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Un perseguido político por defender el territorio en Jujuy

por Estefanía Santoro
Fotos: Rodrigo Ruiz
11 de agosto de 2026

Gastón Cabana, músico humahuaqueño, vive un hostigamiento articulado entre un empresario hotelero y los poderes locales por poner el cuerpo acompañando a la comunidad Cueva del Inca.

Gastón Cabana nació en La Quiaca, ahí donde la Argentina abraza al Estado Plurinacional de Bolivia, pero hace ya muchos años que vive en Tilcara, en el corazón de la Quebrada de Humahuaca. Es músico popular. Creció escuchando punk rock en la adolescencia y luego, como un impulso de la tierra, llegó a los sikus, las quenas y la música andina. Vive de la música, pero también de la convicción: es referente de la Red de Músicos y Músicas de Tilcara y un defensor incansable de los derechos territoriales y laborales de su comunidad.

“Uno nace defendiendo el territorio", remarca Gastón con una tranquilidad que contrasta con la gravedad de lo que le toca relatar. “Quienes vivimos en las comunidades jujeñas crecemos escuchando sobre la defensa de la tierra. No es algo que se aprende en un libro: se aprende haciendo”.

La declaración de la Quebrada de Humahuaca como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, en 2003, prometió un progreso que jamás llegó a las comunidades originarias. En cambio, abrió las puertas al turismo desenfrenado, la especulación inmobiliaria y la entrega sistemática de bienes comunes a grandes empresarios. “Ningún tilcareño se hizo millonario con el patrimonio", asegura Gastón. La mayoría vive del trabajo diario: en las plazas vendiendo artesanías, en las peñas tocando música o como empleadxs de los hoteles que avanzan sobre sus cerros.

 

La resistencia de Cueva del Inca
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En el mapa tilcareño, a un costado de la Ruta 9, habita la comunidad ancestral (con personería jurídica) Cueva del Inca. Allí descansa un “antigal” (sitio sagrado de los pueblos originarios) y sobre ese suelo sagrado se posó la codicia empresarial. El empresario hotelero Carlos Vásquez, dueño del complejo Canto del Viento, sostiene un hostigamiento permanente contra los pobladores para apoderarse de las tierras.

“Le llaman recursos naturales, pero para nosotros son elementos dadores de vida”, explica Cabana. “La Justicia jujeña y los partidos políticos coloniales actúan en complicidad. Cierran escuelas pero abren fiscalías y la nueva Inquisición del Ministerio Público de la Acusación para criminalizar al indígena. El poder político y la Justicia hablan de cultura solo para la foto, pero cuando salimos a defender la tierra nos mandan a la brigada, nos arman causas y nos persiguen con drones sobre las casas”.

La tensión se agudizó tras la reforma constitucional provincial de 2023, aprobada bajo la gestión de Gerardo Morales: una modificación rechazada masivamente por las comunidades en las rutas que dio origen al Tercer Malón de la Paz. “Estuvimos meses en los cortes y en la permanencia. Yo estuve a cargo de la Comisión de Cultura en Buenos Aires. Para nosotros, la música no es entretenimiento: es resistencia. Cantábamos cuando nos reprimían, cantábamos para mantener el fuego sagrado”.

Gastón Cabana en Buenos Aires, adonde llegó para amplificar la denuncia sobre la persecución que sufren en Jujuy.

Gastón Cabana en Buenos Aires, adonde llegó para amplificar la denuncia sobre la persecución que sufren en Jujuy.

 

Una detención muy sospechosa
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Hace pocas semanas, la comunidad Cueva del Inca presentó un proyecto en el Concejo Deliberante para asignarles nombres propios a las calles de su territorio, ejerciendo su derecho a la autodeterminación. El proyecto fue aprobado por unanimidad. Sin embargo, la intendenta Sonia Pérez (UCR) vetó la resolución mediante decretos autoritarios. La respuesta comunitaria fue inmediata: una permanencia de tres días frente al recinto concejal y una marcha pacífica por el pueblo.

Gastón estuvo ahí, aportando el sonido con sus compañeros de la Red de Músicos. Lo que siguió después pareció sacado de las páginas más oscuras del pasado. “Al terminar la actividad, fui al baño público al frente de la plaza de Tilcara. Al salir, me abordaron cuatro personas vestidas de civil. Dos me agarraron del cuello y me llamaron por mi nombre: Gastón Cabana. Pensé que eran turistas o gente que me conocía de las peñas, pero no. Eran de la brigada de investigaciones”, relata.

Sin identificarse ni mostrar orden judicial alguna, los efectivos lo empujaron hacia un automóvil particular color rojo estacionado en las inmediaciones. Ante la resistencia de Gastón y la mirada atenta de lxs artesanxs de la plaza, los policías de civil cambiaron de planes y lo llevaron caminando a la comisaría local, ubicada a 50 metros.

Allí dentro, la intimidación continuó. Intentaron tomarle fotos con las celdas de fondo para montarlo como “detenido”. Gastón se negó rotundamente a ingresar al sector de calabozos sabiendo que no existía motivo legal alguno. Estuvo casi tres horas privado de su libertad de manera irregular, sin respuestas ni garantías, hasta que le informaron que pesaba sobre él una denuncia promovida por el propio empresario hotelero Carlos Vásquez.

 

Leyes a la medida de los empresarios
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La acusación resultó insólita: “lesiones leves” por un supuesto incidente ocurrido el 5 de septiembre del año anterior, durante un intento de desalojo ilegal ejecutado por 15 matones encapuchados contratados por el empresario y ante la mirada pasiva de la Policía jujeña.

“En aquel momento, este empresario metió matones armados que arrojaron gas pimienta a abuelas y mujeres que defendían el territorio. A mí me pegaron una trompada que me rompió los anteojos. Nos defendimos para proteger la vida. Un año después, cuando nos ven organizados de nuevo por las calles de Tilcara, desempolvan esa causa y me arman una imputación relámpago en la fiscalía de Humahuaca”, denuncia Gastón.

Al día siguiente de la detención irregular, un policía motorizado se presentó en su domicilio exigiendo su presencia urgente. En menos de 48 horas, la fiscalía que suele demorar años cuando se trata de atender las denuncias por despojo de los pueblos originarios, actuó con celeridad contra Gastón.

Hoy, Cabana convive con el hostigamiento diario. Una cámara de vigilancia estatal apunta directamente al ingreso de su casa; autos de la brigada sin identificación merodean la zona y drones sobrevuelan los techos de su casa a baja altura durante las noches.

“No es vida estar pensando que en cualquier momento te van a agarrar solo en una calle. Pero no vamos a naturalizar la persecución. Detrás de todo esto hay intereses mineros por las tierras raras, megaproyectos inmobiliarios y viñedos para los mismos de siempre. Los pueblos tenemos memoria y conciencia: el territorio no se vende, se defiende”, concluye.

Gastón Cabana en Buenos Aires, adonde llegó para amplificar la denuncia sobre la persecución que sufren en Jujuy.

Gastón Cabana en Buenos Aires, adonde llegó para amplificar la denuncia sobre la persecución que sufren en Jujuy.