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La última misa ricotera

por Nelson Santacruz
Fotos: Juan Pablo Barrientos
05 de junio de 2026

Entre la noticia que cae como un golpe seco y la memoria que arde en loop, la última misa por el Indio Solari suena más o menos así. A través de fragmentos de su obra, recuerdos de adolescencia y escenas de calle, lo despedimos con un duelo íntimo y una liturgia ricotera, donde sus canciones son nuestro lenguaje común para nombrar la pérdida y para tratar de sellar el hito de la persona que hizo cuerpo al rock argentino.

Este viernes gris el cancionero menos pensado: “Murió Carlos ‘El Indio’ Solari a sus 77 años”. Se me nubló el alma un rato, y al toque puse “La hija del fletero” a todo volúmen, para que todo mi pasillo, toda la villa, lo volviera a escuchar. Una vez más, la última, dije. Me vi adolescente con un MP3 reproduciendo “Jijiji” incontables veces, me vi con ganas de tatuarme “PR” a los catorce y me vi deshecho en las más profundas tristezas tarareando: “Seré heraldo de buenas noticias, solo si te quedás un rato más. Los espíritus soplan si quieren y vos que recién te enterás… tarde otra vez, mi amor”. 

Se cerró el telón de la misa más grande del mundo y el dolor se siente en los huecos de cada esquina. El Indio se fue a tocar a los cielos, o a donde sea que vayan los que tienen el alma blindada de rocanrol. "Algún día, pronto, una de mis vidas va a intentar matarme y lo va a lograr", nos habías avisado, y el golpe igual nos dejó de cama. Hoy "las despedidas son esos dolores dulces", una mezcla de llanto y pogo en el alma.

Miro alrededor y "el futuro llegó hace rato, todo un palo, ya lo ves", pero es un futuro gris. "Me voy corriendo a ver qué escribe en mi pared la tribu de mi calle" pero esta tarde no encuentro consuelo. Es que fuiste un "único héroe en este lío", el que nos enseñó que "el lujo es vulgaridad" y que "con ella soy rico gratis", y esa mística no se compra con billetes. Nos queda claro que "ciertos reyes no viajan en camellos" y que vos fuiste el rey de los desposeídos, de los que sabemos que "vivir sólo cuesta vida" y que "un corazón no se endurece porque sí".

Nos dejas solos en este fango, sintiendo que "a veces gana, a veces pierde, como todo jugador", pero con vos sentíamos que ganábamos siempre. "Tu esqueleto te trajo hasta aquí", batallando como un guerrero contra el parkinson, sin transar, porque sabías perfectamente que "el que abandona no tiene premio". Fuiste "un cordero de mi estilo, un caníbal de mi estilo", un tipo que juraba: "siempre fui menos que mi reputación". No importan los que hablan de más, bien sabemos que "el mejor testigo se puede contradecir" y que "las reliquias huelen mal" cuando las manosea la gilada. "La gente decente es diferente", Indio, y tu gente es, somos, muy diferentes.

Qué difícil se hace caminar ahora que "la noche tira un salto mortal" sobre nuestros pechos. "Rara vez esta vida tiene sentido, amor", y menos hoy que llorará cada corazón ricotero hasta gastarse. Recordamos tus arranques: "muy poco amable fui, nada nuevo vi en tus ojos", o cuando cantabas que "las minitas aman los payasos y la pasta de campeón". Eras el reflejo de nuestras miserias y pasiones, el que retrataba a la piba que "usa su lengua como un sable, mientras se ríe y nos apura", o al tipo que dice "estoy perdido sin mi estupidez". Nos hiciste ver que "la vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo" y que "los problemas saben, siempre, dónde estás".

