“La vida de mi hermana no vale menos por ser pobre”

por Estefanía Santoro
Fotos: Agustina Salinas
15 de junio de 2022

La familia de Cecilia Toranzo, la  joven tucumana de 19 años que llegó a la maternidad pública de Nuestra Señora de las Mercedes con un embarazo ectópico y terminó muerta, denunciá la cadena de negligencias del personal de salud que la atendió y la demora de la Justicia para encontrar a los responsables. 

Cecilia vivía en San Miguel de Tucumán, en el departamento de Yerba Buena, era la hija más chica de una familia de cinco hermanxs. Una tarde de abril de 2015 comenzó con dolores abdominales y creyó que simplemente se trataba de su menstruación. Tres días después, los dolores persistían y su mamá la llevó a la salita de atención primaria del barrio donde le dijeron que tenía una constipación intestinal y le recetaron un tratamiento para ese diagnóstico. 

Como el dolor era cada vez mayor, Cecilia volvió a la guardia, esta vez le dijeron que debía hacerse una ecografía de urgencia y como las demoras en los hospitales públicos son muy largas, realizó el estudio de forma particular, contando cada peso para llegar a cubrir el costo. Con el resultado de la ecografía descubrieron que Cecilia tenía un embarazo ectópico de menos de cuatro semanas y le había estallado una de las trompas donde se alojó el embrión, lo que requería una operación de urgencia.

"El 16 de abril de 2015 Cecilia llegó con mi mamá a la guardia de Nuestra Señora de las Mercedes, que es la maternidad pública donde además funciona la escuela de la Universidad de Tucumán. Ese mismo día le practicaron una cirugía de urgencia que salió bien, pero el médico de guardia sugirió una transfusión porque había perdido bastante sangre. En esa transfusión Cecilia recibió el grupo sanguíneo equivocado, lo que le provocó una anemia hemolítica postransfusional que no fue tratada ni diagnosticada. Mientras tratábamos de saber por qué sus riñones no funcionaban, nos decían que era imposible que el grupo esté errado porque nadie había cometido ningún error", recuerda Ivana, la hermana de Cecilia.

Un día después de la cirugía, los médicos no podían explicar por qué la joven estaba en ese estado. Su diagnóstico empeoraba y ante la insuficiencia renal decidieron dializarla. "Unas horas después nos avisaron que Cecilia había fallecido por tres paros cardiorespiratorios", cuenta Ivana, que en ese momento se encontraba en Buenos Aires. La explicación de los médicos le generó muchas dudas y por eso viajó de inmediato a Tucumán para averiguar la verdadera causa de la muerte de su hermana.

Una cadena de negligencias

La familia de Cecilia solicitó una autopsia mediante una denuncia y el resultado fue que efectivamente durante la transfusión la joven recibió un grupo sanguíneo errado, de allí la causa de la anemia hemolítica. Todo lo que siguió a ese primer error, que no solo no se reparó sino que además se intentó ocultar, fue una cadena de negligencias que le provocaron la muerte a Cecilia.

"Cuando fue preparada para diálisis, el médico se equivocó, pinchó una arteria, en lugar de una vena. Cuando terminó su guardia, el siguiente médico descubrió que Cecilia tenía la vía mal puesta, pero no lo dejó asentado en la historia clínica. Aclaró que retiró la vía porque no era estable y la puso en otro lugar. Esa arteria pinchada no fue tratada y siguió drenando sangre, lo cual le causó un neumotórax de grado cinco, no tratado, ni diagnosticado y de todas formas la dializaron. Eso la llevó a la muerte."

Ivana pudo probar esa cadena de errores y negligencias que destrozaron la vida de Cecilia a partir de un proceso legal que ya lleva siete años. Además de cargar con el dolor de haber perdido a una hermana debe soportar la violencia institucional. “Las personas que ustedes demandan les van a dar plata. A su hija no la va a ver más y no la va a tener más”, le dijo la mediadora del caso a la madre, como si el dinero curaría el dolor de la pérdida de un ser queridx.. 

