“Cada insulto que recibo hace que mi contenido llegue a más personas”

por Estefanía Santoro
Fotos: Rodrigo Ruiz
19 de abril de 2024

Gabriela Ivy, militante política que agita las aguas digitales en TikTok, supo generar un espacio propio en las redes sociales para desarmar los discursos de odio. Acá nos habla de los ataques cibernéticos, de cómo surgió el término “liperpijis” y del riesgo de la pasividad peronista durante el gobierno de Milei.

“¡Cambio, cambio!”, se escucha a las dos de la tarde en la esquina céntrica de Lavalle y Suipacha. Gabriela Ivy, labios pintados de rojo en combinación con sus rulos, camina por la senda peatonal. “Vamos, seguí así”, le dice un joven que se para para saludarla. Dos cuadras más adelante, otra mujer le da un beso en la mejilla. “Te sigo en redes”, le cuenta mientras sonríe y le agradece por sus contenidos.

Cuando Gabriela termina su jornada laboral en sistemas, se relaja y habla de política a cámara, con una rapidez y una dicción dignas de locutora de radio. Generaliza en femenino, analiza la realidad, informa y combate el odio del ejército de trolls liberales-libertarios con su lengua filosa y una pizca de humor. Acuñó el término liberpijis para referirse a los militantes de Javier Milei y lo registró.

Nacida y criada en José León Suárez, en una familia conservadora de clase media baja, a Gabriela nunca le fue fácil expresar libremente su identidad. Cuando en 2020 comenzó su transición se dio cuenta que había muy poca información sobre cómo conseguir hormonas o cómo hacer un cambio registral. Casi como un servicio a la comunidad, empezó a publicar videos en YouTube con data confiable sobre cómo llevar a cabo esos procesos y trámites. El público al que llegaba era muy acotado y decidió incursionar en la red social TikTok, donde en poco tiempo se popularizó.

“En esa red descubrí el verdadero hateo. En YouTube, al no llegar a mucha gente, no había eso. En TikTok, en cambio, tenía las bardeadas típicas que recibe una persona trans, me decían desde 'tipo disfrazado' hasta 'planera' porque siempre se da por sentado que vivo del Estado. Lo que tiene de bueno TikTok es que podés responder con videos y mostrar cómo son las cosas realmente, mientras que la otra persona queda reducida a un simple comentario”, explica.

En 2021, Gabriela comenzó a estudiar Ciencia Política y su contenido en redes se volcó al análisis de la coyuntura, donde predijo el daño que causaría a la población un Gobierno de ultraderecha como el de Milei. Sus seguidoras aumentaron al igual que el odio que recibió, ya no solo por su identidad trans, sino también por expresar su pensamiento político en contra del partido liberal-libertario.

–En tus videos hacés un análisis político de la realidad sin tecnicismos, con un vocabulario sencillo. ¿A quiénes les hablas? 

–Trato que mi contenido esté dirigido a un público amplio. Por ejemplo, en mi trabajo, cuando doy capacitaciones en sistemas, le hablo de contabilidad a gente que no es contadora, entonces bajo mi vocabulario al usuario convencional. Ahí es donde hice el ejercicio de explicar con peras y manzanas cosas que eran complejas. Eso me ayudó muchísimo a explicar lo que es la política en mis videos porque me parece que hay mucha gente que se aleja de la política por el lenguaje difícil cuando, en realidad, le interesa. Yo pensaba que no me interesaba la política, pero era simplemente porque me la explicaban mal. Mi idea es hablar para que a las personas que me vean no les pase lo mismo que a mí, porque ellas también votan. 

–¿En tu trabajo saben de tu popularidad en redes?

–Sí, no solo lo saben, sino que la empresa donde trabajo fue víctima de un doxeo (NdR: acto de revelar intencional y públicamente información personal sobre un individuo u organización, generalmente a través de Internet) que recibí hace poco. Para acallarme, los trolls publicaron los datos de la empresa donde trabajo y le pusieron una estrella en Google para darle mala reputación en Internet. Ahora estamos en instancia judicial por ese tema.

–¿Qué tipo de agresiones recibís?

–Ya de por sí, al ser una persona trans, recibo agresiones constantemente. Cuando voy por la calle y se me cagan de risa en la cara, cuando voy a un boliche y no me dejan pasar, cuando voy al médico y no me quieren atender. Desde que transicioné me mentalicé que me iba a pasar eso y con las redes supe que iba a suceder lo mismo. Además, me crié en un barrio donde tuve que defenderme siempre, muchas veces me quisieron robar o fajar. Entonces, que un blanco de 20 años con todos los privilegios, que vive en CABA, me venga a decir “te voy a romper las piernas” por WhatsApp, para mí es chiquitaje. Constantemente recibo amenazas en WhatsApp. Por ejemplo, uno me mandó un audio donde me decía “voy a ir a tu casa y te voy a matar”, le respondí que me mande otro audio porque no se escuchaba bien. Lo tengo recontra incorporado. Me cruzo liberpijis en la calle, pero son todos patoteros de teclado. Cuando me ven no dicen nada, los miro fijo y por ahora se quedan en el molde.

–¿De dónde creés que sale todo ese odio?

