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¡Aguante el Garrahan!

por Horacio Dall'Oglio
Fotos: Juan Pablo Barrientos
23 de mayo de 2019

Thiago Ruiz fue operado de un tumor a principios de año en Paraguay y la semana pasada, siendo paciente del Hospital Garrahan, quiso agradecer y solidarizarse con sus trabajadoras y trabajadores. Un niño, un hospital, dos historias, dos luchas.

“Quería saludarles porque me emocionó mucho estar con ustedes. Yo soy paraguayo pero le tengo un respeto gigante a la Argentina, y especialmente al Garrahan, que por más que sea de otro país me aceptaron; muchos países me dijeron ‘no’, pero Argentina es grande y me dijo ‘sí’. Y quiero agradecer a todos; los doctores, los enfermeros que me están ayudando, y de esto se sale sí o sí”, fueron las palabras de Thiago Ruiz, quien pidió la palabra y “se mandó”, como dirá su padre a Cítrica, la semana pasada en medio de una concurrida asamblea de trabajadores y trabajadoras del Hospital Garrahan, para solidarizarse con su lucha.

Thiago tiene 13 años y desde los 6 hace deporte. Jugó cuatro años en Cerro Porteño y actualmente es parte del equipo de la Escuela de Fútbol América en Asunción, Paraguay, donde salió campeón y viste la 10 de una camiseta color naranja. Sueña con Messi y conoció hace poco la Bombonera. El 24 de febrero pasado le diagnosticaron un tumor cerebral denominado glioblastoma multiforme, grado 4. Lo operaron tres días después en su país natal, en una intervención que duró 7 horas y media.

Tras la operación, y  con la necesidad de continuar con el tratamiento, su familia encontró el Hospital Garrahan: “Nosotros buscamos la mejor opción y nos decidimos por el Garrahan por las referencias que teníamos. En Paraguay nos ofrecían otra operación y nosotros optamos por venir a consultar para escuchar otra campana. Y al llegar acá lo que nos ofrecieron es la radioterapia, que es el tratamiento que Thiago está haciendo, más la quimioterapia con pastillas comprimidas", describe su padre, Iván Ruiz, a Cítrica.

En Paraguay nos ofrecían otra operación y nosotros optamos por venir a consultar para escuchar otra campana. Y al llegar acá lo que nos ofrecieron es la radioterapia

Iván relata de dónde le nació a Thiago querer ser parte de la lucha que llevan adelante hoy quienes laburan en el Garrahan: “Él mismo vio a sus médicos; él es un niño muy cariñoso y le tienen mucho cariño. Él ve a sus médicos y colaboradores y se va, salta y les da un beso, y él mismo vio y pidió hablar, y entre que vio los bombos se fue a tocarlos, y ahí ya le metió nomás, se mandó. Porque él ve cómo trabajan, él siente el cariño de la gente del Garrahan”.

Cuenta Ivan también que Thiago “entró ciego” a la operación porque el tumor le había opacado la vista y las secuelas que se esperaban, luego de tan dramática intervención, eran que tardaría cuatro o cinco días en despertarse, que podía perder el habla o la memoria. Sin embargo, Thiago, en un encuentro que pudimos tener con él y su familia en el patio del Hospital Garrahan, recuerda que se despertó “en una hora”, que escuchó “una música en terapia” y empezó a cantar. Consultado por Cítrica sobre si recordaba la canción que había oído, Thiago confirmó que se trató El Clavo de Prince Royce.  

Thiago maneja su celular con la misma prestancia con la que hace goles en la Escuela de Fútbol América, y enseguida muestra con orgullo a Cítrica el penal que hizo el fin de semana pasado, cuando volvió durante 10 minutos, después de tener el aval médico, a vestir la camiseta naranja: Thiago acomoda la pelota en el punto de penal de una cancha con el pasto bien verde, marca con el botín izquierdo a un costado del balón, toma carrera y se perfila de zurda. El réferi hace sonar su silbato y, tras una carrera corta, le pega abajo contra el palo izquierdo; entonces se escuchan los aplausos y Thiago corre abrazarse con sus compañeros de “la familia naranja”.  

