativo y se reflexione sobre las daños que ocasionan los agroquímicos al ambiente. Alguna vez la balanza debe inclinarse para el lado de la protección también”, indica el poblador.

 

Relaciones tóxicas

“El día que esto esté permitido por ley...” fue una de las frases repetidas por los funcionarios tanto del INTA Manfredi como de la Secretaría de Ganadería, frente a la pasiva mirada de un funcionario del área de Ambiente provincial.

“Estos ensayos experimentales se hicieron con un permiso especial de la Secretaría de Ambiente...” se escuchó aquella mañana del 4 de mayo de boca de funcionarios del INTA-Manfredi. Los mismos técnicos que recomendaron a los productores presentes que programen que el ganado reingrese al loteo fumigado “lo más tarde posible”, aconsejándoles sacar al ganado fundamentalmente a quienes exportan, “porque puede haber alguna trazabilidad y el producto puede ser rechazado”.

En esa misma jornada, respecto de la mortandad de animales silvestres, los investigadores del INTA-Manfredi reconocieron que no hay estudios, como tampoco de la posible contaminación del suelo por parte de los agroquímicos utilizados; uno de ellos es el Pastar Gold.

El Pastar Gold es un producto químico que se viene utilizando en el norte cordobés de manera ilegal desde hace años: un desmonte silencioso, mucho más refinado y  difícil de detectar.

"Quiero agradecer especialmente a la empresa Corteva, que nos está financiando", celebró la secretaria de Ganadería de Córdoba, Catalina Boetto.

El ingeniero agrónomo Andrés Britos señala que “desde el punto de vista técnico, hay muchos cuestionamientos por el uso de agroquímicos; diversos problemas vinculados a la vecindad de las poblaciones y a la residualidad. Por ejemplo, el Pastar Gold es una mezcla de varios químicos –algunos más residuales que otros– y todo herbicida deja residuos que son problemáticos para la vegetación, para la fauna nativa y para los insectos que son muy importantes para la polinización en el monte: afecta a todos los servicios ecosistémicos del bosque porque representa una cadena de impactos que no están estudiados, ni tenidos en cuenta, ni informados: ni siquiera considerados”.

Britos agrega que “como agrónomo, otro punto importante es que la mayor parte de los agroquímicos son herbicidas hormonales, y a mí como técnico me generan mucho más temor porque todos ellos, aun en baja concentración, provocan una alteración en los procesos de división celular en la vegetación; y en las personas también pueden hacerlo. Eso genera intranquilidad”.

La zona ganadera en la cual se está discutiendo el tema bosques y donde el INTA-Manfredi, con el apoyo del gobierno provincial y la Sociedad Rural de Deán Funes realiza su experimento es la más campesina de la provincia. “Campesinos que viven con un modelo de producción muy interesante para desarrollar e impulsar en conjunto con la preservación del bosque”, indica Britos y resalta el caso del campo “La Libertad”, que administra unas 6000 hectáreas con ganado: vacas, cabras y caballos. Allí, las picadas cortafuegos se realizan con un tractor comunitario, otras son hechas a mano y desde 1997 –hace 25 años– no hay incendios en ese campo, “lo que habla del modelo de producción porque donde hay bosque no hay incendios”, indica el ingeniero agrónomo del MCC.

A su turno, el abogado Ávila refiere que “podemos apreciar que dentro del mismo INTA, así como hay investigadores que manifiestan y ponen en evidencia cuáles son los impactos ambientales que produce el modelo del agronegocio a través de este bombardeo químico –con la utilización cada vez más creciente de agrotóxicos– tenemos la otra cara: aquellos integrantes del INTA que trabajan a favor del mantenimiento, justificación y la profundización del modelo agroindustrial. Muestra de esto es el ensayo que mostraron en el campo experimental de Deán Funes, el 4 de mayo”.

“El bosque nativo tiene características propias donde existe un funcionamiento ecosistémico en el que interactúan no solamente la flora, la fauna, los microorganismos, los genes y toda la biodiversidad presente en los bosques. Cualquier intervención mediante la utilización de químicos estaría alterando ese equilibrio, modificando ciclos biológicos y naturales y, por ende, vulnerando estas conformaciones naturales. Por lo tanto, este tipo de prácticas estarían violentando la ley 26331 que es la norma de presupuestos mínimos que protege a los bosques nativos en todo el país”, concluye el abogado Ávila.
 

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