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¿Por qué no se habla de los suicidios de varones trans?  

por Estefanía Santoro
Fotos: Agustina Salinas
17 de marzo de 2023

Invisibilizados durante casi toda la historia, los varones trans sufren una cadena de violencias simbólicas, físicas, psicológicas e institucionales que muchas veces desencadenan en suicidios. Quienes estudian estos casos aclaran que esas muertes son crímenes sociales. La ausencia del Estado y crudos testimonios para buscar contención y abordar esta problemática.

Una cadena de violencias simbólicas, físicas, psicológicas e institucionales va marcando la vida de los varones trans. Esas marcas se convierten en heridas que generan trastornos emocionales, depresión, ansiedad, destruyen su autoestima y las fuerzas para enfrentar el mundo cisgénero que habitan. Se forma un entramado que fomenta la exclusión social y familiar y afecta directamente a su salud mental, que, de no tratarse a tiempo, los lleva a límites extremos como el suicido, una problemática invisibilizada y poco abordada.

Desde la organización Hombres Trans Argentina consideran que el suicidio de un varón trans es un asesinato social y lo definen así: “Es aquello que sucede debido a las actitudes, acciones y comportamientos que ejerce la sociedad o una parte de ella sobre una persona o grupo de personas que la llevan a la muerte. Cuando una persona trans se quita la vida por bullying, acoso, falta de acceso a derechos, violencia institucional, daño, desidia que recibe por formar parte de un colectivo, es un asesinato social. Los suicidios de varones trans no se deben a nuestra identidad, sino a fallas en todo el sistema de contención y al incumplimiento de los Estados a los derechos fundamentales. Por eso son crímenes sociales”.

Desde la organización Hombres Trans Argentina consideran que el suicidio de un varón trans es un crimen social

¿Alguna vez escuchaste hablar de Luciano Avila, Tomas Jainen Gómez, Nicolás Cristal Isak Pinto, Santiago Cancinos, Camilo Ignacio Ceballos, Yao Benicio Moyano, Evan Sebastián o Alexander Leani? Todos ellos eran pibes trans que se quitaron la vida. Ninguno superaba los 30 años y la mitad tenía menos de 18. 

El fallecimiento del militante trans Eugenio Talbot Wright, gran luchador por los derechos de la comunidad LGTTTBIQ, los Derechos Humanos y sobreviviente del Terrorismo de Estado, dejó entrever la necesidad de construcción de espacios de contención y de una memoria transmasculina que permita poder contar sus dolencias, pero también la historia de lucha de un movimiento invisibilizado incluso dentro de los propios espacios LGBTIQNB+. La muerte temprana de Eugenio mostró todo eso: la precariedad en la se encuentran sumergidas las vidas de los varones trans. 

Foto: Facebook La Colectiva Córdoba

"Hoy a mis casi 50 años soy uno de los varones trans más viejos de Argentina –refiriéndome a los años que llevo viviendo y mostrándome como transexual– con una larga historia de violencias y luchas vividas. 50 años sin trabajo formal, pasando hambre, sin aportes jubilatorios o cobertura médica, pero con una gran necesidad de contribuir para que nuestra realidad social cambie", escribió Eugenio.

 

“Ser neurodivergente y trans en este mundo tan capacitista y sexista no es fácil”

Nicolás Cristal Isak Pinto vivía en Río Grande, Tierra del Fuego. Tenía 15 años cuando el 2 de marzo de 2021 se suicidó producto de la violencia (cis)temática que sufrió desde pequeño de parte de su padrastro. A Nico le gustaba la música, la pintura y el dibujo y a través de esas formas de expresión dejó constancia de la violencia sexual, física y psicológica que sufrió y silenció en vida por encontrarse amenazado por su agresor. 

Aron Lezcano tiene 46 años, es un varón trans de Chaco, activista y fundador de la organización Trans Masculinidades y No Binaries Chaco, un espacio de contención, acompañamiento, información y capacitación. Forjó, además, la fundación Trascender, desde donde todos los meses realizan entrega de mercadería a la población trans masculina y femenina. 

