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Un año sin Cinthia Choque: el recuerdo de sus compañeres y el poder que pretende olvidarla

por Mariano Pagnucco
Fotos: Federico Imas
08 de septiembre de 2020

La agente de tránsito precarizada fue asesinada por el periodista y productor de televisión Eugenio Veppo el 8 de septiembre de 2019. Hoy se realizó un ritual en su memoria. Mientras el Gobierno de la Ciudad le sigue negando los derechos a sus trabajadores.

Esta tarde en Figueroa Alcorta y Tagle, barrio de Palermo, hubo un ritual de memoria por Cinthia Choque, asesinada un año atrás en ese mismo lugar mientras realizaba controles de alcoholemia como agente de tránsito precarizada. El periodista y productor de televisión Eugenio Veppo, que manejaba un auto a toda velocidad la madrugada del 8 de septiembre de 2019, hoy recurre a la Justicia y a la desmemoria social para poder conseguir la prisión domiciliaria.

Por eso tienen sentido los globos blancos que se sueltan al aire, tantos como los meses de impunidad entre aquel ocho de septiembre y éste. Por eso también las lágrimas de familiares y colegas que le hacen frente al duelo con fotos y pancartas. El hueco de esa ausencia incluye a dos hijas.

Quien no olvida tampoco es Santiago Siciliano, el otro agente atropellado en esa ocasión que atravesó varias operaciones en su cuerpo para sobreponerse a las secuelas. Hoy no pudo estar en el homenaje porque el destino se puso áspero con la fecha fatídica: esta mañana murió su papá. 

El jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, tuvo un gesto con Santiago y mientras convalecía de sus internaciones lo premió con un pase a planta temporaria. Sobreviviente sí, pero no precarizado, como era su condición hace un año y como es la condición de la mayoría del cuerpo de agentes de tránsito de la Ciudad.

Cuando el año pasado los agentes protestaron tras la muerte de Cinthia, el gerente Leandro Ricciardi les que no podían hacer medidas de fuerza por ser monotributistas y que Cinthia no iba a volver. Larreta ascendió a Ricciardi.

Silvio Piera era compañero y amigo de Cinthia: “Es terrible ver que en todo este proceso, que se abrió hace un año, no hay cierre. Sabíamos que nos metíamos con gente pesada, pero ahora con la pandemia se agravó la situación”.

La gente pesada ocupa cargos públicos, como Leandro Ricciardi, que en la mañana lluviosa del ocho de septiembre, cuando la indignación de tantxs laburantes precarizadxs (alrededor del 70 por ciento sobre un plantel de 2.700 personas) ganó la calle, hizo valer su cargo de gerente operativo de la Dirección General del Cuerpo de Agentes de Control de Tránsito y Seguridad Vial. Ricciardi les dijo, primero, que por ser monotributistas no podían realizar medidas de fuerza sindicales y les dijo, también, que Cinthia “no va a volver”. Una vez más, el jefe de Gobierno tuvo un gesto en medio del lío: a comienzos de este año Ricciardi fue ascendido a director general del Cuerpo de Agentes de Tránsito.

La gente pesada también tiene personería gremial, como el Sindicato Único de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (Sutecba), que como muestra de solidaridad ante tantos contratos basura optó por apretar... a quienes comenzaban a organizarse gremialmente en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), el sindicato que desde hace un año viene sosteniendo medidas de lucha y presentaciones judiciales a favor de lxs agentes. “Sutecba tiene personal jerárquico en los ministerios”, señala Silvio, como para dejar en claro que en algunos asuntos de la política no hay grieta.

Entre los fallos judiciales favorables, en noviembre pasado la Dra Patricia Graciela López Vergara, del Juzgado en lo Contencioso Administrativo y Tributario N° 6 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, expresó que el Gobierno porteño “deberá abstenerse de agravar y/o socavar y/o desfavorecer el vínculo que contractualmente refleja la situación laboral que mantiene a la fecha con los Agentes de Tránsito”. Asimismo, instaba a las autoridades a garantizar las condiciones de seguridad adecuadas al cuerpo de agentes y a llevar a cabo el pase a planta transitoria de lxs precarizadxs.

Larreta tuvo un nuevo gesto: la primera semana de enero hubo despidos masivos. En verdad, fueron no renovaciones de contratos, como se le dice en la jerga de la precarización a la suspensión del vínculo laboral informal. Quedaron más de 100 en la calle, entre ellos Silvio. Creer o reventar, la lista del desempleo incluía a una mayoría de quienes comenzaron una militancia gremial para mejorar sus condiciones de trabajo.

Con el partido volcado al terreno judicial, luego llegó la pandemia y el parate. El Gobierno de la Ciudad no atendió los fallos en su contra y el grupo de agentes sin trabajo quedó a la espera un desenlace incierto, entre el acompañamiento de ATE y la solidaridad social que se traduce en bolsones de comida y donaciones para sobrellevar este momento.

La realidad laboral de lxs actuales agentes también está enrarecida, ya que una parte fue desplazada de sus antiguas tareas para desempeñarse como asistentes de la Policía de la Ciudad, sin capacidad para librar actas ni infracciones de tránsito. Los aprietes de la burocracia sindical y las amenazas de nuevos despidos no han terminado, porque Larreta y compañía cuentan con la carta de la informalidad laboral para disciplinar las denuncias.

¿Cuánto tiempo dura un año? En el ritual de memoria organizado en Figueroa Alcorta y Table, un año se mide según la vorágine informativa, que pandemia mediante ya no escandaliza a la opinión pública con flashes noticiosos que hablan de la muerte de una trabajadora precarizada. 

O quizás se mida en el suave ascenso de los globos blancos al cielo, una ofrenda posible para Cinthia. O tal vez en el silencio de esas presencias que no se resignan al olvido. 

O simplemente en la cuenta regresiva para el próximo año electoral, que otra vez tendrá a Larreta como figura central de la política argentina, hasta que llegue el momento de su candidatura presidencial.

Cualquier parecido con la historia reciente...