“Cuando El Brujo va a cruzar, con el agua por las rodillas, dice ‘no, yo me vuelvo'”

por Maxi Goldschmidt
Fotos: Juan Pablo Barrientos
01 de agosto de 2020

Claudina Pilquiman llevó a Santiago Maldonado hasta la Pu Lof y fue una de las últimas personas que lo vio ese 1 de agosto, cuando corría de Gendarmería. Por primera vez da una entrevista. Detalles del operativo, los rastrillajes, la persecución judicial, mediática y las amenazas del propio Echazú en la puerta de su casa.

Claudina Pilquiman fue una de las últimas personas que vio a Santiago Maldonado ese 1 de agosto de 2017. Ella, que el día anterior lo había llevado en su camioneta hasta la Pu Lof de Cushamen, esa mañana, alrededor de las once y media, lo vio agarrar su mochila, colgada en la casilla de guardia, y salir corriendo en medio de la balacera de Gendarmería. Lucas, uno de los hijos de Claudina, también corrió hacia el río Chubut. Al intentar cruzarlo quedó enredado en unas ramas y quien lo ayudó a seguir camino fue Santiago, que no se animó a cruzar y quedó escondido debajo de unos sauces. Del otro lado del río, Lucas y otros peñis le hacían señas para que cruzara, mientras los disparos seguían y los gritos de los gendarmes se acercaban.

-- Era imposible hablar de Santiago sin que sintiéramos el dolor de no haberlo ayudado cuando estábamos ahí. Jamás nos íbamos a imaginar que pudiera pasar todo lo que pasó.

Claudina fue una de las primeras integrantes de la comunidad en declarar ante la Justicia. Pero el juez Guido Otranto no sólo no tuvo en cuenta su testimonio. Además ordenó que le pincharan el teléfono, como a Sergio Maldonado y a otros testigos. Parte de esas escuchas fueron publicadas por Clarín, Infobae y otros medios. En estos tres años Claudina no había dado entrevistas.

“El tiempo ayuda a rever lo que pasó. A veces nos hemos planteado cómo no hicimos esto, cómo no preguntamos aquello. Cómo con tanta astucia pudieron realizar todo en nuestra cara, sin que nos diéramos cuenta”. 

¿A qué cosas te referís?

En todos los rastrillajes era muy alevoso cómo actuaban, la impunidad con la que entraban al territorio. Después cómo se manejaba todo eso en los medios: se decía que la comunidad no los dejaba entrar, que era un territorio sagrado. Sí, todos nuestros territorios son sagrados, pero ellos entraban igual donde querían. Desde el principio negaban la presencia de Santiago en la lof. En uno de los primeros rastrillajes, yo le señalo a una de las chicas del juzgado algo que había debajo de una mata: era una gorrita blanca que usaba Santiago, justo en la zona donde lo habíamos visto correr, pero después dijeron que nosotros la plantamos ahí. Nunca hicieron un rastrillaje serio. Ni siquiera cuando vinieron con perros. Unos de los perros iba y volvía desde el río hasta donde estaba la huella de una de las camionetas. Hacía ese recorrido y entonces nosotros dijimos que ese era un rastro. Pero nos trataban de ignorantes. Decían que el perro había perdido el olfato, que los perros actuaban de otra forma y no como uno imagina. Hubo mucha gente involucrada.

"Cuando voy llegando a la guardia veo a Santiago que sale, poniéndose la mochila y corriendo hacia el río" .

Después sacaron a (Guido) Otranto y (Gustavo) Lleral llegó con buena onda, se acercó a la comunidad y dijo que no era racista, que no nos tenía asco. Se hizo el bueno al principio pero al final resultó igual que el otro juez. El día anterior a que apareciera el cuerpo de Santiago, nos pidieron que no le avisemos a nadie, que tampoco se enteraran los medios, que era un rastrillaje más, que no era importante. Y ese día también pasaron cosas raras. Uno de los gomones en que iba Matías (Santana) de repente se dio vuelta. El cayó al río y uno comentó: “Viste, en cualquier momento puede pasar algo, no hay nada seguro”. Y un rato después el cuerpo apareció justo cuando no había ningún testigo y en un lugar que habíamos revisado muchas veces. 

¿Dónde estabas ese 1 de agosto cuando entró Gendarmería a la Pu Lof?

