Compartir

Fatalidad en Caballito: una precarización rápida y mortal

por Revista Cítrica
16 de junio de 2020

Otra vez la muerte. Un trabajador de la empresa Glovo, de 40 años, que estaba realizando repartos para la plataforma de envíos, murió luego de que un camión chocara su moto en el barrio de Caballito.

Acaba de fallecer un trabajador de la empresa Glovo. Tenía 40 años, estaba realizando repartos para la plataforma de envíos y murió luego de que un camión chocara su moto en el barrio de Caballito, según informaron les compañeres de El Grito del Sur. Es la quinta persona que muere trabajando para una aplicación de pedidos desde que empezó el aislamiento.

10 de abril: Emma Riosendaulv Joncka (23) era haitiano y vivía en Rosario; fue atropellado por un colectivo mientras hacía repartos con su moto para Glovo.

12 de abril: Ramiro Cayola Camacho (20) andaba en bicicleta en Puerto Madero, cuando lo embistió un vehículo que le quitó la vida y dejó tirada en el piso su mochila de Rappi.

24 de abril: Franco Almada (19) falleció en una clínica de Quilmes horas después de que un automovilista lo atropellara y huyera sin darle asistencia; andaba en moto y trabajaba para Pedidos Ya.

19 de mayo: Miguel Ángel Machuca, repartidor de Glovo, murió al ser embestido por un camión en Avellaneda cuando circulaba con su moto.

¿Por qué tan rápido?¿Por qué tu pedido puede significar una muerte?¿Quién gana mientras les repartidores mueren, se accidentan o se agotan de tanto pedalear?¿Quién gana con tanta precarización?

***

La Matrix que mantiene andando al sistema capitalista nunca se detiene. Tiene períodos de baja intensidad o de marcha más lenta, pero igualmente avanza. En la era de los flujos financieros digitales y la "uberización" del trabajo, la Matrix acude a los algoritmos sin modificar su motor de engranajes humanos. Mientras somos testigos de un pico de digitalización y conectividad en la vida cotidiana, la maquinaria laboral se alimenta –hoy como hace siglos– de la misma materia prima: los cuerpos en movimiento.

Los rebusques contemporáneos, por más ligados que estén a las apps, tienen en su base la tracción a sangre. La prueba más clara es el ejército de ciclistas y motociclistas con mochilas coloridas que inundan las calles de las principales ciudades argentinas en plena pandemia. Buenos Aires es la meca. Llevan en sus espaldas los logos de Rappi, Glovo, Pedidos Ya o Uber Eats. Son la primera línea de servicio. Trabajadorxs precarizadxs y, al mismo tiempo, esenciales. 

Con la economía paralizada por la crisis sanitaria global y el arrastre de miles de puestos de trabajo perdidos en el período macrista, la calle parece ser la salida cuando "Quedate en casa" no es una opción de supervivencia para los bolsillos enflaquecidos. Un nudo difícil de desatar para un país que parece moverse a pedal.

 

El lenguaje de los CEOs

El Gobierno de Mauricio Macri no logró avanzar con su proyecto de Reforma laboral, aunque sentó algunas bases en la sociedad. No en vano se agitó tanto, públicamente, el discurso del emprendedurismo mientras el mercado laboral se contraía: "Como no hay trabajo, hay que autogenerarlo", parecía ser la consigna cambiemita. 

Las cifras muestran que entre 2012 y 2018, lxs trabajadorxs independientes (autónomxs, monotributistas y monotributistas sociales) aumentaron un 24,5 por ciento, frente a un 20,4 por ciento de incremento de lxs asalariadxs del sector público y un 4,3 por ciento de lxs asalariadxs privadxs. Otro dato: de cada 10 nuevos empleadxs registradxs en la Argentina desde 2012, casi cuatro corresponden a la categoría "independientes".

Son datos recogidos en el informe “Economía de plataformas y empleo: ¿cómo es trabajar para una app en Argentina?”, de 2019, que fue elaborado en conjunto por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), el BID Lab y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En el lenguaje empresario, las palabras tienen un vuelo especial: "Rappi nace con el entendimiento profundo de una realidad que estaba teniendo Latinoamérica, y entonces lo que encontramos acá es una posibilidad muy bonita de crear una plataforma que conectara a estos dos grupos poblacionales. Un grupo que tiene ciertos ingresos pero lastimosamente no tiene tanto tiempo; y un grupo bastante importante que tiene un poquito de tiempo disponible pero que lastimosamente no tiene suficientes ingresos para las cosas básicas de su día a día". Juan Sebastián Ruales, CEO de la colombiana Rappi, explicaba así –en una entrevista periodística– el funcionamiento actual de la Matrix. La balanza entre tiempo y dinero, ahora se dirime en los teléfonos inteligentes.