La familia continúa esperando que un juez se expida para esclarecer qué fue lo que hicieron con su hermana. "La causa no avanza, solo fue demandada la técnica, y supuestamente apartada del ejercicio de la profesión cuando confesó que se equivocó en el grupo de sangre. Dijo que cuando estaba en el quirófano se dio cuenta de su error, limpió la vía, le puso el grupo sanguíneo que le correspondía a Cecilia y falsificó un registro donde puso que la sangre que había usado la primera vez con mi hermana estaba contaminada".

La búsqueda de justicia

La técnica imputada solicitó una probation, lo que significa una medida alternativa a la pena privativa de la libertad, si la parte afectada acepta, se suspende el juicio y la persona acusada debe cumplir tareas comunitarias. La titular del servicio de diálisis, también imputada, no asistió al lugar para corroborar que estén realizando bien la práctica, lo hacía por teléfono, cuando en realidad la presencialidad es obligatoria. Por otra parte, los médicos que asistieron a Cecilia en el momento de la diálisis continúan trabajando con normalidad y no fueron imputados.

“Las condiciones de la probation son indignantes. Nos ofrece 20 mil pesos por los costos legales que nos ocasionó la demanda, en pagos de cinco cuotas. Nos quieren arreglar con plata pero nosotros no queremos plata, queremos justicia para que no haya otra Cecilia en ese lugar. No vamos a aceptar, Cecilia no es menos persona por ser pobre. Queremos un juicio oral y público donde se muestre la violencia institucional que sufrió mi hermana. Jamás hubo transparencia para saber qué fue lo que pasó con Cecilia, por qué murió repentinamente y por qué esta gente, que se supone que estudió y está preparada, cometió tantas negligencias y omitió hacer tantas cosas. El reglamento de medicina tiene un protocolo que ellos no cumplieron” , denuncia Ivana.

Jamás hubo transparencia para saber qué fue lo que pasó con Cecilia.

“Lo que le pasó a mi hermana le puede pasar a cualquiera. Todo esto que estamos viviendo es muy desgastante. Mi papá va todas las semanas a golpear las puertas del juzgado para ver qué está pasando con el expediente”, cuenta Ivana, mientras se seca las lágrimas de la cara. “Ningún dinero puede saldar una pérdida física”, sentencia.

Ivana es radióloga y cuando transitaba los espacios de salud en Tucumán le habían llegado varios comentarios sobre el maltrato que reciben las pacientes en esa maternidad, donde paradójicamente su hermana nació y murió. Recuerda que cuando su mamá le dijo por teléfono: “Estoy en la maternidad de Mercedes con tu hermana”, ella le respondió “¿Por qué la llevaste a ese matadero?”. Casi como una premonición. 

Hoy Ivana maldice las palabras de ese día. “Leí casos de chicas que han llegado al lugar con un aborto en pleno proceso y fueron tratadas con la peor crueldad del mundo. De hecho mi mamá también sufrió el maltrato del personal. Cuando mi hermana estaba recién operada recuperándose de la cirugía, mi mamá le dijo a la enfermera ‘discúlpeme yo parí cinco hijos, no tengo estudios, pero después de la cirugía la bolsa debería tener orina y mi hija no está haciendo pis’. La enfermera le contestó: “Mire todo el suero que le estoy poniendo, va a orinar como un caballo, de qué se preocupa, eso es normal’. No era normal y nadie merece esa falta de respeto, sin embargo, la gente naturalizó el destrato y el maltrato en ese lugar”.

Pareciera que en Tucumán si sos pobre no solo tenés que soportar el maltrato en una institución de salud, sino que además tu vida no vale nada, un error que podría haberse reparado terminó con una vida. “En esta provincia hay muchas familias feudales con poder. Los médicos son muy conocidos en el ambiente y sus abogados también, por eso siguen trabajando en el hospital como si nada. ‘Vos estás marcando un precedente, hace muchos años que venís luchando, nadie lo hace. La gente solo entierra a sus muertos sin tener justicia’, me dijo la propia fiscal”. Ivana no baja los brazos. 

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