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Poderosas y preocupadas por el planeta

Jésica Farías
Fotos: Eleonora Ghioldi
14 de septiembre de 2020

En La Plata y alrededores hay un grupo de promotoras ambientales que concientizan sobre la gestión de residuos y construyen espacios genuinos de trabajo e inclusión. Marisa Cantariño, integrante del equipo: “Este trabajo nos empodera”.

Concientizan sobre la gestión responsable de los residuos desde hace cinco años. Lo hacen allá, lejos de la city porteña, en la zona que abarca La Plata, Berisso y Ensenada. Son pocas, pero poderosas: son promotoras ambientales. Y se organizan en la pandemia. “Este trabajo nos empodera a las mujeres porque nos da la fuerza para continuar”, remarca Marisa Cantariño, calzándose las gafas violetas para mirar el mundo. 

“Me llena de orgullo transmitir lo que sé”, celebra Marisa. Le sonríe la voz. Empezó en la promoción ambiental luego de que su hija comenzara a formarse en esa actividad. “Miraba de costadito”, recuerda y sigue: “Hasta que me acerqué, porque estar en la promoción te da tiempo para poder hacer las cosas que te gustan, para educarte, para estar junto con compañeras que pasan a ser parte de tu familia. Y esto te abre la mente, te da la fuerza para poder seguir, te da una idea de lo que querés hacer”. 

Dice que el trabajo las “empodera”. Así lo explica: “Todas en alguna ocasión sufrimos violencias de algún tipo y éste es un programa con perspectiva de género donde nos fortalecemos entre todas, donde nos apoyamos”. Se apasiona cuando cuenta lo que hace junto a 16 compañeras desde hace cinco años. Arrancó en la Cooperativa de Trabajadores Recicladores Unidos de La Plata, Berisso y Ensenada; tiraba del carro para poder sobrevivir en un mundo en donde quienes más sufren la exclusión son las mujeres, lesbianas, travestis y trans. 

Marisa vive en la localidad platense de Tolosa, más precisamente en el Barrio La Bajada, uno popular donde también habitan numerosas familias cartoneras, entre derechos vulnerados y calles que se inundan cuando las lluvias caen: “Hay algunas asfaltadas, las del sector más poblado, pero acá tenemos un mejorado que hacemos los vecinos. Y se nota el olvido del gobierno municipal, las carencias”.

Ella pudo comprar el terreno que hasta hace poco alquilaba. Y ahora, en ese lote, hay dos casas: la propia y la de su hija, que es compartida con sus cinco niñas y su marido. “¡Tengo como para divertirme!”, celebra. Las jornadas de la promotora ambiental se reparten entre tareas de concientización sobre reciclado y cuidados del planeta, que es el hogar de todes. Ella promociona y, a la vez, coordina lo que el resto de las trabajadoras hacen en esa materia. 

"Nos capacitamos y pudimos pulir todo lo que ya sabíamos. Ahora nos pasa que cuando terminamos de dar una charla, vienen a hacernos preguntas y a felicitarnos."

Hasta antes de la pandemia por Covid-19 daban charlas en facultades y escuelas, entrevistas presenciales, asistían a ferias, pateaban la calle, pero con las medidas preventivas implementadas en Argentina desde el 20 de marzo pasado, esa dinámica diaria se vio modificada: “Cambió la modalidad de nuestro trabajo, porque es presencial. Durante la primera parte, paramos para cuidarnos, pero también porque era imposible hacer el trabajo. Los Puntos Azules, lugares de acopio de residuos reciclables como papel, cartón, envases y latas; donde luego los compañeros cartoneros retiran tu material reciclable; estaban cerrados porque son escuelas, clubes, facultades”. 

Quietas no se quedaron: aún hoy, a casi medio año desde que comenzó el aislamiento o distanciamiento, siguen capacitándose, aprendiendo a usar las redes sociales para que la comunicación no se corte. “Nos cuidamos, pero también estamos muy ansiosas por salir”.

 

En constante movimiento

Marisa es parte de la Cooperativa de Trabajadores Recicladores Unidos de La Plata, Berisso y Ensenada, que se conformó en 2015 de la mano de la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCYR) y del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) de La Plata. Desde entonces recorren calles, piensan y reclaman políticas públicas que les tengan en cuenta y siguen apostando al trabajo colectivo que mejore la calidad de vida de toda la sociedad.

A mediados de agosto inauguraron el primer edificio Punto Azul, donde se puede acopiar los residuos reciclables que luego retirarán cartoneras y cartoneros para contribuir al cuidado del medio ambiente sin perder de vista la inclusión social

Las promotoras ambientales, además de sus labores diarias, insisten en que lo personal es político. Por eso, quienes no tienen problemas de salud previos colaboran con comedores y merenderos de la zona: “Hay muchas situaciones difíciles. Las compañeras redoblan sus esfuerzos porque cada vez llegan más personas a esos espacios, porque si no estuvieran ellas al pie de la olla, esas personas no tendrían una comida para poder subsistir”. Y ella sabe qué es el hambre y el frío.

Marisa tiró del carro con fuerzas durante muchos años. Cada kilómetro le aportó más y más conocimientos sobre los materiales desechados y su tratamiento. “Tenemos –confirma– toda la información, pero al ser promotora tenés que empezar a transmitirla en palabras y no todas estábamos listas como para enfrentarnos a una charla con cinco, 10, 50, 100 personas más. Hasta que nos capacitamos y pudimos pulir todo lo que ya sabíamos. Ahora nos pasa que cuando terminamos de dar una charla, vienen a hacernos preguntas, a felicitarnos y eso nos enorgullece, nos empodera”. Y vuelve a contar que extraña la calle, el contacto estrecho con la comunidad. 

"Todas en alguna ocasión sufrimos violencias de algún tipo y éste es un programa con perspectiva de género donde nos fortalecemos entre todas."

 

Lo que falta

La pandemia deja en evidencia que no sobran políticas públicas para el sector: “Esta situación muestra que muchos compañeros y compañeras no pueden salir a trabajar, y entonces ¿cómo sobreviven?”, evidencia Marisa. Su barrio no escapa a esa realidad. Consultada sobre las carencias, menciona que falta que el Estado local colabore con la visibilización de tan noble tarea, el acompañamiento y el cumplimiento de ordenanzas como la 10.661 de Basura Cero

Y reitera algo que nunca pierde de vista: “La organización de las trabajadoras y trabajadores sirve para avanzar, a pesar de lo que falta, desde la equidad. Por eso insistimos en que cada vez más gente pueda integrarse a una cooperativa”. Porque lo político es colectivo. O no es. 

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Esta nota fue realizada en el marco de la beca de investigación periodística de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR), impulsada por la Fundación Avina.