La edición de abril de 2000 de "La Primera de la semana", revista dirigida por el dueño de Infobae y posible candidato presidencial, es un ejemplo vergonzoso del periodismo en democracia. Aquí una reconstrucción con testimonios y material de archivo de la trastienda de “la invasión silenciosa” y sus vínculos con el presente.
Es la tarde del 10 de agosto. Hace semanas que Daniel Hadad (64), empresario y CEO de Infobae, da entrevistas sobre su posible candidatura presidencial. Al aire de Futurock, en el programa "Toma y Daca", el periodista Mariano Martín le hace una pregunta sorpresiva. Señala un hecho de hace 26 años: la xenófoba tapa de la revista La Primera de la semana, creada y dirigida por el propio Hadad, publicada el 4 de abril de 2000 con el título “La invasión silenciosa”.
En esa tapa, con el Obelisco de fondo rayando un cielo celeste, hay un joven de piel morena, con el pelo negro y lacio, sin remera y una singularidad: la falta notoria de un diente en medio de su sonrisa. La crónica, de doble página, culpaba a los extranjeros, especialmente a bolivianos y peruanos, de todos los males de la ciudad a través de cifras, declaraciones e información falsa.
El dueño de Infobae no esquiva la pregunta:
–Era un momento en que hacía radio, televisión y tenía una revista. Todo al mismo tiempo. Lo único que hacía en la revista era escribir un pequeño editorial una vez por semana. La persona que tuvo esa idea trabajó un tiempito más conmigo y después nunca más lo hizo. Pedimos disculpas en su momento por esa tapa.
Hadad culpó a un empleado suyo sin nombrarlo y se escudó en sus múltiples trabajos como empresario de medios. También minimizó sus 14 editoriales firmadas en la revista, donde no solo atacó a los inmigrantes, sino que también apuntó contra los sectores más vulnerables como “trapitos” y “travestis”; negó el terrorismo de Estado; criticó la reapertura de juicios de lesa humanidad; pidió una reforma laboral que beneficiara a los empresarios y fustigó a los sindicatos.
La historia de esa tapa, sin embargo, es otra. Las “disculpas” o rectificación de Hadad o su revista tras la publicación de la nota no fueron halladas en esta investigación. Sí se encontraron algunos detalles que cobran otro relieve 26 años después.
Desde su primer número, La Primera consolidó una línea editorial de extrema derecha que se alinea hoy con la narrativa del Gobierno liberal libertario sobre distintos temas en agenda, como la inmigración, y con los ideales de sus funcionarios y referentes.
Al fin alguien recordó este tema y le preguntó. https://t.co/C2DP2wfTXj
-- Juan Pablo Mansilla (@juanpmansilla) August 11, 2026
La edición silenciosa
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“Hadad nos ordenó que le borremos un diente al pibe que sale la tapa”, asegura Hugo Ropero, exjefe de fotografía de La Primera. “Se lo ordenó al diagramador, mientras editábamos las imágenes que hicieron los fotógrafos en la calle ese día”, cuenta Ropero, reconocido fotógrafo gráfico, quien antes de llegar a la revista de Hadad, en marzo de 2000, había trabajado en otros semanarios como La Semana, Noticias y Planeta Urbano.
Sobre las recientes declaraciones de Hadad –de que él no estaba al tanto que esa tapa iba a imprimirse y venderse–, Ropero fue tajante: “Mintió. Sabía todo. Se paró detrás de la computadora del diagramador y le pidió que le borre el diente”, sostuvo el fotógrafo. “Lo sé porque estaba al lado”, explica. El diagramador de la revista era Juan José Olivieri, a quien este medio intentó contactar en varias oportunidades, pero no obtuvo respuesta.
La revista salió a las calles por primera vez a fines de marzo de 2000 y su primer staff tuvo a Fabián Doman como director periodístico. La producción de la crónica sobre la “invasión silenciosa”, publicada en el tercer número del 4 de abril de ese año, estuvo bajo su dirección. Doman, sin embargo, se negó a dar declaraciones al respecto. Un mes después de aquella tapa dejó su cargo en la revista por una oferta en el exterior, según confirmó este medio.
