Tomar para que escuchen

por Florencia Di Niro
Fotos: Agustina Salinas
29 de septiembre de 2022

Visitas policiales de noche, hostigamiento en los medios, causas judiciales contra padres y madres. Pese a la posición dura de la ministra Soledad Acuña, estudiantes de unas veinte escuelas porteñas sostienen en sus lugares de estudio medidas de lucha. ¿Qué piden? ¿Cómo se organizan? ¿Qué piensan docentes y familias?

A las seis de la tarde termina la doble jornada en el colegio Osvaldo Pugliese o el “Padilla” para sus alumnes, por la calle en la que se ubica. El lunes pasado a esa hora no todes abandonaron aquel edificio de cemento gris del barrio de Villa Crespo. Horas antes, una mayoría en asamblea decidió sumarse con una toma al reclamo que iniciaron sus compañeres del colegio Mariano Acosta. 

Durante meses, estudiantes de varias instituciones porteñas se reunieron para definir estrategias para llamar la atención de las autoridades del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Tomas pacíficas y pernoctes fueron para elles el intento máximo, luego de probar sin éxito con otras acciones como “semaforazos”, cartas abiertas y reuniones que no avanzaron en soluciones.

“Colegio tomado” se lee en en ingreso al “Padilla” pasado el mediodía del miércoles. Es la única prueba visible de que ahí funciona una institución educativa; de no ser por eso, fácilmente podría confundirse con un edificio de oficinas. En el enrejado de las ventanas colgaron las fotos de las viandas que reciben, donde se destaca una manzana podrida. Ahí hay apenas uno de los puntos del reclamo, que tuvo una respuesta policial y judicial por parte de la ministra Soledad Acuña.

 

La política de les pibis

Un docente que acompaña la medida indica que las alumnas saldrán en unos minutos y poco tiempo después nos reciben en las escaleras Julia, Delfina, Rocío y Lucía. Están dispuestas a hablar, pero prefieren no salir en fotos. Explican que algunes padres y madres tienen miedo de las represalias que puedan tomar las autoridades, mucho más desde que el martes a la noche policías quisieron ingresar a la institución con una “supuesta orden de la fiscalía, que nunca mostraron”. A partir de ese momento, les estudiantes decidieron repasar en conjunto los protocolos de actuación de las fuerzas de seguridad en casos como el que están viviendo. 

Las estudiantes explican que el objetivo de las tomas y los pernoctes que llevan adelante es que les escuchen y que las autoridades porteñas tomen decisiones respecto a sus reclamos. Delfina dice: “Queremos que entiendan que nosotros somos los que viven las experiencias y las consecuencias de estas resoluciones inconsultas y debemos ser parte de las decisiones. Entendemos que nuestra mirada, acerca de cómo queremos que sea nuestro tránsito por el colegio, es sumamente importante”. 

Otro punto importante del reclamo tiene que ver con las prácticas educativas o ACAP (Actividades de aproximación al mundo del trabajo), que consideran como parte de un “slogan político” de Acuña. Al igual que estudiantes de otras instituciones, denuncian que no están pensadas en función de cada una de las orientaciones. 

Les alumnes de la división Medios de la escuela fueron enviados al Centro Cultural Recoleta a realizar tareas relacionadas con la elaboración de contratos o administración, pese a que desde la Dirección del establecimiento solicitaron previamente que pudieran realizarlas en una ONG dedicada a los derechos humanos para aportar a lo trabajado en clases. “El protocolo de las ACAP dice que las autoridades pueden opinar o decidir sobre las actividades que se hacen pero propusieron y los bocharon. Dijeron que no, que íbamos a ir al Recoleta”, asegura Lucía. 

Las representantes del Pugliese explican que esta acción va más allá de los problemas que viven les 270 estudiantes de esa escuela y aseguran que la decisión de la Coordinadora de Estudiantes de Base (CEB) que nuclea a los secundarios porteños es continuar en estado de movilización hasta que tengan un compromiso que les incluya a todes. “Entendemos que la militancia se da en conjunto. Cada colegio puede tener su problemática pero todos los reclamos se alinean y son los mismos”, agrega Delfina. 

 

Una pelea compartida con les docentes

Fernando es docente de Lengua y Literatura en “el Padilla”. Ayer, junto a 30 colegas de la institución coordinaron una asamblea para definir su apoyo a les estudiantes que llevan adelante la toma y el pernocte. De esa reunión surgió un documento consensuado de acompañamiento y la convocatoria a un abrazo a la escuela y actividades en las inmediaciones, como un semaforazo en Corrientes y Juan B. Justo. 

