Maíz: de la alimentación ancestral al atraso nacional

por Revista Cítrica
Fotos: UTEP Agraria
12 de enero de 2021

Una mirada desde el campo profundo que alimenta para entender por qué el lockout de la Mesa de Enlace es una medida nacida de quienes especulan con las exportaciones sin ningún interés en el abastecimiento interno.

*Por la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) Agraria.

La semana pasada, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación anunció la suspensión de las exportaciones de maíz por dos meses y tres de las cuatro organizaciones gremiales integrantes de la llamada Mesa de Enlace anunciaron un cese de comercialización para este lunes, martes y miércoles. Muchos medios de comunicación titularon la comunicación como un rechazo de “el campo” a la medida del Gobierno, negando que el sector comprende a muchos más actores que las entidades que integran la mediática “mesa” opositora.

Tras conocerse la medida de fuerza por parte de “las patronales del campo”, el Gobierno cedió a las presiones y anunció la apertura parcial de las exportaciones, de hasta 30 mil toneladas diarias. A pesar de eso, la medida de fuerza fue ratificada.

“El motivo del paro es el intervencionismo del Gobierno en los mercados, por eso el paro sigue”, manifestó el titular de la Confederación de Asociaciones Rurales Argentinas (Carbap), Matías de Velazco, en declaraciones a C5N. Con esas palabras, el dirigente dejó en claro que la resistencia de una parte de la llamada Mesa de Enlace no es a una medida en particular, sino a las políticas del Gobierno y a cualquier tipo de acción o intervención por parte del Estado en “el mercado”. En definitiva, lo que se exige es que los gobernantes no gobiernen en el segmento de las agroexportaciones, contradiciendo el mandato popular y la Constitución Nacional.

El hecho muestra, una vez más, que el inconveniente excede a una medida: lo que debe ser revisado es la estructura productiva y distributiva de la Argentina.

¿Cuáles son los beneficios de agregar valor al grano de maíz cosechado? Más trabajo local y regional, más mercado interno y menos costos para adquirir productos terminados, ya que no hace falta importarlos, entre otros aspectos.

 

Argentina: el tercer mayor exportador del mundo

La siembra de maíz se inicia en septiembre y se extiende hasta enero, según la región del país. La cosecha comienza en febrero y termina a comienzos de agosto.

La última campaña alcanzó el récord histórico según la contabilización de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires: 51,5 millones de toneladas. Por segunda vez en 20 años, la campaña de maíz superó a la soja. Con esa cifra, la Argentina ocupa el quinto lugar entre las mayores regiones productoras de maíz en el mundo, detrás de Estados Unidos (347,8 millones de toneladas), China (260,8 Mt), Brasil (101 Mt) y la Unión Europea (65 Mt).

A su vez, el país es el tercer mayor exportador del planeta, detrás de Estados Unidos y Brasil. El país de Norteamérica procesa y comercializa en su mercado interno el 80% de la cosecha y exporta sólo el 20%. Brasil, por su parte, procesa y comercializa de forma interna alrededor del 60% de la producción y exporta el 40% restante. Tanto China como la Unión Europea agregan valor a casi toda su producción.

El caso argentino es especial: el 80% de la cosecha sale de los campos directamente al puerto para exportarse como materia primera (en 2020, eso implicó el ingreso de alrededor de 5.500 millones de dólares), y sólo una de cada cinco toneladas se procesa.

¿Cuáles son los beneficios de agregar valor al grano de maíz cosechado? La respuesta inmediata es evidente: más trabajo local y regional, más mercado interno y menos costos para adquirir productos terminados, ya que no hace falta importarlos, entre otros aspectos.

La resistencia de una parte de la llamada Mesa de Enlace no es a una medida en particular, sino a las políticas del Gobierno y a cualquier tipo de acción o intervención por parte del Estado en “el mercado”.