Yo venía subiendo a la guardia con mi hija, mi nietito de seis años y mi nene de nueve. Más cerca de la tranquera estaban resistiendo la balacera. Era un descontrol y yo justo me acerco para preguntar cómo estaban y si necesitaban algo. Me cubría la cabeza porque además de balas, los gendarmes nos tiraban piedras desde la ruta. En eso escucho el estruendo cuando pasan por la tranquera amarilla, supongo que con un camión porque fue un ruido espantoso. Y ahí dijimos “rajemos todos”. Yo estaba en la mitad, entre el alambrado y la guardia. De la desesperación, sentía que no llegaba más a la guardia. Corrían atrás mio y no sabía si eran los lamien (hermanos) o los gendarmes. Cuando voy llegando a la guardia veo a Santiago que sale, poniéndose la mochila y corriendo. No llego a hablar nada, era un momento desesperante.

¿Vos te quedaste en la guardia?

Sí, nos quedamos con mi hija y los nenes. Yo les digo a los nenes que se metan adentro, alcanzo a cerrar la puerta y un gendarme golpea gritando: “abran hijos de puta”. Yo le digo “no hay nadie acá, no hay nadie”, sosteniendo la puerta. Y en eso veo que mi hija estaba afuera, entonces abro y entra el gendarme. Empieza a revolver todo con el arma en la mano, gritando “dónde están, hijos de puta. Dónde están”. Y los nenes ahí, paraditos, sorprendidos, mirando todo. Yo le pido que no grite por los nenes. Y él me contesta: “A mí qué mierda me importa”. La guardia estaba muy linda, gente había ayudado a hacer las paredes de barro con pedazos de vidrio, como ventanas larguitas. Y mientras yo discutía con este gendarme, otro de afuera rompía los vidrios. El tipo era jefe de algo, gritaba “busquen por allá, busquen por allá”. No me olvido de él. Era de ojos claros. 

¿A ustedes la dejan ahí durante todo el operativo? 

Sí, en un momento se acuerdan que somos mujeres y llaman a personal femenino. Nos hicieron salir de la guardia y nos dijeron que no podíamos hablar entre nosotros, ni siquiera con los nenes. Pedíamos ir al baño y nos dejaban ir después de mucha insistencia. Y teníamos que hacer ahí, no querían que nos moviéramos. Así nos tuvieron hasta las cinco de la tarde. Los chicos tenían hambre, sed. Pero nunca les dieron nada. En un momento le ofrecieron caramelos y los nenes ni las miraron, hicieron como que no las escucharon. Después buscaban por todos lados. Sacaron cuchillos, machetes, hacha, motosierra, todas nuestras cosas que usamos en el campo. Uno de los nenes se había guardado una herramienta debajo de su cuerpo. No se movía, quería conservar algo. Y eso fue lo único que se salvó.

"Empieza a revolver todo con el arma en la mano, gritando 'dónde están, hijos de puta.'. Y los nenes ahí, paraditos, sorprendidos, mirando todo".

¿Qué pudieron ver desde donde estaban?

Algunos escopeteros se fueron para un lado, otros corrieron para el río. Era un movimiento de camiones, camionetas, te mareaba todo lo que pasaba. Y de pronto hicieron un fogón. Una lamgen había venido a vivir al territorio hacía poco y le prendieron fuego todas sus cosas: sillas, mesas, ropa. Nosotros preguntábamos por qué hacían eso y nos gritaban: “ustedes calladitas, si no las detenemos”. Yo recuerdo cuando corren todos para abajo, digo “ay, que no agarren a nadie”. No sabía qué hacer de la impotencia. Me arrodillé mirando el fogón y pedí que el newen (fuerza) los acompañara y que no agarraran a nadie. 

¿Llegaste a ver la camioneta que sale más temprano?

Sí, fue como a la una y algo, salió para la ruta, para la derecha, para el lado del cruce de El Maitén. Hacían movimientos de que trasladaban algo de un camión a la camioneta. Y después la camioneta sale para el otro lado. Todo esto pasó mientras estaban prendiendo fuego las cosas, entonces no prestamos mucha atención. Después con el tiempo pensé si no lo hicieron para distraernos. Porque no entendíamos porque quemaban todo. Prendieron fuego las carpas y hasta los juguetes de los nenes, que decían “no, mis muñecos”. Mirábamos todo eso y no mirábamos lo que pasaba a la derecha nuestra. Y yo creo que ese fue el momento en el que lo subieron.

¿Notaste alguna otra situación que te llamara la atención?