El desembarco en el país de las principales plataformas de envíos fue casi simultáneo: Pedidos Ya (fundada en Montevideo en 2009) arribó a comienzos de 2018, un poco antes que Glovo (Barcelona, 2014) y Rappi (Bogotá, 2015). Uber Eats, la división de repartos de Uber (California, 2009), estuvo operativa desde fines de ese año.

El mencionado informe señala que "aunque el fenómeno todavía presenta un desarrollo incipiente, el conjunto de usuarios-proveedores de servicios a través de plataformas digitales representaba en 2018 el 1% del total de ocupados de la Argentina". Esto quiere decir que unx de cada 100 trabajadorxs del país percibió ingresos por vía de las aplicaciones.

 

¿Cuánto vale una vida?

En el amplio universo de usuarios-proveedores que analiza el documento (163.704 activos en todo el país), el 82% (133.687) corresponde a la categoría “Trabajo físico de baja calificación”. Allí entran, por ejemplo, quienes trabajan por horas en casas particulares (el caso de la plataforma Zolvers) y también lxs repartidorxs de las empresas que bombardean con sus publicidades todos las plataformas posibles.

Matías Cremonte, presidente de la Asociación de Abogadxs Laboralistas, desarma la lógica empresaria para referirse a estos nuevos modos de empleo no registrado: "Los repartidores de plataformas tienen una actividad laboral típica, pero que está encubierta por el discurso del emprendedurismo. Supuestamente no son trabajadores, sino personas que pueden hacer tareas cuando tienen tiempo libre para generar un ingreso extra. El resultado es que esas personas trabajan mucho más que cualquier persona contratada de manera formal". 

Maxi Martínez, 49 años, repartidor de Rappi (como complemento de su trabajo de boletero de cine), cuenta que en una jornada de 10 o 12 horas de calle no llega a juntar 1.500 pesos de bolsillo. ¿Cómo se sostiene esa rutina? "A mí no me da el físico para pedalear 10 horas de corrido. Y los compañeros más jóvenes tienen esas jornadas larguísimas, están todo el día en la calle, llegan a sus casas, se van a dormir y tienen que estar listos para salir al otro día. Eso no es vida".

El 20 de mayo, cuando se cumplieron dos meses exactos del comienzo de la cuarentena obligatoria dispuesta por el Gobierno nacional, el sector del reparto informal ostentaba una estadística escalofriante: cuatro muertos, a razón de uno por semana. 

Con la multiplicación de accidentes fatales, también creció la necesidad de organizarse. Por eso distintos colectivos comenzaron a realizar medidas de fuerza: el 22 de abril hubo un paro internacional con caravanas en algunos puntos del país y el 29 de mayo se repitió la actividad.

 

La letra chica de la precarización

La Asociación Trabajadores de Reparto (ATR) encabeza el activismo en el sector, a pesar de que no tenga representación formal como sindicato. Los puntos principales de sus reivindicaciones:

1) 100% de aumento del  pago que reciben por pedido (ronda los 60/80 pesos) a cargo de la empresa.

2) Elementos de seguridad e higiene para enfrentar la pandemia.

3) Seguro para todos los Repartidores a cargo de las empresas que contemplen el pago o resarcimiento frente a las muertes o lesiones por accidentes o hechos de inseguridad.

4) Justicia por todos los compañeros fallecidos.

5) Desbloqueo de todas las cuentas bloqueadas injustamente y reincorporación de los despedidos.

En los contratos que lxs trabajadorxs firman con las empresas aparecen detalles curiosos. Por ejemplo, Glovo opera en el país a través del nombre de fantasía Kadabra S.A.S. y se compromete a brindar un servicio (la plataforma de pedidos) por el cual el Glover debe pagarle a la empresa.

De la lectura de ese documento de 18 páginas se desprende, por ejemplo, que "el Glover no tendrá relación laboral de dependencia o subordinación ni societaria, corporativa, de representación con Glovo, siendo ambas partes autónomas e independientes entre sí".

Son lxs propixs repartidorxs quienes deben estar inscriptxs como monotributistas para facturar, contar con seguro en caso de accidente y también costear los gastos derivados de viáticos, combustible y desperfectos mecánicos.

¿Y las plataformas que sostienen la Matrix? Un cartel sostenido en una de las protestas callejeras decía: "Mientras las empresas cuentan sus ganancias, nosotros contamos nuestros muertos".