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Un tango para la crisis

por Lautaro Romero
12 de octubre de 2018

Decidieron organizarse como cooperativa en 2001 para ponerle música al caos. Hoy, 17 años después, lanzaron su octavo disco y autogestionan su propio club, donde tocan todas las semanas, y funciona una radio que difunde lo nuevo del tango. La Orquesta Típica Fernández Fierro, del Abasto al mundo.

Cae la noche del miércoles. En pleno barrio del Abasto, una persiana permanece entreabierta. Ya casi no quedan rastros de lo que supo ser un taller mecánico. Ni tampoco de aquel baldío. Cuando llegaron el Ministro y los demás, hubo que poner manos a la obra para levantar el lugar. “Antes no había nada de lo que ves ahora. El piso era de tierra”, nos relata uno de los fundadores de la Orquesta Típica Fernández Fierro.

Al entrar en el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF), sus paredes hablan de resistencia, compromiso y lucha. Las obras de León Ferrari dan la bienvenida. El artista plástico denuncia las miserias de la sociedad y crea una atmósfera en perfecta sintonía con lo que está por venir. Realza la mística del club, que hace de sede de la Fierro, y al mismo tiempo cobija a otros artistas. Son las pinturas que inundan el inmenso salón comedor. Cada cuadro es símbolo de superación, y forman parte de una muestra del colectivo Hecho en Buenos Aires, que trabaja con personas en situación de calle. Las mesas y sillas también son fruto del esfuerzo .Colgando del aire, surrealistas. No hubiese sido posible sin las donaciones y las entradas canjeadas con el público.

Arriba del escenario, con la fonola y el fuego que parece arder de fondo, el Ministro calienta motores antes del tradicional show. Los últimos ejercicios de digitación y prueba de sonido. No recuerda exactamente cuándo se le dio por tocar el bandoneón. Sí que aprendió sobre la marcha. En cambio Manuel Barrios, es salido de conservatorio. Asegura que se unió como bandoneonista hace dos años. Cuenta que disfruta mucho de compartir experiencias en los viajes. Parece entretenerse también haciendo las pizzas. La cerveza artesanal que producen en el CAFF, y una buena copa de vino tinto, completan el menú por excelencia de esta velada de tango siglo XXI.

Julieta Laso adelanta las próximas giras por Uruguay y Colombia. Pero más que nada la entusiasma el lanzamiento del nuevo disco: “Ahora y siempre”. Es el octavo que graba la orquesta, y el primero en estudio para ella. “Es muy aguerrido, muy punk. Y lamentablemente, muy actual”, desliza. Fue en 2014 cuando Yuri Venturín (dirección y contrabajo), la eligió para ser la nueva voz de la Fierro. No duda cuando dice que el CAFF es muy importante para la cultura de la ciudad. Que es “un tesoro enorme”.

La orquesta ha adquirido una identidad propia. Es re difícil que una banda toque todas las semanas, y venga gente a verla. Es maravilloso.

De a poco comienzan a llegar el resto de los y las integrantes de la banda con formación típica: cuatro violines, una viola y un violonchelo, cuatro bandoneones, un contrabajo, un piano y la voz. Y están Demian y el Tano, en sonido e iluminación. “Nos repartimos las tareas. Además trabajamos con gente que no es de la cooperativa. Esa manera de agruparse es la que siempre recomiendo. Es mucho más que música”, asegura el Ministro. Los momentos compartidos en casi 20 años de trayectoria. Las andanzas por América, Europa, Asia y Oceanía. Darse el gusto de conocer otras culturas. Incluso de llenar la sala, tal como sucedió durante una función en Finlandia.

En plena crisis de 2001, la idea de relatar las injurias que hundían el país sedujo a un grupo de jóvenes que apostó por la música como medio de expresión y vida. Siempre por el camino de la autogestión como guía. El editar y difundir las producciones de manera independiente. Lo cierto es que desde entonces, influenciados por los maestros Osvaldo Pugliese y Astor Piazzolla, no pararon de tocar y ensayar. Haciéndose de un estilo salvaje y contemporáneo, sumaron fieles seguidores. Para Julieta, se trata de un fenómeno cultural. “La orquesta ha adquirido una identidad propia. Es re difícil que una banda toque todas las semanas, y venga gente a verla. Es maravilloso”, piensa.

No parece haber tiempo en el CAFF. O mejor dicho: es como si perdieras la noción de que existe. Al abrir y cerrar los ojos, el lugar está lleno. El público se dispersa, con ganas de escuchar relatos ásperos, arrabaleros y de eclosión repentina. Agresivos, que te mantienen en plena tensión. Entre la penumbra, a tal punto de sentir obsesión y claustrofobia. Pero que al fin y al cabo, hacen olvidar el afuera. Parecen  ser habitués. Para algunos, es la primera vez. Algo es seguro: nadie quiere quedarse sin asiento.

Hubo que buscar reemplazo más de una vez, respetando los ciclos y el aporte de aquellos que pasaron por la Fernández Fierro. Logrando un equilibrio, en constante formación. El Ministro considera que uno de los rasgos característicos de la orquesta, sustancial en pos de sostener un proyecto de esta naturaleza durante largos años, es haberse adaptado a los cambios, según el contexto. “Se trata de ser perseverantes y consecuentes con lo que está pasando”. También de romper las barreras del estilo, animarse a experimentar y cargarse de otra esencia, moviéndose sin horizontes ni prejuicios de género. De ser libres: “A principios de los 80 no hubo una renovación generacional. Y el tango sufrió la crisis cultural. Ahora vivimos un momento de rebeldía, como lo fue el rock”.

Se trata de ser perseverantes y consecuentes con lo que está pasando.

Difundir artistas de la nueva generación del tango es una de las premisas que persigue Radio CAFF, la radio online de la Fierro, desde que salió al aire en 2010. Segmentos en varios idiomas, y otras rarezas, hacen del espacio un “random” las 24 horas diarias. “La condición es que vos puedas buscar lo que está sonando, que esté tocando en la actualidad”, nos explica el Ministro. “En los últimos años se han desarrollado muchos músicos y compositores nuevos”, agrega Julieta.

Ocho meses después de abrir las puertas del club donde actualmente se llevan a cabo eventos sociales y culturales; ocurrió la tragedia de Cromañón. “Estuvimos más de dos años haciendo reformas para conseguir la habilitación”, se lamenta el Ministro. Transmite nostalgia su mirar. Distinto a cuando sostiene el bandoneón entre sus piernas, y parece liberarse de todo mal. Luce cansado. Algo fastidiado por las trabas burocráticas, los obstáculos que se volvieron rutina. Confiesa que le gustaría disfrutar más de la música. Y no renegar con los papeles y las cuestiones legales. Pero es lo que toca hacer. Así lo exige el Gobierno porteño. Hace ya un tiempo que el Ministro participa de la Cámara de Clubes de Música en Vivo (CLUMVI). “Conseguimos habilitar varios clubes como éste, con capacidad para menos de 300 personas. Lo más lindo es la concurrencia del público y los artistas”, explica, sin entender las contradicciones de un sistema que dice apoyar la cultura.

Cerca está el Negro Fontova. Tiene un ciclo los jueves en el CAFF. Pasa a saludar. Y sonríe, cómplice. Parece sentirse como en casa. “Un placer venir de nuevo. Amo este lugar”, dice con el corazón en la mano. Y su guitarra, infaltable compañera de ruta. Al Ministro, le vuelve el alma al cuerpo: está contento de tenerlo cerca.