Estaban muy nerviosos. Me acuerdo que una gendarme dijo: “Yo me quiero ir a la mierda de acá”. Como si tuviera que ser cómplice de una situación que no quería.

Vos fuiste una de las primeras en declarar ante la Justicia.

Sí, fui tres veces. Con Otranto a los pocos días. Después con Lleral, y la tercera el año pasado cuando me citaron por la causa del corte de ruta. Esa vez les dije a Otranto y a la fiscal (Silvina Avila) que yo no iba a declarar con gente que tenía que ver con la desaparición de Santiago, les dije que antes yo los había saludado con respeto, pero que ahora no merecían el más mínimo respeto. Ellos se miraban, se preguntaban cómo les podía decir una cosa así.

"Estaban muy nerviosos. Una gendarme dijo: 'Yo me quiero ir a la mierda de acá'. Como si tuviera que ser cómplice de una situación que no quería".

Es que para nosotros fue comprobar algo que ya sabíamos, lo injusto de la Justicia, el actuar del Estado, sus medios hegemónicos, su policía, en este caso los gendarmes. Aunque sinceramente nunca pensamos que podía ser tanto. Mientras nosotros buscábamos a Santiago, ellos buscaban “culpables” para meter en cana. El hecho de volver a un territorio tiene su costo. Y ellos tenían en claro a quien querían culpar. 

¿Como por ejemplo a tu hijo?

Lucas no iba a declarar, porque nosotros siempre consideramos como comunidad que lo único que querían eran tener nombres, y no nos equivocamos. A nadie le importaba los riesgos que corríamos. Pero empezó a salir el nombre de Lucas en los medios (primero como el “testigo E” y después con nombre y apellido), entonces decidimos ir. Aquella vez también nos dijeron no le digan a nadie, no le avisen a ningún medio. Fue en Epuyen. Fuimos toda la familia con él. Cuando llegamos era muy raro. Había uno grandote de seguridad que miraba todo el tiempo por la ventana. Y ni siquiera le avisaron a la familia de Santiago ni a la abogada, los notificaron a último momento pero ya no podían llegar porque estaban en Buenos Aires. No querían que estuviera nadie. Y ahí le tomaron declaración Lleral y su secretario.
 
¿Lucas lo ve a Santiago en el río?

Entran juntos al agua y Lucas se enreda entre unas matas. El Brujo lo va a sacar. Fijate todo eso que hizo. Y entonces después cuando van a cruzar, el Brujo va con el agua por las rodillas y dice “no, yo me vuelvo”. Lucas le dice “vamos, vamos”. Pero el Brujo pega la vuelta y se mete debajo de los sauces. Lucas llega al otro lado y le hace señas para que cruce. Después llegan los gendarmes hasta el río y le pegan un piedrazo a otro de los lamngen. Ahí ellos se van, pero la lamngen Eli (Elizabeth Loncopan) si escucha cuando lo agarran (cadenadelsur.com/escuche-una-voz-cansada-que-decia-ya-esta-ya-esta/) al Brujo. Despues, en sus declaraciones, los gendarmes se contradicen entre ellos. 
 
¿Qué te pasa cuando después de todo lo que pasaron escuchás que algunos medios atacan a la comunidad, a la familia y la justicia los acusa de asociación ilícita y de falso testimonio?

No me sorprende, por ahí depende cómo me agarra. A veces me da rabia, otras veces me da risa. Se enfocan más en eso y no en lo que pasó. Quieren dejarnos a los mapuches mal ante la opinión pública. Yo tenía pinchado el teléfono, y pasan una conversación con Sergio Maldonado justo en la parte de lo que yo pienso sobre el estado argentino. Yo en un momento le digo “me cago en el estado, la justicia y bla bla”. Y todas esas cosas las quieren resaltar para que la opinión pública diga “mirá esta mapuche, no quiere a los argentinos”. Y los argentinos que vivan felices y contentos, pero yo soy mapuche y esta nacionalidad que tengo a mí me la impusieron, y voy a defender lo mío. Ellos me quieren dejar mal ante los demás y no dicen nada de las amenazas que recibimos. De los aprietes de todos lados. De cuando vivíamos en Puelo y pasaba Echazú cerca. 

¿Cómo fue eso?