“A nosotros no nos contaban mucho sobre las reuniones de sumario y el foco que le daban a las notas. Siempre producíamos varios artículos a la vez”, retoma Ropero, quien trabajó en la revista hasta septiembre. “Para esa nota en particular –recuerda el exjefe de Fotografía– me pidieron fotos de inmigrantes en la calle. Y se las encargué a dos fotógrafos”.
Pablo Senarega y Laura Salinas fueron los elegidos por Ropero para esa cobertura y sus nombres figuraron luego en el crédito de las imágenes.
Senarega tampoco quiso hablar sobre las fotos de su autoría en esa edición. Según cuenta Ropero, discutieron cuando el fotorreportero se enteró que le habían borrado el diente al joven de la portada durante la edición. “Quería llevarse a la fuerza los originales de las fotos”, explica Ropero.
Salinas, en cambio, recuerda el episodio así: “Tanto Pablo como yo no sabíamos de qué se trataba la nota, ni que iba a tener un contenido xenófobo”, recuerda la fotógrafa. “No queríamos que salgan nuestros nombres cuando nos enteramos cómo iban a ser usadas las fotos en la nota, pero tampoco nos respetaron eso”, agrega.
El periodista Hernán Di Bello, exredactor de la revista en ese tiempo, recuerda también que pidió que sacaran su firma de una nota suya sobre derechos humanos con tintes “negacionistas”. No le hicieron caso. Se fue luego de ver la “invasión silenciosa” en los puestos de diarios.
Cuando vio publicada la revista, Salinas quedó al borde del llanto. No solo era la foto de portada lo que la entristeció. Las imágenes del interior de la nota también ridiculizaban y mostraban a los inmigrantes como “invasores” de una ciudad que les pertenecía solo a algunos. “Estuve mal varios días. Discutí con los de la redacción, pero no podíamos hacer mucho. Recién empezábamos como fotoperiodistas. Fueron las peores fotos de mi trayectoria y me avergüenzan hasta el día de hoy”, explica Salinas. Al poco tiempo, fue despedida de la revista.
“Cuando hicimos las fotos, el joven de la tapa tenía el diente. Se lo sacaron ellos en la edición”, confirma la fotógrafa. También recuerda la impresión que le causó saber quién fue el periodista que escribió y firmó la crónica que acompañó a sus fotos y las de Senarega. “Lo de Luis Pazos fue una gran sorpresa. Lo tenía muy inteligente y del palo del progresismo. Muy incapaz de escribir algo así”, señala Salinas. “Parecía que no estaba escrita por él”.
Una serie de malos Pazos
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Invasores. Borrachos. Promiscuos. Caras aindiadas. Extranjeros ilegales. Falsos turistas. Indocumentados. Luis Pazos, autor de la crónica, no escatimó en sinónimos racistas para referirse a la supuesta “invasión silenciosa” de extranjeros que sufría Capital Federal. Para su trabajo recorrió –supuestamente– barrios, hospitales y escuelas porteñas para denunciar cómo los migrantes se apropiaban de las calles, la salud y la educación de los argentinos “de bien”.
Pese a que Hadad le aseguró al periodista Mariano Martin que él no tenía idea de que esa tapa y esa nota iban a publicarse, su editorial de aquella edición lo desmiente:
La inmigración dejó de ser el medio de progreso y cultura por excelencia de la etapa de la organización nacional para convertirse en un verdadero problema social. Aunque muchos se resistan a ponerlo en esos términos. Buenos Aires -aunque decirlo no sea políticamente correcto- sufre una suerte de invasión. Sus habitantes lo sienten. Y sufren las consecuencias. Y nada tiene que ver esto con racismo o discriminación. Sólo hablamos de cuestiones vinculadas con la vida cotidiana.