Dios me escogió para ser testimonio de vida para muchas personas que están decaídas por el cáncer. Yo me voy a pelar siempre por todos los niños con cáncer


Thiago es devoto de la Virgen de Luján y de Chiquitunga, la religiosa María Felicia de Jesús Sacramentado Guggiari, beatificada el año pasado en Paraguay, y posee una fuerza de voluntad impresionante que viene de su fe: “Dios me escogió para ser testimonio de vida para muchas personas que están decaídas por el cáncer. Yo me voy a pelar siempre por todos los niños con cáncer”.

Un hospital, muchas historias

Raquel Leyria es enfermera del Garrahan desde hace 27 años, trabaja en el servicio de Pre Admisión, donde se reciben a chicos y chicas antes de ser operados, es delegada general de la Junta Interna de ATE y cuenta por qué las y los trabajadores del hospital de todas las categorías están luchando frente al ajuste del gobierno nacional y el FMI: “Acá hay pacientes  que vienen de muy lejos, de otras provincias, en estado de desnutrición, tanto la madre como el chico, y están todo el día en el hospital; antes se les daba una vianda de comida y ahora no se les brinda; incluso hay pacientes que se les hacen estudios y están solo con líquidos claros durante la noche, hasta que le hacen el estudio, y antes se les daba una vianda a la madre y al chico, y ahora no”.

Raquel también asegura que “antes las casas de las  provincias pagaban los hoteles a los padres para que se queden con los chicos cuando vienen a operarse o a internarse, a veces son intervenciones por las que tienen que estar internados mucho tiempo, y los gobernadores les sacaron los hoteles. Entonces, muchos papás tienen que pedir dinero en la calle para sustentar el pasaje y la comida, y no tienen dónde quedarse o dónde bañar al chico. Esto se acentúo mucho más desde el año pasado, cada vez estamos peor en el hospital respecto de la atención que se les brindaba a los chicos; la Casa Garrahan está desbordada, el hospital está desbordado".

Acá hay pacientes  que vienen de muy lejos, de otras provincias, en estado de desnutrición, tanto la madre como el chico, y están todo el día en el hospital

Es en este contexto de deterioro de la salud pública que sus trabajadoras y trabajadores vienen llevando adelante un plan de lucha con asambleas, caminatas y abrazos, que se incrementó a partir del mísero aumento del 3 % como cierre de las paritarias 2018, firmado por el sindicato UPCN; razón por la que reclaman una recomposición salarial del 25 % más, dado que según las cifras oficiales hubo una inflación anual del 47, 7 %.

Además reclaman el cese de la persecución al sector de enfermería, que corresponde a 1400 de los 4500 del total de trabajdorxs del hospital, que no se les descuente el impuesto a las ganancias y un sueldo que se adecue a la canasta familiar básica.

“Nosotros amamos lo  que hacemos; yo como enfermera amo lo que hago y no me gusta estar dando vueltas al hospital, reclamando por un salario que merecemos tener. Porque si hay profesionales que estudiaron diez o doce años y se especializaron, y son neurocirujanos o abren un tórax para hacer un trasplante de corazón, no estamos de acuerdo con que se les descuente el salario, porque el salario no es ganancia. Y con respecto a los niños que nosotros recibimos son niños muy enfermos, que están con medicaciones  invasivas, como por ejemplo Thiago. Muchos niños que se recuperan no nos olvidan a nosotros y lo que dijo Thiago es cierto; nosotros estamos siempre, nosotros los escuchamos, les contamos cuentos, cuando tenemos tiempo jugamos con ellos, y aparte tenemos que hacer los cuidados, y muchas enfermeras o médicos se enferman por el impacto de ver el sufrimiento de un niño. Pero es lo que elegimos", relata Raquel, emocionada.

Con laburantes así y con historias como las de Thiago, cómo no imitar su gesto de grandeza y gritar bien fuerte, para que escuchen todos los administradores de la miseria planificada que hacen pagar su desprecio a la salud pública a quienes menos tienen, “¡Aguante el Garrahan!”.