Su idea no es quedarse en la simple muestra de adhesión, sino también lograr que personas ajenas a la comunidad educativa vean que existe un reclamo en los colegios. El grupo de docentes repudió los intentos del Ministerio de Educación porteño y su titular, Soledad Acuña, por instalar el miedo entre padres, madres y alumnes. “El Gobierno de la Ciudad ha decidido amedrentar de todas las maneras posibles. Con correos intimidatorios a las familias, con amenazas a través de los medios y con la policía en la puerta de los colegios”, asegura Fernando. 

Al igual que sus alumnes, el docente destacó que esta medida es el resultado de haber agotado intentos previos por llegar a una instancia de diálogo con el gobierno de la Ciudad: “Lxs estudiantes no llegan a la toma de la noche a la mañana; lo hacen después de reclamar diálogo en distintas oportunidades y de realizar acciones como cartas abiertas y semaforazos”. 

En el comunicado, les profesores adhieren a cada uno de los reclamos y hacen hincapié en la experiencia negativa que implican las prácticas educativas ACAP. “No son positivas en tanto no sean articuladas con las instituciones y no tengan en cuenta las orientaciones de cada una de ellas”, explica Fernando. Para él, resulta contradictorio que desde el Ministerio digan que son necesarias más horas de clases pero que obliguen a alumnes del último año a ausentarse de la institución durante extensos periodos de tiempo para cumplir con estas pasantías. 

Más allá de poner el foco en los pedidos de sus alumnes, el docente pide que no se olvide que la embestida de la ministra Acuña se dio también contra les docentes: “Hay algo simbólico. Somos despreciados por una ministra que nos acusó públicamente de burros y fracasados. Somos basureados por medios de comunicación que instalan que somos la causa de todos los problemas de la sociedad”. 

Fernando destaca que habrá que prestar atención en los próximos meses a la convocatoria a titularización de los cargos de les docentes, que podría dejar sin sus horas a interinos que, como él, tomaron cargos desde 2020 y durante la pandemia tuvieron que invertir en materiales y herramientas tecnológicas para dictar clases virtuales. “La estabilidad laboral es nula. Vivimos en la incertidumbre y el desprecio. Y sin embargo, la mayoría de mis compañerxs se levantan todos los días para intentar cambiar el mundo. Porque eso hacemos”.

 

¿Quién quiere oír los reclamos?

Horas más tarde, en la Escuela de Cerámica N° 1 (Almagro), alumnes de otras ocho instituciones de gestión pública (Fernando Fader, Manuel Belgrano, IES Juan B. Justo, Liceo 1 Figueroa Alcorta, Lengüitas y María Claudia Falcone) convocan a medios para una conferencia de prensa en la vereda. El inicio se demora debido a problemas para ubicar a les presentes, sin obtener el permiso para cortar parcialmente la calle Bulnes, que a esa hora está congestionada.

En la vereda de enfrente se ubica un grupo de madres, quienes explican que por decisión conjunta desean que quienes den su testimonio sean sus hijes. Durante el armado y desarrollo de la presentación, pasan autos y transeúntes que se dividen entre bocinazos de apoyo y críticas en voz alta a la iniciativa de les adolescentes. “Así está el país. En vez de estudiar, toman colegios”, se escucha decir a un hombre que no se detiene a mirar la escena. 
Eliana, la vicepresidenta del Centro de estudiantes de la Escuela de Cerámica, habla de esos discursos de odio y de los insultos y ataques que vivieron ella y sus compañeres los días previos: “No aceptamos más el trato que estamos recibiendo en una República que ya volvió a la democracia”, dice. 

Las muestras de rechazo no logran apagar las voces de les oradores que detallan de forma sintética pero precisa las condiciones edilicias, la falta de viandas y su calidad y las prácticas mal aplicadas a cada experiencia curricular. “Pedimos que, además de que todas las escuelas reciban viandas, éstas sean dignas y cubran todos los requisitos alimentarios que un pibe necesita para estudiar. Un pebete de jamón y queso no sirve, porque muchas veces es el único alimento que uno va a recibir en todo el día”, explica Valentina, del Lengüitas. 

Los reclamos van destinados a la ministra Acuña, a quien responsabilizan por el amedrentamiento que muchas familias y estudiantes vivieron en las últimas horas: visitas de policías a sus casas (en clara demostración del acceso a sus datos personales), denuncias judiciales contra les tutores del Mariano Acosta con un reclamo millonario por los días sin clases debido a la toma y presencia de agentes de la fuerza local que intentaron ingresar a varias instituciones en horario nocturno. 

La conferencia termina mientras cae la noche. Se confirma la continuidad de las medidas. Se retiran los sus móviles  de televisión. Les chiques entran y con un candado cierran la reja desde adentro. 

Las madres, atentas desde la otra vereda, se aseguran de que el comienzo del pernocte de uno de los tantos colegios porteños en lucha se desarrolle sin inconvenientes. Mañana será otro día de toma.
 

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