En Buenos Aires se desarrolla el juicio por el asesinato de Zoe López García, referenta del Hotel Gondolín, bajo la carátula de travesticidio. Entre los recuerdos de sus compañeras y las cifras alarmantes de crímenes de odio, la expectativa de una sentencia ejemplar para frenar la violencia.
Foto de portada: Retrato de Zoe realizado por Vicky Cuomo en el Hotel Gondolín (2019).
Zoe López García llegó al Hotel Gondolín hace 30 años. Allí se convirtió en referente y guía hasta ganarse el apodo de “la tía”. Así la llaman todavía hoy las chicas que habitan el hotel, porque antes que una pensión, el Gondolín es una familia. A Zoe la trajo una amiga; juntas compartían la supervivencia en la calle cuando la Policía "las dejaba", siempre bajo la condición de entregar parte de lo recaudado a los oficiales que regenteaban la Zona Roja de Palermo.
“Había otros hoteles pero yo no podía pagarlos. Acá era más barato y al dueño le convenía que nos alojemos nosotras en lugar de familias enteras. Dormíamos varias en la misma pieza y así empezamos a traer a las chicas que nos encontrábamos en la comisaría”, recordaba Zoe en una entrevista con Cítrica de 2019.
En aquellos años 90, la democracia era un territorio hostil para ellas. Zoe rememoraba cómo zafaba de las razzias junto a su amiga “la peruana”, con quien empezó a militar los derechos humanos desde los calabozos: “Una vez terminé en el Hospital Fiorito por una paliza que me dio un policía; cuando me dieron el alta, el patrullero me estaba esperando en la puerta”.
Esa violencia que parecía parte del pasado, hoy muestra sus dientes de nuevo. Antes de ser asesinada, Zoe ya advertía el retroceso: “Estos últimos años la Policía volvió a ejercer la misma violencia que en los 90. En Salta, por ejemplo, las chicas se escapan por la persecución; no las dejan ni caminar. Hay compañeras que ni siquiera pueden acceder a un hospital”.
Zoe soñaba con un futuro donde la autonomía fuera la norma. Se sentía orgullosa de ver al Gondolín transformado: “Hoy estamos empoderadas. Nuestro objetivo es la salud y la educación. La única garantía que pedimos para vivir acá es que estudien, que se formen para trabajar. Queremos que este lugar sobreviva para las próximas generaciones”.
Pero Zoe no sobrevivió.
El 10 de noviembre de 2023 fue asesinada por su pareja, Fabián Villegas. Ahora será juzgado bajo una carátula que no permite eufemismos: “homicidio triplemente agravado” por el vínculo, por mediar violencia de género y por el odio a la identidad y expresión de género. Un travesticidio.
El juicio
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El proceso judicial se desarrolla ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 4 de la Ciudad de Buenos Aires, integrado por Pablo Laufer, Ivana Bloch y Julio César Báez. Es el tribunal que en junio de 2018 condenó a reclusión perpetua a Gabriel David Marino por el travesticidio de la referenta travesti-trans Diana Sacayán.
Familiares, compañeras del Hotel Gondolín y organizaciones de la diversidad concentran cada jornada para que el pedido de justicia no quede encerrado entre paredes de cristal. El veredicto que surja de esta sala porteña no solo juzgará a un responsable, sino que planteará la respuesta del Estado frente a la desprotección histórica de las identidades travestis y trans.
Por otra parte, el juicio ocurre en un desierto de políticas públicas y un aumento alarmante de la violencia estatal y paraestatal contra el colectivo LGBTIQNB+. Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio, en 2025 se registraron al menos 227 crímenes de odio en Argentina. Las cifras hielan la sangre: mientras que en 2024 ocurría un crimen cada 63 horas, en 2025 la frecuencia saltó a uno cada 38 horas. Un incremento del 62% que tiene el aval del silencio oficial.
“Zoe era la persona en la que podíamos confiar y contenernos", dice Lourdes, su amiga. “Ella aprendió a subsistir y nos inculcó esa ética. Fue una persona de corazón abierto y empática que no hizo diferencias con nadie. Su corazón nos abrazó a todas”.
Para Leticia, otra de sus compañeras en el Gondolin, la lucha es para que Zoe no sea una estadística más: “Ella fue una gran luchadora e inauguradora del hotel que hoy se mantiene en pie gracias a ella. Nos dejó una construcción militante que transmitimos a las nuevas generaciones. Esperamos justicia”.
Laura, quien llegó desde Salta escapando de la persecución policial, guarda el recuerdo de su humanidad como un refugio: “Fue la primera persona que me llevó a un centro de salud donde me trataron con respeto e igualdad. Tu resistencia va a estar siempre presente en las que te conocimos y en las que vendrán”.
El juicio transcurre en los tribunales de Talcahuano 550, en un clima de profunda expectativa por parte del activismo. La próxima audiencia está fijada para el 13 de abril, momento en que se iniciará la etapa de alegatos, que será transmitida públicamente para que toda la sociedad pueda ser testigo de este reclamo de justicia.
Las “sobrinas” de Zoe, las compañeras del Gondolín y el activismo travesti-trans estarán allí, exigiendo que el odio no tenga la última palabra.
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