"La hostilidad del Estado a los pueblos originarios es histórica"

por Daniel Loncon *
12 de octubre de 2018

A propósito del 12 de octubre, Daniel Loncon, mapuche e integrante de una Cátedra de Pueblos Originarios en una universidad nacional, reflexiona sobre cómo el eurocentrismo continúa imponiendo sus valores y patrones económicos, sociales, espirituales y culturales.

"El colonialismo no se conforma simplemente con imponer su dominio sobre el presente y futuro de los dominados. El colonialismo no se satisface con mantener a un pueblo entre sus garras y vaciar el cerebro del nativo de toda forma y contenido. Por una suerte de lógica perversa, se vuelve al pasado del pueblo oprimido, lo distorsiona, lo desfigura, lo destruye".

Frantz Fanon, Los condenados de la tierra (1961)

 

Un nuevo 12 de octubre se presenta en el calendario. Algunos aún lo denominan Día de la Raza y probablemente en algunas escuelas del país, efeméride y acto mediante, aún se evoque y caricaturice el desembarco de Colón y los “nativos” mirando sorprendidos a los visitantes.

El sociólogo peruano Aníbal Quijano comenta que en la mitad del siglo XVI, en la reunión de Valladolid, se produce un debate entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas, el centro del debate se vincula a las preguntas: ¿qué son éstos que estamos conquistando y sometiendo?; ¿son hombres, humanos o bestias?; ¿tienen alma?. Finalmente el rey de Castilla y Aragón del momento decide que sí son humanos, pero que son paganos y que deben ser cristianizados. Desde allí, la idea de inferioridad de la población originaria de estas tierras, ha penetrado muy fuerte en las prácticas sociales, instalado previamente como constructo mental.

En Argentina, se critica la ´invasión´ de ciudadanos de países limítrofes pero no se dice nada del proceso de extranjerización de tierras en la Patagonia, o de zonas del país con recursos estratégicos.

Esta colonialidad del poder, según Quijano, radica en dos ejes, siendo uno de ellos la idea de “raza”, que da fundamento al nuevo sistema de dominación social. Asimismo, desde 1492 el eurocentrismo se instala en estas tierras como modelo hegemónico imponiendo sus valores y patrones económicos, sociales, espirituales y culturales en donde los dominados debían asemejarse a su dominador.

Esta herencia colonial pervive en las identidades nacionales que se gestaron posteriormente, negando toda herencia indígena y afrodescendiente y centrándose en una hispanidad católica. Esa primera clasificación social entre los “blancos” y los otros grupos “negros” e “indios” da inicio a relaciones de dominación y subalternidades que se mantuvieron y fueron incorporando características y adjetivaciones a través del tiempo.

Esta matriz racista, incapaz de comprender lo diverso, pareciera en estos tiempos cobrar una fuerza que sorprende a más de uno. Es claro que cuando se prometía que la globalización iba a permitir una interacción sin precedentes, se refería al flujo del capital financiero global, no a las personas, cuyos desplazamientos en la mayoría de los casos, son efectos del movimiento de piezas de un ajedrez global en la lucha por el control y la distribución de los recursos.

Esta herencia colonial pervive en las identidades nacionales que se gestaron posteriormente, negando toda herencia indígena y afrodescendiente y centrándose en una hispanidad católica.

De este modo, las migraciones parecieran ser un tema difícil de resolver por parte de los Estados, muchos de los cuales aplican políticas restrictivas desde el plano administrativo o directamente construyen muros que separan a su población de los “otros”.

Entre los discursos que respaldan estas políticas estatales, podemos encontrar desde los más sofisticados hasta los más absurdos. Uno de ellos tiene que ver con un proteccionismo del nosotros, frente a la amenaza de los otros. Y sin lugar a dudas el discurso pseudonacionalista, es el elegido por muchos. Digo pseudo porque en esencia es contradictorio con los valores elementales que supone defender tal nacionalismo.

En Argentina, se critica la “invasión” de ciudadanos de países limítrofes pero no se dice nada del proceso de extranjerización de tierras en la Patagonia, o de zonas del país con recursos estratégicos. Básicamente no se lo critica porque se desconoce tal realidad, los grupos concentrados de medios de comunicación presentan como una amenaza a un senegalés, un boliviano o un mapuche. Éstos últimos han sido presentados como la amenaza interna, y si es una amenaza, es un enemigo al que hay que combatir. Ése es el mensaje de una mediocre pero beligerante Ministra de Seguridad.

Actualmente, el tratamiento estatal argentino con los pueblos originarios muestra niveles de hostilidad solo comparables con la ocupación militar de los territorios del sur.

En el año 2011, el noruego Anders Behring Breivik, un fanático de ultra derecha que asesinó a más de 70 personas sostuvo quela raíz de los problemas de Europa es la falta de autoconfianza cultural”, tildando al multiculturalismo como una amenaza. Aquello no fue un hecho aislado, sino la expresión más radical de una ideología que crece en los países llamados “desarrollados” y en muchos de ellos, los partidos políticos afines a tales ideologías tiene cada vez más adeptos.

En América Latina también existen expresiones similares, algunas más explícitas y otras eligen la diplomacia moderada pero cuyos dichos son igual de contundentes. Una muestra de ello es cuando el presidente de Argentina Mauricio Macri, mientras participaba del Foro Mundial de Davos sostuvo que en Sudamérica todos somos descendientes de europeos. Esta expresión, representa esa herencia colonial que mencionaba en un principio, una muestra más del patético y servil lugar de subordinación cuyo centro gravitacional sigue siendo Europa. Tristemente vemos como cierta dirigencia política latinoamericana continúa buscando ser aceptada, sin importar ser un reflejo distorsionado y de baja calidad de lo que admira.

La discusión de Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas de mitad del siglo XVI, continúa en nuestros días, el racismo fundacional se sostiene con nuevas discusiones que ponen seriamente en peligro el desarrollo de nuestras sociedades. Porque aquel viejo debate ponía en el centro de la discusión la condición humana de los habitantes originarios.

Actualmente, el tratamiento estatal argentino con los pueblos originarios muestra niveles de hostilidad solo comparables con la ocupación militar de los territorios del sur. Los Remington y el sable han mutado en una persecución judicial y criminalización mediática de los referentes que alzan su voz denunciando las injusticias. Mucha de nuestra gente es víctima de los servicios de seguridad (¿?) por “portación de rostro”, rostro que también es portador de una digna porfía por existir, por seguir siendo.

Tantos años de resistencia han forjado una sólida tenacidad en nuestros pueblos originarios a lo largo y ancho de Argentina. Nuestra sociedad deberá realizar un esfuerzo por mirar la diversidad cultural como una oportunidad de enriquecimiento y no como una amenaza. La estrechez mental, el nacionalismo vacuo y la frivolidad cultural solo nos conducirán al ancho portal de la ignorancia que entre todos debemos contribuir a cerrar.

Libertad al Lonko Weichafe Facundo Jones Huala.

Libertad a todos los Presos Políticos Originarios.

Justicia por Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.


 

* integrante de la Cátedra Libre de  Pueblos Originarios, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.

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