Aron relata sus sensaciones: “Desde el primer intento de suicidio que tuve, que fue a los 16, hasta hoy en día siempre coincidí con que es un estado de desesperación, un dolor profundo, es tan fuerte esa emoción que querés desprenderte de tu propio cuerpo, no aguantas. Cuando era chico lo único que me sacaba de eso era pensar en el dolor que le iba a causar a mi mamá y hoy en día, con mi vieja con Alzheimer, no quiero dejarla sola ni dejar a mis gatos. Hace unos meses atrás volví a hacerlo y lo único que me salvó fue que tomé las pastillas incorrectas. No le tengo miedo a la muerte, pienso que irme sería liberarse de todo eso contra lo que lucho cada día. No es fácil sentirse solo, sentir tristeza. Es un dolor constante que a veces se transforma en un tormento y no te deja dormir. Soy un adulto con trastorno por déficit de atención e hiperactividad y algunas otras comorbilidades. Ser neurodivergente y trans en este mundo tan capacitista y sexista no es fácil porque no encontrás contención ni acompañamiento. Es muy feo que te estigmaticen, te juzguen, te digan que sos un loco de mierda o que no valoras tu vida cuando no están en la cabeza de uno y justamente no es que no valore la vida: es padecerla”.

"Es tan fuerte esa emoción que querés desprenderte de tu propio cuerpo, no aguantas"

Aron explica que dentro de las múltiples formas de violencia que sufren los varones trans en Chaco la que se hace más presente es la negación sistemática de su identidad: “Es una provincia con una fuerte impronta religiosa, las redes ecumenicas (evangelistas) financian gran parte de la política acá, me atrevería a decir que superan a los católicos, y el adoctrinamiento en las escuelas, los hogares y otros espacios es heavy, se hace difícil sobrellevarlo más que nada a les más jóvenes”.

En Chaco existen dispositivos de atención a la salud mental y guardia remota con comunicación por WhatsApp, sin embargo, Aron señala que subsiste una ausencia de perspectiva de género en la atención. “Desde nuestra organización hacemos sondeos por medio de los testimonios de los compañeros que nos cuentan sus experiencias para que se trabaje en el acceso pleno al derecho a una salud integral. Hace falta un trabajo más a fondo por parte del ministerio de educación, uno para evitar las violencias y otro para separar las decisiones del Estado de las religiones, permitir el acceso de la ESI y su cumplimiento en todas las escuelas. El Estado provincial tiene que propiciar espacios plurales, la escucha activa de nuestras voces y el acompañamiento de nuestra población para facilitar la información que necesitan les más jóvenes, para no sentirse solos, propiciar un espacio físico de denuncias, acompañamiento y contención a los casos de violencia dentro de los hogares, que necesiten salir de ahí para no caer en el consumo y la situación de calle cuando son expulsados de sus casas”.

 

 

“Los suicidios de hombres trans se relacionan con un entramado de violencias que vivimos”

En el 2021 la organización Hombres Trans Argentina realizó el primer relevamiento federal transmasculino y no binarie del país. Los datos tienen la intención de visibilizar y comprender las dificultades y violencias que viven y atraviesan las masculinidades trans y personas no binarias a lo largo y ancho del territorio nacional. Las organizaciones que integran el Frente de Trans Masculinidades, junto con activistas independientes e investigadores de diferentes espacios, colaboraron en el armado y difusión del relevamiento. Según el informe, el 60% de los varones trans intenta suicidarse, el 90% sufre acoso, insultos, abuso físico y sexual y el 45% de los varones trans encuestados evita salir a la calle. El estudio señala además que el 50% de la población transmasculina y no binarie no cuenta con trabajo registrado, las personas encuestadas que no poseen un empleo formal respondieron que su fuente de ingresos son emprendimientos personales, changas eventuales y el trabajo sexual.

