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“No luchamos por una condena, luchamos por generar conciencia”

por Estefanía Santoro
Fotos: Agustina Salinas
29 de marzo de 2022

A ocho años del asesinato de Pablo “Paly” Alcorta, la justicia decidió sentar en el banquillo de los acusados al policía bonaerense Diego Ariel Tolaba. Emilia Vasallo, mamá de Paly y referente de la Marcha contra el Gatillo Fácil, habla de la impunidad de las fuerzas de (in) seguridad.

En nuestro país cada 20 horas se pierde una vida a manos de la represión estatal. Son contados los efectivos que luego de disparar a matar terminan condenados y muchos menos los que son apartados de las fuerzas. Mientras la Justicia protege al clan asesino del Estado, los familiares de lxs pibxs quieren cambiarlo todo: que la sociedad entienda que lxs chicxs en los barrios no son peligrosos, están en peligro. 

A Emilia Vasallo el policía bonaerense Diego Ariel Tolaba le arrancó a su hijo Pablo “Paly” Alcorta el 13 de mayo de 2013. Tolaba lo mató de un disparo en la cabeza a metros de una cabina de peaje de Morón, donde trabajaba de custodia. Paly estaba desarmado, lo confirmaron los testigos, y todo quedó registrado por las cámaras del lugar pero las filmaciones nunca fueron entregadas como prueba. La fiscal Beatriz Bonini no las solicitó y misteriosamente tiempo después desaparecieron, nadie dio motivos de la pérdida de ese material. 

En una primera instancia el juez Gustavo Robles, a cargo de la causa, sobreseyó a Tolaba, fiel al camino de impunidad que caracteriza a estos casos de represión policial. Lxs abogadxs de la familia de Paly apelaron la decisión del juez y lograron revertir el fallo, por eso Tolaba finalmente es juzgado en los Tribunales de Morón por homicidio simple. 

"Los policías tienen privilegios, los condenan y a los tres o cuatro años vuelven a la calle con el arma reglamentaria burlándose de nosotros"

–¿Qué expectativas tenés sobre el juicio?

–Para mí es uno más de todos los juicios que venimos llevando adelante los familiares de víctimas de gatillo fácil. Como siempre digo, no creo en la justicia ni en un sistema injusto. Nunca vamos a tener justicia, pero que hoy Tobada esté acusado de homicida siempre es un logro, no solamente mío, de mi compañero Rubén y de mi familia que me acompañó, sino, de todos los que estuvieron a mi lado en este camino de lucha que emprendí. Una lucha que no elegí, en la que me puso el Estado y el que asesinó a mi hijo. Después de ocho años y cuatro meses recién va a ser juzgado por toda la persistencia y la pelea que dimos, no solamente en la parte técnica de lo jurídico, sino también en la calle con la lucha popular y eso es algo que tiene mucho valor. Creo que esa es la justicia que me llena el corazón. Si lo condenan mucho mejor porque no va a estar en la calle portando un arma, pero eso para mi no es justicia porque no creo en la justicia.

–¿Cómo se van a desarrollar las audiencias?

–Va haber muchos testimonios de médicos que van a prestar declaración porque ellos lo que quisieron comprobar en su momento es que Pablo murió de mala praxis y no por el disparo que salió del arma reglamentaria de Tolaba. Hay muchos testigos, el juicio puede durar varios días y no tenemos fecha de sentencia aún. Esperar no espero nada, como decimos con varios compañeros de familiares de víctimas de gatillo y mi familia, nosotros no luchamos por la sentencia, sino por la conciencia, porque la sentencia a mí, a mi familia y a varios de mis compañeros no nos significa nada, en lo emocional o lo personal porque mi hijo no vuelve. Los policías tienen privilegios, los condenan y a los tres o cuatro años vuelven a la calle con el arma reglamentaria burlándose de nosotros; festejan que se van absueltos de un homicidio y la vida de ellos continúa normalmente. Y quien garantiza eso es el Estado, el mismo patrón que le paga a la policía,  a los fiscales que investigan y piden los allanamientos y a los jueces que firman las órdenes de esos allanamientos. Son una una familia grande donde se conocen todos, se apoyan entre todos y garantizan esa impunidad para que las y los policías sigan haciendo lo que hacen. Por suerte estamos nosotros, los familiares que aprendimos no solamente a luchar porque nos mataron un hijo sino que aprendimos a luchar contra este sistema injusto y eso es lo que más importa. No son solo los pibes que desaparece la policía, también desaparecen pibas para trata y eso es también una convivencia con la policía. ¿El narcotráfico quién lo maneja? ¿El narcomenudeo quién lo maneja? La policía, los jueces, los fiscales y el poder político. O sea que ls nuestra no es una lucha solamente por el gatillo fácil, a los pibes los matan con una bala o los matan con la droga.

La lucha de Emilia, una lucha colectiva

A Emi se la puede ver encabezando las Marchas Contra el Gatillo Fácil en la Ciudad de Buenos Aires, una lucha colectiva que lleva adelante desde hace más de siete años. Desde 2013 visita cada mes los tribunales de Morón para seguir de cerca la causa contra el asesino de su hijo. Ocho años después comienza el juicio que juzgará al oficial Tolaba. Emi no está sola, al colectivo que siempre la acompaña se sumaron familiares de víctimas de gatillo fácil de distintos puntos del país para apoyarla en un proceso doloroso pero necesario

Durante sus años de lucha ella fue hostigada de manera sistemática por la policía, en 2019 efectivos de las fuerzas especiales de la Policía Bonaerense ingresaron encapuchados y fuertemente armados a su casa en busca de una supuesta gran cantidad de drogas. Emilia estaba con sus hijos y nietos, despues de más de media hora de un violento accionar, que incluyó golpes a ella y a su hijo que terminaron atados y esposados, los efectivos recién cesaron la represión cuando llegaron lxs abogadxs de Emilia Eduardo “El Negro” Soares y Rosario Fernández, ambxs integrantes de la Asociación Gremial de Abogadas y Abogados. 

