"El estallido del 2001 fue clave para lograr derechos del movimiento LGTB"

por Revista Cítrica
Fotos: Enrique García Medina
15 de diciembre de 2021

María Luisa Peralta, activista lesbiana, evoca los recuerdos que marcaron su memoria durante el estallido social de diciembre de 2001. La represión, la situación social y la organización de las protestas.


La noche del 19 de diciembre de 2001 llegamos caminando a Plaza de Mayo. Estaba en pareja con Fabi Tron y vivíamos en San Telmo. Recuerdo que inmediatamente después del discurso de De La Rúa con la declaración del estado del sitio arrancaron los cacerolazos. Fue tan insultante ese discurso que la gente salió de inmediato. Había un montón de personas caceroleando y empezó a circular de boca en boca que había que salir.

Enseguida la plaza se llenó de gente, cuando anunciaron que Cavallo había renunciado todos festejaron. Al costado del Ministerio de Economía había unos andamios, me trepé y vi una panorámica de la plaza, las diagonales y la avenida llenisimas, es una imagen que no se me borra y vi como por el costado de la Casa Rosada llegó la policía, súper armadas, se pusieron en fila y empezaron a tirar gases lacrimógenos sobre la Plaza y a reprimir. Todo el mundo empezó a correr, algunos lo hacían por arriba de los autos estacionados porque no había espacio. fue una cacería.

La gente igual no se iba, se reagrupan y volvían. Me acuerdo de una señora en bata, chancleta y ruleros que se alejaba, agarraba un pedazo de baldosa del piso, volvía y la tiraba y atrás iban todos igual que ella.

La situación económica era un desastre, el movimiento piquetero ya tenía fuerza y fue el que generó una cantidad de organización social, que permitió ese sostenimiento precario de la vida, pero evitó que fuera todo infinitamente peor. Rápidamente ahí hubo también una confluencia de sectores, en un momento fue verdad lo que se cantaba: “piquete y cacerola, la lucha es una sola” duró poco, pero hubo ese espíritu.

El 20 de diciembre fue tremendo, reprimieron a las madres, estaban las noticias de los asesinados del día anterior y volvieron a reprimir. Cuando llegué a la 9 de Julio hacia Avenida de Mayo el paisaje era de guerra, todo el suelo cubierto de vidrios, cascotes, fuego y a medida que nos acercábamos a la Avenida de Mayo había más canas y también estaba la Policía Montada.

Las clases populares venían de una situación desesperante y, además, todo el tiempo había reclamos de distinto tipo, muchísima gente no llegaba a comer, había comedores populares por todos lados, reclamos de comida, de sueldo. Fue muy devastador y la gente tenía mucha bronca, angustia y también miedo de no saber cómo se iba a resolver esa situación que había llegado al límite. Cualquier medida que aparecía generaba más malestar.

Después de los días de muerte y represión las manifestaciones se mantuvieron durante todo el verano. Me acuerdo que íbamos todos los viernes a Plaza de Mayo, se llenaba de gente y nos gaseaban siempre. Había concentraciones frente a los bancos, también protestas frente a Clarín, mucha gente dejó de comprar el diario y fue un momento de auge de medios independientes.

En ese momento, para todos los que estábamos en el activismo, nuestro único medio de comunicación era Indymedia porque tenía una plataforma de publicación abierta que te daba información en tiempo real. Indymedia fue súper importante, lo que hicieron fue muy novedoso en ese momento y nos dio una herramienta muy valiosa a quienes estábamos en la movilización social. Era el único medio que era sostenido por militantes y donde todo el mundo podía publicar, pero para hacerlo teníamos que ir a un locutorio o a un ciber.

Los fotógrafos subían fotos pixeladas de los militantes reprimidos porque eran momentos de mucha persecución. A la gente del primer cordón de la marcha o el piquete la marcaban y los iban a buscar. Había asesinatos todo el tiempo en los piquetes de parte de las fuerzas de seguridad o militares y a veces eran civiles con poder entongados con la policía.

Cuando íbamos a cualquier manifestación llevábamos un pañuelo, una bolsita con limones cortados y agua para lavarnos los ojos porque todos sabíamos que nos iban a reprimir y también llevábamos el habeas corpus por si había que ir a sacar a alguien detenido. Correpi hizo un trabajo grandísimo, como siempre, de sostén frente a la represión dando herramientas.

Para el movimiento LGTB esos años de movilización fueron claves, en diciembre de 2001 no teníamos tanta organización, pero lo que pasó después y si el kirchnerismo aprobó las leyes que aprobó, es porque el terreno estaba preparado. Los años siguientes al 2001 son el sustrato que posibilitó lo que se hizo durante el kirchnerismo.

Hay mucha gente que eso no lo admite porque parece que todo empezó cuando un buen día Néstor se levantó y dijo “tengo una idea genial, voy a proponer matrimonio igualitario”.  No fue así, por supuesto, que fue un gobierno receptivo y que dio lugar a esas demandas, pero es lo que se supone que corresponde, que los gobiernos hagan lugar a las demandas de los movimientos sociales. El movimiento LGTB para ese momento tenía 40 décadas de activismo, tenía demandas articuladas y además había construido mucho durante los años posteriores al 2001 con la lucha y la efervescencia social.
 

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