Fernando Martín nació en Córdoba y tiene una larga trayectoria en el activismo LGBT: hace 15 años comenzó a participar de las primeras manifestaciones masivas en defensa de los derechos de su colectivo en su provincia. Cuenta que en esa época los tipos trans eran muy pocos. Militó la ley de identidad de género y se dio cuenta que todos los planteos y estudios estaban dirigidos hacia las feminidades trans, el universo de las transmasculinidades estaba absolutamente desdibujado. No encontró espacios donde estén representados y visibles, por eso fundó Hombres Trans Argentina, organización que ya tiene 12 años de historia y desde donde promueve espacios de atención a la salud para tipos trans, entre otras iniciativas.

El 60% de los varones trans intenta suicidarse, el 90% sufre acoso, insultos, abuso físico y sexual y el 45% evita salir a la calle

"A nosotros nos ven con barba y bigotes y piensan que tuvimos una vida fácil, que tenemos todo resuelto y sinceramente no es así, porque seguimos atravesando muchas situaciones de violencia y dificultades”, cuenta Fernando. Y agrega: “Al nacer nos asignan el género femenino y nos socializan en ese género, vivimos todas las violencias que viven las mujeres. Conozco varios tipos trans que tuvieron que abortar porque sufrieron una violación intrafamiliar y de esas cosas no se habla. Cuando salimos de estas situaciones y comenzamos el camino de la transición también es sumamente violento, expulsivo y abusivo. El sistema médico comete mala praxis sobre todo en las masculinizaciones de tórax, ni que hablar en las operaciones genitales. A eso se suma la inequidad en las pocas políticas de Estado que se abren como, por ejemplo, el cupo laboral trans, programas, becas o ayudas económicas. Los suicidios de hombres trans tienen que ver con ese entramado de violencias que vivimos”.

En 2020, Fernando tuvo que exiliarse de su Córdoba natal, sin un peso ni esperanzas de mejoras. El sistema de salud pública casi lo mata. En un año y medio le practicaron siete cirugías que terminaron en mala praxis por incapacidad y falta de formación de los equipos médicos que, a su vez, es producto de una cadena de irresponsabilidades y desidia estatal, situación que “no solo me pasó a mí, le pasó a muchos otros hombres trans, pero de eso tampoco se habla”.

Cuenta que tuvo la suerte de conocer a Lohana y a Diana y fue uno de los impulsores de la actual Ley de Identidad de Género. Sin embargo, a pesar de todo este recorrido, de años de trabajo en territorio y de promover políticas inclusivas con perspectivas trans masculinas explica: “Los tipos trans seguimos siendo invisibilizados y también hay mucha violencia del mismo colectivo hacia nosotros. Hay una burocracia LGBT que se ha enquistado dentro de estructuras políticas partidarias y que ocupan lugares claves en estructuras del Estado, mientras que la población que realmente trabaja en el territorio no estamos ahí, no estamos en los lugares de toma de decisión”. 

Fernando vivió en carne propia la dificultad de acceder a un empleo formal por ser un varón trans. Hoy ocupa un rol en el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad de Nación y asegura que continúa siendo difícil incorporar la perspectiva transmasculina también en espacios institucionales.

“Me llegan situaciones de chicos trans que son muy jovencitos, que empiezan su proceso de transición a edades muy tempranas y el primer obstáculo que encuentran es que las partidas de nacimiento tardan meses, algo tan simple como un trámite administrativo. Teniendo la esperanza de proponer espacios donde los chicos puedan sobrevivir, impulsé un programa de deporte en la Ciudad de Buenos Aires, un lugar de encuentro para disfrutar un poquito lo bueno de la vida y hacer una actividad que nos ayuda un montón en cuanto a lo físico, lo mental y lo emocional porque si no los chicos terminan como termina Eugenio, como terminaron tantos otros. Hay que buscarle la vuelta y escucharnos.”

