Los fantasmas de Chile que no terminan de morir

por Maxi Goldschmidt
Fotos: Euge Neme
05 de septiembre de 2022

Apuntes desde Santiago al final de una jornada histórica en la que se impuso el Rechazo hacia la nueva Constitución, que elaboró durante meses una Convención Constituyente para dejar atrás el legado del dictador Augusto Pinochet.

(Desde Santiago de Chile.)

Un ojo de la cara.

Cuando no lo dos. Cuando no la vida. 

Eso significa meterse con el poder en Chile. Y no solo en Chile, lo sabemos.

Pero hoy estamos en Chile, y a esta hora se escuchan bocinazos y se ven banderas en la tele y en las avenidas. Solamente banderas chilenas. No busquen otros colores, hoy no.
 
Hoy no hay lugar para pluriculturalidad ni paridad de género ni aborto seguro ni derechos a la naturaleza; hoy no soñemos con educación y salud pública digna. Hoy el triunfo y los discursos y las sonrisas no son nuestras. 

Imaginamos que podíamos ganar. Que hoy, pese a las encuestas y la campaña del terror, por fin, se podía terminar con la eterna Transición. Que de una vez por todas se enterraría la Constitución de ese dictador enterrado que hoy parece haber regresado. 

¿Pero alguna vez se fue? Creímos que sí, que pese los asesinatos, las torturas, las mutilaciones, los presos políticos, estábamos en carrera. Incluso con sus reglas, pensamos que podíamos ganarle. Le habíamos ganado la calle y la vía pública. Hoy parecía que empezaba otra historia en Chile, o que se confirmaba el cambio profundo que inició la rebeldía de la juventud en octubre de 2019. 

Pero pasaron cosas. Muchas cosas pasaron en el camino. El fantasma de las botas sigue ahí, nunca se fue. El conservadurismo tampoco. La obligatoriedad del sufragio terminó siendo otro de los puntos clave: votó mucha gente que no lo hubiera hecho, que no le interesa la política, que no quiere grandes cambios.

Incluso el mismo Presidente, Gabriel Boric, optó por un camino moderado. El gobierno tuvo un discurso ambiguo respecto al Plebiscito pese a que llegó al poder como consecuencia directa del estallido. Sus primeros pasos erráticos en temas sensibles, sumado a una inflación histórica le quitaron el apoyo y la popularidad con la que comenzó su gestión. Y hoy la ciudadanía también lo castigó.

Los errores, la inexperiencia, los discursos extremos y los escándalos de la Constituyente, si bien se utilizaron política y mediáticamente por la derecha, existieron. Y también tuvieron mucho que ver con un resultado contundente a favor del Rechazo: más del 60 por ciento votó en contra de la nueva Constitución.

Muchos que pusieron y ponen el cuerpo en primera línea tampoco votaron. La desconfianza a la vía institucional es algo que se respiraba en los días del estallido y que aún continúa en diferentes sectores, por ejemplo en la mayoría de las comunidades mapuche movilizadas en el sur, que tampoco confían en un Estado –y en un Gobierno, el de Boric– que elige la persecución y militarización de sus territorios.

Queda mucha tela para cortar acerca de una derrota que duele, dentro de un proceso profundo y complejo. Pero por hoy, mejor irse a dormir, a descansar, a recuperar fuerzas y ánimos para, más temprano que tarde, volver a pisar las calles nuevamente.
 

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