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Con las patas en la autogestión

Jésica Farías
17 de enero de 2018

Peronistas y diversxs. Disidentes y con los dedos en V. La Paquito visibiliza y genera trabajo a personas trans a pesar de la baja del poder adquisitivo y la prohibición de venta en espacios callejeros.

En el barrio de La Boca hay una vidriera que invita. Ahí, detrás del vidrio, un quilombo de colores y de texturas. Remeras, tazas, pins y muñecos de tela. Arriba, la cara de Evita; abajo, un gato enorme: es blanco y negro, y maúlla cuando entras al local. Y ahí adentro, máquinas de coser, estampadoras, computadoras, un cartel que en breve comenzará a brillar, más ropa y prendedores y tazas y jueguitos. Y también Evita, Cristina, Néstor y Perón, que te saludan: aparecen en todo el espacio, que parece suyo. Se trata de La Paquito, formada hace seis años por la agrupación Putos Peronistas con el objetivo de generar trabajo prioritariamente para personas trans. “Si sos puto y tenés plata, está todo bien; si sos torta y tenés plata, está todo bien y hasta podés ser macrista; pero si sos peronista, te la regalo”, dice Paula Lanza, lesbiana y secretaria de la cooperativa. 

La expectativa de vida de las personas trans no supera los 40 años. La violencia que el Estado azota sobre esas identidades, quita derechos y extermina.

“Entendíamos que en el contexto en que habíamos nacido, que fue en simultáneo con la sanción de la Ley de Identidad, teníamos que trabajar el tema de la inclusión laboral trans. Teníamos que combinar el reclamo político por el cupo con una posibilidad de hacer una cooperativa para demostrar que eso que decíamos realmente funcionaba en la práctica”. Diana Aravena, presidenta de La Paquito, nos cuenta cómo fueron los inicios. Para llegar a La Boca anduvieron bastante, pero ahí están, instaladas en el barrio: son visibles.

Así le mojaron un poco la oreja al patriarcado, el que oprime y oprime. “Casi no nos ven durante el día, entonces eso hace entender que estamos en la calle o porque queremos o porque no servimos para otra cosa, entonces la cooperativa tiraba por debajo eso. Y en estos años lo demostramos”, suelta mientras vierte agua sobre el mate que preparó pacientemente.

Si este momento fuera parte de una película, ahora mismo sonaría ese efecto que nos remite a los recuerdos. Arpas y flashback. “Cuando llegamos acá, éramos como una banda de marcianas que bajábamos del 39 en Patricios”, se acuerda. Pero esto no es una ficción, es la posta; y la verdad sacude: la expectativa de vida de las personas trans no supera los 40 años. La violencia que el Estado azota sobre esas identidades --y que recrudeció en los últimos dos años--, quita derechos y extermina. De hecho, mientras el reclamo por acceder al derecho a la salud, al trabajo y a la educación aumenta; el Gobierno responde con un protocolo de detención de personas LGBT firmado por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

Si sos puto y tenés plata, está todo bien; si sos torta y tenés plata, está todo bien y hasta podés ser macrista; pero si sos peronista, te la regalo

Entre idas y venidas, son casi 12 personas las que le dan vida a la cooperativa. El número no es fijo. Desde La Paquito dieron charlas sobre diversidad y cooperativismo; talleres de formación en universidades, en escuelas y en el barrio, pero también fuera de sus límites. Además metieron hilo, aguja y diseñaron. Lo siguen haciendo. Estampan diversos materiales como prendas de vestir, neoprenes o tazas, entre otros más. La línea que más desarrollan “es la peronista, que es nuestro nicho”, detalla Diana. “También tenemos una de la diversidad pero la inmensa mayoría de las cosas que hacemos son peronistas”, suma Paula. El resto de los productos los hacen a pedido. “El otro día nos pidieron 50 remeras para una marcha, antes pedían de a cientas. Armamos el presupuesto, lo pasamos, nos dieron el ok. Al día siguiente le dieron de baja y no hicieron nada. No hay plata”, noquea la presidenta de La Paquito. Un botón de muestra. Todo lo que producen lo comercializan en el local, en el que también conviven el gato enorme y otra, también blanquinegra. Ferias y marchas son otros de los puntos de venta, aunque  el bajo poder adquisitivo y las negativas estatales para ocupar el espacio público afectan considerablemente el intercambio. Pero resisten, junto a quienes denuncian el apriete de bolsillos, de luchas y de gargantas. Sí, ahí también se resiste. El aguante, sobra.