 

Los derivados del maíz

El complejo maicero se organiza a partir de la producción primaria del grano. El 80% de la producción del país se concentra en las provincias de Córdoba, Buenos Aires y el sur de Santa Fe, en la región conocida como “zona núcleo maicera”.

El eslabón primario muestra una composición de actores heterogénea que involucra a una gran cantidad de productores de diversos tamaños, características de las explotaciones y formas de tenencia de la tierra (productores pequeños y medianos, arrendatarios, grandes pooles, propietarios de gran dimensión). La alta participación de las exportaciones de granos de maíz muestra un desarrollo relativamente bajo de valor agregado.

Dentro de la pequeña porción destinada al mercado interno, el consumo animal tiene una participación del 39%, donde el segmento de alimentos balanceados (destinado a la producción de aves, vacas, cerdos y sus derivados) tuvo un fuerte crecimiento en los últimos años.

En la Argentina, el 13% de la producción se utiliza en molienda. Solo 7 establecimientos se dedican a la molienda húmeda de maíz y 9 empresas a la molienda seca. Por su parte, 733 establecimientos elaboran alimento balanceado y otros 5 producen bioetanol de maíz, según datos de las secretarías de Agroindustria y de Energía de 2018.

El maíz puede recibir diversos procesos, a partir de una molienda seca o una molienda húmeda, de mayor complejidad. De ello se obtiene aceite, gluten feed y gluten meal (destinados a la alimentación de animales), almidón (comercializado como almidón nativo o procesado para obtener edulcorantes como jarabes o dextrosa), cereales para desayuno, harinas para panificados, sémolas (destinadas a la producción de cerveza, snacks o polenta).

 

Quiénes concentran el mercado

De acuerdo con un estudio oficial de 2002, el 66% de las explotaciones agropecuarias totales del país correspondían -en ese momento- a pequeños productores. Sin embargo, el sector concentraba sólo el 13% de la superficie explotada, mientras que el 87% restante correspondía a productores grandes y medianos. En lo que respecta al maíz, los guarismos eran similares: el 70% de las 69.750 explotaciones contabilizadas correspondían a pequeños productores.

El comercio externo, por su parte, está sumamente concentrado. Operan los principales traders mundiales: Cargill, ADM, Bunge, COFCO -ex NIDERA- y Dreyfus, y grandes empresas nacionales como AGD, la vaciada Vicentin y Molino Cañuelas, y otras de tipo cooperativo como ACA y AFA, sumado a otras pocas nacionales de menor envergadura. No obstante, cerca del 70% del valor exportado (unos 3.800 millones de dólares) se concentra en 5 empresas.

El elevado porcentaje de exportación de granos de maíz sobre el total cosechado refleja una característica estructural de la cadena maicera argentina. Una porción importante del procesamiento se realiza en otros países, como grano forrajero, o se industrializa para obtener distintos productos de la molienda.

El caso argentino es especial: el 80% de la cosecha sale de los campos directamente al puerto para exportarse como materia primera.

En diciembre de 2015, el Gobierno de Macri quitó las retenciones a las exportaciones de maíz, que hasta entonces eran del 20%. Esa medida hizo que subieran los precios del mercado interno, ya que los exportadores recibían un 20% más que antes por cada tonelada vendida al exterior.

El creciente porcentaje de la producción de maíz destinado a ser exportado como materia prima, unido a la falta de intervención estatal, determinaron que, en los últimos años, los precios del producto en el mercado local se hayan alineado a los del mercado internacional, incrementando los costos para los productores de animales y otros derivados.

En 2018, cuando el país se encaminaba hacia un default inexorable, el Gobierno de entonces dio marcha atrás con la medida de 2015 y volvió a imponer retenciones a las exportaciones, que en ese momento se estipularon en 10% pero con un valor máximo de 4 pesos por cada dólar.

