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“¿Cómo puede ser que maten a nuestros pibes en democracia?”

por Lautaro Romero
Fotos: Agustina Salinas
25 de agosto de 2022

¿Cómo se construye colectivamente un sostén para atravesar el dolor y transformarlo en lucha? ¿Cómo se hace frente a los abusos y al estigma si no hay justicia? Una entrevista colectiva con familiares de víctimas del gatillo fácil, que desde hace años denuncian la violencia que ejercen y las muertes que provocan todos los días, a cada hora, las fuerzas de (in)seguridad.

En Argentina, una persona pierde la vida a manos del Estado cada 17 horas. El dato surge del último “Archivo de Personas Asesinadas por el Aparato Represivo Estatal”, que presentó en diciembre de 2021 la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI). Hablamos de más de 8 mil decesos desde que recuperamos la democracia en 1983. Los números indican un considerable aumento de las muertes en lugares de encierro. De hecho, la primera causa de muerte se da en las comisarías, las cárceles o bajo custodia. La segunda: por gatillo fácil, en su mayoría, pibes y pibas de entre 15 y 25 años. Otras causas de muertes: femicidios, travesticidios, causas armadas, desapariciones, represiones en las protestas sociales. El Sistema Penitenciario, la Policía de la Provincia de Buenos Aires y la Policía de la Ciudad aparecen entre las fuerzas más letales. 

Para quienes pierden a un ser querido, queda transitar ese dolor insoportable. Mientras la justicia no llega y crece la desesperanza. Mientras la vida no vuelve y sólo resta aspirar a una “reparación”. Pero también queda la lucha que está ahí, al lado. Las familias de las víctimas se acompañan. Investigan, leen, observan las problemáticas que profundizan las desigualdades, el hambre y la violencia en los barrios de los márgenes. Sueñan con cambiarlo todo. Articulan para sacar a la luz aquellos casos que no salen en las pantallas y en los diarios más leídos, aquellas muertes invisibles y silenciosas de las que nadie tiene conocimiento.

Como todos los años, la Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil (que culminará en Plaza de Mayo y se replicará en Mar del Plata, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, Jujuy, Bariloche, Cipolletti, Chaco, Salta, Rosario); funciona como espacio de encuentro para que las personas denuncien la violencia que han sufrido.  Al frente y a paso firme estarán algunos de los familiares que desde hace ya varios años forman parte del Colectivo Contra el Gatillo Fácil: Emilia Vasallo, mamá de Pablo “Paly” Alcorta, asesinado por el policía bonaerense Diego Ariel Tolaba el 18 de mayo de 2013, a metros del peaje de Vergara, en Morón. Inés Alderete, mamá de Marcos Acuña, asesinado por el prefecto Juan José Silva el 28 de agosto de 2015, en Quilmes. (Inés también lucha porque se haga justicia por su hijo Gustavo Alderete, asesinado por cinco delincuentes el 3 de agosto de 2020, en Almirante Brown). Jorge Rego, papá de Cristopher “Bocha” Rego, asesinado por el prefecto Pablo Brítez, el 12 de agosto de 2018, en Parque Patricios. Vanesa Franco, mamá de Nicolás Bustamante, asesinado por el policía Gustavo Acosta el 20 de junio de 2015, en Burzaco. Vanesa también es pariente de Pablo Gabriel Insinger, asesinado por el Grupo Halcón, el 26 de febrero de 2021.

– Una de las consignas para este año es salir a las calles con las fotos y los nombres de los responsables de las muertes de sus hijos. ¿Por qué? 
Vanesa Franco: –Tenemos que exponer a los asesinos, no podemos ocultarlos. Las familias que tienen miedo, que se callan, que son amenazadas, tienen que salir a denunciar. Va a ser la octava marcha y es como si no nos vieran y escucharan. Es como si semejante marcha no tuviera efecto. También denunciamos a los jueces, a los fiscales y a los responsables políticos. Todos los que estén involucrados. Estamos para lograr algo, aunque pase mucho tiempo, nos van a escuchar. 
Inés Alderete: – Lo primero que muestran los noticieros es cómo matan a un pibe por robar un celular; pero cuando un cana va preso no lo muestran en la televisión. Hace falta que la sociedad se dé cuenta que tienen que ir presos porque mataron. Jamás en la vida voy a pensar que la Policía va a ser humana. Yo tampoco lo soy. Desde que mataron a mi hijo dejé de ser humana.

