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“El desafío es defender el derecho conquistado”

por Estefanía Santoro
Fotos: Agustina Salinas
20 de enero de 2021

Celeste Mac Dougall, docente feminista e integrante de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, reflexiona sobre los nuevos escenarios a partir de la sanción de la ley y la necesidad de que el derecho al aborto se sume a la Educación Sexual Integral.

Celeste Mac Dougall es docente feminista, especialista en Educación Sexual Integral y lleva 10 años como activista por la legalización del aborto. Pero su militancia comenzó mucho antes, cuando en el año 2000 llegó al primer Encuentro Plurinacional.

Con su voz amplificada por un altoparlante en mano se la podía ver en cada marcha arengando a sus compañeras en las calles, y entonando los clásicos cantos aborteros que hoy son hits. Con el cuerpo cansado después de un diciembre agitado, ahora se permite celebrar: "Luchábamos por una ley. Y la tenemos... Qué fuerte hablar en pasado"

Celeste cree que algo importante a destacar de todos estos años de lucha es lo que se logró en 2018: ganar el debate social. “No pudo haber un Ejecutivo presentando un proyecto si nosotras no hubiéramos construido las condiciones durante 15 años de Campaña y el hito que fue el 2018, donde logramos instalar en el conjunto de la sociedad que esto tenía que ser un derecho".

–¿Qué rescatás del debate en el Senado?

–Me pareció impactante el cambio de algunas senadoras paradigmáticas como, por ejemplo, la senadora Lucila Crexell e inclusive su discurso. Cuando la escuchamos en la plaza ese día diciendo por qué había cambiado su voto fue muy fuerte, porque esos cambios de posición sabemos que los construimos nosotras. 

–Hubo sobre el final un cambio que solicitaron algunxs senadorxs: sacar el término “integral” cuando se habla de la causal salud. ¿Qué significa eso? ¿Cómo repercute al momento de solicitar un aborto?

–No entiendo por qué lo hicieron, ni qué los motivaba a esos senadores. Supongo que tiene que ver con no entender cómo se piensa la salud en general. Los protocolos de cómo se hace un aborto ya están, los aprobó el ministro de salud Ginés  González García a finales del año pasado. Esos protocolos para los abortos que ya eran legales serán lo mismo ahora para los abortos voluntarios. No solamente necesitamos que haya misoprostol en todo el país, sino que también haya aspiración manual endouterina (AMEU), que es el otro método seguro recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Necesitamos que haya capacitaciones porque es un método clave a la hora de las definiciones de las mujeres y de las personas con capacidad de gestar. Podés decidir hacerlo con pastillas, con el misoprostol o en el momento en una práctica ambulatoria, que dura entre 15 y 20 minutos y te vas. No requiere internación, se pone un mínimo de anestesia, una cánula, se extrae el contenido del útero y es una práctica poco invasiva. También lo que necesitamos es que haya mifepristona, porque se recomienda la combinación de misoprostol con mifepristona para que sea más efectivo, y en nuestro país ni siquiera está aprobada por la ANMAT.

–¿Cuáles son los desafíos que se vienen para el activismo feminista con el derecho ya alcanzado?

–Me parece que tiene que ver con la implementación. Una cosa es la letra de la ley y otra es la aplicación efectiva, sobre todo porque vivimos en un país federal donde las provincias ejercen una autonomía que a veces es beneficiosa respecto de los derechos y a veces es restrictiva. Por eso construimos una Campaña Federal, porque sabíamos que solo íbamos a ganar el derecho con un consenso social amplio y si teníamos una construcción federal que esté presionando en cada una de las provincias con las correlaciones de fuerza específicas. Y los desafíos para el activismo en general tienen que ver con la defensa de un derecho conquistado, y con ir construyendo otros sentidos, y también otros derechos y otras demandas específicas del feminismo. El desafío es cómo no se institucionaliza, algo que tiene que ser anti sistémico. Si bien nosotras luchábamos (¡luchábamos! qué fuerte decirlo así) por el derecho al aborto también tuvimos que romper con un montón de sentidos en relación a las gestaciones, las maternidades, al deseo e inclusive a la Justicia. Fuimos corriendo los límites de lo posible todo el tiempo. En ese sentido digo que el feminismo es esencialmente anti sistémico. Entonces los intentos de institucionalización siempre son en pos de retrasar su avance.

–Desde la Campaña junto al Cels están realizando un relevamiento a nivel nacional de las personas que se encuentran presas por abortos o eventos obstétricos, donde detallan la suma de 1532 causas por aborto y 37 por eventos obstétricos hasta el momento. ¿Qué creés que sucederá con esas causas?

