La verdad olvidada

La actriz, guionista y directora Jazmín Stuart celebra los nuevos tiempos donde las mujeres dejamos de ser pensadas como propiedad privada en un mundo machista y asegura que la industria cinematográfica está más abierta a las transformaciones: "Ahora el desafío es mantenernos unidas".

Cuando pienso en feminismo mi sensación inmediata es de justicia global. No concibo el movimiento como algo exclusivamente impulsado por y para las mujeres –creo que pensarlo así es quedarse corto-, sino como una restauración de un orden universal. La mujer fue desplazada de su lugar original por una cuestión funcional a un sistema que hoy empieza a volverse obsoleto. La idea de propiedad -de las tierras, de los bienes-, se trasladó a las personas. Un extremo obscenamente visible fue la esclavitud; pero la mujer, más disimuladamente quizás, también pasó a ser propiedad en un mundo manejado por hombres.

Tenemos la suerte de estar asistiendo al fin de esa etapa. Es un trabajo de hormiga, pero sé que no hay vuelta atrás. En Argentina observo gran ebullición y me parece interesante debatir cada tema todo lo que sea necesario. Como actriz, guionista y directora puedo observar cómo los ámbitos de trabajo audiovisual se fueron poblando de mujeres, y cómo las historias que se narran tienen cada vez más impronta femenina. Creo que quizás faltan mujeres en las grandes cúpulas de producción, distribución y exhibición, pero calculo que es cuestión de tiempo. En los rodajes se ven cada vez más mujeres y mi sensación es que son bienvenidas por los hombres en el set. Por supuesto que sigue habiendo más cantidad de hombres, pero nuevamente: estoy convencida de que acabará por equilibrarse.

Como actriz, guionista y directora puedo observar cómo los ámbitos de trabajo audiovisual se fueron poblando de mujeres.

La transformación que se está dando es indiscutiblemente positiva para las mujeres y también para los mismos hombres. Hay que entenderlo como un cambio de paradigma que viene a enriquecernos a un nivel planetario. Quizás el mayor desafío es mantenernos unidas, y encontrar una firmeza femenina –lejos de una imitación vengativa del comportamiento machista, porque tenemos herramientas mucho más poderosas que esas- en nuestros actos y nuestros dichos. Hacer uso de la fuerza y la sabiduría que llevamos dentro, para recordarle al mundo la verdad olvidada.

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