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El tipo baila

por Horacio Dall'Oglio
01 de octubre de 2018

¿Cómo pensar la escena de un presidente bailando a la vez que hipoteca el futuro de millones? ¿Por qué no es coherente el discurso del futuro próspero con un presente de ajuste y angustia? ¿A cuánta distancia está el gobierno nacional de la realidad argentina?

El tipo baila y entrega la soberanía mientras se come un bife con papas. Así, tranca. En el medio hay un canje, una transacción, porque ahora es a él a quien le entregan el premio al "Ciudadano Global 2018" por lograr, en menos de tres años, "un futuro próspero para su gente", y el tipo, que es un gran previsor -tal como lo muestra su premiación y ese tuit de Año Nuevo de "1 de enero 2018: Comienza el futuro"- sabe que si quiere un acuerdo con el FMI va a tener que esforzarse, aunque mucho no le cueste, y sobarle el oído a Christine Lagarde, sentada junto a él, a la derecha, en la mesa 24 del evento de Atlantic Council, en Nueva York, y ya viene el cipayismo entreguista, en un inglés poco aceitado, de "hemos empezado una gran relación, y también con Christine debo confesar que hemos iniciado una gran relación ya desde hace algunos meses, y espero que funcione muy bien y que lleve a que todo el país termine enamorado de Christine", y ya llueven los aplausos, y el tipo sonríe complacido, y en la cara se le dibuja una sonrisa de felicidad y hasta de cierta excitación, y el tipo aprovecha el momento para relamerse el labio inferior en un gesto de "me la comería cruda", y ya viene la foto final, y Frank Sinatra canta su "I get a kick out of you", y mientras el resto de los premiados suben al escenario se cruzan las miradas con la anfitriona y filántropa Adrienne Arsht, que estuvo en la misma mesa junto con el tipo pero sentada a su izquierda, y ya quedan pocos segundos para que termine el evento y en la urgencia de mantener el papel de latino "mandado", de tipo canchero y espontáneo, agarra de la cintura a la Adrianne, y ella sin decir ni mu lo complace al tipo, y como si fuese un Fred Astaire del subdesarrollo saca a bailar a su momentánea Ginger Rogers, y juntos se abren paso en el escenario del Cipriani Wall Street, en una cruza rara entre chamamé y jazz, pero no importa, como no importa que todavía retumbe Plaza de Mayo por la cantidad de gente que fue a protestar contra el ajuste unas horas antes, a miles de kilómetros de distancia, en una distancia material que también es una distancia simbólica, porque el tipo baila, y baila.

No tuvo tiempo de preguntarnos si queríamos bailar o no. Nos empuja a que hagamos el "trencito", con este "bombón asesino", y que sigamos la procesión, meneándonos como podamos, hamacándonos de un lado para el otro.

Gendarmería y Policía Federal se llevan el presupuesto de Educación, Ciencia, Tecnología y Niñez, y el tipo baila; la policía se especializa en perseguir y criminalizar vendedores ambulantes, y el tipo baila; los ministerios de Salud, Trabajo, Ciencia y Tecnología desaparecen, y el tipo baila; estás enfermo con HIV o con tuberculosis y recortan el presupuesto para tus medicamentos, y el tipo baila; tenés discapacidad y te sacan la pensión, y el tipo baila; sos jubilado y tenés que bancarte que te nieguen aumentos y cada vez sean menos los descuentos de PAMI, y la miseria que te dan solo alcanza para una comida diaria, y el tipo baila; los despidos, las suspensiones y las vacaciones forzadas forman parte de la charla familiar, y el tipo baila; solo en julio se perdieron 59.600 puestos de trabajo registrados, y el tipo baila; y la pobreza está 27% más lejos del cero prometido, y el tipo baila; crecen las personas en situación de calle, y el tipo baila; la heladera cada vez más vacía y el freezer cada vez más al pedo, y el tipo baila; la tarjeta de crédito cada vez más cargada y la SUBE otra vez con saldo negativo, y el tipo baila; el auto es un lujo y el tanque de nafta que no sale nunca de la reserva, y el tipo baila; las tarifas de servicios con plan de pagos, y el tipo baila; ¿y por qué no un Ahora 12 para el gas o la electricidad?, y el tipo baila; la calle explota de gente con bronca y con marchas cada vez más numerosas, y el tipo baila; cuarto paro general, y el tipo baila; el futuro está cada vez más lejos, y "la luz al final del túnel" que nunca aparece, y ya estamos a oscuras, tanteando las paredes para no caernos, y no hay "segundo semestre" que alcance, y el tipo baila; la "futurofilia" y la "pasadofobia" son cada vez más recurrentes y trillados, mientras el presente queda en el olvido, y el tipo baila; la fuga hacia adelante crece como crece la fuga de divisas, y el tipo baila; los funcionarios con la guita afuera y en dólares triplican su fortuna, y el tipo baila.

