Rutas que matan: la deuda pendiente con la fauna silvestre en Córdoba
por Guillermo Galliano14 de enero de 2026
Los animales muertos en el asfalto no son accidentes inevitables, sino el síntoma de una infraestructura que ignora la biodiversidad. Con apenas el 3% del bosque nativo en pie, Córdoba enfrenta una crisis silenciosa donde la falta de pasafaunas y planificación condena a nuestras especies a la fragmentación y la muerte.
El cuerpo sin vida de un gato montés sobre el asfalto no es una imagen excepcional. Es una escena que se repite a diario en las rutas de Córdoba y de gran parte de la Argentina. No se trata de un accidente fortuito ni de una fatalidad inevitable: es la consecuencia directa de un modelo de infraestructura vial que sigue ignorando la existencia de la fauna silvestre.
Las rutas no atraviesan territorios vacíos. Cruzan montes nativos, sierras, pastizales, humedales y ambientes que funcionan como corredores biológicos. Por allí se desplazan mamíferos, aves, reptiles y anfibios e incluso especies endémicas como el zorro colorado de achala o el flamante monumento natural de Córdoba el Aguará Guazú que necesitan moverse para alimentarse, reproducirse y sobrevivir. Sin embargo, en lugar de integrarse al paisaje, las rutas se han convertido en barreras infranqueables y, muchas veces, en verdaderas trampas mortales.
En la provincia de Córdoba la situación es aún más crítica: queda apenas alrededor del 3% del bosque nativo original. Una fracción ínfima de lo que alguna vez fue uno de los sistemas naturales más ricos y diversos del país. Esa pérdida no es solo vegetal: donde desaparece el monte, también desaparecen los animales. Las poblaciones silvestres hoy son reducidas, fragmentadas y vulnerables. Por eso, cada atropellamiento importa. Cada individuo cuenta. Cada muerte tiene un impacto real en ecosistemas ya profundamente debilitados.
A pesar de este escenario, en Córdoba no existen pasafaunas funcionales que permitan a la fauna silvestre cruzar de manera segura, ni por debajo ni por encima del asfalto. Esta ausencia no es un detalle menor: cada kilómetro de ruta sin planificación ambiental adecuada se traduce en muertes silenciosas, repetidas y naturalizadas. Gatos monteses, zorros, corzuelas, pumas, comadrejas, reptiles y tantas otras especies mueren atropelladas sin estadísticas oficiales, sin registros sistemáticos y sin que el problema ocupe un lugar real en la agenda pública.
La muerte de un animal silvestre en la ruta no es solo una pérdida individual. Es un síntoma de la fragmentación del territorio, de la degradación de los ecosistemas y de la falta de una mirada integral sobre el desarrollo. También es una señal de alarma en términos de seguridad vial: numerosos estudios internacionales demuestran que los pasos de fauna reducen de manera significativa los atropellamientos de animales y, en consecuencia, los accidentes que involucran a personas.
Por eso resulta imprescindible exigirle al Gobierno de la Provincia de Córdoba, a la ministerio de infraestructura y a las empresa estatal Camino Sierra. El desarrollo no puede seguir avanzando de espaldas a la vida. En gran parte del mundo, los pasafaunas forman parte de los estándares básicos en obras viales modernas. No son un lujo ni un capricho de los ambientalista: son una herramienta técnica probada, basada en evidencia científica y planificación responsable.
Córdoba suele presentarse como una provincia comprometida con el turismo de naturaleza y la conservación ambiental. Sin embargo, no hay discurso posible si las rutas continúan fragmentando los pocos ambientes que aún sobreviven sin ofrecer soluciones concretas para la fauna. No hay identidad ambiental si naturalizamos la imagen de animales muertos como parte del paisaje cotidiano.
El gato montés atropellado no es un caso aislado. Es un símbolo. Representa todo lo que estamos perdiendo por no anticiparnos, por no escuchar a la ciencia y por no comprender que, cuando queda tan poco, cada vida importa.
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