En el acampe de Télam está el futuro

por Agustín Lecchi
Fotos: Somos Télam
17 de abril de 2024

El secretario general del Sindicato de Prensa de Buenos Aires, Agustín Lecchi, cuenta -en primera persona del plural- la cotidianidad del acampe de los trabajadores de Télam, que duermen hace 45 días en la puerta de las dos redacciones para proteger sus trabajos y el patrimonio público. Una lucha política que también se construye a base de ollas solidarias y partidos de truco.

Terminamos el quinto partido de truco de la madrugada. Pasan unos chicos que seguramente vuelven del boliche. Uno hace unos dedos en V, un auto toca bocina. Ante cada bocinazo todos festejamos. En los primeros días alguno desde la ventanilla nos gritaba "ñoquis" y, aunque por disciplina militante no respondíamos, imaginábamos distintas formas creativas de reacción.

Empezamos a bajar los colchones que guardamos en los hierros del techo de la carpa y a traer los palets que escondemos en otro lado, porque hoy llueve y con lluvia acá en Bolívar sólo se puede dormir tirando palets en el piso. En Belgrano es más difícil aún, aunque el ingenio militante construyó un sillón también hecho a palets y bolsas de dormir y algunos se tiran un rato ahí.

A nuestra familia también la componen muchos otros: vecinos que ya son parte, la señora que nos toma la presión, la que pasea al perro, el canillita que trae Crónica temprano aunque nosotros elegimos Tiempo Argentino, porque además vamos a su redacción para usar el baño y lavar nuestras cosas. Pero también organizaciones sindicales, políticas y sociales que donan hasta lo inimaginable. Ni nos damos una idea lo que debe ser dormir en la calle de verdad, porque acá también es la calle, pero nos tenemos a nosotros y estamos rodeados de mucha solidaridad: Camioneros aportó un micro para los primeros días de tormenta y junto a Aceiteros bancaron una de las carpas, Sanidad organiza una campaña de vacunación contra la gripe. Esta noche la comida la trajo La Bancaria, ayer la CTA y mañana el SMATA, otras veces una unidad básica de La Cámpora, de Unidos y Organizados o un local del Polo Obrero.

Debatimos cuál es el mejor menú. Le cuento a Palazzo que está en el podio cuando me lo cruzo en una actividad en solidaridad contra despidos. Se ríe y me pregunta por el conflicto. Estamos bien, gremialmente, moralmente, anímicamente. Nos oxigena el horizonte que plantea la CGT junto a las CTA y los movimientos sociales, nos da una perspectiva de lucha en unidad. Desconfiamos lo que pase en el Congreso, tenemos la certeza que eso depende de lo que hagamos en la calle. Por eso propusimos que el festival del sábado 20 sea ahí, frente a donde tienen que legislar los representantes del pueblo.

Mientras tanto intercambiamos con los compas sobre otros conflictos, la dificultad que tendrá la UTEP y los movimientos sociales que ni reciben alimentos, los estatales con los miles de despidos, los metalúrgicos en Villa Constitución, las comunidades originarias en Jujuy, las paritarias y la pérdida de poder adquisitivo mas vertiginosa de la historia, .

En todos esos lugares estuvimos juntando firmas por Télam. Ya estamos cerca de las cincuenta mil, la mitad del primer objetivo que nos propusimos. En estos cuarenta y cinco días de acampe se nota el cambio de clima. Estar todo el tiempo en la calle te da ese termómetro. Ya nadie va a escuchar eso de ñoquis vayan a laburar. El estado de ánimo es otro. Ahora sólo se escuchan bocinas de apoyo.

Antes de dormirme pienso en esa falta envido que le cante a Lucía sin nada y me arrepiento de haber perdido el último partido de esa manera, en los pica pica que perdí con el Uruguayo y en que la Negra Delfino es más atrevida jugando al truco que dirigiendo el portal Somos Télam. Mañana hay Asamblea en el sindicato y tengo que dormir un rato. Sólo se escucha a Pepe cuchicheando ahí afuera con Pedro, seguro hablan de un viejo partido entre Chaca y Racing. 

No me puedo dormir.

Me revienta pensar en las guardias que organiza Sabino y en los compañeros que duermen más de dos noches por semana en el acampe: eso te destroza. Hay que rotar más, pero hay compas que quieren quedarse prácticamente todos los días. El domingo va a salir una nueva dispensa, ¿la quinta, la sexta, la séptima? No hay ninguna perspectiva, el gobierno no propone medios públicos liberales, ni de derecha, ni le interesa el gasto público: sólo quiere destruir y para eso nos desgasta, nos denigra.

Nosotros ya dijimos que no queremos cobrar quedándonos en nuestra casa, que mientras no nos dejen entrar a trabajar vamos a estar en la puerta exigiendo que nos vuelvan a asignar funciones. Por eso además del acampe en Belgrano y en Bolívar y de las medidas de lucha sostenemos el portal. Nuestro combustible son las barbaridades que dice de nosotros el Gobierno, saber que nos eligieron como enemigos es una medalla que la llevamos con orgullo pero también con responsabilidad: acá no se rinde nadie. 

Lo decimos hasta el hartazgo: este conflicto no se resuelve acá. Somos parte de un contexto de ajuste y de lucha. Estamos orgullosos de las raíces que nos parieron, un pueblo con historia. Nos lo muestran las Madres que encabezan el acto por los 79 años de la Agencia y que nos dicen ni un paso atrás. Pero también sabemos que acá estamos pariendo el futuro, en cada mano de truco, en cada mímica que hace Suyai para que Lucía adivine rápido qué quiere decir y terminen a los gritos y carcajadas, en cada lluvia que obliga a Osqui y a Beto a mejorar las carpas, en cada llamado a un compa que no está viniendo y le pedimos que vuelva porque la angustia se canaliza mejor acá, en cada gesto de una organización compañera que junta firmas o que te pregunta qué necesitamos, en la bronca que le da a la cana que custodia los edificios vernos felices y disfrutar la resistencia.

En todo eso vemos el triunfo, conscientes de que no es y no va a ser fácil, de que posiblemente lleve más tiempo del que uno quiere, pero con la certeza de que el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo, porque el presente es de lucha, porque la organización vence al tiempo. Y pienso que entonces no estaba tan mal cantar falta envido con 24 porque esa derrota parcial es insignificante al lado del triunfo gigante colectivo que construimos en cada gesto y en cada pulsión en estos cuarenta y cinco días de acampe.