Revista Cítrica

"Llamé a Santiago y alguien me atendió durante 22 segundos"


20 de agosto de 2017

Revista Cítrica

Así lo declaró un testigo fundamental. Ocurrió 24 horas después de la desaparición de Maldonado. Estaba "bajo el régimen de testigo protegido", pero Patricia Bullrich lo nombró en su exposición ante el Senado. Ariel Garzi salió a contar su verdad.

Crédito: Viojf / Revista Cítrica
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La tierra mapuche se ha convertido en una herida, que se abre todos los días, mucho más desde la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Sabíamos que alguien sabía algo más. Sabíamos que ese alguien había entregado un dato crucial: una llamada a Santiago, ya desaparecido, que alguna persona atendió, y que duró 22 segundos. Sabíamos que podía ser rastreable, para saber a dónde estaba ese celular, horas después de la represión en la Pu Lof Cushamen. Sabíamos de la existencia de este testigo esencial, que se encontraba -según afirmaciones del propio damnificado- bajo el "régimen de identidad reservada, por decisión del juez federal Guido Otranto".

El miércoles 16 de agosto, el mismo día en que Otranto y centenares de uniformados realizaban un rastrillaje monumental en la Pu Lof mapuche, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, en una exposición llevada a cabo ante la Comisión de Seguridad del Senado Nacional -retransmitida por todos los canales de noticias a nivel nacional- dijo públicamente el nombre, el apellido, nombre completo de los padres, y la dirección de la casa del testigo -en teoría- "puesto a resguardo" por el Estado Nacional.

Sabíamos de la existencia de Ariel. Sabíamos que Ariel es amigo del Brujo. Sabíamos que estaba oculto, por miedo a represalias por parte de las fuerzas de seguridad o parapoliciales. Ahora ya no. Ahora no tiene sentido. Ahora, la responsable de la seguridad nacional de todos los argentinos y residentes, lo desprotegió, lo expuso, lo dejó sin defensas. Ahora Ariel pide que lo nombren, que digan que su apellido es Garzi, que muestren su imagen. Quiere visibilizarse para no ser invisibilizado. Quiere contar su verdad.

-¿Cómo te enterás lo que pasó con Santiago?

-Me enteré por radio FM Alas. Estábamos al tanto de la situación en Bariloche, de las manifestaciones que se estaban haciendo, de los nueve detenidos. Estaban informando que los peñi de la Comunidad estaban haciendo un corte parcial en la ruta, fuera de la Pu Lof Cushamen. Estaban panfleteando, dando a conocer la situación de los nueve detenidos y del lonko Facundo Jones Huala. Después de una manifestación en Esquel, el juez Guido Otranto mandó la orden de liberar el corte de ruta. Y ahí es donde entra Gendarmería, sin ninguna autorización legal, a reprimir. Directamente. Yo siempre estuve al tanto, por la radio, por la información que me llegaba de conocidos. No pude acercarme a apoyar por cuestiones legales (N de la R: Ariel explicará más adelante sobre este impedimento). Después del allanamiento estábamos al tanto sobre que había un desaparecido. Que se habían llevado a uno. Cosa que no me preocupó porque, cuando yo caí detenido el 10 de enero, también tardaron dos o tres días en ubicar el lugar en donde me tenían. Al día siguiente me mandan una foto, por whatsapp con la cara del muchacho que se habían llevado, y ahí me di cuenta que era Santiago Maldonado. El Brujo. En ese mismo momento, a lo primero que atiné fue agarrar mi teléfono y llamar. Fue a las 15:23. Llamé a Santiago y alguien me atendió durante 22 segundos, sin emitir ninguna palabra. Se escuchaba una habitación vacía, con ecos, pasos. Y lo primero que se me vino a la mente fue el ruido de botas, caminando. En ningún momento me hablaron. Yo lo llamaba a Santiago, a los gritos. La llamada dura 22 segundos, y me cortan. Al minuto siguiente volví a llamar, y ya me daba como que el teléfono estaba apagado.

-¿Y a partir de ahí que hiciste?

-Seguí llamando. Al día siguiente también. Y siempre me dio apagado. Esto fue un día después del operativo, pasadas las 24 horas. Y esta fue la prueba que presenté en el juzgado federal de Esquel, ante el juez Guido Otranto. Mostré la llamada, y la captura de pantalla.

-¿Y cuando presentaste esto que pasó?

-El juez Otranto, ese lunes, ante la primera audiencia, me dio su palabra de que iba a quedar como testigo resguardado, que no iba a dar a conocer mi identidad, por una cuestión de seguridad. Ante lo cual -evidentemente- "palabra" no tiene. Porque a los dos días, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, me dejó al descubierto, fue casi como una "cadena nacional", en una conferencia que hizo en el Senado, dando a conocer mi nombre completo, el de mis padres, y mi domicilio antiguo en Neuquén. Y a partir de eso quedé expuesto nacionalmente. En el canal TN me nombraron. Me avisó mi vieja de esto. Dijeron que "Ariel Garzi había presentado la prueba de un buzo", que se lo di en la mano al juez Otranto. Porque él (Otranto) me había pedido una prenda de Santiago Maldonado para hacer el rastrillaje. Y yo estoy 100% seguro que ese buzo era de él (Santiago). Y ayer, en TN, dijeron que "Ariel Garzi había presentado una prenda de Santiago Maldonado", lo cual era incorrecto decirlo. Porque rompieron con el secreto de sumario. Mis abogados se están encargando de los papeles legales, como para responder. Porque me dejaron totalmente expuesto.

-¿Lo conocías a Santiago?