Te plantaste ante el sistema gritando que "violencia es mentir", alertándonos: "fijate de qué lado de la mecha te encontrás". Nos cuidaste de la transa del mundo, de ese "poder, placer, poder. Rumores oscuros que confunden la cabeza y perturban a los corazones secos". Nos advertiste que "cuando al billete hace que baila… la mierda corre y la traición también" y que en este negocio "los genios son buenos servidores y malos amos". Vivimos esquivando trampas, sabiendo que "falopas duras en tipos blandos ahuecan corazones", buscando no morder el anzuelo. Hoy nos quedamos masticando el polvo, pensando: "mordí el anzuelo una vez más, siempre un iluso".

La Plaza de Mayo está llena. Una última misa: ¡Graciosos y valientes! El vapor de tantas lágrimas, siento, levanta una neblina injusta en el albor del invierno. 

La melancolía nos envuelve como esa niebla espesa. "Yo no me caí del cielo, pero he sido un barco solo y triste", y hoy encallamos con tu partida. Me acuerdo de tantas noches de rocanrol, de historias de desamores y momentos oscuros, de cuando nos contabas que "dos que se quieren, se dicen cualquier cosa", o de aquella que decía "en tu ternura está acechándome una buena traición de mujer". Y si, muchos que no pudimos verte en ningún escenario sabíamos que no podías darnos más que un par de promesas. Historias de tipos comunes donde "hice de todo por impresionarla y dejé huérfano todo su penar", o de la que "ya se cansó de dormir todo el tiempo en sillones y de taparse la boca para no gritar".

Y aunque a veces admitías "me gustan tus ojos, me gusta tu piel y tus mejillas pero no me gustan tus puntos de vista, amor…", igual te entregabas al juego. Al final, asumías los golpes sabiendo que son "penas del corazón que duran siempre menos que las de prisión". Ahora el silencio quema y "sentís la mosca joder detrás de la oreja". Nos da pánico este vacío, "por primera vez tengo miedo de no hacer bien mi papel" como custodio de ese fuego que nos dejaste.

Se siente como si "me acaban el cerebro a mordiscos, bebiendo el jugo de mi corazón". Nos da bronca pensar en la parca, que tal vez te llevó antes de tiempo. Te imaginamos yéndote libre, y nos dan ganas de gritar: "quiero verte huir como un ladrón al que nunca pueden atrapar". Vos fuiste eso, "un ladrón que robó dolor" para transformarlo en fiesta pagana.

Miro hacia arriba, imaginándome que por ahí andás y sé que "han clausurando las puertas del cielo, y esas cosas no se pueden ocultar", seguro porque entraste vos con toda la banda a armar un quilombo hermoso. No te preocupes por el barro de acá abajo, por este mundo lleno de "mucho beat y mucho soul barato y bossanova ponja". Tu obra queda intacta en las gargantas de los pibes y las pibas. Aunque dejes este vacío gigante y "sos tan cruel como tus ambiciones", el canto está sellado para siempre.

Al final, viejo lobo, "ya sufriste cosas mejores que estas". Se terminó el dolor del cuerpo. No te vas del todo porque "nadie es capaz de matarte en mi alma". Sos parte de nuestra genética. Nos enseñaste a resistir, "con los puños en alto deseando, al final, hacer la revolución con una canción de amor".

Nos dejás la certeza de que "la buena felicidad dicen que no se nota", pero nosotros la notamos cada vez que suena tu voz. No nos dejes caer en el bajón… Sé que "vuelvo a sentirme extraño si me consolás", pero prefiero quedarme con tu profecía más hermosa, esa que cantamos con los ojos llorosos y los trapos al viento.

Cuando estemos abajo, cuando el frío queme, nos vamos a abrazar fuerte recordando que "son pájaros de la noche que oímos cantar y nunca vemos", pero que nos iluminan. Y cuando parezca que no damos más, que "algo me late y no es mi corazón", prenderemos una vela a tu memoria y cerraremos los ojos. "No mires por favor, y no prendas la luz…". Sabemos, porque vos nos lo grabaste a fuego en el pecho, que "cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón".

Buen viaje, Indio. Gracias por las canciones. "Nos merecemos bellos milagros, y ocurrirán". ¡Hasta siempre, de acá a la eternidad!