Mi nene, el más chiquito, tenía 9 años y recién lo mandaba a comprar al kiosco, a media cuadra. Cuando vuelve me doy vuelta y veo pasar la camioneta de Gendarmería y Echazú mirándome. Me agarró una cosa, un terror. De la sorpresa y el miedo me quedé muda. No me salía la voz. Estuve tres días así, era desesperante porque me llamaban y no podía hablar, pedía que me escribieran y a la noche no me podía dormir. Pensaba: mirá si me pasa algo y no puedo pedir auxilio. Pensaba en mi hijo, que lo estaban viendo, que le podían hacer cualquier cosa. Y después nos robaban todo el tiempo, teníamos la ventanas abiertas cada vez que volvíamos. Son amenazas encubiertas. Se llevaron documentos, ropa. Una vez dejaron enganchado en un palo un pendrive que teníamos con fotos.

¿A Santiago lo conocías bien?

No lo vi tantas veces pero en el último tiempo habíamos compartido mucho. Era una persona muy espiritual. Y los que plantaron su cuerpo río arriba le salió mal la jugada, porque pretendían que saliera más abajo. Pero salió unos metros más arriba de donde lo vieron por última vez. ¿Y eso cómo se entiende? Yo creo que él salió donde quiso salir, en el lugar donde todo el tiempo estábamos yendo a buscar agua. Su espíritu llevó su cuerpo ahí. El último tiempo que compartimos el Brujo hablaba mucho de la muerte, había tenido sueños muy feos, como que lo acorralaban. Nosotros le decíamos “no seas perseguido, no pasa nada”. Pero él insistía “que algo malo va a pasar”. Un día en la casa de una lamngen tirábamos las cartas de tarot y nos matábamos de la risa porque a todos le salían cosas que eran verdad. El último fue el Brujo, pero él se las quería tirar completas, no así nomás como nosotros. Le salió que tenía que cuidarse porque iba a estar metido en un lío muy grande, que corría peligro. Todas esas cosas nos acordábamos después. 

¿Qué es lo más recordás de Santiago?

Su alegría, esa última noche en la lof no paraba de reírse. Hacía mucho frío, había una neblina terrible, pero él no dejaba de hacer bromas y cargarnos. También me acuerdo de haberme alegrado mucho al verlo en una movilización en Esquel. Porque todo el mundo te dice ”qué copado esto de los mapuches que se están levantando”, pero cuando después las papas queman no tenés a nadie al lado. Y a mí me puso contenta verlo, porque era verdad que le interesábamos.

"Quizás a algún gendarme se le ocurra confesar, mandar al frente al compañero o contar lo que vio o escuchó ese día".

Siempre me decía “cuándo me van a llevar a la lof”, y por dentro yo pensaba “qué pesado”, porque él era vegano, y los lamngen son re carnivoros. Una de las veces en la guardia había dos caranchos colgados, porque se comían las gallinas, y también una liebre muerta. Y yo me imaginaba llevar al Brujo y que viera todo ese panorama, me parecía muy fuerte, por eso no lo quería llevar. Pero una compa me dijo “llevalo igual”. Y entonces le dije que tal día iba para allá. Y él dijo “vamos”, ni lo dudó.  La idea era visibilizar la prisión de Facundo (Jones Huala), y pedir su libertad. Jamás nos íbamos a imaginar que pasara algo así.

Pasaron tres años y la justicia se niega a investigar la desaparición forzada. ¿Crees que eso pueda cambiar en el corto plazo?

La verdad que no creo en la Justicia. ¿Qué justicia vamos a esperar? ¿Va a caer un gendarme? ¿Dos gendarmes? Tampoco me interesa que alguien esté en cana. ¿De qué sirve? Después los trasladan y al final ni sabés donde están. Yo le pregunté a un gendarme que vino a traerme una notificación: “¿Dónde está Echazú?”. ¿Y qué me tendría que haber respondido?. “Disculpe señora, de esto no hablo”. Pero se sintió tan mal que me dijo: “Creo que lo llevaron a la provincia de Buenos Aires”, como diciendo yo no tengo nada que ver con él. Al Brujo ya lo asesinaron. Lo asesinaron pero no lo mataron, porque siempre está presente. Cada vez que hay una recuperación la gente se acuerda del Brujo, por más que no sea mapuche. Está presente en todas las luchas. Hace un tiempo en Mallín estaban avanzando con las excavadoras y la gente resistía. Está presente ahí, está vivo en eso. Les salió el tiro por la culata. En realidad querían agarrar un mapuche, y cuando se lo llevaron se dieron cuenta que no era. Lo demás se verá con el tiempo. Quizás a algún gendarme se le ocurra confesar, mandar al frente a otro o contar lo que vio o escuchó ese día.

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