-Sí, al Brujito lo conocía. Él siempre andaba paseando por la feria. Después de conocerlo, conocí amigos en común. No nos juntábamos mucho, a veces charlábamos, compartíamos los mismos ideales, la misma lucha. Él estaba al tanto de la situación que yo viví el 10 de enero, entonces, cada vez que nos veíamos, hablábamos de eso, y de política. También nos cagábamos de risa, tomando unas cervezas.

-¿Qué pasó el 10 de enero?

-Estaba en mi casa, y escucho por radio Alas que Gendarmería iba a ingresar a reprimir, porque querían liberar las vías de La Trochita (el Viejo Expreso Patagónico); en la cual -supuestamente- los peñi habían puesto obstáculos, manifestando en protesta. Esos obstáculos -de los que hablaban- eran dos tablones de vía (durmientes) y un álamo volteado, que tranquilamente pudo haberse caído de forma natural. El juez Otranto mandó la orden de liberar las vías, y allí -inmediatamente- me acerco a la Comunidad. Pasé una noche entera en la guardia -porque como no soy mapuche, no puedo ingresar a la ruca (a las casas) y me quedé allí, cuidando- y al día siguiente, a las 7 y media de la mañana, vemos que -del lado de El Maitén- venían tres colectivos de larga distancia, de Gendarmería, montones de camionetas, de GEOF,  de civil, otras de la policía de Chubut, camiones de caballos, y hasta un camión hidrante. Se repliegan en la entrada de la Pu Lof con una cantidad aproximada de 250 gendarmes. Nosotros éramos seis. Entregan la orden del ingreso, para liberar las vías de La Trochita. El que estaba a cargo de la Comunidad les niega el ingreso. Automáticamente, el jefe del operativo se retira, e ingresa Gendarmería, disparando balas de goma y de plomo. Eran aproximadamente 250, este número está en la causa, y -te repito- nosotros éramos seis. Mucho no pudimos resistir. Yo fui el primero al que redujeron, a unos 100 metros de la guardia, con un impacto de bala de goma en la cabeza. Me voltearon. Y del resto, lograron escapar algunos, y agarraron a tres.

-¿Estuviste detenido?

-Sí, en el penal 14 de Esquel, durante una semana. En el mismo penal en el que ahora se encuentra Facundo Jones Huala.

-¿Cómo te trataron?

-Adentro no nos pegaron, ni nada. Sólo el verdugueo verbal de los gendarmes, al saber que nosotros éramos seis o siete, y terminaron siete gendarmes gravemente heridos por impactos de piedras. Así que, el "bolazo" y el verdugueo fue importante. Y ahora me quedó una causa por "atentado a la autoridad". También me dejaron rotulado como "terrorista", "miembro del RAM", lo cual es totalmente incorrecto. Es imposible que sea miembro del RAM, porque no soy mapuche. Solamente fui a apoyar, de la misma forma en que se acercó Santiago Maldonado el 1 de agosto.

-¿Después hubo más episodios?

-Sí. A raíz de lo del 10 de enero, recibí bastante hostigamiento por parte de la policía de El Bolsón. Me pararon en la calle, me pegaron, me subieron a los patrulleros, me gatillaron con un revolver 38 vacío, queriéndome sacar información sobre la Comunidad. Información que yo no tengo. Y si la tuviese, tampoco se las daría. Entiendo que este accionar lo están usando contra todos los que quieren ir en contra del sistema que nos quieren imponer. Es decir, a cualquiera que se ubica en contra de ellos, le responden de esta manera.

-¿Cómo estás viviendo estas últimas horas, a partir de tu exposición forzada?

-Desde que pasó lo de Santiago, traté de mantenerme lo más oculto que pude. Por una cuestión de seguridad. Hasta que hace tres días, Bullrich me dejó al descubierto. Y mis abogados me dijeron que la mejor manera de mantenerme seguro es que me exponga, que haga conocer mi cara, y que diga todo lo que sé. Que no es mucho. Pero esta prueba de la llamada, evidentemente, los tiene bastante inquietos. Por eso se están manejando de la manera en que se manejan.

-Lo de la llamada no trascendió tanto.

-No, lo ocultaron, y siguen tratando de ocultarlo. Dicen que es mentira, o que yo -cuando testifiqué- dije mal el nombre de Santiago. Bullrich dijo que yo dije "Sebastián Maldonado". Cosa que me parece totalmente ilógica. ¿Cómo no voy a saber el nombre de mi amigo, por el cual estoy haciendo esto?

-¿También te dijeron algo del teléfono?

-Sí. El número que yo tenía (de Santiago) en ese momento, tenía característica chilena. A la semana que yo declaré, me dijeron que ya tenían el resultado del rastrillaje, de la triangulación. Porque lo que estamos queriendo saber es desde dónde me atendieron la llamada que hice, para tener una noción de dónde estaba Santiago, dónde lo tenían, y con quién estaba. Y lo que me dijo el defensor público, (Fernando) Machado, hace dos días, es que hay que pedirle al Estado chileno -al ser un teléfono de característica chilena- una orden que habilite a la empresa (de telecomunicaciones) chilena, para que puedan hacer el rastrillaje, la triangulación y dar las coordenadas. Me dijo que eso iba a demorar entre dos y tres semanas. Cuando ya estamos a 20 días de la desaparición de Santiago. 

-Y sin embargo, cuando lo capturaron a Facundo Jones Huala...

-Sí... no tardaron nada. ¡En seguida lo querían llevar para Chile! Por eso, entonces, es que pienso que lo están ocultando.

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