Celebramos 150 ediciones de la revista y 15 años de cooperativismo en buena compañía. Debate sobre futuros deseables, encuentro con nuestra comunidad y la certeza de que no caminamos en solitario.
Hubo encuentro con nuestra comunidad, debate con invitadxs de pensamiento inquieto, abrazos con compañerxs de varias batallas y hasta infancias jugando mientras todo lo demás sucedía. La celebración por las 150 ediciones de la revista y los 15 (en camino a 16) años de cooperativismo tuvo condimentos que mejoraron cualquier anhelo previo.
Nos juntamos el viernes 14 de agosto en la sala Jacobo Laks del Centro Cultural de la Cooperación con una invitación precisa: celebrar el camino y pensar colectivamente cómo seguimos. En la mesa de oradores estaban Guillermo Folguera, Esther Díaz y Sol Despeinada. Una excusa para hablar de periodismo, autogestión y, de paso, futuros deseables para el país.
“Crecimos mucho. Nos hicimos un hueco en la complejísima esfera mediática y pública. Formamos una comunidad que nos quiere, nos agradece y nos banca. Para algunos puede parecer poco: para esta cooperativa, es un montón. Que sigamos ya es motivo de orgullo y celebración”. En las palabras de apertura del encuentro, nuestro compañero Mariano Pagnucco leyó el texto editorial de la edición impresa número 150.
También habló de la confianza en el futuro con la que empezó este proyecto periodístico cooperativo, cuando un grupo de compañeros y compañeras (a los que él bautizó amistosamente “Los Socios del Desierto” porque “salieron a sembrar cuando no había ninguna certeza”) que quedaron sin trabajo tras el cierre del diario Crítica de la Argentina, decidieron poner en marcha una cooperativa. El proyecto fallido del diario duró dos años y la cooperativa ya tiene casi dieciséis años de existencia. ¿Cómo no confiar en el futuro que puede inventarse en el presente?
Memoria y sincronización
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Esther Díaz, epistemóloga, feminista punk y representante de la vejez expansiva, fue la primera en tomar el micrófono. Habló de la necesidad de trabajar en la concientización de la juventud que está desconectada de la historia nacional. Contó un episodio con su peluquero en la previa a las elecciones presidenciales: “Me decía que iba a votar a Milei, 'porque me meto en TikTok y todos dicen Milei, Milei, Milei'. Bueno, vos te metés en TikTok, ¿pero te pensás que es como votar en Gran Hermano, una votación por diversión?”. Ese mismo peluquero le preguntó ingenuamente: “Si Perón era tan bueno, ¿por qué se fue?”.
Sobre los horizontes argentinos, dijo: “Si yo pudiera intervenir, incluso con ustedes, que son jóvenes y que tienen fuerza para hacerlo, yo quiero un futuro mejor. En mi vida viví seis golpes militares, o sea, seis gobiernos ilícitos, sin hablar del último que ya fue una carnicería, honestamente. No creí que a mis descendientes les iba a dejar otra vez una patria en peligro, porque otra vez nuestra patria está en peligro”.
Sol Despeinada, médica y divulgadora de temas de Educación Sexual Integral (ESI), puso el foco en la agenda feminista y la dificultad de unificar las luchas. “La conversación más larga que se puede tener dura una semana en este país, y se terminó esa semana y cambiamos de tema. Bueno, esa semana hay que agarrarse fuerte del tema y exprimirlo como una naranja”, opinó. Resaltó la necesidad de estar “sincronizadas” en la agenda, para que la dispersión de frentes no apague la potencia de la militancia.
Desde su mirada, el tema urgente es claro: “Observo, analizo y pienso lo siguiente: ¿qué agenda ha sincronizado el feminismo, por lo menos en el último tiempo? La agenda de la violencia, no la agenda de 'estamos endeudadas con el FMI'. ¿Qué le voy a pedir a la señora que están cagando a palos todos los días? ¿Le voy a pedir a esa señora que salga a la calle a pedir porque las mujeres estamos endeudadas con el FMI? No le representa ese reclamo hoy. La violencia es una urgencia, porque matan todos los días, porque violan, porque abusan, porque todo lo que seguramente ya saben. Esa observación de la agenda del feminismo, de la violencia, la venimos repitiendo pocas feministas que hacemos comunicación, por lo menos en redes sociales”.
Sol rescató tres elementos prioritarios para poder construir colectivamente: compartir ideas, tiempo y espacios comunes. “Por lo menos sincronicemos la indignación. Capaz que a vos te indigna más que están talando árboles, a mí me indignan los femicidios y a alguien más le indigna otra cosa. Bueno, bárbaro, todo bien: establezcamos prioridades. Pero esa conversación no la vamos a tener nunca porque no tenemos ni espacios en común, ni tiempo en común, ni ideas en común. Cítrica tiene esas tres cosas y por eso logra materializar algo maravilloso, pero el resto de muchos otros activismos, otros espacios no tienen esa posibilidad”.
No a la vida bancarizada
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Guillermo Folguera, biólogo, filósofo y caminante de los territorios donde se construyen alternativas socioambientales contra el extractivismo, hizo un elogio del enojo como motor de transformación: “En algún lugar, la ira y el enojo implican los NO. John Berger dice '¿cuántos SÍ hay detrás de los NO? Una comunidad que le dice que no a una topadora, que le dice que no a destruir un humedal, en el fondo está diciendo 'quiero vivir así'. Hay una ratificación de una forma de vida, y que quizás no es la que está efectivamente viviendo, sino que está recordando lo que vivió de niño o de niña”.
