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Minicuento: 21 de julio de 1969

por Revista Cítrica
23 de julio de 2015

Cítrica presenta un relato breve de la escritora entrerriana Manuela Chiesa

Por Manuela Chiesa*
Foto: Diego Pintos 

La cocina de don Luis tenía una gran ventana que daba a un potrero abandonado. La casona no quedaba lejos del pueblo, y aún conservaba, en su decrepitud, rasgos señoriales propios de un buen origen. Bastión de buenos tiempos cosecheros, paladín de bailes y kermeses, desde que los inmigrantes se integraron, jubilosos, a la colonia. Don Luis y la casona se marcharían juntos y con ellos un testimonio irrenunciable de aquella época, rica en esfuerzos y tesón. En fin, las cosas suceden de una forma determinada, aunque hayan tenido un principio vago. Hijo de italiano, don Luis, realizaba todas las tareas de campo que sus pocas hectáreas le permitían. El afán que ponía hacía que su trabajo fuera exitoso; tanto los productos de la huerta y las faenas con los cerdos, como la crianza de las aves. Aplicaba las teorías heredadas de sus mayores que para su mente de chacarero resultaban insustituibles. Hubiera sido irrespetuoso contradecirlo cuando sostenía principios pueriles. Ese candor de las almas simples estaba por sobre toda dialéctica. Cuando aquél 21 de julio de 1969, en una proeza sin igual, el hombre pisó la luna por primera vez, la magnitud del acontecimiento excedió con creces la capacidad de comprensión de don Luis. Como buen observador de la naturaleza, ese lunes, siendo muy avanzada la noche, en un claro que dejaba la maleza que rodeaba el potrero, don Luis miró unos momentos la luna para asegurarse que estaba en un incipiente cuarto creciente y musitó para sí mismo: “a mí no me embroman, dónde van a bajar en una luna tan finita?”

*Escritora, docente e investigadora de la provincia Entre Ríos