– En todo este tiempo de lucha y organización, ¿cuáles son las conquistas? ¿Sienten que algo cambió? 
Emilia Vasallo: – No sólo conseguimos visibilizar esta problemática, que se hable de gatillo fácil y no de enfrentamientos. Sino también logramos la participación de los familiares, la articulación con los derechos humanos y las organizaciones antirrepresivas. Lo que se busca es que los familiares estén acompañados, que se organicen y salgan a marchar. Acompañarlos a los juzgados, ver las causas, es un camino muy largo. Es muy difícil explicarles a los familiares cómo funciona el sistema, el maltrato que van a recibir en los juzgados, en las fiscalías, la mala información, el abuso, el ninguneo. 

El sostén está en los pocos familiares que formamos parte de la organización, que ponemos el cuerpo y acompañamos al resto. Tenemos diferencias, pero eso no quita que luchemos juntos y juntas. Son muchos casos, muchos familiares se comprometen con la difusión por redes sociales. Queremos que la sociedad tome conciencia. Los medios hegemónicos te manejan y manipulan, todos los días te muestran pibes robando y asesinando. Eso nos duele porque pueden ser cualquiera de nuestros hijos y nietos.

 Jorge Rego: – Para ellos los pibes son un número, los matan y pasan a ser eso: un número. Para nosotros no. A mí me mataron un hijo. Enterrar un hijo es lo peor que te puede pasar en la vida. Tiene que haber penas más severas para los asesinos de nuestros hijos. ¿Cómo puede ser que suceda esto en democracia? ¿Cómo puede ser que los policías no vayan presos? Cada vez hay más muertos. Nadie le pone un freno, nadie hace lo que tiene que hacer: mano dura sobre las fuerzas de seguridad. Tienen la obligación de hacer las cosas bien.

– Son muchas las muertes, torturas y persecuciones, ¿cuánta responsabilidad recae en el Estado?
EV: – Nosotros decimos que el gatillo fácil es una política de Estado, el narcotráfico y el hambre también son políticas de Estado. Por ejemplo, que se muera una niña por desnutrición en la Capital Federal. Hicieron las denuncias y no le dieron importancia, por eso el Estado es cómplice. El sistema está mal, hay que cambiarlo todo. Para mí la transformación del sistema empieza con nosotros y con todos los compañeros y compañeras. Tenemos que construir un hombre nuevo, con otro tipo de conciencia. ¿Sino de qué sirve? Seguimos enfermándonos, yo estoy enferma. 
IA: – Yo me pongo en frío. Se trata de enfrentarlos como te enfrentan ellos. Sabemos que la justicia no la logra nadie. En mi caso no siento que haya tenido justicia. El prefecto Juan José Silva recibió una condena de un año de cárcel. A los familiares hay que decirles que peleen por sacarle el fierro y la chapa a los policías. Porque ningún policía va preso. Si vos no cambias la sociedad, el gatillo fácil va a ser siempre de los negros y los chorros. Despacito algo hay que lograr. El problema es que nosotros hacemos un paso y la cana hizo diez. Los próximos años van a haber muchos más muertos que los que hubo años atrás. Los pibes que dejan la escuela son futuros presos y víctimas de gatillo fácil. 