Para Guillermo, “Milei no está enojado: Milei está celebrando, actúa frente a la cámara”. En cambio, en la Argentina hay enojos para reivindicar: “El que grita fuera las mineras cada sábado a la tarde en Andalgalá, el que el otro día estaba en la Plaza de Mayo combatiendo las balas de goma de la cana, el que no acepta que una mujer sea asesinada cada 48 o 72 horas”.
En un tramo del intercambio, uno de los asistentes preguntó si no sería conveniente alguna vez usar las herramientas del poder concentrado en beneficio de las mayorías, como la explotación de los bienes naturales. Folguera tomó la palabra: “Yo tengo la sensación de que nos quedamos atrapados con la idea de que Argentina funciona como un banco, y que la discusión es, en todo caso, si es el Banco Galicia o el Banco de la Nación Argentina; pero seguimos pensando que la lógica es bancaria. Seguimos pensando que lo que tenemos que hacer es recaudar dinero. Seguimos pensando que cuando miramos un lago... ¿con qué le podemos sacar provecho? Seguimos pensando que a la puna es cuestión de sacarle litio para exportarlo. Si lo hace una empresa norteamericana, entregada por Milei, es malo; pero si lo hace una empresa argentina... ¿Cuánto fue que nos transformamos en un banco?”.
Luego profundizó su visión: “En algún lugar nos pusieron a jugar un juego que no entendemos, que no sabemos qué hacer, que estamos dejando literalmente nuestros cuerpos en el camino. Estamos viendo, por ejemplo, que el cáncer, que históricamente era una enfermedad de la vejez, vinculada con el envejecimiento celular, hoy es básicamente un problema de edades medias, y sabemos que eso no existía hace 40 años. Argentina cambió los patrones de enfermedad y muerte, y eso trasciende a Milei. ¿Quién está discutiendo los patrones de enfermedad y muerte en nuestro país? ¿Quién está discutiendo la educación? Parece lógico que sea la Inteligencia Artificial la que moldee la cabeza de nuestros pibes y pibas en el futuro. ¿Quién está, en serio, discutiendo? Obvio que lo están metiendo para abaratar, porque Milei tiene eso en la cabeza... Ahora, nuestras cabezas, ¿qué tienen respecto al tema educativo? ¿Qué les estamos proponiendo a estos pibes y pibas a 10, 15, 20 años?”.
¿Es posible superar esta mirada economicista? “Yo creo que esto se puede revertir, pero me parece que en algún lugar tenemos que ser capaces de verdaderamente dejar de pensar como bancos. Lo que estoy diciendo es que el lago, la laguna, la ciudad, mucho antes que ser generadores de dinero, son lugares donde hay vida. Y eso es la prioridad de un territorio, no generar dólares”.
Una generación paridora de nuevos horizontes
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Mientras la palabra circulaba en un entorno cordial de intercambio y discusión sobre los problemas actuales y los pronósticos de futuro, en la sala había infancias jugando. Estaban allí acompañando a mapadres presentes en la celebración. Mariano Pagnucco tomó la palabra nuevamente y recordó que “entre las cosas que sucedieron en estos años de la cooperativa, también nacieron nuestros hijos y nuestras hijas”. Y el micrófono pasó a Martina Noailles, delegada embarazada durante el conflicto del diario Crítica y actualmente al frente de la Secretaría de Derechos Humanos del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA).
Martina: “Hoy cuando les dije a mis hijas 'voy al aniversario de Cítrica', mi hija Juana dijo 'cumplen 15, ¿no?, porque yo estoy por cumplir 16'. Es impresionante también esa circularidad, poder pensar que en aquel conflicto parimos una hija, parimos un sindicato muy poquito tiempo después y parimos mucha y muy necesaria organización sindical, que incluyó a los medios autogestionados, y eso era una deuda pendiente. Los incluyó como trabajadores y trabajadoras, no simplemente para dar una mutual o una obra social, que también es sumamente importante; pero no había inclusión en el sindicato anterior como trabajadores y trabajadoras. Esa falta, esa ausencia hizo que pariera esta generación que después parió Cítrica. Es la generación que parió un sindicato, exactamente la misma. Y creo que el germen es el mismo: organizarse, militar por las cuestiones colectivas, hacer un periodismo comprometido, profesional”.
Al comienzo del camino cítrico no había certezas sobre el futuro, pero esa incertidumbre se resolvió andando y haciendo (periodismo). El abrazo de tanta gente querida que nos acompaña en el día a día es la mejor apuesta por los futuros que debemos construir. Que son inciertos también. Pero sabemos que no caminamos en solitario para alcanzarlos.
Lo que aprendimos del periodismo cítrico
Con la excusa de las 100 ediciones de la revista impresa, hacemos un balance del camino recorrido y los horizontes que queremos construir desde esta vereda de la comunicación y la vida. Una historia de 12 años con la guía de maestras y maestros, compañeres de trinchera y la certeza de que el periodismo se construye desde los territorios.
Nace UMA: la fuerza de la unión de medios autogestivos
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La pandemia vino a evidenciarnos, una vez más, cómo se divide el mundo. Una reflexión sobre las desigualdades que cristalizó el Covid-19 y sobre el rol de los medios autogestivos en un contexto dominado por la lógica del clickbait y el contenido basura.