La crónica de Pazos, sustentada con datos falsos y declaraciones sesgadas, tiene párrafos como éstos:
En los barrios donde se instalan, los porteños se convierten en extranjeros. Los expulsan de su propia ciudad por el mal olor, la basura y las peleas callejeras. Los vecinos del Bajo Flores, Floresta y Parque Avellaneda están hartos de hacer denuncias que nadie escucha. Allí está, hoy, el mayor asentamiento boliviano de la Capital Federal. El resultado: veredas cubiertas de latas de cerveza, cartones de vino, restos de comida, pañales y preservativos usados. El olor es insoportable.
Patricia Bullrich, por entonces secretaria de Política Criminal y Asuntos Penitenciarios del Gobierno de Fernando de la Rúa, fue una de las 13 fuentes consultadas por el periodista de La Primera, entre otros funcionarios, migrantes y especialistas. La actual senadora oficialista confirmó en el artículo que “el 20% de los presos en el país es de origen extranjero”. Ese dato, y otros, fueron desmentidos a las pocas semanas por el diario Página/12.
La nota de Pazos sorprendió (y decepcionó) a muchos otros periodistas. El redactor de “Información General” de La Primera tenía una trayectoria profusa en la prensa gráfica. Con 60 años, no sólo había formado parte de redacciones míticas como Clarín, La Razón, El Día, Somos o Gente. También había escrito libros de investigación periodística sobre casos resonantes. Uno de ellos, el más famoso, y en coautoría con Alejandra Rey, fue No llores por mí, Catamarca: la intriga política de un crimen, publicado en 1991 y donde Pazos investigó a fondo el asesinato de María Soledad, la joven de 17 años que fue secuestrada, drogada y desaparecida por los hijos del poder político de Catamarca apenas un año antes.
“Luis (Pazos) no pasaba un buen momento anímico y financiero cuando llegó a La Primera”, cuenta Sibila Camps, pareja del periodista en ese momento. Camps, quien trabajó en Clarín durante 30 años y es una destacada periodista gráfica, explica que los problemas financieros de Pazos lo acorralaron y llevaron a deprimirse. “Esto no es ningún justificativo de la nota que escribió. Nadie le puso un revólver en la cabeza”, sostiene Camps, autora junto a Pazos de dos libros: la biografía del Chacho Álvarez y un manual sobre cómo hacer periodismo gráfico.
“Era un tipo contradictorio con algunas ideas y posiciones sobre la justicia”, señala la periodista. Camps cuenta que, en esos años, Pazos llevaba siempre una edición de la revista a la casa donde convivían. Sin embargo, el número 3 del 4 de abril de 2000, nunca llegó al hogar. “Me enteré por otros colegas que él había escrito esa nota. Nunca quiso hablar del tema. Asumo que estaba avergonzado”, recuerda Camps. La periodista, asimismo, no cree que su expareja haya tenido la idea de escribir la crónica, aunque –reconoce– “también podía negarse”. “En nuestra profesión siempre podés elegir ser un mercenario o no. La mayoría pasamos por eso”, explica Camps.
Luis Pazos continuó trabajando en La Primera hasta enero de 2001, diez meses después de publicar la “invasión silenciosa”. Murió en 2023, a los 83 años. En sus distintas biografías y necrologías no figura su paso por La Primera.
La “invasión” celebrada y otros hallazgos
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La publicación de la tapa tuvo una reacción rápida. A la semana, la revista Tres Puntos le dedicó su portada a Hadad. “Bolitas Go Home”, tituló el semanario, con la imagen del empresario. Página/12, a su vez, se encargó de desmentir todos los datos de la crónica. Tres activistas de derechos humanos, por su parte, denunciaron penalmente a Pazos y Hadad por sus dichos discriminatorios. La causa 4955 quedó radicada ante el juez federal, ya fallecido, Claudio Bonadío.
En el Congreso, diversos diputados presentaron un proyecto de ley en repudio a los dichos xenófobos de la revista. Tras la publicación del artículo, según denunciaron organizaciones migrantes como la Asociación de Residentes Latinoamericanos (ARELA), se produjeron al menos 50 ataques violentos contra inmigrantes en Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires, entre abril y junio de 2000. “Creemos que la nota de La Primera fue uno de los detonantes”, denunció por entonces Juana Camargo, directora de la revista Contacto Boliviano.
