“Argentina es un país racista, está en su ADN”

por Mariana Aquino
Fotos: Juan Pablo Barrientos
26 de agosto de 2020

La referente del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, denuncia la complicidad del Estado con los proyectos extractivistas que amenazan los territorios ancestrales, la represión de las fuerzas de seguridad y la indolencia de una sociedad que es “racista y segregacionista”.

Moira Millán es referente del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir. Desde allí denuncia cada una de las injusticias que sufre el pueblo mapuche, al cual pertenece, pero también se une a otras mujeres indígenas que por primera vez se empiezan a organizar para defender sus territorios del extractivismo, los desmontes, las violencias y los desalojos; en favor el agua, la tierra y la vida en un país que niega de sus raíces.

--¿Argentina es un país racista?
--Argentina es un país racista porque ha nacido y se ha construido así. Está en su ADN el racismo. Por eso tenemos que empezar no solamente a interpelar sino a  ir deconstruyendo  y destruyendo todos esos cimientos que sostienen ese imaginario social. Hay dos categorías que se entrecruzan y van generando este escenario de muertes por odio: racismo y segregacionismo. El racismo es una conducta social que está moldeada desde una estructura ideológica. En este caso los Estados Nación y la cultura dominante han creado la visión de supremacía blanca por encima de la otredad, de los otros pueblos que tienen otro color de piel. Pero esa idea, esa construcción ideológica, parte hace muchísimo tiempo cuando se va separando esta matriz civilizatoria. Al racismo se lo ve como un fenómeno nuevo pero es antiquísimo.
Esto es segregacionismo político, que es la política del Estado para sostener y mantener esa supremacía blanca sobre los cuerpos racializados. Todes les hermanes indígenas, por ejemplo, que están en las ciudades no fueron allí por elección, sino porque no les quedó otra, porque fueron despojados. Hubo expulsión violenta porque todos sus territorios han sido devastados. Tenemos que empezar a hacer un activismo muy fuerte, en las calles, desalambrando y liberando los territorios. Y en las grandes ciudades interviniendo el espacio público para generar memoriales. Me gustaría, por más que me lleven detenida, llenar de pintura roja el monumento de Julio Argentino Roca y ponerle genocida violador y asesino, y cuantas veces sea necesario hasta que podamos desmonumentalizar. 

--¿Cuál es el rol del Estado y las demandas que ustedes mantienen frente a él?
--Hay una gran responsabilidad política de los Estado Nación y también hay una urgente necesidad de empezar a deslegitimar la legalidad de estas políticas racistas. Empezar a interpelarlas. Y me parece que no puede haber una lucha antirracista que no sea una lucha antisistémica y antipatriarcal. No es una cuestión de racismo solamente sino de ideología. En esa intencionalidad del Estado de aniquilarnos, buscan fundamentalmente no solo un genocidio sino un aniquilamiento ideológico. Porque los pueblos indígenas tenemos nuestra visión del mundo, distinta a la visión dominante. Y somos hoy, en plena crisis civilizatoria, planetaria, una oportunidad. Una oportunidad de construir un nuevo modo de vida, El Buen Vivir como derecho, decimos.

 

“El Estado nos criminaliza, persigue y demoniza. Busca que la gente que tiene un poco de simpatía por los pueblos originarios encuentre el lado oscuro de nuestra lucha”

Para callar esas voces, para boicotear esas propuestas que construirían esa nueva matriz civilizatoria, es necesario meter bala, y es lo que hace el Estado. Criminaliza, persigue, demoniza o va  tratando de demonizarnos. Busca que la gente que tiene un poco de simpatía por los pueblos originarios encuentre el lado oscuro de nuestra lucha, que por supuesto es una fantochada que ellos inventan. Entonces todo el tiempo se dice “mapuche terrorista”.
Hablar de reparación histórica es una aberración. No hay forma de que el Estado pueda reparar todo el daño que nos hizo. No solamente el despojo territorial, las muertes, porque hubo genocidio, sino también porque esos territorios han quedado totalmente devastados. Si tuviéramos que enjuiciar al Estado Argentino, por estos más de 200 años de administración de nuestros territorios que ha invadido, el Estado argentino no tendría cómo pagarle a los pueblos indígenas por la devastación que ha hecho. El Estado argentino no tiene autoridad moral para decirle nada a los pueblos indígenas. 
 

--El racismo es preexistente incluso al Estado Nación. Los pueblos originarios lo sufrieron desde la llegada de los europeos a estas tierras ¿La reproducción de la historia oficial en el modelo educativo argentino es lo que mantiene vivo ese ADN racista?
Sin dudas. Para entender cómo se ha ido enquistando el racismo en todas las estructuras debemos mirar la participación del modelo educativo. Porque siempre discutimos el presupuesto educativo, los sindicatos llamando a apoyar la lucha, pero nunca se ha discutido la estructura educativa, la ideología de la educación que ha reproducido dos ideas: una, que los pueblos indígenas ya no existimos, fuimos todos aniquilados y hoy la Argentina es un criollaje resurgido por una raza venida de los barcos europeos. Dos, la visión de que los pueblos indígenas no tenemos nada para aportar más que nuestra miseria y nuestra pobreza. Esas dos visiones, una muy paternalista y otra completamente racista y de odio, son las que se han propagado, incluso en textos oficiales dentro de la estructura educativa. 

