Revista Cítrica

“Los editores independientes no estamos muertos: nos quieren matar"


07 de febrero de 2014

Colectivo La Vaca

La crisis en el mercado de diarios y revistas, sus números y las/os trabajadoras/es como variable de ajuste.

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En la puerta de la sede que el Ministerio de Trabajo tiene en Callao al 100 hay una ruidosa protesta. Son trabajadores de prensa que reclaman la reincorporación de los trece despedidos por la Editorial Perfil. Denuncian que los persiguen por organizarse gremialmente, ya que algunos de los cesanteados fueron integrantes de la Junta Electoral que organizó la elección de delegados. En el primer piso de ese mismo edificio, el padre fundador de Editorial Perfil pide la palabra. El octogenario Alberto Fontevecchia confiesa: “Yo me pregunto si ya estamos muertos, porque lo que veo por delante es un abismo”. Es su argumento para resistir otra presión: la del circuito de distribución y comercialización que reclama que la prensa comercial pague las deudas que acordó abonar en 2013.

Claudia Acuña, representante de la Asociación de Revistas Culturales Independientes (AReCIA), le responde: “Los editores independientes no estamos muertos: nos quieren matar, que es bien distinto. En todo caso lo que está en juego es si el sistema de distribución actual va morir por no dar esta batalla. La edición independiente va a seguir viva, con o sin sistema, con o sin nosotros, porque una revista independiente es producto de una necesidad social: los lectores le dan vida”.

La reunión fue convocada por Fernando Ausas, titular de la Dirección de Regulación del Sistema Nacional Integrado de Venta y Distribución de diarios, revistas y afines, que depende del Ministerio de Trabajo. El telón de fondo era una serie de cartas documento que se cruzaron entre la Sociedad de Distribuidores de Diarios y Revistas de la Capital y la Asociación Argentina de Editores (AER), que fundó Fontevecchia y hoy preside Daniel Ripoll, de la editorial Magenta. Este cruce telegráfico alcanza para medir la intensidad de la crisis actual en un sector que siempre se caracterizó por los compromisos orales. Se estaba, entonces, ante un quiebre de códigos, evidencia de que detrás del debate por la deuda había un problema enorme: ¿quién maneja este mercado?


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