 

En 2020, se exportó más maíz de lo que preveían los exportadores

En agosto, a comienzos de la campaña comercial del maíz en 2020, un informe de la Dirección de Información y Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario estimó que, de las más de 50 millones de toneladas de maíz cosechadas, se exportarían 33,5 Mt. La cifra representaba la segunda mayor exportación en la historia del país, sólo superada en 2019 (37 Mt). Para octubre del mismo año, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires informó que ya se habían exportado 34,5 millones de toneladas. Es decir, más de lo previsto para toda la campaña.

El creciente porcentaje de maíz exportado como materia prima alineó los precios del mercado local con los internacionales, incrementando los costos para los productores de animales y otros derivados.

Ese hecho ocasionó una escasez en el mercado interno que subió los costos para los productores de pollos, cerdos, vacas y sus derivados, así como huevos y leche. Muchas de esas personas somos agricultores familiares, campesinos e indígenas, y los productos que elaboramos son consumidos por el pueblo argentino.

Para nosotros y nosotras, el maíz implica alrededor del 70% del costo de producción. Hoy, los precios que pagamos están muy por encima de lo sostenible: el maíz en bolsa, que en Rosario cotiza alrededor de 17 mil pesos la tonelada, se está vendiendo a entre 28 y 30 mil pesos por tonelada.

La situación impacta en los costos, en el precio final de los alimentos y puede provocar desabastecimiento en poco tiempo. Por eso, la suspensión temporaria de las exportaciones de ese insumo hasta el 1º de marzo, cuando esté disponible la oferta de una nueva cosecha, era la medida más sensata para atravesar este momento.

Las y los agricultores familiares, campesinos, indígenas y pescadores artesanales somos el campo profundo: producimos la mayor parte de los alimentos que consume el pueblo argentino, criamos animales y vivimos en las tierras que cultivamos, a diferencia de la mayoría de los empresarios que anunciaron el cese de comercialización de granos desde la comodidad de sus hogares en los cascos urbanos.

 

Producción y desmonte

Desde que el maíz es utilizado como mercancía, las semillas también pasaron a tener valor. La mayoría de las producciones han dejado de usar nuestras semillas criollas para comprar productos transgénicos en el extranjero. De esa manera, se fueron perdiendo aquellas semillas que nos alimentaron durante siglos. Eso nos vuelve dependientes como nación y hace homogéneos a los plantíos. Así, cualquier plaga o enfermedad que surja, atacará a toda la producción por igual.

La producción de carácter extractivo tiende al desmonte, ya que necesita cada vez más superficie para incrementar los rindes. También hacen que muchos productores familiares, campesinos e indígenas deban abandonar sus tierras y mudarse a las grandes ciudades para buscar nuevas formas de subsistencia.

La producción de carácter extractivo tiene como fin la exportación de materias primas: no agrega valor, ni genera trabajo, ya que las nuevas tecnologías hacen que se requieran muy pocas personas para efectuar las tareas y las ganancias se reparten en poca gente. Además, no produce alimentos para la población, sino granos que se exportan para dar de comer a los animales que alimentarán a personas en otros países.

La creciente exportación de maíz impacta en los costos, en el precio final de los alimentos y puede provocar desabastecimiento en poco tiempo.

Por eso, desde la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) debatimos la estructura productiva del país y del campo, que tiene que estar al servicio de la alimentación y de los intereses del pueblo, y no de unos pocos.

La avaricia de los sectores agroexportadores más favorecidos no puede convertirse en la moneda de cambio del hambre de nuestro pueblo. Ya hemos realizado enormes esfuerzos para salir adelante, ya sufrimos demasiado injustamente, mientras los sectores que hoy reclaman mediante un cese de comercialización se beneficiaron con la concentración de las tierras en pocas manos.

Por eso, hacemos un llamado a la reflexión: aún están a tiempo, la paciencia del pueblo tiene un límite y, aunque a veces parezca recorrer caminos extraños, la memoria histórica no conoce de olvidos.

 

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