En su casa no encontraron absolutamente nada y todo indica que es parte del accionar disciplinador de las fuerzas para amedrentar a una madre que exige Basta de gatillo fácil y denuncia la impunidad de las fuerzas. Unos meses antes del allanamiento una preventora bonaerense había amenazado a Emilia y su familia con la siguiente frase: “Te voy a armar una causa y te voy a meter droga”.

–¿Qué pasa con un policía después de matar a un pibe? Las medidas que se toman no alcanzan y la justicia tarda en llegar…

–Aparentemente Tolaba no está más en funciones, pero lo que sucede siempre es que los apartan hasta que llegue el proceso de juicio y después vuelven a pertenecer a las fuerzas, a no ser que sean condenados. Por ejemplo, hace 15 días tuvimos el juicio de Marcos Acuña –asesinado en 2015–, el hijo de Inés Alderete, otra mamá referente de la Marcha Nacional Contra el Gatillo Fácil, donde el prefecto Juan José Silva fue condenado a un año de prisión en suspenso, encima hay que esperar la apelación porque obviamente el defensor pidió la absolución. El fiscal pidió un año de condena y seis de inhabilitación, o sea que pasado ese tiempo puede volver a pertenecer a la fuerza. Hace tres meses denuncié al ministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, Silvio D'Alessandro, al jefe de la policía de la Ciudad y al subjefe porque cuando finalmente realizaron el cambio de carátula de la causa de averiguación de ilícito a homicidio simple me enteré que Tolaba estaba prestando servicio en la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cómo hizo para entrar si supuestamente la Oficina de Transparencia y Control Externo de la Policía de la Ciudad se encarga de controlar que personas con antecedentes o con procesos jurídicos no ingresen a esa fuerza? La fiscal pidió la absolución de Tolaba, el juez de garantías se la otorgó, pero nosotros apelamos a ese fallo. Todas las medidas de prueba que pedimos nos fueron negadas, la cámara dio marcha atrás con la absolución y habilitó a que se siga investigando y nos otorguen las medidas de pruebas que pedimos como querella. Sin embargo, todo eso se pasó por alto y con el papel de absolución que firmó el Juez Gustavo Robles se presenta en la Policía de la Ciudad diciendo que fue absuelto y no investigaron si la sentencia estaba firme. Si hubiera sido un pibe nuestro que quiere entrar en la policía, que ojalá nunca sea, pero supongamos, le averiguan hasta lo último. Supuestamente ahora no están funciones, pero no les creo nada.

–¿Cómo es convivir con esa ausencia?

–Nosotros tenemos que pelear para levantarnos todos los días pensando en nuestro hijo, hija, hermano, hermana o familiar tratando de no sufrir, de pensar que está presente, que lo amamos y lo seguimos cuidando de la misma manera que cuando estaba, pero la realidad es que no está y que nos arrebataron esa vida que tenían por delante.

"A los pibes los matan con una bala o los matan con la droga"

¿Por qué creés que esos casos se repiten cada vez más?

–Porque el Estado no se preocupa por sacar a esos pibes de la droga, los mandan a ver un psicólogo en el hospital tal donde hay un grupo especial y cuando van tienen una lista de espera de cinco años. Ya nos pasó con una mamá, cuando la llamaron para que su hijo entre en un grupo, el chico ya se había muerto hacía un año y medio. Entonces las políticas públicas no existen porque no quieren que existan. Prefieren que los chicos no vayan a la escuela, que consuman drogas y sean idiotas, en vez de que abran su mente y se den cuenta que tienen que liberarse no solamente de las drogas, sino de la opresión que sufre el pueblo. Cuando hablo de la opresión, habló de la pobreza y la explotación en la que estamos sumergidos como pueblo. Hay chicos con padres que no tuvieron ni siquiera la oportunidad de poder estudiar, tener un trabajo, una casa digna y hablo de lo básico, una casilla con piso, un inodoro, una cama, agua caliente para bañarse, gas para cocinar, todas cosas que son básicas, que la mayoría no las tienen. Hay chicos que no conocen el cine. El otro día la hermana de un chico asesinado hizo un posteo contando que estaba feliz porque a los 25 años por fin conoció el mar y había empezado una carrera universitaria. Esos logros los fue consiguiendo porque a partir de lo que le pasó con el hermano fue teniendo conciencia de lo que es luchar y no conformarse con quedarse en el barrio. El futuro para nuestros pibes y para nosotros mismos es luchar, es salir de esta opresión y esta explotación. No va a dejar de existir el gatillo fácil, el hambre, la droga, pero luchar contra este sistema es la única salida.

–¿Existe para vos una forma de reparación que sane la pérdida de Paly?

–Para mí una reparación sería hacer una revolución, tomar el poder y que vivamos todos en igualdad de condiciones. Que todas y todos tengamos acceso a educación, salud, vivienda, comida y que la justicia sea justicia. A nadie le gusta que lo roben o que le saquen lo que es de uno. Yo no estoy a favor del delito pero los que están arriba nos explotan y nos roban desde siempre y esos nunca van presos. Reparación para mí sería ver y vivir en una sociedad digna, en una patria socialista.