–Nosotras publicamos los datos que teníamos pero algunas provincias aun no respondieron. Para saber la cantidad de casos de mujeres presas por eventos obstétricos hay que pedir informes provinciales y estamos tratando de conseguir los que faltan. Necesitamos muchísima revisión de causas porque hay casos por aborto, pero la gran mayoría están presas por eventos obstétricos, que es un término médico y que no está estipulado así en la Justicia y también hay presas por homicidio agravado por el vínculo. Hay mujeres presas por abortar pero en las carátulas de las causas figuran otras cosas. El problema no es que no haya sido un aborto sino que la Justicia la condenó por un aborto o por un evento obstétrico como si fuera un homicidio. Ahora estamos en proceso de poder lograr todo el relevamiento que necesitamos pero a la vez exigiéndole al Estado que lo haga. Todo lo que hacemos es una exigencia al Estado porque quien tendría que estar garantizando la libertad, la vida y la salud a una mujer que tiene un evento obstétrico, es no solo el activismo, sino el Estado. Ahora con la ley, el Estado debería actuar: pedir la revisión de las causas, buscar a esas mujeres y actuar en consonancia con lo que acaba de votar. Tenemos datos de denuncias: en el penal de Magdalena hay un pabellón entero de mujeres presas por eventos obstétricos. No está muy claro la carátula que tienen, hay presas y procesadas pero hay algunas que tienen procesos iniciados y también queremos que las desprocesen. 

–Como docente especialista en Educación Sexual Integral, ¿por qué creés que es importante que se hable del derecho al aborto en las escuelas?

–Lo que estuvimos planteando muy fuertemente es que el derecho al aborto tiene que ser un contenido de la Educación Sexual Integral (ESI). No se pueden construir sujetos de derechos sino se los enseña en las escuelas. Necesitamos que desde el Ministerio de Educación se desarrollen materiales y recursos, y se incorpore, a partir del Consejo Federal de Educación, el derecho al aborto como un contenido de la ESI, porque hasta el día de hoy está planteado como una problemática, no como un derecho fundamental. Nosotras tenemos una red docente del derecho al aborto en todo el país y sabemos que es clave. El primer lugar donde una piba y quienes necesitan aborto se acercan -inclusive nos ha pasado con madres de alumnas- a hablar, preguntar o querer saber o se evidencia el embarazo no deseado, es en la escuela. Después, por supuesto, siempre articulamos con el sistema de salud y con la red de profesionales. La escuela es el lugar fundamental para la construcción y la garantía del derecho, eso también lo estamos exigiendo y es clave para para que efectivamente la ley sea garantizada.  

–Con respecto a la objeción de conciencia, ¿creés que se va a convertir en una barrera o se podrá eludir, sobre todo pensando en las provincias donde hay mucha presencia de objetores?

–Profesionales de la salud que son anti derechos puede ser que cambien su posición, como han cambiado algunos senadores y senadoras, diputados y diputadas y personas en general. Hay profesionales que hasta el día de hoy no hacen abortos pero puede suceder que, habilitada la ley, cambien porque ahora habrá muchísima amplitud y garantías. Eso pasó en diferentes países como en México donde se legalizó el aborto y hay muchas más médicas y médicos que salen del closet abortero. Tenemos armada una Red de Profesionales de la Salud a lo largo de todo el país que nos llevó muchísimos años de construcción y que sacó del closet la práctica abortera. La objeción de conciencia es un reaseguro de los anti derechos para no garantizar la práctica. Pero a la vez sabemos que la ley y el contexto de legalización habilita a que otros profesionales, que también se están formando y que van a empezar a ejercer la profesión, cambien de posición y tengan que garantizarlo. Sabemos que vamos a tener que seguir peleando y exigiendo que se aplique el derecho al aborto, así como seguimos peleando por la Ley de Educación Sexual Integral. Pero con una diferencia, nosotras ya generamos un nivel de consenso social que es muy difícil de volver atrás. Hay un dato que es muy impactante: en la Ciudad de Buenos Aires en 2018 se quintuplicaron los abortos legales y eso es porque había más médicos atendiendo abortos pero sobre todo porque se generó conciencia del derecho. Las personas con capacidad de gestar que iban al centro de salud y decían “Me quiero hacer un aborto”, sabían que del otro lado iban a tener una respuesta positiva. Esa dinámica tuvimos también con las redes docentes: nosotras difundimos los centros de salud donde hay profesionales que no las van a cuestionar, que no las van a discriminar. 

–¿Te preocupa la acción de grupos anti derechos que puedan convencer o presionar a personas a no abortar? 

–Siempre me preocupa porque hay una ofensiva anti derechos en general en la región, evidenciada con dirigentes pero en una alianza muy novedosa entre sectores católicos y evangelistas. Siempre hay que estar alerta a la defensa de los derechos porque puede haber retrocesos. Siempre están presionando. Nosotras también tenemos que estar presionando. Siempre hay que estar alerta y peleando por los derechos o por su garantía. Vos sabés que tenés ese derecho y que lo podés ejercer, es muy difícil que te convenzan de que no, es muy difícil que haya vuelta atrás.