Revista Cítrica

"Los medios imponen que los jugadores son traidores a la patria"


30 de julio de 2017

Revista Cítrica

En nuestro ciclo de Conversaciones en el Bauen, charlamos con el relator Matías Canillán acerca de cómo el periodismo deportivo se convirtió en una competencia por ver quién es más ingenioso para fusilar a quienes no salen campeones.

Crédito Diego Pintos / Revista Cítrica.
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—¿La influencia de los medios sobre los razonamientos de las personas está más cercano a ser un hecho real o se trata de una sobrevaloración?

—No, los medios tienen una influencia brutal sobre la sociedad, y mucho más cuando el contexto es favorable. Esto es como cuando cae un entrenador. Hagamos una suposición: si existieran medios que hoy quisieran voltear a Gallardo de River, les resultaría imposible. Pero es muy diferente si esos mismos medios quisieran provocar la salida de un técnico que viene mal y es resistido por la gente. 

Por ejemplo esta selección, que viene de perder tres finales, salen a la cancha, y a vos, el periodismo te dice: “Estos tipos, no sólo vienen de perder tres finales, sino que además, quizá no nos lleven al mundial”.  Y andá después a cambiarle eso de la cabeza a un tipo, a un oyente, o televidente. Y eso es lo que los jugadores saben. Con una selección campeona del mundo, esto no pasa. No los podés tocar. Pero en este contexto, se animan a tomar carrera como lo están haciendo, para pegar cada vez más. Es una competencia para ver quién es más humillante con los jugadores de la selección. Esa influencia de los medios es innegable y, para mí, crea, dirige y condiciona la opinión de la sociedad. Los jugadores de la selección no son traidores a la patria. Pero ese es el mensaje que se derrama a la sociedad. No hay conciencia de lo que puede provocar lo que se dice en un medio de comunicación. El periodismo se volvió muy irresponsable en cuanto a eso.

—Es un mensaje similar al que dicen “se quedan embarazadas para cobrar los planes”. No tiene goyete.

—Es así. Es esa cosa del discurso masticado. La mayoría ni siquiera evalúa si lo que escucha tiene sustento o es absurdo. Lo recibe masticado por la prensa y lo repite. El mensaje es que son millonarios, que vienen para estar en el “club de amigos”. Sin embargo, a ese discurso le podríamos oponer que si los jugadores quisieran podrían fingir un problema físico, lo acuerdan con el médico del club y se quedan allá. Evitan el viaje a Argentina, que los critiquen antes, durante y después del partido. Se ahorran otro viaje al país de Sudamérica en el que se juegue el otro partido de la doble fecha, la vuelta de ese viaje, más críticas si no ganaron y el regreso al  país en el que juegan. Y encima de evitarse todo eso, durante esa semana, podrían elegir el lugar más hermoso del mundo para irse a descansar con su familia. Sin embargo, los tipos siguen viniendo en cada convocatoria, tomándose cada avión y yendo a jugar por amor a la Selección, porque hasta el dinero que reciben es irrelevante para ellos. Ahí es cuando insisto en el tema de valorar que los jugadores de la selección siguen viniendo cada vez que son convocados.

—Es cierto que los medios que tienen más penetración son los que menos análisis tienen, como los audiovisuales.

—Se trata de eso. Sería deseable poder establecer parámetros. Por ejemplo, yo llevo casi un año y medio sin conseguir un trabajo estable. Y eso me obligó a realizar un ejercicio personal, que no es fácil. El 27 de mayo de 2015, me despierto a la mañana y tenía el teléfono lleno de mensajes, con felicitaciones, diciéndome que era el día más importante de mi carrera. No entendía nada. Cuando prendí la televisión estaban todos los canales anunciando los arrestos de dirigentes y empresarios por el tema del Fifa Gate, que era algo que nosotros veníamos denunciando hacía quince años. Seis meses después nos habían echado de la radio, y ahora Torneos se quedó con todo de nuevo. Y apenas se cumplieron dos años del Fifa Gate. Entonces, cuando vos te enfrentás con una situación como esa, pensás: ¡Qué moraleja, loco!

—¿Y qué pasó que llegamos a este estado de decadencia en la profesión?

—Mi teoría es que se fue instalando que hablar de manera coloquial o vulgar acercaba a los periodistas a la gente. Los hacía como más cercanos, más de entrecasa. Algo así como que vos prendés la radio y lo tenés al tipo sentado en tu casa, comiendo con vos. Y eso generó que –cada vez- se recurriera más a la grosería, y que, gente que antes era incapaz de decir una cosa como esa, ahora no tenga ningún problema en decirla. Porque se empezó a naturalizar. Se dicen groserías intolerables a cualquier hora del día. Pero es así, y lamentablemente, con el paso del tiempo, y la hegemonía que existe, se naturaliza. Se instala como “el método”. Y si trabajás en un programa de esos, tenés que meter una puteada de vez en cuando. Porque si no te quedás afuera. Si alguien me hubiera dicho alguna vez que esta profesión se iba a transformar en lo que es hoy, creo que me hubiese dedicado directamente a otra cosa.

