Somos las que abortamos

por Revista Cítrica
Fotos: Agustina Salinas
11 de diciembre de 2020

Hoy festejamos porque estamos más cerca de poder elegir. A las 7.23 de la mañana del 11 de diciembre de 2020, después de una jornada de 20 horas en las calles bajo un calor agobiante, 131 diputados y diputadas le dieron, por segunda vez en poco más de dos años, media sanción al proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Y eso significa que otra vez nos queda un solo paso para que el aborto pueda ser legal, seguro y gratuito: la votación en el Senado. Estamos cerca otra vez y por eso lloramos de emoción, nos abrazamos y compartimos el momento. Sabemos que estamos ganando la ley en las calles. Sabemos que estamos ganando el derecho a elegir sobre nuestros cuerpos y cuerpas, el derecho a elegir. El derecho que nos corresponde a cada persona gestante, porque somos nosotres, las personas gestantes, las que abortamos. No son otras, no son quienes hablan por nosotres o se arrogan nuestra representación; tenemos voz.

Somos las que abortamos, somos las que podemos pagar un aborto en una clínica privada y las empobrecidas que abortamos en una salita clandestina, poniendo en riesgo nuestras vidas; somos las que abortamos con misoprostol y las que no tenemos acceso a las pastillas, somos las que decidimos abortar y las que decidimos cuándo y cómo ser madres, somos las que creemos en religiones y las que no creemos, somos las mujeres originarias que luchamos contra las violaciones y los abusos de los winkas y también de nuestras propias comunidades, somos trans e intersex que también gestamos y también queremos nuestro derecho a interrumpir los embarazos, si así lo deseamos; somos las cientos de niñas obligadas a maternar contra nuestra voluntad y somos también la voz de cada persona muerta por un aborto clandestino.  

Nos encontramos en las calles otra vez para mostrarles a les legisladores que necesitamos ganar este derecho, que no podemos esperar más, que es urgente. “Después de un año tan difícil hay que saldar esta deuda de la democracia: necesitamos que toda persona con capacidad de gestar tenga el acceso pleno al derecho de una interrupción voluntaria”, nos dice Carlota en Callao y Corrientes. Son las diez de la noche, el calor no cede y aún falta mucho para la media sanción. Pero su mensaje nos resume: Toda persona con capacidad de gestar debe tener la posibilidad de interrumpir su embarazo. Las personas que abortamos.

Abortamos las empobrecidas de las villas de Santa Fe: “Las empobrecidas abortamos como abortan todas las mujeres y todos los cuerpos gestantes. Para nosotras es mucho más difícil y, por eso, caemos en la clandestinidad. En principio porque no hay información y también porque las pastillas son muy caras. Entonces corremos riesgos serios de morir o de sufrir secuelas por malos abortos. Esta ley es absolutamente fundamental. Y también hay que romper el mito porque muchas hablan de las empobrecidas y nosotras tenemos voz para decir lo que nos pasa. En realidad nosotras, en esta pandemia, estamos a cargo de ollas populares, de los lugares de cuidado y también estamos acompañando situaciones de violencia y a compañeras que necesitan abortar. Todo eso hacemos las empobrecidas”. Las palabras -que brotan con la fuerza de les oprimides- salen debajo del barbijo verde de La Negra Albornoz, referenta de La Garganta Poderosa Santa Fe.

Abortamos las madres. Sí, las madres también abortamos. Porque queremos ser madres cuando lo deseamos y no cuando nos los imponen. Cintia tiene dos hijes, une de pocos meses, y está acá con elles porque sabe que esta ley se gana en las calles. “La maternidad es una decisión, no una bendición. El aborto no tiene que ser un privilegio de clase. En 2018 tenía a mi primer hijo de un mes y no me animé a salir. Ahora dije: si no salimos, no sale. Y acá vinimos”. 

Cintia eligió no abortar. Así como ella eligió, quiere que todas las personas gestantes puedan elegir: “En las personas que no entienden que esto es un derecho hay una falta de sensibilidad social, algunas podemos abortar y otras no tienen los recursos para hacerlo. Acá estamos las que sabemos que no se lucha por los derechos individuales. Los derechos son de todas, son sociales y hay que ganárselos así, en las calles".

Samantha tiene 43 años y dos nenas: Florencia de 12 y Regina de 4. Vinieron desde Carlos Spegazzini (Ezeiza) y ahora, que se acercan las nueve de la noche emprenden el regreso porque mañana hay clases. Pero el viaje valió la pena, nunca se pierden los momentos históricos, les gusta sentir la expresión del pueblo, la lucha por los derechos. Samantha también es madre. Decidió cuándo serlo. Y por eso dice que “necesitamos una ley que apoye a cada mujer que necesite hacer un aborto de manera legal y segura, para cualquier mujer. No importa la clase social. Esperemos que esta vez sea ley”.