Sos directora o auxiliar de una escuela, pongamos en Moreno, te llamás Sandra o Rubén, y una garrafa explota como metáfora de un Estado ausente, y te morís, así nomás, y el tipo baila; sos docente, pongamos de la misma escuela de Moreno, y recibís amenazas a diario, vos y tus compañeras, por darle un plato de comida a los pibes que llegan a la escuela con hambre y porque los acompañás en el estudio pese al paro, y un día te secuestran, te torturan y te escriben con algo punzante en la panza "ollas no", y el tipo baila; sos un pibe de 13 años, te gusta dibujar, jugar a la pelota y al básquet con tus amigos de Saenz Peña en el Chaco, y pasás cerca de un supermercado donde el dueño le retiene las tarjetas alimentarias a la gente especulando con los precios, y el dueño llama a la policía, y la policía empieza a disparar con balas de plomo, y vos estás todavía ahí, y en una de esas una bala te alcanza, y atraviesa tu joven pecho, y tu futuro, ese con el que se llenan la boca los políticos de turno, se disipa junto con el olor a pólvora, y queda cegado para siempre, y el tipo baila.           

Tanto baila el tipo, tan "great dancer" es, que nos obliga a bailar, nos saca de prepo como a la filántropa de la premiación, salvo que el tipo no cenó con nosotros un bife con papas en el glamoroso salón del Cipriani Wall Street de Nueva York, y no tuvo tiempo de ponerse de acuerdo con nosotros en qué momento bailar, ni si queríamos o no hacerlo; y nos hace bailar como si fuésemos los extras de La La Land, salvo que no nos estamos riendo, no  tenemos un vestuario colorido y tampoco tenemos ganas de bailar; y no hay un "no gracias, yo no bailo" que valga; y encima nos hace bailar con la más fea, con Christine, que tiene ese apellido que hace acordar a los lagartos, y los lagartos recuerdan a V Invasión Extraterrestre, salvo que esto no es una ficción de los '80, y acá el ne(cr)oliberalismo no es joda, y encima nos quiere hacer enamorar, el muy turro, también a la fuerza, porque es lo que mejor le sale, a la fuerza, y ya nos empuja a bailar con ella, y a que hagamos el "trencito", con este "bombón asesino", y que sigamos la procesión, meneándonos como podamos, hamacándonos de un lado para el otro, mientras ellos se ríen y la pasan bárbaro y tiran globos para arriba y gobiernan como si esto fuese una fiesta, una joda, un asalto, un asalto a mano armada pero con guantes blancos, y nada de quejarnos porque te aparece envalentonada la Patricia y sus gendarmes furibundos, y dale, si "se puede", si "estamos haciendo lo que hay que hacer", si Los Wawancó  no dejan de cantar una y otra vez: "Se acaba el trabajo, se acaban los placeres, /se acaba el dinero y se acaban los quereres./ Se acaba el trabajo, se acaban los placeres,/ se acaba el dinero y se acaban los quereres./ Y la cosecha de dólares, nunca se acaba, la cosecha de dólares, nunca se acaba…".