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Deconstruyendo zambas y chacareras

por Lorena Tapia Garzón
Fotos: Nadia González Villarroel
23 de septiembre de 2019

El (trans)feminismo se apropia de las peñas folklóricas porteñas para desandar los roles tradicionales de los gauchos y las chinas. Bailar con otre o con todes mientras se enriedan los pañuelos verdes al son de una cueca. La disputa de las mujeres y disidencias en los escenarios, el fenómeno Susy Shock y los machos que se animan a bailar entre ellos.

"Para acordarme de mí / voy a cultivar la tierra / En ella espero encontrar / a todas mis compañeras / Plantando sororidad / Entre abrazos me levanto/ Con todas salgo a luchar / derribando al patriarcado". Así comienza la canción reversionada de La Jardinera, de Violeta Parra, por Mujeres del Folklore, una colectiva transfeminista que se autoconvocó hace un año al calor del debate por el Aborto Legal Seguro y Gratuito. Son músicas, cantoras, percusionistas, bailarinas, maquilladoras, escenógrafas dentro del arte del folklore, pero también cuerpas feminizadas con otras profesiones u oficios que habitan peñas y festivales desde hace años. Cuerpas que aman esta expresión de la cultura popular que también está atravesada históricamente por el machismo. Cuerpas organizadas para deconstruir, desandar, desenredar el patriarcado en sus espacios, al compás de los pañuelos verdes que vuelan, danzan, corean al compas de una zamba.

La ola verde y la lucha de las mujeres y disidencias se expandió tanto, pero tanto, que cada vez acepta menos los roles pre-establecidos. Lo mismo sucede en el folklore y en las peñas. Si quiero zapateo, si quiero zarandeo, si quiero hago ambas cosas, si quiero me pongo botas y bombacha de gauche, si quiero uso pollera, si quiero bailo con otra, si quiero bailo con otro, si quiero bailo con otre. Mi cuerpo, mi deseo, mi decisión. 

"Lo que le pasa al folklore es lo que le pasa a la vida entera, que no le queda más remedio que entregarse a esto que viene y que no para, que tiene que ver con otros cuerpos que estamos habitando no solo el espacio del arte sino todos los espacios", dice Susy Shock, artista y cantante trans sudaca, tal como se reconoce. Hace poco fue la artista estrella de la Peña de los Abrazos, que se hace una vez al mes en el Ecunhi. Y la peña explotó al ritmo de sus canciones que son una loa al folklore no sólo argentino, a través de las coplas, sino también latinoamericano. 

"El espacio del arte es súper importante porque de ahí construimos todos los simbolismos que le aportamos a esta vida, deconstruimos teoría y deconstruimos el imaginario que es muy potente: cuando alguien piensa en el folklore y en bailar, enseguida piensa en un chico y una chica, pero también en los roles que ocupan ese chico y esa chica. Hay un imaginario de que es 'la dama' la que tiene que ser cortejada, buscada, protegida. Pero cuando la potencia femenina se instala en todos los lugares cambia todas las lógicas, todos los imaginarios, todas las realidades. Me parece muy bello lo que está pasando. Que es ni más ni menos que la presencia de otros cuerpos, que tienen otras lógicas y otras necesidades, porque es otra época", reflexiona Susy.

"Hay un imaginario de que es 'la dama' la que tiene que ser cortejada, protegida. Pero cuando la potencia femenina se instala cambia todas las lógicas"

Su vínculo con el folklore empezó de "muy chiquita", cuando comenzó a estudiar sus danzas y a bailarlo en las peñas. "Mucha mucha peña, mucho mucho baile", dice. Y rememora: "Yo nací de mamá tucumana y papá pampeano, donde la música folklórica fue acompañando desde que nací, porque se la escuchaba, porque representaba un montón de cosas que tienen que ver con esos otros exilios internos que tenemos, el venirse de otras provincias a la Capital. Yo creo que la música se la trae contigo, porque te deja cerquita de tus pagos, de la familias, de las mamás que han quedado lejos, de los olores, de los paisajes que añorás. Todo eso es el folklore. Entonces nuestras reuniones familiares siempre eran con bailes. Todavía hoy, mis tíos más grandecitos y grandecitas se juntan y terminan bailandosé". 

El desandar los caminos patriarcales también ocurre en los escenarios, donde cada vez hay más compañeras disputándolos. "Abran las tranqueras señores, que vienen las mujeres", dijo a comienzo de año la folklorista riojana María de los Ángeles "La Bruja" Salguero, para referirse a la poca presencia femenina en los escenarios del Festival de Folklore de Cosquín y de Cosquín Rock. Poco después tendría media sanción la Ley de Cupo en los escenarios.