—¿Cuál crees que es el principal defecto del periodismo hoy?

Que dejó de verse en serio. Hoy el periodismo da una flexibilidad muy grande, para los que quieren ejercer. Pero ¿cómo podés hablar de la realidad económica si no conocés mínimamente lo que es el keynesianismo, por ejemplo? Yo no tengo la formación que me permita poder hacerlo. Por eso no lo hago. Uno no podría hablar en serio de eso, porque sino lo que uno haría es repetir lo que te dijo otro que entiende del tema. Es mi forma de verlo. Es como lo que te decía de los pibes que están estudiando. ¿Para qué le voy a ir a hablar a un pibe que estudia periodismo sobre Panzeri y Rodolfo Walsh?, si después, en las redacciones le dicen: no flaco, vos de tal dirigente no podés hablar porque no se puede, acá no se puede.

—¿Las empresas periodísticas han terminado por matar al periodismo?

—Yo creo que la realidad mutó mucho justamente por eso, y es tan frustrante. Antes, como en toda empresa, siempre existía el tironeo entre el periodista y el redactor, o el hombre que trabajaba en publicidad. Y tenías algún condicionamiento. Eran empresas periodísticas, que, en algún momento,  entraban en conflicto con la línea editorial por alguna cuestión. Ahora es al revés. Las empresas multinacionales compran medios, para extorsionar a la política, y bajan línea. Y terminás siendo un jefe de prensa de ellos. ¿Qué capacidad tenés para escribir algo en alguna parte? Ese es el gran problema, los medios se transformaron en factores de poder y nada más. Eso es brutal, porque está muy enfrentado a lo que nosotros estudiamos. El escenario cambió mucho.

—¿Qué medios consumís, cómo te informás?

—La verdad es que, en esta etapa, consumo lo menos posible. Porque me agarro unas calenturas horribles. Necesito preservarme porque no es nada fácil atravesar este tiempo. Hoy me siento como estafado por la profesión. Porque yo estudié otra cosa, no esto que se ve en los medios audiovisuales. Y eso es una macana, porque yo me había preparado para una cosa, y ahora me encuentro con que todo lo que me rodea es completamente diferente. Por ejemplo, entrás a un portal de deportes y la primera nota es: “Los memes de Messi después de mostrar la camiseta”. Y bajás un poco y otro título dice “Por qué el Mellizo se fue de la conferencia de prensa”.  Y no hay nada del juego, un análisis, la crónica del partido no existe más. Te metés el domingo a la noche a una página y te ponen cuatro líneas: Boca no estuvo a la altura y empató con Rafaela. Y debajo van todos videitos: cómo un jugador de Boca se enojó con un compañero y lo insultó, el cambio del Mellizo que no le gustó al jugador y tiró una botellita al piso, una jugada de gol, y –a lo sumo- el gol. Y no hay comentarios, son sólo imágenes y videos. Entonces sigo las columnas de determinados periodistas que me interesan, pero que en general escriben sobre temas más atemporales, no sobre lo cotidiano. Leo a Ezequiel Fernández Moores, o Alejandro Wall, o Andrés Burgo, o Cristian Grosso, por nombrar sólo a algunos. Los elijo y los busco para leer qué piensan, no me los imponen. Porque sé que lo que me ofrecen es una opinión con elementos verificables y ciertos. Y que sus antecedentes los avalan para que pueda confiar en lo que escriben, coincidan conmigo o no. También consumo periodismo que no me gusta nada, pero porque –quiera o no- tengo que estar actualizado sobre la manera en que se ejerce la profesión que elegí. Irónicamente diría que nuestro gran error fue habernos tomado demasiado en serio al periodismo deportivo. La moda es tomárselo en joda.

—¿Qué le dirías a un pibe que quiere estudiar periodismo deportivo?

—Hasta hace poco, cuando me preguntaban, les aconsejaba estudiar en la escuela del Círculo de Periodistas Deportivos, que fue donde me recibí. Pero sinceramente, ya no recomiendo nada. Las últimas veces me llamaron para dar clase y siempre dije que no, porque nunca me preparé para dar clase. Pero cuando pensé que quizás podía intentarlo, me pregunté si lo que tengo para trasladarles a esos chicos luego podrían aplicarlo en un trabajo real en los medios. Y la respuesta es que creo que no podrían. Entonces ¿qué sentido tiene una enseñanza que a la hora de querer ponerla en práctica es inútil? Una vez me tentaron para hacer un taller de relatos en una escuela de periodismo deportivo. Y les querían cobrar aparte a los pibes, por ese taller. No me gustó la idea que tuvieran que pagar aparte por algo que creo que debería ser parte de la carrera por la que ya pagan. Entonces les propuse ir dos o tres veces al mes a dar charlas gratuitas. No me llamaron más.

