"No somos perros": la crueldad detrás de la “limpieza” de la Ciudad de Buenos Aires
por Revista Cítrica23 de mayo de 2025
Bajo el lema de “orden y limpieza”, la gestión de Jorge Macri intensifica su política de exclusión contra las personas en situación de calle, trabajadores ambulantes y manifestantes, dejando al descubierto una realidad que choca de frente con la retórica oficial.
En una escena que se repite a diario en la Ciudad de Buenos Aires, la prepotencia policial se convierte en la herramienta principal para “ordenar” el espacio público. "No somos perros, somos todos seres humanos. Hablanos bien, con respeto", se escuchaba la voz de un joven, reflejando el hartazgo y la impotencia de quienes son perseguidos por su condición. Este clamor, capturado en una esquina de Caballito, es la prueba de una política de gobierno que parece ignorar la dignidad humana en nombre de una ciudad “limpia”.
La campaña del Pro, centrada en la promesa de una “ciudad limpia”, esconde una agenda de exclusión social. La “limpieza” no se refiere solo a la basura, sino a la remoción sistemática de todo aquel que no encaja en la postal de la Buenos Aires deseada: una ciudad sin trabajadores ambulantes, como los que fueron desalojados del Parque Los Andes; sin personas en situación de calle, quienes son expulsadas de las veredas sin una solución habitacional; y sin jubilados y manifestantes, que enfrentan la represión junto a Bullrich en el Congreso.
Esta política de “limpiar” la ciudad a cualquier costo revela un profundo desinterés por las causas de la pobreza y la exclusión. En lugar de ofrecer soluciones estructurales, como programas de empleo digno o acceso a la vivienda, la respuesta del gobierno es la represión y el destierro. Los jóvenes, sin un techo ni un trabajo, son los principales afectados por esta visión que los considera un estorbo en el espacio público, en lugar de ciudadanos con derechos.
La frase “cueste lo que cueste” se convierte en el eslogan no oficial de esta gestión. Cueste la dignidad de un pibe sin hogar, cueste el sustento de un vendedor ambulante, cueste la salud de un jubilado en la calle. La verdadera suciedad no está en la vereda, sino en la falta de empatía de un gobierno que opta por barrer a los más vulnerables en lugar de tenderles la mano. La crueldad contra los que no tienen techo no es un efecto secundario, sino la consecuencia directa de una política deliberada. La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿hasta cuándo se seguirá “limpiando” a la gente, en lugar de solucionar el problema de raíz?

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