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“Yo trabajé para recuperar a los que fueron criados por los asesinos de sus padres”

por Mariano Pagnucco
Fotos: Rodrigo Ruiz
30 de julio de 2026

Como en el primer ejemplar impreso de Cítrica, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo es la protagonista de la entrevista en esta edición especial. “Casi centenaria” en su camino de vida, Estela habla de la lucha colectiva contra la impunidad, del valor de la democracia y de la familia nueva que se conformó con la restitución de su nieto Guido.

En julio de 2012, cuando la primera edición de Cítrica salió de imprenta, el contexto del país era tan distinto al actual como la vida de Estela Barnes de Carlotto. Todavía faltaban dos años para que se encontrara con su nieto Guido, quien pudo recuperar su identidad en 2014 (37 años después del secuestro de Laura, su madre embarazada, la hija mayor de Estela). Guido Montoya Carlotto fue la identidad restituida número 114 que lograron las Abuelas de Plaza de Mayo.

Catorce años después, el devenir de acontecimientos sociales, políticos y económicos de la Argentina no ha frenado, como tampoco la búsqueda incansable de las Abuelas para reencontrarse con las nietas y los nietos que faltan. Al momento de esta nueva entrevista con Estela (95 años), la cuenta da 140. 

Del otro lado de la línea telefónica, la presidenta de Abuelas celebra nuestra edición 150: “¡Qué éxito para ustedes, tanta información, a través del medio que tienen! ¡Qué lindo!”.

–En la entrevista de 2012 no habías conocido a Guido, por ejemplo, y hablabas de tus ganas de encontrarte con él. En este tiempo ha pasado mucha vida. ¿Qué balances hacés y cómo estás atravesando este momento?

–Bueno, yo soy una mujer muy, muy mayor. Voy a tener 100 años pronto. (Risas.) No tan pronto, pero muy pronto. Y además, por supuesto, con una tarea muy fuerte y muy riesgosa... peligrosa, diría también, por la razón de lo que hemos vivido en la Argentina, con algunos gobiernos que eran opositores a nosotras: Abuelas, Madres, familiares y todos los grupos de derechos humanos. Hoy estamos en un momento muy especial, ya somos muy mayores. Igual, yo estoy dirigiendo la institución de Abuelas, pero con una comisión de jóvenes y nietos recuperados que son los que llevan adelante todas las novedades con las que hay que trabajar hoy en día.

–Hace un tiempo que los nietos y las nietas recuperadas forman parte activa de la institución y toman tareas que ustedes van delegando. ¿Cómo pensás ese traspaso generacional? 

–Va a seguir el mandato en búsqueda de la memoria, de la verdad y de la justicia para todo lo que pasó con nosotros y con nuestros hijos, y que los responsables tengan la responsabilidad de lo que han hecho. De todas formas, lo más importante para nosotros es encontrar a los nietos robados, los nietos desaparecidos, los que han sido cambiados de familia y criados sin sus padres, como hubiera correspondido, porque los padres fueron asesinados. Pero bueno, cuando no hay padres, hay abuelos o hay familiares para que esos chicos se críen con la familia que les corresponde. Queremos que nunca más vuelva a pasar en la Argentina esto que nos sucedió a nosotros: que se rapten niños, que se maten personas por política o que venga un gobierno tirano para deshacer el país y enriquecerse ellos. Hoy en día los chicos jóvenes tienen una actividad bastante presente. Están, comparten, aprenden y la mayoría quiere acompañarnos. Soy casi centenaria y sigo recibiendo méritos y homenajes. Yo no trabajé para que me den premios, sino para recuperar a todos los que fueron sacados de su familia y criados por los asesinos de sus propios padres. Bueno, ya no es lo mismo, pero sigo siendo presidenta de Abuelas. 

–Abuelas va a cumplir 50 años de trabajo, de búsqueda, de restituciones. Y en esta época en que todo es muy efímero, pensar 50 años, medio siglo, es un montón. ¿Por qué creés que lograron una construcción tan sólida y de tantos años?

–Por la perseverancia, por el propósito que teníamos, por la gente con la que trabajamos, que nos ayudó dentro y fuera del país. Muchos países nos han acompañado, nos han dado posibilidades de viajar. Yo he viajado muchísimo, no solamente dentro del país, sino en el exterior, para que se sepa qué estaba pasando en la Argentina con la dictadura cívico-militar. Ahora tenemos, no digamos un gobierno bueno, pero un gobierno que el pueblo eligió. Si el pueblo se equivoca, es una cosa. Otra cosa es que no le permitan ni siquiera opinar, como pasaba en esos momentos.

–¿Y qué es lo que más te preocupa de estos tiempos políticos? Porque han avanzado fuertemente contra las políticas de memoria, desmantelando los espacios de memoria, el Banco Nacional de Datos Genéticos. ¿Cuál es tu mayor preocupación? 

–La lucha que tenemos que tener para que esto no pase. Estamos consiguiendo, de alguna manera, que algunas cosas queden sin hacer lo que querían, que era destruirlas, negarlas. Y no estamos en una dictadura, estamos en un gobierno elegido con el voto, legal. Eso es preocupante. ¿Quién es el que nos gobierna? ¿Y qué pretende que hagamos, que nos borremos la memoria? ¿Que digamos “no, yo ya no quiero saber más nada”? No, de ninguna manera. Lo que estamos buscando es encontrar todo lo que no se encuentra y que falta, y que ese Nunca Más sea que nuestra Argentina nunca más sufra lo que hemos sufrido como pueblo por estos robos de chicos, por estas maldades de muertes y de arrojar personas desde los aviones al mar y tantas cosas que se saben, tristísimas por supuesto, y que no es que hay que olvidarlas. Hay que decir que no tienen que volver a pasar. 