Mientras tanto, en la revista no hubo ningún pedido de disculpas, ni retractación. Todo lo contrario. En el número siguiente, en su correo de lectores, publicaron las cartas de felicitaciones que los distintos seguidores de La Primera enviaron a la redacción de la calle Uriarte 1635, en el barrio porteño de Palermo.
Una de ellas pertenece a Ramiro Anzit Guerrero, actual director nacional de Inteligencia Criminal del Ministerio de Seguridad y candidato a integrar la Comisión para el Control de los Archivos de Interpol en Francia. Allí, Anzit Guerrero, por entonces presidente de la Juventud Demócrata de la ciudad, celebró la iniciativa de Hadad de lanzar la revista.
“Creemos que la misma representa el pensamiento de los jóvenes de bien que buscan el engrandecimiento de la Nación”, escribió el funcionario hoy allegado a Bullrich. Otros lectores también festejaron la nota de Pazos. Uno, incluso, contó que la utilizó para una tarea de la escuela de su hijo.
El repaso del archivo de las sucesivas ediciones de La Primera muestra otros hallazgos llamativos. Entre las felicitaciones que recibió Hadad por su revista en el correo de lectores, figura la de Jorge Carlos Rendo. El actual presidente del directorio del Grupo Clarín, involucrado en la causa de Lago Escondido junto al ministro de justicia, Juan Bautista Mahiques, escribió: “Me alegra que tu proyecto se vea plasmado, demostrando una vez más el pluralismo de expresión que, gracias a la democracia, es posible en la Argentina”. La carta del segundo de Héctor Magnetto fue publicada el mismo día que la nota antimigrantes.
Un mes después del controvertido número de abril de 2000, La Primera entrevistó también a José Luis Espert. Allí, el excandidato a diputado por La Libertad Avanza, investigado hoy por lavado de dinero en la causa contra el narcotraficante Fred Machado, se quejaba de las medidas económicas del Gobierno de Fernando de la Rúa. “Él dijo que la clase política iba a pagar el ajuste: mentira. Lo pagó la gente, como siempre ha sido”, declaró el economista, quien fue visto semanas atrás solicitando su jubilación mínima en una oficina del Anses.
El liberal humilde
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El dueño de Infobae firmó, al menos, 14 editoriales hasta que le vendió la revista al empresario Carlos Ávila en octubre de 2001. En todas ellas, el posible candidato a Presidente opinó de diversos temas. En la misma editorial en la que presentó a la “invasión silenciosa”, Hadad criticó la reapertura de juicios por lesa humanidad a represores:
En Uruguay, el presidente Batlle y Tabaré Vázquez (su rival izquierdista en las últimas elecciones) consiguieron ponerse de acuerdo en un punto que parecía irreconciliable: la actuación de los militares entre 1973 y 1985. El objetivo: cerrar definitivamente las heridas que causó la lucha contra los terroristas. Aquí, mientras tanto --de este lado del río--, nuestro Senado se dispone a crear 'comisiones de la verdad' para hacer desfilar en los tribunales a uniformados en actividad que participaron en la dolorosa guerra. Otro retraso más.
En otra editorial, atacó nuevamente a los sectores más vulnerables:
Tal vez descubrirán que la gente valora mucho más el orden, la seguridad, la limpieza, que los discursos 'progresistas' que obligaron a los porteños a 'convivir' con travestis, delincuentes y limpiavidrios.
También pidió mano dura:
Aunque no suene 'políticamente correcto' hacen falta castigos. Perdón Zaffaroni, Neuman y el coro mediático que le hace comparsa. Hacen falta castigos.
En octubre de 2001, ya con Ávila como dueño de la La Primera, Hadad fue tapa de la revista que él mismo fundó. Vestido con un traje negro, al lado de una cámara de televisión, “el nuevo zar”, como titularon en la tapa, se define en una frase: “pago el precio de ser liberal y de apellido humilde”.
Bolsonadie y el pobre de derecha
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