Tierra ¿para quién y para qué?

por Mariano Pagnucco
Fotos: Rodrigo Ruiz
30 de septiembre de 2021

La UTT impulsa un proyecto de ley para un ProCreAr Rural que les permita a las familias campesinas acceder a la tierra propia con facilidades. Las voces de los territorios donde se produce el alimento, mientras avanza la concentración y el agronegocio.

Argentina es el octavo país en extensión territorial del planeta. Son casi dos millones ochocientos mil kilómetros cuadrados de territorio. Dicho en criollo, una geografía gigante que habitan poco más de 45 millones de personas. En esa amplitud de tierra se vive, se trabaja y también se produce el alimento que llega a las mesas argentinas. Pero, ¿a quién pertenece la porción productiva del territorio nacional? ¿Hay algo del espíritu reivindicativo de “la tierra es para quien la trabaja” en la distribución actual de la superficie donde se practica la agricultura, la ganadería u otras actividades que alimentan a la población?

Los números hablan: al menos el 60 por ciento de la comida que consumimos proviene de las familias campesinas, pero ese sector del “campo” (el que trabaja a diario con vistas a abastecer el mercado interno, no a exportar granos para obtener dólares) posee apenas el 13 por ciento de la tierra. Como contraparte, el 1 por ciento de las grandes empresas del agro controla el 36 por ciento de la tierra cultivada.

Con ese panorama de fondo, la UTT y otras organizaciones campesinas esperan que el Congreso de la Nación discuta el proyecto de Ley de Acceso a la Tierra, presentado en 2020 por tercera vez. Se trata, en la práctica, de un ProCreAr Rural con créditos blandos para que la tierra sí sea de quienes la trabajan y no de quienes especulan con ella.

Hubo en Buenos Aires un festival, a propósito de la llegada de la primavera, para instalar nuevamente en agenda el tema, pero la agenda electoral parece ganar la carrera de las urgencias políticas. Las familias campesinas siguen esperando una solución de fondo.

"Empezamos a producir con un modelo agroecológico y habíamos instalado corredores biológicos con plantas y flores. Todo ese trabajo, más la fertilidad que logramos en el suelo, lo perdimos."

 

Familia ambulante

Maritsa Puma, boliviana de origen, es productora en la zona del Gran La Plata e integra la UTT. “Con mi familia vivimos desde hace 11 años en Argentina y nos pasó que la primera tierra que alquilábamos tuvimos que dejarla a los cinco años”, explica. Su realidad es la de cerca del 90 por ciento de las familias productoras, que deben alquilar para poder trabajar y vivir.

Dice Maritsa: “En el otro campo, como estaba cerca de la ruta, el alquiler empezó a aumentar y se nos fue a 15.000 pesos, que era imposible de pagar. Los campos que están cerca de la ruta o de una escuela o una salita tienen alquileres que rondan los 15.000 o 20.000 pesos. Si el campo está hacia adentro, incluso en lugares donde no llega la luz eléctrica, el alquiler es más bajo”.

En las cercanías de la capital bonaerense hay producción de hortalizas, verduras de hoja y, en la temporada de primavera-verano, variedades de frutos como tomate, morrón, berenjena, choclo y chaucha; también es una zona de flores (rosas, sanvicentes o crisantemos, claveles, fresias). Se producen, en menor cantidad, frutilla, melón y sandía.

Maritsa y su familia comenzaron con la producción convencional y el acercamiento a la UTT les abrió un nuevo paradigma: la agroecología. La falta de tierra también es un problema por los modelos de producción, señala: “Nos dio pena dejar el otro campo porque ya empezamos a producir con un modelo agroecológico y habíamos instalado corredores biológicos con plantas y flores. Todo ese trabajo, más la fertilidad que logramos en el suelo, lo perdimos”.

El constante desplazamiento, sujeto a los intereses de los dueños de la tierra, tiene repercusiones a nivel vincular también: “Es una situación difícil, nosotros pudimos encontrar otro lugar cerca, pero a veces toca mudarse lejos. Es un problema sobre todo para los niños, que tienen que cambiar de escuela y no pueden arraigarse”.

¿Qué sucede con los costos asociados a la puesta a punto del terreno? “En el campo nuevo estuvimos seis meses sin luz eléctrica ni agua. El pozo que había estaba dañado, así que los vecinos nos ayudaron para tener agua para regar y consumir hasta que pudimos solucionarlo. Además, era una quinta que tuvimos que diseñar de cero, porque antes se usaba para criar vacas: hubo que nivelar el suelo, crear los corredores biológicos, plantar... Toda esa inversión, que es muy grande, corre por cuenta de los productores, y la tierra ni siquiera les pertenece”.

Al menos el 60 por ciento de la comida que consumimos proviene de las familias campesinas, pero ese sector del “campo” posee apenas el 13 por ciento de la tierra.

 
La letra chica

El proyecto de ley de la UTT propone, formalmente, la creación del Fondo Fiduciario Público de Crédito para la Agricultura Familiar (CREPAF). En octubre, cuando volvió a ingresar al Congreso, contó con el impulso de la vicepresidenta del bloque oficialista (Frente de Todos) en Diputados, Cecilia Moreau. En febrero de 2021, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, se reunió con representantes del sector campesino y comprometió su apoyo al proyecto de ley.

Algunos aspectos de la iniciativa legislativa:

¿De qué modo podrán acceder las familias a la tierra propia?

El Estado Nacional, a través del Banco Nación, puede ofrecer créditos para financiar a familias agrícolas sin tierra que soliciten financiamiento para acceder a una parcela de tierra propia y una vivienda digna. 

¿Cuál es el antecedente de esta ley?