VF: – En Almirante Brown las muertes no son aisladas. Cuando mataron a Nicolás, al poco tiempo, ocurrió lo de Leo Sotelo. También hubo casos en Longchamps. La Policía les dispara a mansalva, es una técnica que se usa. No cumple su función de detener a alguien. Tiene tanta impunidad. Lo que hace es eliminar lo que no le sirve. El sistema está podrido. En todos estos años aprendí muchas cosas, sobre todo cómo aconsejar a los familiares que vienen, te golpean la puerta y te dicen que un policía le mató un hijo, un hermano. Te da tanta bronca, mucha impotencia, te preguntas cómo los ayudo, cómo les explico que no hay justicia. Es lo primero que te dicen: que quieren justicia. Y es tan grande la lucha y tan pesado todo esto. ¿Cómo les explico a mis nietos que un policía mató a su papá? 

– ¿Cuál es la realidad en los barrios? ¿Qué acompañamiento tienen los pibes y las pibas que sufren violencia intrafamiliar y caen en el consumo?
EV: – Muchos de los chicos acribillados y asesinados son chicos que dejaron la escuela. Dejaron la escuela porque no tienen celulares, no tienen acceso a internet. Las mamás por lo general están solteras o los crían solos, o tienen una pareja que es adicta, violenta y golpeadora. Y esos hijos no quieren ver esa violencia que ejercen sobre su mamá, entonces se van. ¿Qué acompañamiento puede darle esa madre con respecto a las drogas? La droga está presente todos los días. A esos mismos pibes los terminan matando. No tienen las necesidades básicas satisfechas, no tienen perspectivas ni proyectos de vida. 
Por otro lado, cuando los pibes cumplen condena y salen, no tienen la oportunidad de terminar los estudios y conseguir trabajo. La cárcel no resocializa. Las personas dicen que quienes roban entran y salen por una puerta giratoria. Si eso fuera cierto no habría hacinamiento en las cárceles y las comisarías. En todo está la conciencia de clase. A nadie le gusta que le roben, la gente está cansada y lo entiendo. A mí tampoco me gusta. A mí me han golpeado para sacarme un celular, eso me dolió, a mi familia también. 
VF: – Si los chicos se meten en la droga y no hay una ayuda, una contención de la familia, salen a delinquir. No saben con qué se van a encontrar. Y si lo saben ya no tienen nada que perder. Pablo Gabriel Insigner era mi cuñado. Él era adicto. Los narcotraficantes lo tomaron como soldado para que venda, les sirven las personas que han sido defenestradas por la droga.  Cuando se quiso alejar, empezó a tener hostigamientos de la Policía. Tuvo muchos problemas. No pasó ni una semana y lo mataron. Nos dijeron que había sido un suicidio, que se había disparado en la cabeza. No lo creímos, él no quería matarse. Después supimos que el Grupo Halcón lo había matado. 

– ¿Qué representa para ustedes la conclusión de un juicio? 
EV: – Mientras la sentencia no esté firme, Tolaba no va a saber qué va a pasar con él. (NdeR: en abril de este año el Tribunal Oral Criminal Nº4 de Morón absolvió al ex sargento Diego Tolaba). Nunca va a vivir tranquilo, en su conciencia pesa el asesinato de mi hijo, lo sé. En el juicio, lo primero que dijo Tolaba era que él no era un asesino y que le molestaba que lo hayan divulgado por todos los medios. Yo sé que Pablo no volverá. Pero también sé que la Constitución Nacional dice que los derechos son para todos iguales. La causa está en casación. Ahora me queda ir a la Corte Suprema y después a la Corte Interamericana de la ONU por los Derechos del Niño. 
JR: – La noche que sentenciaron al prefecto Pablo Brítez a condena perpetua nos fuimos contentos a casa. Pero no duró nada esa felicidad. Lo que obtuvimos no fue justicia, sino una reparación, porque el dolor mío es igual al del resto de los familiares. Yo tuve suerte porque hubo un testigo clave que vio cómo mataban al Bocha. Quedó todo grabado por las cámaras de seguridad, se ve cómo lo dejaron morir. Acá mueren y van presos los pobres nada más. Es un país hecho para ricos. El mundo está hecho para ricos. ¿Por qué siempre matan a los pibes pobres?