–Creo que es un tema de frustraciones. Soy una persona que, por más que transicioné, me visto como se me canta, si quiero salgo maquillada o no, cambié mi identidad, tengo mi trabajo, estudios, me llaman para entrevistarme, disfruto mi sexualidad y la vivo libremente, un día estoy con un chongo, otro día estoy con una mina y hago lo que me pinta en ese momento. Hay mucha gente a la que todo eso le pica, y en una sociedad todavía pacata que está cumpliendo mandatos sociales, algunos responden enojándose con la persona que hace cosas que ellos no se animan a hacer. Yo les diría que vayan al psicólogo. Siempre me criticaron. Cuando tenía 16 años y pesaba 120 kilos me decían “¿por qué comés eso?, ¿por qué no te cuidás?”. Cuando dije “me gustan los tipos”, me decían “¿por qué no te gustan las minas”. Cuando transicioné también me cuestionaron, hasta por el color que me tiño el pelo. Siempre estaba mal lo que hacía, pero imaginate, si no le di pelota a mi vieja a los 15 años, menos les voy a dar pelota a los que me comentan en redes, que tienen 20, yo teniendo 43 y habiendo hecho todo lo que hice.

–Los comentarios de los liberpijis hacen que tus contenidos se muestren más en las redes, lograste usar ese odio para un beneficio propio. 

–Sí, totalmente. Lo pienso como capital, cada comentario que hacen para insultarme hace que mi contenido les llegue a otras personas. Saco ganancias de eso.

–¿Cómo surgió el concepto de liberpijis?

–Siempre estoy inventando palabras mientras hago los videos, un día me salió ésa. Al tiempo un seguidor me contó que estaba hablando con su familia y en vez de decir “libertarios” dijo “liberpijis”. Ahí pensé “¡qué bueno, pegó!”. La empecé a usar, cuando vi que los libertarios se enojaron, la usé más, y mucha gente se enganchó con eso.

–¿Por qué creés que ganó Milei?

–Creo que hay varios aspectos. La campaña que hicieron fue sólida, ocupó un lugar que no estaba ocupado por nadie a nivel de la política, que es la parte de redes, y tuvo mucha exposición en medios, eso lo ayudó muchísimo. El discurso “no se puede hacer lo mismo con los mismos de siempre” pegó, la gente está muy cansada de los de siempre y muy descreída. Eso de putear en la tele a mucha gente también la convenció, por más que puteó a Caputo y ahora lo tiene en su Gobierno, pero la gente solo ve la parte de que el chabón se plantó a los gritos en la tele. Por otro lado, la oposición todavía está debatiendo, la CGT no avanza, el peronismo se está peleando con el peronómetro para ver quién es más o menos peronista. También nos echan la culpa a las maricas, a las disidencias por usar la “e” y dicen que “porque las mujeres tuvieron derechos se olvidaron de lo económico”. Claro que no es culpa nuestra, pero el machirulaje está siempre presente y saltó la ficha, salieron del clóset los machirulos peronistas. Nos echan la culpa a nosotres porque no hay autocrítica del sector duro del peronismo que todavía no asume las cagadas que se mandó.

–¿Qué pensás desde tu identificación con el peronismo sobre la pasividad de ciertos sectores peronistas frente al terrible ajuste que está implementando el Gobierno? 

–Esa pasividad, por más que sea una estrategia política, me parece un horror. De la forma en la que nos están desguazando, por lo menos, deberían salir a decir algo. Es como cuando estás en un avión con turbulencias, se mueve para todos lados y decís “que el piloto abra el micrófono y diga algo”, me pasa eso. Tengo muchas seguidoras que trabajan en el Estado, que tienen hijos con discapacidad y me preguntan “¿Gaby, qué hacemos?”, y mi pregunta es la misma, porque yo te tiro videos pero no tengo la injerencia para salir a dar una conferencia de prensa. Lo único que hago es comunicar, por eso insisto en que tienen que aparecer nuevos referentes. La gente está muy cansada, vos ponés un Massa, un Pichetto o lo que sea y hay gente que va a decir “no voy a tener ganas de votar”, como pasó el año pasado.

–¿Creés que esos referentes tienen que pertenecer a generaciones más jóvenes?

–Sí. Ofelia Fernández me parece un buen cuadro, por ejemplo; es conocida, joven, sólida, tiene buena retórica. Para mí hay otros que están dando vueltas, que no tienen tanta visibilidad y pueden llegar a ser buenos referentes, pero todavía no los descubrimos.

–¿Hasta cuándo se puede sostener esa pasividad?

–Yo veo cosas hasta junio. De ahí en adelante algo tiene que pasar, porque no se sostiene con nada. Los aumentos de las tarifas es algo descabellado, nadie lo va a poder pagar. En junio también se termina el presupuesto de educación universitaria pública, así que vamos a salir todas las estudiantes. El tiempo que teníamos para cursar ahora lo vamos a tener para hacer quilombo. Creo que lo que más me duele es eso, más que no llegar a fin de mes o tener que bajar el plan de la prepaga; lo que más me duele es el ajuste a la educación, porque cuando me anoté en la carrera dije “quiero el título como Gabriela Ivy”, es lo que me da la materia prima para hacer los videos, y que recorten eso para mí es como sacarme una pierna, me da mucha bronca. Por todo eso, creo que junio va a ser un hito dentro de lo que está sucediendo.