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"Estamos luchando por nuestros derechos"

por José María Di Bello
Fotos: Rodrigo Ruiz
23 de septiembre de 2026

Ante el intento del Gobierno porteño de cambiar la fecha de la Marcha del Orgullo con la excusa de la visita papal, José María Di Bello expone las contradicciones de Jorge Macri. Entre el desprecio oficial y la convivencia de la fe con la diversidad, la respuesta es clara: la marcha no se mueve y se realiza el 7 de noviembre.

Hay decisiones que no sólo afectan una fecha: exponen un modo de mirar a la gente. Y  la verdad es que lo que está haciendo hoy el Gobierno de la Ciudad con la Marcha del  Orgullo es exactamente eso: huele a desprecio, a discriminación y a un manotazo de  ahogado que ya no convence a nadie. 

Primero nos dijeron que había “dificultades operativas y de seguridad por la visita del  Papa León XIV”. Suena técnico, suena serio pero cuando uno mira un poco más de  cerca, se desmorona. Porque la Marcha del Orgullo no se reprograma como si fuera una reunión en un calendario. Es una construcción federal que lleva meses: organizaciones de todo el país, delegaciones que ya armaron colectivos, artistas que  reservaron la fecha, sindicatos, espacios de derechos humanos, miles de personas que  compraron pasajes, reservaron hoteles, organizaron su presencia con esfuerzo. Mover la fecha no es un detalle: es desarmar una trama viva que ya está en movimiento. 

Y además --esto lo reconoce el propio gobierno porteño-- el Papa llega al día  siguiente de la Marcha. Y el primer acto masivo vinculado a su visita es dos días  después, en otro punto de la ciudad. Entonces ¿de qué seguridad hablan? Buenos  Aires coordina recitales gigantes, partidos de fútbol, congresos internacionales y  movilizaciones enormes todos los meses. Esa es, justamente, la responsabilidad de  un gobierno metropolitano. 

Pero lo más grave vino después. El Gobierno de la Ciudad sacó un decreto prohibiendo  todas las manifestaciones del 6 al 13 de noviembre. Una semana entera. Un apagón de  derechos. Una medida que no tiene ninguna justificación real. 
Y ayer apareció la frase que terminó de dejar todo al descubierto. El canciller Quirno  dijo que “no hay ningún problema” con la Marcha del Orgullo y que “está todo  contemplado” para la seguridad del Papa. En diplomacia, eso es un misil suave.  Significa: la Marcha no afecta el operativo. Punto. 

Cuando un funcionario como el canciller, dice eso, deja en evidencia que la excusa de  la Ciudad es falaz. No hay riesgo. No hay incompatibilidad. No hay motivo real para  mover la fecha. 

La Nación, “sin buscarlo”, dejó expuesto a Jorge Macri. Lo desautorizó por contraste. Lo dejó solo sosteniendo un argumento que ya nadie avala. Y ahora, además, queda claro que si “está todo contemplado”, entonces la Nación debe reponer el escenario, la  logística y la infraestructura que retiró desde que asumió Milei. Porque si la seguridad  está garantizada, no hay excusa para no garantizar derechos. ¿No? 

En medio de ese desconcierto, Macri dijo algo que merece ser respondido con claridad:  que “la mayoría de las organizaciones” habrían aceptado mover la marcha al 21.

No es verdad. No lo fue nunca. Y no lo será. 

Si hay alguna organización --o algún grupito de organizaciones-- que esté transando con esa fecha, deberán hacerse responsables y pagar el costo político de esa transa. Pero la verdad es que no creo que ni siquiera eso está ocurriendo.

Jamás podríamos pensar que una organización de nuestra comunidad aceptaría semejante retroceso. Lo que sí sabemos es que la mayoría real, la que construye la Marcha del Orgullo desde hace décadas, sostiene la fecha del 7 de noviembre. Y la sostiene con convicción, con  memoria y con dignidad. 

Mientras tanto, el Vaticano nunca pidió mover la marcha. Nunca. El único que insiste es  el Gobierno de la Ciudad. Y eso, en este contexto, dice demasiado. 

Hace unos días tuve un encuentro muy inspirador con Guillermo Karcher, una de las  voces más respetadas del Vaticano, alguien que acompañó durante años a Francisco y que conoce desde adentro la sensibilidad de la Iglesia. Hablamos largo, sin apuro. Sobre la visita del Papa, sobre la Marcha, sobre este clima de odio que se siente en el  aire. Y conversamos sobre algo que parece simple, pero no lo es: la coincidencia de que la Marcha del Orgullo y la llegada del Papa ocurran en el mismo fin de semana. 

Los dos compartimos la misma mirada: esa coincidencia es positiva. Porque miles de personas de nuestra comunidad LGBT+, de las provincias y de países vecinos, ya organizaron sus viajes para estar en la Marcha. Y muchas de ellas, que también son creyentes, extendieron su estadía para participar de la misa del lunes. 

Marchar el sábado. Rezar el lunes. Ser todo lo que son, sin tener que elegir entre su  identidad y su espiritualidad. 

Eso es lo que el Gobierno de la Ciudad no quiere ver. Mientras ellos levantan muros,  nosotros estamos construyendo puentes. Mientras ellos hablan de “seguridad” para  justificar exclusión, nosotros hablamos de rehumanizar las relaciones sociales. De  mirarnos sin miedo. De entender que la diversidad y la fe pueden convivir sin que una tenga que correrse para que exista la otra. 

La Marcha del Orgullo se realizará el 7 de noviembre. Con o sin el acompañamiento del  Gobierno de la Ciudad. Porque nuestra historia, nuestra memoria y nuestra dignidad no  se suspenden por decisión de ningún gobierno. 

Y sí, con Guillermo también hablamos de esas frases de Francisco que hoy vuelven a  cobrar sentido. Ese “Hagan lío” que nos invita a no quedarnos quietos. Y otra  fundamental que hoy más que nunca debemos encarnar: “Todos, todos, todos”.