Así ejerce el terror el Estado paraguayo

por Agustina Salinas
Fotos: Agustina Salinas
22 de marzo de 2021

Una compañera de Revista Cítrica viajó a Paraguay con la comitiva argentinas que reclama la aparición con vida de Lichita. Aquí cuenta la visita a una comunidad del Cerro Guazú, donde fue vista por última vez la niña de 14 años.

Para conocer a las comunidades guaraníes del Cerro Guazú hay que atravesar varios kilómetros de tierra colorada. Para llegar a la base del Cerro es necesario manejar durante varias horas en auto o moto, aunque hay quienes la transitan caminando: son las personas más pobres del Cerro Guazú, que trabajan en las estancias del camino hacia la ruta Nacional N° 5 (que atraviesa varias localidades del Departamento de Concepción hasta llegar a Amambay). 

Alrededor de 60 personas de la comunidad Jasuka Vendá, nos esperaban a nosotres en ronda. Nosotres somos quienes pudimos finalmente llegar en vehículo a pesar de la persecución del gobierno paraguayo. Nosotres somos la Comitiva de DDHH que viajó desde Argentina, con la misión de esclarecer los crímenes por parte de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) de Paraguay y buscar a Lichita, la niña de 14 años, desaparecida desde el 30 de noviembre de 2020.

Los integrantes de la comunidad nos contaron sus padecimientos cotidianos y el hostigamiento por parte de la FTC que sufren en el territorio. Con la excusa de combatir al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) en 2013 el estado Paraguayo creó la FTC y la zona del Cerro se militarizó. En septiembre de 2020 la fuerza militar cometió uno de los crímenes más aberrantes contra la población civil: asesinó a dos niñas de 11 años argentinas y desapareció a Lichita. María Carmen y Lilian Villalba fueron secuestradas, torturadas, acribilladas y luego vestidas con ropa militar por agentes de la FTC. En el acto de cambiarles la ropa se acrecienta la perversión y la impunidad para manejar el relato hacia afuera y justificar el infanticidio.

El Gobierno Paraguayo, no solamente calificó de “exitoso” al operativo sino que el presidente Mario Abdó posó frente a las cámaras exponiendo los cuerpos de las niñas. Todo esto con la necesaria complicidad de las empresas de medios de comunicación, que desde el primer momento difundieron la información oficial declarando que “eran mujeres de 20 años”, tergiversando los hechos y difundiendo material tendencioso para justificar el accionar militar. La presencia en el territorio de las FCT ejerce un hostigamiento constante: sus helicópteros sobrevuelan, disparan con ametralladoras, siembran el terror en la comunidad, matan a sus animales, destruyen la naturaleza, amenazan e impiden la vida comunitaria.

El sol del mediodía que atraviesa los árboles y raja la tierra acecha con una temperatura de casi 40° mientras Hilario Ibarra Soria, el cacique de Jasuka Vendá, habla en su guaraní originario y es traducido por una compañera. Algunas mujeres se hablan al oído, o se ríen tapándose la cara, pero la timidez va quedando de lado, cuando se rompe el hielo tenso de los primeros minutos. En su intervención Hilario revela que desde que las FTC irrumpieron en el territorio, están imposibilitados para alimentarse por sus propios medios: la caza fue interrumpida por el acoso cotidiano de los helicópteros, siempre con la excusa “anti terrorista”, tristemente conocida por los pueblos.

Sufre la comunidad: se alimentan una vez al día y las niñeces no pueden acceder a la educación formal, porque la escuela más cercana queda a casi 7 kilómetros del lugar. El problema no termina ahí: tampoco hay bonificación familiar de parte del Estado porque justamente no cumplen con el requisito de la escolaridad.

Casi 300 personas conforman Jasuka Vendá. Bebés de pocos meses, niños y niñas que van, vienen, sonríen y hacen caras para las fotos. Doñas con la piel rajada y señores con camisas de manga larga con la mirada atenta a la presentación de la comitiva. Todxs necesitan que cese el cerco por parte del Estado que aparece en el lugar con su faceta más perversa, con militares y metrallas.

¿Dónde está Lichita? La comitiva de DDHH que viajó desde Argentina, está integrada por periodistas, fotografxs, militantes y referentes políticos y sociales. Todxs transmitieron a la comunidad la necesidad de encontrar a Lichita con vida. A través de una fotografía les presentaron el rostro de la niña a lxs integrantes, que se sumaron a la pregunta que desde hace casi 4 meses se hace la familia Villalba y la transformaron en una demanda propia ¿Mo'o Oi Lichita?
 

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