Las líneas de créditos ProCreAr. En este caso será un ProCreAr Rural que financia el acceso a un lote productivo con una vivienda rural digna. El objetivo de esta ley también es impulsar un desarrollo rural ambiental, social y económicamente sustentable.

¿Qué requisitos deben cumplir las familias que solicitan un crédito? 

No ser titular de bienes inmuebles, tener el Registro Nacional de la Agricultura Familiar (ReNAF) o estar en proceso de inscripción, y tener como ingreso económico principal la actividad agropecuaria, pesquera, forestal o apícola.

¿Qué líneas de crédito tendrá este ProCreAr Rural?

Créditos colectivos o grupales para la creación de Colonias Agrícolas en tierras fiscales o privadas; créditos individuales para la compra de tierras privadas del mercado inmobiliario y créditos individuales para la construcción o mejoramiento de la vivienda rural familiar, única y permanente.

¿Cómo serán seleccionadas las familias?

Por puntaje, luego de la presentación del proyecto productivo, individual o colectivo. Tendrán prioridad las mujeres solteras con hijos, les jóvenes, quienes acrediten experiencia en producción agroecológica y quienes residan en el mismo municipio/ distrito del predio a adquirir. 

¿Cuáles son las obligaciones de la familia seleccionada?

Residir en el predio adjudicado y trabajarlo en forma personal y familiar. Si no produce de manera agroecológica, deberá reducir progresivamente la aplicación de agroquímicos. Además, deberá mantener la indivisibilidad del predio y no transferir el predio por 20 años.

“Por las características de la Patagonia, el acceso a la tierra debe ir de la mano del acceso al agua”, sostiene Juan Pablo Pocho Acosta, referente de la UTT en la región.

 
Desde los territorios

El Congreso de la Nación, el punto cero de todas las rutas nacionales, es el lugar donde deberá discutirse el proyecto que, de convertirse en ley, repercutirá positivamente en todo el pequeño campesinado argentino. El Censo Agropecuario de 2018 demuestra, por ejemplo, que desde 2002 desaparecieron 100.000 explotaciones agropecuarias. Un dato que confirma que la concentración de la tierra es una tendencia en continuo aumento.

Luis Rivero, referente de la UTT en Tartagal (noreste de Salta), dice: Para nosotros es muy importante la ley. Acá en el Norte nos están dejando sin tierras por las usurpaciones de tantos empresarios. Vienen grandes empresarios de afuera o políticos a adueñarse de nuestras tierras. ¿Por qué? Porque no tenemos cómo construir alambrados o viviendas dentro de los territorios. Con esta ley vamos a poder tener acceso a meterle un alambrado a las tierras o llevar agua, que es lo más importante”.

Rivero confía en que los créditos para tener tierra propia les darán “oxígeno para poder tener dinero y meterles agua a las tierras”. Además, les va a permitir “dejar de pagar alquiler para poder producir”. ¿Cuál es el enemigo principal de aquellos productores? Por un lado, el agronegocio que ha llenado todos los rincones de soja (y fumigaciones tóxicas) y, por otro, el gran capital concentrado que avasalla los derechos de los pequeños campesinos.

Cuenta el productor salteño: “Estoy encabezando una de las luchas más grandes e históricas de nuestra provincia contra el Grupo Macri, que de la noche a la mañana salió dueño de miles de hectáreas en nuestro departamento San Martín, del cual Tartagal es capital. Ya va estallar con todo este conflicto, aunque los medios lo quieran tapar. Esperamos que esta ley frene los avasallamientos que sufrimos en nuestra provincia, porque muchas veces no tenemos los recursos para alambrar”.

En el otro extremo del mapa, las dificultades campesinas se repiten. “Por las características de la Patagonia, el acceso a la tierra debe ir de la mano del acceso al agua”, sostiene Juan Pablo Pocho Acosta, referente de la UTT en esa región. En las provincias patagónicas, explica, “el agua es una limitante para producir y para vivir, es un tema estructural clave”. 

¿Por qué es necesaria la ley? “Necesitamos que se generen las condiciones para que haya acceso a la vivienda digna y a los servicios. Hay parajes rurales donde se cortan los caminos por la nieve en el invierno y esas familias quedan aisladas por días o incluso semanas. Eso genera que sea imposible el abastecimiento, pero además afecta directamente a la producción, porque se genera una reducción del stock ganadero; hemos sufrido graves pérdidas de ganado caprino y ovino en los últimos inviernos”. 

Acosta remarca la cuestión del abastecimiento: “Especialmente los alimentos, que llegan con precios que tienen una enorme especulación detrás. Eso empobrece a las familias productoras, que pueden comprar cada vez menos alimentos. Lo mismo sucede con la leña que se usa para calefaccionar los hogares, un bien indispensable que se paga a precios altísimos por la especulación”.

Luis Rivero, referente de la UTT en Tartagal: “Para nosotros es muy importante la ley. Acá en el Norte nos están dejando sin tierras por las usurpaciones de tantos empresarios".

Para el referente, “va todo de la mano”: el acceso al agua, a los alimentos, a la educación, a la salud… “Los y las jóvenes deben irse de sus pueblos porque la posibilidad de estudiar es limitada, sobre todo en los niveles superiores. Hay una enorme injusticia. Por más que esté la tierra, no es suficiente si no se puede lograr una vida digna. La vida es digna y la producción es sana cuando las condiciones para producir también lo son”.

Sobre los alcances de la ley: “Para que el acceso a la tierra sea justo tiene que garantizar condiciones dignas para vivir y producir, ésa es la tierra que necesitamos en Patagonia y en todos los rincones de nuestro país”.
 

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