"Dejamos de ser las mujeres silenciadas. Dejó de ser una pelea personal en los escenarios machistas. Hace un tiempo era casi imposible encontrarnos ahí, hoy los ocupamos y nos hacemos visibles", destacó hace poco la música de folklore Vero Marjbein antes de tocar y cantar su tema "Cómplice" en la peña que organizaron de Mujeres del Folklore en un centro cultural de Almagro. Mientras tanto, en la pista, las cuerpas se desplegaban y bailaban de a dos, de a tres, de a grupos, en ronda, en celebración. Y la chacarera sonaba en voz colectiva: "Nos matan, nos incendian por temer / por privilegios de poder / Ni Una Menos nuestro grito / Igual es el trabajo y ley".

Las Mujeres del Folklore son alrededor de 200, que comenzaron a organizarse hace ya un año y que, además de organizar peñas sororas, realizan distintas intervenciones callejeras para denunciar la discriminación y las violencias que sufren las mujeres y disidencias en los espacios de folklore que habitan. "Casi todas hemos vivido situaciones de violencia, de acoso y abuso. También de discriminación, al no dejarnos subir a los escenarios o al ponernos en una grilla en horarios poco visibles y convocantes, y cuestionamientos sobre si lo que hacemos es o no es folklore. En casi todas las letras de la música folklórica tradicional nuestro rol es de sumisión, o se refuerza la visión de lo binario y heterosexual como única forma de reconocernos", cuenta Bibiana Travi, integrante de la colectiva. 

"En casi todas las letras de la música folklórica tradicional nuestro rol es de sumisión, o se refuerza la visión de lo binario y heterosexual como única forma de reconocernos"

"Llevamos un mensaje de igualdad, en favor de derechos de todes y buscamos visibilizar nuestras problemáticas, como la violencia de género, la trata, la discriminación, y la necesidad de romper con las lógicas de que la mujer zarandea con pollera y el varón zapatea - relata Bibiana-. Somos las nietas y las hijas de todas las mujeres silenciadas e invisibilizadas".

En la Peña de Lorenzo, que se realiza una vez por mes en Almagro, también se agita celebración folklórica desenredando estereotipos. Varones con varones, mujeres con mujeres, mujeres con varones, chicos y chicas trans bailan: entre sí, con otres o entre todes. Y la fiesta se extiende hasta el amanecer. "Cuando empecé a acercarme al mundo del folklore fue en mi barrio, donde se hace la tradicional Feria de Mataderos. Por supuesto que no había varones que bailaran entre sí, algo que está más naturalizado que ocurra entre chicas. Ahora somos pocos, pero estamos", dice Ariel Lorenzo, organizador de esta peña que lejos está de ser una propuesta específica para personas de la comunidad LGTBI+, sino que busca que sea abierta para todo el mundo, donde lo que predomine es la libertad de expresarse como cada une quiera. Porque sí. Hasta que se naturalice.

“Cuando empecé a habitar las peñas y a bailar folklore me surgió la necesidad de pensar acerca de la identidad, a criticar la identidad como algo cerrado. Yo veía que el concepto de ‘identidad nacional’ estaba muy metido en peñas, y que de esta forma se excluía a los pueblos originarios y a cualquier persona que no respeta el ‘ser argentino’. Luego entendí que también ocurría en otros planos, que había gente que quería participar de las peñas pero que la única forma que encontraban de pertenecer era mostrándose igual que los demás: bailar chica con chico, que el chico-macho zapateara, que la chica zarandeara, y así. Estaba faltando un espacio donde las disidencias sexuales también pudieran expresarse”, cuenta Ariel.

Y relata cómo vivió las primeras experiencias bailando con otro varón: “Casi ninguno se animaba al principio, hasta que uno accedió y bailamos. Por supuesto que todo el mundo te mira, alguna vez nos gritaron cosas o alguna mujer se nos metió en el medio como diciendo ‘aquí tenés una mujer para bailar’. Ahora ya no pasa tanto, pero todavía somos exóticos: la gente en seguida saca los teléfonos y se pone a sacar fotos y filmar”.

Mientras la noche sucede en la Peña de Lorenzo, y las bandas se convierten en rocolas de chacareras, zambas y cuecas, Gala Olimpia dibuja en vivo. Ella es artista y activista de Furia Trava. Es la primera vez que asiste a una peña y está contenta. Su pintura provoca: dibuja a un típico gaucho con su bombacha y sus botas bailando con una china de amplia pollera con volados, mientras levantan sus pañuelos verdes. Posa para la foto mostrando su obra como un trofeo y después se anima a bailar una chacarera, aunque nunca antes lo hizo. Con otro, con otres, en ronda, mientras algune va dictando qué figura es la sigue. Ella levanta los brazos y se ríe. Da media vuelta y se ríe. Gira y se ríe. Zarandea y se ríe. Y vuelve a empezar.