¿Y Mario Golemba?

por Jésica Farías
17 de abril de 2018

Tenía 27 años, era trabajador rural y vivía en Misiones. No se sabe nada de él desde marzo de 2008. Mientras su familia y testigos denuncian que la policía provincial tuvo que ver con su desaparición, la Justicia cajonea la causa.

Mario Golemba era un laburante en una colonia rural de Misiones llamada Picada Indumar (Industria Maderera), a unos cuatro kilómetros del centro de la localidad de Dos de Mayo. Empezó desde pequeño, cuando ayudaba en la agricultura de subsistencia familiar. Alternaba estudios con esas labores. Terminó la secundaria esforzándose. Quiso ser profesor de Historia pero no pudo: la situación económica para quienes plantan té y yerba no es para nada buena y él tuvo que abandonar ese sueño.

“Además, era amigo de muchos. Estos muchos no entendían cómo este joven que, elegía sus palabras, se trenzaba en una charla sin límites cuando se trataba de aspectos relacionados a la Historia y Geografía; tampoco de dónde sacaba fuerzas para trabajar tanto y estar siempre a disposición de quienes lo necesitaban, teniendo una fisonomía, a priori, débil”, recuerda Eliezer, su hermano menor.

Mario repetía siempre una frase: “Si yo no le hice mal a nadie, ¿por qué me van a hacer algo a mí?”. Sigue desaparecido. Pasaron diez años.

Mario Goleaba repetía siempre una frase: “Si yo no le hice mal a nadie, ¿por qué me van a hacer algo a mí?”. Sigue desaparecido. Pasaron diez años. En la familia, nos cuenta, son todos delgados pero Mario se resistía al apodo que le caía como anillo al dedo: El flaco. Decidió entonces, en un recreo del trabajo, consultar con una nutricionista que tenía su consultorio en la localidad de Oberá, a 90 kilómetros de Dos de Mayo. La consulta sería el 27 de marzo de 2008. “Ese día escribió mensajes de texto a mi mamá -Irma-, a su novia, incluso a mí. A las 14:43 envió el último”, dice su hermano. Después, silencio. No se supo nada más. Las preguntas sobre qué pasó durante esa tarde se repitieron durante diez años. Aún vuelven a hacerse. “Es lo que todavía intentamos explicar –se acongoja Eliezer-. Un año más tarde, dos testigos (que por aquellos días se encontraban detenidos en Dos de Mayo) declararon haberlo visto ingresar a la comisaría local, esposado y golpeado, la noche del 27 de marzo. Luego, dijeron, lo llevaron en un patrullero”.

Al cumplirse la primera década, el periodista misionero Sergio Alvez hizo una crónica del caso para Canal Abierto. “A Don Antonio Golemba, el padre, se le fue la vida buscando a su hijo. Recorrió todos los puntos fronterizos internacionales de la provincia, viajó al Sur del país, incansablemente, tras pistas falsas. La única hipótesis que avaló y que exigió a la Justicia que profundice, fue la que aportaron los testigos que le dijeron haber visto a Mario en la comisaría de Dos de Mayo”, relata el comunicador. Hubo pistas y testigos falsos, excavaciones sin resultados y una lucha que no cesa. Y también hubo silencio y abandono estatal. La causa está cajoneada en el juzgado de Oberá, después de haberse paseado por oficinas de otros jueces que se declararon incompetentes, sin avance alguno.

"El intendente José Luis Garay nunca fue a casa, siendo que el caso de Mario es uno de los más conocidos de Misiones. El comisario Edwaldo Katz, que tenía a cargo los efectivos que estuvieron en la noche del 27 de abril, fue trasladado y luego ascendido, al igual que todos sus dirigidos. El gobernador Closs, junto con el ministro de Seguridad de ese momento, Jorge Franco – ambos diputados nacionales hoy-, apelaron al olvido de la sociedad y se encargaron, en complicidad con la jueza de Instrucción Alba Kunzmann de Gauchat, de que la investigación no llegue a buen puerto.

Hubo pistas y testigos falsos, excavaciones sin resultados y una lucha que no cesa. Y también hubo silencio y abandono estatal. 

La causa está cajoneada en el juzgado de Oberá, después de haberse paseado por oficinas de otros jueces que se declararon incompetentes, sin avance alguno, siendo que como familia pedimos el careo entre los testigos y las personas que estuvieron esa noche en la comisaría de Dos de Mayo, pedido que fue denegado implacablemente; así como la posibilidad de que mis padres fuesen querellantes, pues ‘no hay delito´. Para la jueza, la carátula del caso es ‘desaparición de persona´ -aunque sigue apareciendo en el padrón electoral- y no admite la posibilidad de cambiarla a ‘desaparición forzosa´ que, apelando a estos testigos y a muchos dichos de personas que se negaron a declarar, es la única explicación que tiene cabida para nosotros hoy”, recapitula su hermano menor, que no baja los brazos.

A diez años, la familia Goleaba, la abogada que lleva el caso, Mónica Sosa, y la delegada de Misiones del Ministerio de Derechos Humanos de la Nación, Norma Elías Couto, entregaron un documento al Poder Judicial, solicitando su inmediata intervención en favor del esclarecimiento, juicio y castigo a los culpables de la desaparición de Mario. ¿La respuesta? Aún no llega.

En este país, si sos el hijo de un colono del interior, no tenés el mismo valor que un hijo de un empresario.

“Mario puede ser cualquiera, vos, yo, fulano o mengano, pero en este país, si sos el hijo de un
colono del interior, no tenés el mismo valor que un hijo de un empresario, de un profesional
o de un político, porque apuesto a que si fuera uno de estos, la causa ya estaba resuelta y condenados los culpables. En el caso de Mario, ni siquiera están identificados los culpables”, grita Eliezer. Su hermano duele. Mario es otro desaparecido en democracia. 

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