--Y los medios de comunicación han hecho también su parte en la reproducción de esa falsa premisa de que “el pueblo mapuche es terrorista”...
--Los medios, los hegemónicos y masivos, siempre han sido funcionales a quienes detentan el poder de turno. Estos medios contribuyen a hacerle el lavado de cerebro a la gente, a mentir y crear falsedades. En estas campañas de mentiras toman situaciones reales, las sacan de contexto y las convierten en apología de odio contra nosotros. El gobierno que recién se fue hacía de la apología del odio una forma de gobernabilidad y utilizaba todo el presupuesto para salir a matar a los pueblos indígenas. No es que el racismo haya tenido un rebrote, es que el sistema capitalista y el poder están viendo con mucha preocupación la alianza entre los pueblos indígenas, los luchadores ambientales, los movimientos de mujeres. Hay distintos emergentes sociales que están diciendo basta a este sistema de muerte. Y lo que necesitan es empezar a debilitarnos. Como no pueden ir contra todos de manera masiva, piensan ir dividiendo ese gran cuerpo social para golpearnos y aniquilarnos de a poco.

“No puede haber una lucha antirracista que no sea una lucha antisistémica y antipatriarcal”

--¿La lucha que impulsa la Nación Mapuche contra la explotación de los recursos naturales es lo que les ha transformado en “el enemigo interno”?
--Lo que está pasando con la pandemia permite que podamos hablar de terricidio con más sensibilidad en la audiencia. Pero esto es un plan siniestro y perverso que no se origina ahora en las últimas décadas; es un plan que viene de siglos y que tiene que ver con esta visión de la cultura dominante, de querer destruir todo. Creer en el antropocentrismo, que el humano es el centro de todo el universo, entonces nos llevamos puesto todo. Nos llevamos puesta al resto de la naturaleza. Y ahí aparece la peligrosidad de nuestra ideología como pueblo mapuche, como pueblos indígenas. Es que nosotros planteamos que el buen vivir es la reciprocidad entre los pueblos y para con la naturaleza. Entonces ponemos al resto de los seres, al resto de las fuerzas que cohabitan los territorios, en el mismo lugar de importancia de vida que tiene el ser humano, entonces eso es peligroso. Porque los pueblos indígenas vamos a salir a defender los ríos, vamos a salir a defender las montañas, la selva y entonces nos vamos a convertir en un tampón frente a la avanzada extractivista. El terricidio propone muerte y no ha habido un solo gobierno que tome la agenda indígena.

--Las fuerzas de seguridad tuvieron un rol fundamental en muchos hechos represivos contra el pueblo mapuche, ¿crees que ese accionar se relaciona con los intereses de las empresas extractivistas?
--Hay cantidad de casos de represión y asesinato que no han tenido en este tiempo justicia. Rafael Nahuel es uno de esos casos. Para mí las fuerzas de seguridad de este país y de otros países seguramente, no está integrada por trabajadores. Un policía no es un trabajador del Estado, es un sicario. Son sicarios que defienden los intereses de las empresas extractivistas y los Estados se han convertidos en sucursales administrativas de estas empresas. Entonces no podemos creer que este Estado, con esta estructura, vaya a resolver las necesidades de nuestros pueblos. Yo creo mucho en la autogestión de nuestros territorios. La libre determinación de nuestros pueblos, pero que empieza ahí en la autogestión de nuestros territorios. Creo que vamos a tener que crear de manera muy inteligente alternativas de justicia. Y la justicia se repara donde el círculo ha sido quebrantado.  El Estado nunca repara nada.

--¿Crees que se puede conseguir la reciprocidad entre los pueblos y el respeto a la naturaleza?  
--Hay una indolencia absoluta de la sociedad argentina frente al dolor de las madres, porque nuestros hijos pueden ser blanco de las balas, generalmente de uniformados; las niñas indígenas sufren el chineo, esta violación que se hace justificándose como si fuera una expresión cultural, cuando en realidad es parte de la esclavitud y la violencia y el coloniaje que aún pervive en los territorios indígenas, y la situación de represión y muerte de hermanos como Rafa Nahuel o Ismael Ramírez, que lamentablemente sus causas han quedado impunes.  Otro aspecto de este racismo, de la cartografía racista de este país.
El movimiento de mujeres indígenas sale todo el tiempo a luchar frente a la violencia represiva, contra la violencia institucional y la violencia intracomunitaria porque violan a nuestras niñas y matan a nuestros niños. Nuestras hermanas salen a denunciar todo el tiempo con el cuerpo y a defender la vida de los territorios contra el extractivismo y también contra el hambre.

“Hay distintos emergentes sociales que están diciendo basta a este sistema de muerte” 


Pero la lucha antirracista es una lucha fundamentalmente antisistémica, es una lucha contra el terricidio y es una lucha en la que todos nos tenemos que comprometer. ¿Cuál es el peligro ahí? Que si todes les argentines empiezan a asumir que estamos frente a la categórica realidad de que somos naciones sin estado, naciones con los territorios invadidos, con una fuerte ocupación militar, económica  y administrativa sobre nuestros territorios, eso va a implicar que tengamos que refundar este país y plantear entonces, frente a la plurinacionalidad de los territorios, cómo vamos a cohabitar.

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