Abortamos las disidencias, las personas trans, las personas intersex. En esta vigilia se realizó el primer pañuelazo de la Colectiva de las Disidencias Sexogeneropolíticas dentro de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito. “Estamos convencides, convencidas y convencidos de que este derecho fue militado por las disidencias sexuales. Por eso le rendimos un merecido homenaje en el pañuelazo. Las disidencias hicieron un aporte fundamental para que este logro sea ley. Luchamos por este derecho sexual y reproductivo, que es un derecho humano”, nos explica Paola Locane, miembro de la Colectiva, mientras los pañuelos verdes se levantan una y otra vez y flamean con el viento cálido. 

El fuego sube, no se apaga y así será hasta que el Senado convierta nuestro derecho a elegir en ley. Hasta que tiremos abajo el patriarcado como propone Susy Shock, activista y artista trans: “Esto es una batalla cultural, hay un mundo enorme que ha ganado, que es dueño de todo esto y que hay que tirar abajo. Lógicas arcaicas que duelen, matan mucho y lastiman mucho. Como es una batalla cultural no alcanzarán las canciones, las películas, las obras de teatro, los bailes, las danzas, los pensamientos, todos los espacios críticos para insistir con lo nuevo tiene que ser absolutamente distinto a esta porquería”.

 

 

Quimey Ramos es una profe de inglés que cambió su identidad en el medio del año escolar: dejó de ser Tomás para ser Quimey. Explica por qué está en las calles: “Una victoria no se va a lograr negociando con los dinosaurios del Congreso. Apuesto a este espacio como un caldo de transformación, hay algo en el encuentro que nos revitaliza tras un año de aislamiento donde se fomentó algo que poco tiene que ver con acuerparnos, con la construcción de un sentido comunitario ni con la construcción de otras formas de vida posible, que son imprescindibles en un contexto donde este sistema de producción vigente nos demuestra permanentemente que nos lleva a la muerte y al fracaso. Es momento de cuestionar las formas de producción y la imposición de reproducción me parece vital para repensar la autonomía y otras formas de vida desde nuestros cuerpos no marcadas por las necesidades del mercado y de este sistema de producción asesino”. Ni Quimey ni nadie quieren que le impongan la necesidad de reproducirse. Y para que eso suceda, es imprescindible que el aborto sea legal, seguro y gratuito. Esta ley será un paso para ser dueñxs de nuestrxs cuerpxs. “Hay un encuentro entre la necesidad del colectivo trans y la de las personas que desean abortar y no pueden: el derecho a elegir. Lamentablemente nadie va a tener una libre elección de su cuerpo cuando no estar dentro del sistema binario (que una persona no se considere ni hombre ni mujer en los términos que nos lo han enseñado) sea un riesgo de muerte”.

Abortamos las originarias. Resistimos y abortamos desde hace más de 500 años. “Para nosotras es importante acompañar el reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito. Creemos que el aborto no solo es un derecho, sino una práctica que nos han dejado nuestras abuelas y ancestras. Desde 500 años atrás el aborto se practica como forma de resistencia a la colonización, para que los hijos y las hijas de nuestras abuelas no fueran esclavos”, dice Milagros Panta, integrante del medio de comunicación de mujeres indígenas TeleSisa. 

 

 

“Levanten las whipalas”, incentivan las mujeres originarias que cantan y bailan pidiendo aborto legal, seguro y gratuito. La diputada Dina Reznivosky dijo en el Congreso que mujeres de pueblos originarios marchan descalzas pidiendo por las dos vidas o por las personas por nacer, pero acá están las mujeres originarias en las calles: “Es importante que pueda haber una mirada decolonial y antirracista del aborto. Tiene que estar garantizado en los hospitales de manera segura y gratuita, pero muchas también abortamos con la medicina ancestral, con la ruda y otras plantas. Que eso también se respete. Somos conscientes de que hay tiempos para parir y tiempos que no. Este día es muy importante para toda América Latina”, asegura Milagros con la seguridad que le guían sus ancestros. Los ancestros que también abortaron.

Milagros Panta

Milagros Panta

Abortamos las mujeres de la Campaña Nacional por el Aborto, Legal, Seguro y Gratuito. Abortamos hace muchos años, incluso antes de que exista la Campaña. Y soñamos con, de una vez por todas, abortar fuera de la clandestinidad. “Tenemos mucha esperanza de que la ley salga en el Senado a fin de año. Somos conscientes de que la política se hace cargo de una demanda que instalamos en la sociedad. Esto es producto de un montón de años de lucha. Somos parte de un movimiento feminista muy importante que tuvo su punto de inflexión en el primer Ni Una Menos en 2015, y a partir de ahí a la política no le quedó otra que hacerse cargo”, dice Julia Martino, integrante de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. 

“El proyecto actual es muy parecido al de la campaña. Toda nuestra lucha generó la posibilidad de que el presidente pueda presentar un proyecto. El proyecto del presidente tiene algunos puntos en los que no estamos de acuerdo pero queremos que salga, después la seguiremos peleando”, agrega Julia. Diputados y diputados dieron la media sanción. Ahora queda el Senado. Queda seguir peleando, seguir ganando la ley en las calles. Seguir, seguir, seguir y seguir. La marea no se detiene. Abortamos y tenemos voz para exigir nuestro derecho a decidir. Y eso haremos hasta que sea ley.

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