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Autogestión de puño y letra

por Lautaro Romero
17 de mayo de 2018

Escritores y escritoras encontraron en la autogestión un medio para sobrevivir y escaparle al monopolio de los tanques editoriales. Las dificultades por la crisis del sector y cómo seguir en este contexto.

A Javier Mascaro no se le borra más la imagen de sus compañeros y compañeras a pura risa, cuando la profesora de lengua y literatura eligió su texto para leer en voz alta. La historia de una lombriz con ánimos de resistencia, que reniega de ser carnada y termina siempre enroscada en el anzuelo. Dice que le gustó la sensación disparatada de hacer reír, escribiendo.

Diego Arbit revela que antes de escribir, ya hacía poesía oral. Recuerda con entusiasmo, como si fuera el primer día, las horas de trasnoche pegado al micrófono en la radio de Paso del Rey, improvisando versos. Su primer “trabajo serio”. Porque los escritos llegaron después, con el tiempo.

Para Dafne Mociulsky, casi que no hay noción del tiempo. Su amor por los libros fue a primera vista. Desde chica ya gustaba de la ficción y el dibujo, de inventar historias y personajes. Y a los 19 años, por alguna “suerte inesperada”, publicó “La escalera”, su primer libro de cuentos. 

Hoy, Javier, Diego y Dafne, no imaginan su vida sin un libro en la mano. Suyo o de un amigo. Para encuadernar y editar. Leyendo para sí mismo. O bien haciéndolo en público, gesticulando y acentuando los remates para enriquecer el relato. Tampoco ven en el horizonte otro camino que no sea el de la autogestión. Cuentan que de eso hubo mucho en los comienzos de la FLIA (Feria del Libro Independiente y Alternativa), allá por el 2006. 

Nos dimos cuenta que éramos muchos y que ya nos conocíamos de andar vendiendo libros por ahí.

Arbit, uno de los iniciadores de esta movida de escritores y editores independientes en Capital, resalta su horizontalidad. Que no hay jefe. Y trabajan todos a la par. Mociulsky, también forma parte de esa generación que salió a las calles, aunó fuerzas y resistió el caos, en un país a la deriva luego de la crisis socio-económica y cultural, que explotó en diciembre de 2001. Con ello, el auge de las fábricas recuperadas, las editoriales independientes y los blogs como canales de resistencia. Dafne, rememora cuando se juntaron para organizar una contraferia, afuera de la feria del libro oficial. “Nos dimos cuenta que éramos muchos y que ya nos conocíamos de andar vendiendo libros por ahí”, cuenta.

Para el ser inquieto la venta ambulante termina siendo un medio de supervivencia más confiable que el mercado convencional. Así lo entiende Arbit, quien comenzó distribuyendo su trabajo en bares y facultades: “Conseguir que una editorial te edite y te pague los derechos de autor, es casi como ganar la lotería. Si hay una razón por la cual las editoriales argentinas editan a escritores argentinos, es porque eso les da una cantidad de funciones de impuestos que les permite editar otros libros que sí les da dinero. Como son los best-seller, autoayuda. Y además de eso, una vez que conseguís que te editen, lo más probable es que vendas menos libros, y tengas menos lectores, que los que tendrías si salieras vos a vender tus libros”.

Dafne Mociulsky reconoce que en un principio, su carrera como escritora independiente se vio colmada de incertidumbres: “Mandaba a concursos, averiguaba en editoriales convencionales y todo eso me puso muy impaciente, así que me cansé de que no pasara nada y, con prueba y error, comencé a hacer mis primeros libros”. Así nace Daniuhska Ediciones. Siempre bajo la línea de lo autogestivo y, en su caso, del uso de material reciclado. “El recicle es el obsequio de la urbanidad, por un lado reduzco humildemente la basura y por otro obtengo tapas buenas, resistentes y con el encanto de que cada una sea diferente e irrepetible”.

Ser independiente me da posibilidades de abarcar más cosas, tanto desde el mensaje como del discurso.

En su libro “Mejor vayamos en bici”, Javier Mascaro habla de sacarse los audífonos, y dejar caer una canción por el camino. De pedalear suelto de pensamientos, e improvisar mientras pega el viento en la cara. Es lo que hizo, cuando sintió que su obra estaba escrita para ser leída: se volvió también editor. Y así vivió varios años de su arte. Pero por  estos días, no puede darse ese lujo: en Del Refalón Ediciones, ya no editan tantos ejemplares, y encima han bajado las ventas.

Mociusly, quien viaja a dedo y hace los libros a mano, sufre con las fotocopiadoras y las imprentas. No dan los números: “Esto no deja mucha plata y básicamente vendo libros para seguir haciendo libros y lo justo para vivir yo”.

Diego Arbit es otro ejemplo de artista todo terreno. Además de escribir, hace poesía oral, teatro y da talleres individuales y grupales. “En la literatura hay música. Las palabras tienen ritmo y sonoridad. Ser independiente me da posibilidades de abarcar más cosas, tanto desde el mensaje como del discurso”, asegura. Diego no bromea cuando dice que a sus alumnos no los deja vivir. ¿Lo que más les exige? Que colaboren con sus compañeros. “Si aprendés a empatizar y acompañar la búsqueda de otras personas, vas a tener trabajo, porque van a necesitar de tu experiencia. Y  no es pegarla en un lugar. Hay muchos tipos de trabajo. Podés redactar cartas, corregir una novela, vender tus libros, hacer presentaciones”.

Entienden que el formato de la literatura va cambiando, “siempre adaptándose a lo cotidiano”. Como lo son el papel, y el e-book. “No todos se vuelcan a lo digital por ser más accesible”, considera Mascaro. Para Dafne, “el libro como cosa tiene muchxs amantes que lo mantendrán vivo. Posee un contenido no maleable, es un archivo que no se modifica. Es importante que la bibliodiversidad emergente pueda expresarse y difundirse, y lo impreso siga formando parte de las revoluciones”.

Esto no deja mucha plata y básicamente vendo libros para seguir haciendo libros y lo justo para vivir yo.

Y lo seguirá siendo gracias a su trabajo, el de Diego, Javier y muchos y muchas más: darle valor a lo artístico más allá de lo material, y por sobre todo, difundir libros que el mercado editorial no promociona y no busca.