Nunca aisladas

por Micaela Polak
30 de noviembre de 2020

Una trabajadora de prensa describe la situación de las mujeres y disidencias en el sector, agudizada por la pandemia y porque el sueldo no alcanza. Una precarización que se disfraza bajo el término "colaboraciones" y los reclamos y reivindicaciones que muchos dueños de medios deciden no escuchar.

Las mujeres (las disidencias, ni hablar) somos siempre las que pagamos las crisis. Será por eso que somos siempre las primeras en organizarnos. En los barrios somos nosotras las que abrimos nuestras casas para convertirlas en comedores populares. Fuimos las que paramos la olla en los piquetes. Son las Madres de Plaza de Mayo las que siguen pariendo lucha. Son las feministas de toda la Historia y de todas las latitudes las que nos marcan el camino para avanzar paso a paso. Sabemos que el patriarcado se va a caer, pero también sabemos que depende de nosotras remover cada uno de los ladrillos milenarios sobre los que se asienta.

El 8 de marzo (sí, de este año, aunque parezca que fue hace un siglo) las compañeras del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) marchamos juntas al Congreso Nacional. Sabíamos que era una marcha distinta: después de cuatro años de represión – especialmente ensañada con nosotras – pudimos ir en chancletas: no iba a haber que correr. Fuimos en conmemoración de las mujeres trabajadoras que se manifestaron en Nueva York en 1875, pero también con exigencias de 2020: aborto legal, seguro y gratuito, políticas públicas para combatir la violencia de género y dejar bien claro que la deuda es con nosotras.

No sabíamos que esa iba a ser la última gran marcha antes de que el mundo cambiara. No suponíamos el aislamiento. Si lo hubiéramos hecho, podríamos haber adivinado que iba a generar un aumento descomunal de la violencia en nuestras casas, que en demasiados casos terminaría en femicidios.

Las mujeres del SiPreBA sabemos de aislamiento: somos pocas en las empresas (alrededor del 30%), pero no somos pocas en el trabajo de prensa. En términos de “colaboraciones” somos mayoría. Deberíamos desterrar el término: no colaboramos, trabajamos. ¿Por qué somos más cuando contamos “colaboraciones”? Porque nuestra actividad está en vías de destrucción. Porque los 4500 puestos de trabajo que dinamitó el macrismo profundizaron aún más la precarización. El sueldo no alcanza, así que hay que agarrar un trabajito por acá y otro por allá (rogando que nos los paguen en algún momento dentro de los tres meses).

El aislamiento generó un aumento descomunal de la violencia en nuestras casas, que en demasiados casos terminó en femicidios

Las compañeras más grandes cuentan que antes no había baños para las mujeres en las redacciones. No porque fueran tan modernas y no dividieran por género, sino porque no había mujeres trabajando. Ahora hay mujeres en las redacciones, pero hay muchas más en su casa. Porque la precarización es difícil para cualquiera, pero las mujeres además cargamos con las tareas de cuidado.

El aislamiento mostró lo que esto significa: atender el trabajo (cuando la computadora está libre), repasar multiplicaciones de tercer grado con nuestros hijes, buscar quién los cuide mientras vamos al supermercado o a llevar a nuestra madre al médico, etcétera. Ahora sabemos todes cómo viven las “colaboradoras”. Y no, no está bien: está mal. Eso que llaman amor es trabajo no remunerado y eso que llaman colaboración es trabajo precarizado.

Somos pocas en las empresas (alrededor del 30%), pero no somos pocas en el trabajo de prensa. En términos de “colaboraciones” somos mayoría

En las empresas no corremos mejor suerte: la mayoría de ellas no contemplan licencias para los cuidados, no firman protocolos para actuar frente a casos de violencia de género, no atienden los reclamos de las asambleas de mujeres y no reflejan nada de esto en sus contenidos. Este punto es crucial porque sabemos que los medios de comunicación son grandes generadores de cultura. Sus dueños también lo saben y por eso no quieren que nosotras avancemos. Por eso seguimos hoy en lugares de poca relevancia, fuera del aire o sin firma o hablando de chimentos o del clima. Por eso no hay disidencias en las pantallas, en las radios, ni en el papel.

Eso que llaman amor es trabajo no remunerado y eso que llaman colaboración es trabajo precarizado

Por todo eso nos organizamos las compañeras del SiPreBA, por nuestros derechos de mujeres trabajadoras y también por transformar el discurso que fortalece al patriarcado. Aun en la más firme cuarentena, dispusimos de la tecnología para hacer ciclos de charlas para el Ni Una Menos, nos pronunciamos y nos encaravanamos por el Aborto Legal, nos reunimos en asamblea con las compañeras de todo el país nucleadas en la FATPREN, participamos de debates en comisiones del Congreso Nacional para impulsar leyes de cupo laboral travesti-trans y de equidad en los medios y para defender la libertad de expresión y el derecho a la información. Fuimos tejiendo redes en las redes en estos meses y no nos detuvo el ASPO porque sabemos de estar en casa, pero nunca estuvimos aisladas.

 


 

La autora es trabajadora de prensa, delegada en Radio Nacional y miembro de la Secretaría de Géneros del SiPreBA. Esta nota es parte de un trabajo conjunto entre el SiPreBA y la Fundación Rosa Luxemburgo.
 

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