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La dignidad que reasumió el pueblo

por Osvaldo Saidón
Fotos: Juan Pablo Barrientos
14 de agosto de 2019

El psicoanalista Osvaldo Saidón reflexiona sobre lo que significó el voto del último domingo en las PASO 2019. La subjetividad callada, el fin a una política de maltrato, empobrecimiento y más desigualdad, y el contundente rechazo a un presidente que representa "un poder castigador".

En estos días, más que ver cómo es Mauricio Macri o qué personalidad tiene, lo que sería hacer una generalización ligera, lo interesante es reflexionar sobre qué pasó en la sociedad argentina el último domingo. Por qué esta subjetividad, que parecía tan callada, esta dignidad que reasumió el pueblo y los votantes, se expresó de una manera contundente para decirle basta al maltrato, basta al empobrecimiento, basta a tanta desigualdad. Y lo dijo, además, con una contundencia que nadie esperaba. 

Lo que se produjo fue un fenómeno interesante, un cuestionamiento del poder vigente. En ese sentido, claro que aquellos que tienen el poder, los poderosos, reaccionarán de diferentes modos, y puede que una vez se presenten más confusos, otra más deprimidos, otra más manipuladores o psicopáticos. Pero en realidad, lo que interesa ver no es tanto eso, sino la manera en que ellos están tratando de desarmar una creciente resistencia que se expresó en un voto que nadie esperaba. 

Esta subjetividad, que parecía tan callada, se expresó de una manera contundente para decirle basta al maltrato, basta al empobrecimiento, basta a tanta desigualdad

Otro efecto interesante es analizar por qué la gente no dijo o no comentó nada o casi nada sobre a quién iba a votar. Y me parece que eso sucedió, en principio, porque la gente estaba atemorizada ante un poder que es castigador, ante un poder que expulsa y que los deja sin trabajo. Pero cuando la gente tuvo ocasión de expresarse lo hizo con el voto, entonces por eso creo que sería bueno que ahora, más que preocuparnos por el dólar, nos demos un espacio para poder festejar esta reasunción de la dignidad. 

Creo que lo fundamental, después de lo que pasó el domingo con las elecciones, es que estamos percibiendo que el receptor de los mensajes, es decir, la gente, el pueblo, los diferentes sectores sociales, dijeron “basta”. El pueblo ya no es más un escuchante pasivo de los programas televisivos, o de las zonceras periodísticas, sino que a partir de ahora, cualquier cosa que se le diga va a ser escuchada con la inteligencia que da sentirse parte de un colectivo que recompone la dignidad, que no está más dispuesto a tolerar el modo en que ha sido tratado, ni el cinismo con el que se le ha dicho una cosa un día y otra cosa otro, pensando que todo da lo mismo. Y en ese sentido creo que todo lo que está pasando es muy bueno porque lo que apareció fue “lo real de la realidad”.

El pueblo ya no es más un escuchante pasivo de las zonceras periodísticas. A partir de ahora, cualquier cosa que se le diga va a ser escuchada con la inteligencia que da sentirse parte de un colectivo que recompone la dignidad

En estos momentos en que se está usando mucho a la psicología, y en particular a la psicología social como método de despolitización, tenemos que tener cuidado, porque el peligro es que terminemos haciendo diagnósticos psicopatológicos: “Este es un loco, un psicótico, un psicópata”. Y el problema de eso es que no realizamos la tarea más interesante, que sería pensar en una teoría sobre el inconsciente; es decir, que podamos ver cuál sería la producción de subjetividad social que está aconteciendo en estos momentos. Como decía Freud, “toda psicología es psicología social”. Todo siempre está relacionado a la sociedad.

La psicología social puede ayudar a preguntarnos qué es lo que pasa ahora con esta especie de cautela que se ha establecido después de las elecciones. Y este freno a una posible explosión de alegría después de tantos años, de tantas lamentaciones, por haber logrado la construcción, como alguien decía ayer, de una mayoría, o de una novedosa mayoría, que se expresó con una contundencia que merece ser festejada. Y creo que esta cautela puede tener que ver también con las noticias económicas crueles que surgieron al otro día, porque pareciera que espantaron la posibilidad de conectarnos con los afectos alegres. Pero de igual manera me parece que sería importante que podamos conectarnos con ellos, porque los afectos alegres siempre propician, como no podría ser de otra manera, buenos augurios.

* El autor es psicoanalista y analista institucional.