Fútbol y selección

—¿Qué queda de limpio en el fútbol entonces?

—Mi opinión -desde hace años- es que Grondona, a lo largo de su tiempo en AFA, fue construyendo una maquinaria por la cual todo pasase por él. En AFA no se movía un papel sin que Grondona estuviese al tanto. Empezó a generarse el pensamiento de que todo en la AFA era manejado por Grondona, y que todo se podía arreglar. Y hoy ya no importa si es verdad o no, porque igual está instalado. Y ese es uno de los motivos por los que en los estadios hay cada vez mas irritación y violencia. Sin embargo, creo que hay un montón de cosas en el juego que ocurren sin que estén contaminadas.

—¿Cómo ves la belleza y la fealdad de nuestro fútbol cotidiano?

—Creo que dentro del análisis que se puede hacer, se es muy injusto con el fútbol argentino. Tiene que ver con el tema de aplicar este molde en otros lugares. Vayamos a España, Inglaterra, Italia y saquémosles la misma cantidad de jugadores que faltan en Argentina porque se fueron al exterior, y veamos qué quedan de esas ligas.

¿Qué campeonato podrían ofrecer con lo que les quede? Entonces uno dice: la verdad es que tenemos un fútbol muy bueno con lo que nos queda. Porque además, la consecuencia de la venta permanente de jugadores locales hace que se cree esta vorágine, que cuando hay un buen equipo, le sacan los jugadores, no tiene buenos reemplazos, pierden cinco partidos, y ya se pide la cabeza del entrenador.

—En la selección argentina pasa más o menos lo mismo.

—Exacto. Y es más, esta selección es masacrada como tal, porque no ganó. Ese es el gran problema. Si Mascherano hubiese ganado una sola Copa América, ¿sabés la cantidad de cosas que le hubiera dicho al periodismo deportivo argentino? Pero él siente que, como no ganó, no puede hablar. Por eso Messi, en lugar de enfrentarlo, renunció, y se fue después de la final de la Copa América de Estados Unidos. Está instalado de esa manera: si vos ganás, nadie te puede decir nada, y si perdés, no podés abrir la boca porque no tenés derecho a nada. Ni a defenderte.

—Y los que hablaron, fueron prácticamente fusilados por gran parte del periodismo deportivo argentino.

—Exacto. Los invito a que busquen todas las opiniones que había sobre Diego, hasta antes del mundial 86. Eran peores de lo que se dice ahora de Messi. Y Maradona cambió la imagen, y se transformó en leyenda para siempre, por sus dos fabulosos mundiales. Porque su etapa en la Selección entre los mundiales 86 y 90 no fue sobresaliente. Diego fue Gardel desde el 86, y tuvo en el 90 toda esa cosa de epopeya por el tobillo destrozado, la jugada del gol a Brasil, pero si no hubiese ganado la final del 86, y también perdía la del 90, le habría pasado lo mismo que a Messi ahora.

—Y estuvimos al borde de que ocurriera eso, porque el empate de Alemania en 1986 fue en el minuto 80, y el gol de Burruchaga fue tres minutos después de eso.

—Sí. Exacto. Y es eso lo que se decía de Maradona en las crónicas. Y a Messi, acá en Argentina, le falta ganar algo; pero no para mí en lo personal. Messi es un jugador superdotado que no llega a ser Maradona, y creo que está subestimado el milagro que significa Messi. Es un verdadero milagro irrepetible en todo sentido. Que Messi sea quien es, hoy, en esta época del mundo,  que no haya tenido un solo desliz en su vida personal y en su vida profesional, en todos sus años de carrera, siendo quien es a nivel mundial, es un verdadero milagro. Lo mismo pasa con Tévez, quien tampoco es valorado en este sentido como lo merece. Tévez es otro milagro porque Tévez no podía ser Tévez. No tenía manera, no había forma. Porque, entre el pibe que nació en Fuerte Apache y llegar a ser Tévez, había miles de obstáculos, vicios y tentaciones en el medio, y los sorteó a todos. Yo no puedo dejar el cigarrillo, y cuando ves a estos tipos, hacer lo que hicieron, decís: “Son un milagro. ¿Cómo pudieron evitar todo eso? ¿Cómo pudieron escaparse de tanta cantidad de zancadillas que tuvieron en la vida y no se cayeron?”.

Pensemos esto: si Messi se da un palo con el auto como pasó en Chile con Arturo Vidal. El tipo tenía que estar concentrado con sus compañeros, venía de timbear en un casino, se puso la Ferrari de sombrero, no se mató de casualidad, alcoholizado, y siguió jugando. ¿Qué hubiera pasado acá? Entonces, lo quiero remarcar es que no se toma en cuenta lo que significan los futbolistas argentinos como ejemplo de profesionalismo y responsabilidad.

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