 


“Pasé varios meses casi encerrado para evitar situaciones de violencia”

Camilo Díaz es un activista trans de 30 años que trabaja como creativo en la agencia de contenidos Prendete Fuega y además es fotógrafo. Se renombró en 2019, pero desde sus 17 años viene construyendo su identidad y junto a la artista visual Alma Chamot y el realizador audiovisual Julián Merlo crearon el primer documental audiovisual, fotográfico, editorial y transmedial que retrata su transición, la de un varón trans. “Siempre fui Camilo Díaz, pero no lo podía exteriorizar porque nací en los 90, en un contexto sociocultural y sociopolítico donde las identidades travesti, trans, no binarias estaban totalmente invisibilizadas”.

Milo contó con la contención, aceptación y acompañamiento de sus xadres, sin embargo, no le fue fácil. Fuera de la trinchera familiar y de su entorno de amigxs el mundo seguía siendo binario y trans odiante. “Sufrí violencia y discriminación por ser un varón trans. Creo que en esta sociedad si no sos un varón cis hetero y blanco es muy difícil que no recibas algún tipo de discriminación o violencia. Lamentablemente tengo que decir por suerte, no he recibido violencia física, pero sí verbal y mucho misgendereo, que significa que no respeten mis pronombres, en la calle con miradas incómodas, en instituciones de salud, donde tampoco respetan mis pronombres, que el médico me mire extraño e incluso en espacios donde une cree que debería ser entre comillas un espacio seguro del propio colectivo como, por ejemplo, en aplicaciones como Grindr, donde la mayor parte de los usuarios son masculinidades gays o bisexuales. Ahí es uno de los espacios donde más violencia recibí por otros varones, claramente varones cis gays. Recibí un montón de cuestionamientos como, por ejemplo, ‘que haces vos acá si no sos un hombre’, ‘cómo podes ser dominante si no tenés pija’. Diferentes tipos de violencia y discriminación que me hicieron muy mal”.

"Nací en los 90, en un contexto sociocultural y sociopolítico donde las identidades travesti, trans, no binarias estaban invisibilizadas"

Construir una masculinidad que ante la mirada social no es hegemónica implica pensar desde qué lugar hacerlo. “¿Cómo valido mi identidad? ¿Operándome, haciendo terapia hormonal, caminando así? ¿Desde lo que me dijeron que es ser un varón o de lo que se me canta el orto de lo que quiero ser?”, se pregunta Milo.

“Mi salud mental se vio afectada por esas expresiones de violencia que van carburando y afectando la psiquis de une, el autoestima, el ego, la sensibilidad. Durante un largo tiempo, las miradas en la calle y el no respeto de los pronombres me generó mucha ansiedad y potenció mi pánico a salir a la calle. Estuve por varios meses casi encerrado para evitar estas situaciones de violencia, prefería quedarme dentro de mi casa para no lidiar con eso y es algo que hasta el día de hoy sigo trabajando un montón en terapia. A veces me da mucha ansiedad estar en la calle siendo una masculinidad no hegemónica. Definitivamente es casi inevitable que estas cosas afecten nuestra salud mental.”

Las vidas de los varons trans también importan

En 2018 un varón trans de 20 años al que llamaremos Agustin, para preservar su identidad, fue víctima de una red de trata y explotación sexual. Desde Hombres Trans Argentina lograron contactar al joven y denunciaron: “Agustín fue engañado por un puntero político LGBT de la ciudad de Rosario quien, mediante promesas de trabajo, cirugías y hormonas por su identidad de género, lo introdujo en una red de trata. Al llegar a Rosario, le quitaron su DNI y fue llevado a un prostíbulo donde lo drogaron y obligaron a tener sexo con muchas personas. Agustín logró escapar con ayuda, pudo volver a Córdoba radicando la denuncia de lo sucedido en el Polo de la Mujer, donde se encargaron de ocultar el caso, y de borrar la identidad de Agustín en todo su legajo de abordaje.”

El 11 de marzo pasado se cumplieron dos años de la desaparición de Tehuel de la Torre, un pibe trans que, como muchos otros, sumidos en la precarización absoluta, confió en dos hombres que le ofrecieron una propuesta de trabajo y hasta el día de hoy se desconoce su paradero. El Estado ya no lo busca y la investigación se cerró. Es que cuando se trata de la vida de un varón trans poco parece importarle a la justicia provincial y nacional.