Un sábado sin David Ramallo y sin justicia

por Agustina Salinas
Fotos: Agustina Salinas
11 de abril de 2022

El asesinato laboral del técnico electricista de la Línea 60, David Ramallo quedó impune. Este sábado, su madre Eva Puente se acercó a la cabecera en Barracas para compartir su dolor y mantener vivo el legado de su hijo.

Es un sábado como cualquier otro en el barrio de Barracas. Sin embargo para Eva Puente el día fluctúa entre emociones. Es el noveno día del mes y se cumplen cinco años y siete meses de que la patronal de DOTA (la empresa que gerencia la Línea 60 MONSA ) asesinó a su hijo David Ramallo. Este sábado soleado podría ser como cualquier otro sábado, sin embargo, el día se tiñe de tristeza cuando Eva nos cuenta sobre el fallo que dejó sin culpables el asesinato de su hijo. Esta semana se conoció que el tribunal que tiene la causa de su hijo decidió fallar a favor de la impunidad y en contra del pedido de justicia de los familiares y compañeros de David sobreseyendo a los responsables. Otra vez las alianzas entre las patronales, la burocracia y el poder judicial nos siguen despedazando la piel. Eva sabe –sabemos– que una sentencia no devuelve a la vida a David pero la absolución colabora a profundizar el dolor de la muerte evitable.

Es un sábado como cualquier otro en el barrio de Barracas. Sin embargo para Eva Puente y los compañeros de trabajo de su hijo, la rutina cambia. Es el noveno día del mes y es momento de volver a pegar afiches con la cara de David en los colectivos que algunos carneros se atrevieron a arrancar sin que les tiemble el pulso. “Si me olvidan me matan dos veces”, se lee en los carteles que lo recuerdan. Tranquilo, David, todavía hay seis mil copias de los afiches con tu rostro para seguir pegando en los bondis y recordarte. Tranquilo David, tu mamá y todos tus compañeros saben que tu muerte –y la de tantos laburantes– no fue en vano. Tranquilo David, tu mamá y tus compañeros se encargarán de que tu vida y tu nombre sean recordados por siempre.

Es un sábado como cualquier otro en el barrio de Barracas. Sin embargo a Eva Puente se le entrecruzan las risas con las lágrimas y con los saludos de los choferes que frenan para saludarla. Revive a David con cada recuerdo de sus días compartidos, tomando mates, yendo a buscar laburo, contando sus charlas. Relatando la emoción de David por empezar a trabajar en ese lugar que más que una línea de colectivos, es un libro lleno de historias.

Es un sábado como cualquier otro en el barrio de Barracas. Sin embargo para Eva Puente no lo es. Se despertó temprano, se pintó los ojos y los labios y viajó desde Wilde para llegar a la cabecera de la 60. “Acá me hacen vivir”, dijo. Después del dolor –y profundo amor– que lleva consigo desde el 9 de septiembre de 2016, Eva se acerca a la cabecera de la 60 para rodearse del cariño de los laburantes. Dice que hay que incentivar a los chicos nuevos, a esos que no llegaron a conocer a David, para seguir peleando. Para que sepan que ella es la mamá de David, asesinado por la patronal DOTA en su lugar de trabajo. Para que sepan que hay razones para seguir luchando todos los días un poco contra estos enemigos que a veces toman la forma de patrones, otras de jueces, otras de ciudadanos indiferentes.

Es un sábado como cualquier otro en el barrio de Barracas. Sin embargo para Eva Puente, la mamá de David Ramallo, no da igual. Es el noveno día del mes y es momento de volver a hablar de su hijo. Se agarra fuerte de sus manos entrecruzadas, quizás para sostenerse ella misma, quizás para apretar un poco la rabia. Se seca las lágrimas, mira al techo, o al cielo, mientras los laburantes frenan unos minutos, la saludan y vuelven al ruedo de Barracas a Maschwitz.
 

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