–Estela, vos empezaste este camino, como muchas otras abuelas, buscando a tu nieto. Pudiste no sólo encontrarlo, sino que encontraron, restituyeron 140 identidades. ¿Qué pensás de todo este camino, de todos estos logros que han conseguido? 

–Que si yo volviera los años atrás, con la edad que tenía y lo que teníamos que hacer, lo seguiría haciendo y todavía con más fuerza quizás, porque ya he aprendido cómo hay que hacerlo. En cambio, antes no sabíamos qué hacer por el riesgo a que nos raptaran, nos mataran a nosotros por buscar lo que ellos tenían como un botín de guerra, como una ganancia haciendo desaparecer personas para que no molesten en lo político. 

–En aquella entrevista con Cítrica, en 2012, vos decías que cada abuela tiene preparada una caja para su nieto o para su nieta con recuerdos, fotos y demás. ¿Recordás haberle entregado esa caja a Guido y algo más de esos primeros momentos con él? 

–Sí, por supuesto, tantas cosas. Tantas cosas que eran muy especiales de hacerlas, de decirle a un joven que no me conocía, no me había visto en mi vida, que yo era la abuela. Cada uno tiene una historia, ¿no? Yo tengo la mía con mi nieto, por la forma de encontrarlo, por cómo él se allegó a escuchar y cómo somos ahora una familia completa y con un cariño y un amor increíble. Él sabe que su mamá no vive, que su mamá fue asesinada, quién era Laura y, lógicamente, me quiere mucho y yo lo quiero a él un montón. También tiene una hijita. Todo unido como corresponde, la familia. Pero lo que tenemos que tener el pueblo, no solamente las Abuelas, las Madres, las víctimas... no, el pueblo: el Nunca Más. Nunca más nadie tiene que hacer lo que hicieron esos sinvergüenzas, delincuentes que nos hicieron tanto daño. 

–Vos decías que vas camino a ser centenaria, es decir, has vivido dos siglos: gran parte del siglo XX y... ¿cómo te encuentra este siglo XXI? Pareciera que todo es más acelerado, son más efímeras las construcciones y la memoria se pone en jaque. ¿Qué pensás de esta vida acelerada del siglo XXI? 

–Bueno, estos cambios son mundiales, no es solamente la Argentina donde la juventud tiene otra forma de manifestarse o de decir o querer hacer. La edad es cada vez más temprana para tener derechos y ahora tienen también el derecho a hacer que sus voces tengan oído. Todo va cambiando, uno tiene que acostumbrarse, si no estaríamos viviendo siempre como los primeros habitantes. Hay que ir acompañando el tiempo y, sobre todo, tener el respeto y la paciencia que merece la juventud para saber qué es lo bueno, qué es lo que no deben, y el ejemplo dárselo nosotros. No tenemos que hacer nunca algo que no corresponda, que sea ilícito o que ofenda, sino todo lo contrario. Si se perdió algo, tratar de recuperarlo y usarlo para el bien de todo el pueblo, de todo el país.

–¿Qué imágenes te vienen a la memoria de los momentos más felices que has vivido siendo parte de Abuelas? 

–El más feliz fue el encuentro de mi nieto. Encontrarlo y con una historia así, tan particular. Tan risueña, por un lado, porque la jueza que me atendió (NdR: María Romilda Servini de Cubría) fue tan amable y todo el cuento que me hizo para llegar a hablar del tema, que se había encontrado. Y bueno, ahora el cariño que nos tenemos; la hijita que tiene, que es un amor, y la esposa también. Es un músico impecable, no sé si está en el exterior ahora, haciendo algunos conciertos, pero cuando viene a mi casa es mi nieto y no quiere que le cocine. Él me cocina, por ahí unas milanesas o un pastel de papas, cosas comunes pero ricas. Yo digo “vos venís a mi casa, yo te tengo que ofrecer lo que yo hago”. “No, no, no, vos no tenés que trabajar, abuela”. 

–Hay una foto que circula bastante entre la militancia y la gente comprometida con los derechos humanos: es un grupo de Madres y Abuelas con los brazos entrelazados, en la época de la dictadura, y a cierta distancia hay una formación de militares. Esa imagen sintetiza el valor para seguir adelante. ¿Qué las inspiraba a ustedes a seguir en esos momentos difíciles? 

–Nosotros nos arriesgábamos la vida para recuperar a un hijo, a una hija, a un nieto, la carne de nuestra carne. Y en eso está el amor de la familia. Y después, enseñarles a los que tenían temor que no tuvieran temor, porque si hay miedo, hay represión. Bueno, después vino la democracia y las cosas cambian, pero con la dictadura y los militares y todos los demás asesinos y ladrones hubo que luchar mucho. Y, sobre todo, sacar el miedo de la gente, porque sabían que los secuestraban y los tiraban al Río de la Plata. Eso es así, así ha pasado. Es un horror. ¿Cómo podían ser personas los que hicieron eso?